|
Hace meses, las cúpulas de los mayoritarios UGT y CC.OO. llamaban a votar que sí al engendro "constitucional" de la Europa capitalista. si lo hacían de buena fe, por europeismo militante, o por mero seguimiento del dictado e intereses de sus amos oligarcas, nunca se sabrá. Afortunadamente, el tremendo error social sancionado por las urnas españolas, fue pronto corregido por las masas gabachas y su preclara, aunque algo chauvinista, CGT. Lo inadmisible de los refeormistas carpetovetónicos es que difundieran, durante la campaña, un texto del bodrio recortado, sin el algo más que discutible capitulo tercero. Precisamente el que se refería a ñla privatización obligatoria de las empresas públicas y la libre circulación de capitales, incluida la opción a la adquisición de los Servicios básicos nacionales por los grandes tiburones de alta mar. Un lapsus de nuestros sindicalistas inocente e inofensivo, y en pro de la consolidación de la Unión sin fronteras. El varapalo galo fue rápidamente restañado por la Directiva Bokelstein que, a los efectos, es exactamente lo mismo. Cosas de la democracia capitalista: lo que pierden en los comicios, lo recuperan en los parlamentos (paradigmático lo de la exclusión explicita del aparato militar OTAN, según cláusula del aprobado-perdido Referendum, luego olímpica y unanimemente obviado en la carrera de San Jerónimo, de los madriles) Por otra parte, Bolkenstein para qué, si tenemos al Lámela y su Marquesa de Murillo, en esta Comunidad Inmobiliaria de nuestros pecados?
Con tanto fervor europeo, el patriotismo de Josémari y de Cándido parecían andar en entredicho, en los mentideros bienpensantes del país, pero, enseguida, llegó la ocasión de lavar su honor al estilo castrense con un estentóreo, recio y viril ¡Santiago y cierra España!
Para ejemplo de nacionalismos, ahí estaban los mayoritarios, llamando a impedir el paso a los gañanes rumanos, según modelo de la ejemplar socialdemocracia británica, olvidadas las anticuadas consignas humanistas, la igualdad obrera, los derechos cívicos y el internacionalismo de clase. Especialmente aquellas tan extremistas de "ningún ser humano es ilegal", o "nacional o extranjera, la misma clase obrera". Lope de Vega hacía suya la de "ayer emigramos, hoy discriminamos", pero literalmente. Enarbolando la más rancia enseña bicolor, nuestros bomberos claman por el cierre de las fronteras, en franca competencia con la FAES, tan de moda.
Rumanía no es sólo un exótico enclave del Este, donde Carrillo perdiera a su mentor y maestro Ceaucescu, y la CIA encontrara su paraiso clandestino de cárceles secretas para enterrar sospechosos sin derechos pero con turbante y otras cobayas humanas. Rumanía, república gitana con monarquía electa, ha sido aceptada en el selecto club europeo como cantera de mano de obra barata, edén para empresas traslocadas y gran reserva protegida de caza mayor para furtivos coronados. La romana provincia ingresó en la Europa ampliada de los monopolios, pero se olvidó mantener sus fronteras electrificadas y a buen recaudo a sus masas pobres, capaces de alcanzar las playas de Almería sin pateras ni cayucos. Toda una desequilibrante amenaza. Y, en esto llegó Fidalgo, reclamando justiciero la prohibición de entrada a tan desleales competidores orientales. Al mejor estilo de los Comunes de Westminster. No bvamos a ser menos! ¿Alemanes sí, pero no rumanos?¿Saudies bueno, pero fuera marroquíes? Pintoresco sindicalismo de clase: peones, pero con solera y pedigrí, revisao el dentao. ¡Y largan del Rh!
En la prehistoria, al menos los camachos de turno embellecían los Estatutos de los Trabajadores y otras firmas oportunas, con algún fleco provechoso para la afición. Si se decantaban por una jornada propuesta por los banqueros, contra el parecer de la mitad de los afectados, lo era tras consultas asamblearias y nunca a pan seco. Hasta las críticas a revoltosos contumaces como los de Reinosa, siempre se revestían de razones democráticas y equidistancia con la represión beneméritaIncluso se orquestaban sonoras pitadas colectivas y callejeras contra la desinductrialización felipista a las órdenes de la Europa comunera. Eran otros tiempos. Hoy, todo se guisa con contrapartidas sólo conocidas en las lejanas y altas cúpulas dirigentes. Al pie de la mesa, ni las miguitas.
Los obtusos, incapaces de entender por qué la CES y sus federados sindicatos europeos, capaces de asumir la comunidad financiera y mercantil, con sus referenciados precios y homologadas normas comerciales, no eran capaces de meterle el diente a la equiparación salarial intereuropea, seguimos hoy asombrados ante el manifiesto exceso de celo xenófobo y discriminador, en plena Unión sin fronteras. No tanto por dejar de estar acostumbrados a tales abusos bajo el imperio de la ideología burguesa, como por provenir hoy, tales exabruptos, prescisamente, de los conspicuos representantes del proletariado ibérico.
Algunos no aprenden a mantener la oreja zorruna convenientemente a cubierto, y se arriesgan a que les vuelvan a romper la cara. Metafórica y electoralmente al menos. O físicamente, como cuando dMendez defendía a la patronal en Puertollano, entre cadaveres obreros y subcontratas, o como cuando Fi.d.algo dió en pavonearse suicida, un primero de mayo cualquiera, ante los desahuciados curritos de Sintel-Canosa. Ninguna amenaza, conste, mero diagnóstico o pronostico estadístico. Y, es que, nativa o extranjera, la hostia puede doler parecido, y algunos, parece haberle cogido afición a la cosa.
Siendo justos, tanto Fidalgo, Cándido como la patronal, patrocinan tal desproposito, y no sólo contra los rumanos, sino solidariamente, también contra los búlgaros, parias de la Tierra, y fantasmas que no han de poder recorrer Europa.
Lo peor del maestrillo y del traumatólogo colegiados, devenidos en burócratas apagafuegos, no es que volvieran a traicionarnos, que tan acostumbrados andamos a sus firmas traperas, o a los anatemas contra los "incontrolados", sino su patinazo legal. Lo peor es que siguen en vigor los Acuerdos de Helsinki-75, OSCE, que obligan a este, e infinidad de otros Estados, a respetar la libre circulación de ciudadanos (tan en vigor como,ley del embudo, ilegalmente y por toda la civilizada Europa, Bélgica, Alemania o turkía, parmanecen asilados tantos misiles nucleares, contra toda legalidad y en flagrante contradicción discriminativa con las presiones internacionales sobre los noveles aspirantes al club selecto de la destrucción masiva homologada, o eje del mal)En los lejanos setenta, del pasado siglo XX, los artistas legales del imperialismo yanqui, impusieron el referidos tratado finlandés al tardoestalinismo con el fin de mortificar a sus guardias fronterizos, con rotundo exito, pero olvidaron derogarlo a la caida del muro. Notoria laguna legal que habrá de corregir alguna fórmula mágica del parlamento de Bruselas. Quedando los actuales patrocinadores mesetarios de la cuarentena continental en claro offside, violadores delictivos de la legalidad en vigor y potenciales delincuentes sociales. Ultrasures de reventa y chaqueta de pana, flamantes skinheard con peluca y pancarta.
Todo un castizo sindicalismo de pasaporte. Y es que, los que financian mandan, y de la Moncloa y la Zarzuela, todo se pega, menos la hermosura. Lo de vendeobreros, les viene de más lejos, lo traían ya consigo de antiguos Congresos gremiales de línea cortesana, posibilista y pastelera.
O los piratas critiCC.OO.s echan a los del altísimo apartheid, por segregacionistas y cretinos, o UGT se queda sin el monopolio acrisolado del tufo apestoso.
|