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NUESTRA SALVACION ¿ SE PIERDE O NO?
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yanina
 
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  NUESTRA SALVACION ¿ SE PIERDE O NO? 13/Mayo/2008 - 18:13

hola hermanos les quiero dejar aqui UN estudio de este tema. Coloco este xq aqui se cuenta la experiencia de un creyente cuya vida espiritual a sido gravemente afectada por la enseñanza que le habian impartido aserca de su salvacion.
saludos!!

J.A. Holowaty

Hay quienes dicen que la salvación es algo así como una póliza de seguro, de manera que mientras el asegurado siga abonando sus cuotas, está asegurado. Pero el día que deja de pagar, pierde su póliza.

Quienes enseñan esto, dicen que cuando un pecador es salvo, debe luego tener mucho cuidado de no perder su salvación.

A esta altura, los que predican la pérdida de su salvación, dicen que es posible luego recuperarla, pero otros dicen que esto es imposible. Una vez que Ud. comete el pecado que le arrebata su salvación, no hay otro remedio que el mismo infierno.

Los historiadores nos dicen que Constantino, habiendo recibido esta enseñanza, pidió que no le bautizaran hasta cuando estuviera en su lecho de muerte, porque sabía que si se bautizaba antes y luego cometería algún pecado, no podría ya ser salvo.

Luego están aquellos que se atienen a las escrituras, y hablan con absoluta seguridad que la salvación nunca se pierde. ¿Es posible saber cual es la verdad al respecto?

Como el asunto hay que verlo en las páginas de la Biblia, escudriñemos hoy en el libro de Dios, este tema tan importante.

Esta es una herejía muy peligrosa

Los cristianos nunca creyeron semejante herejía. Nadie predicaba ni enseñaba tal cosa como una salvación mediocre, hasta finales del siglo XIX, justo cuando muchas otras herejías surgieron, la mayoría tuvieron su nacimiento allá en California, en lo alrededores de Los Ángeles.

Para tener una idea de cuan dañina es esta enseñanza, permítame compartir con Ud. una carta que acaba de llegar a mis manos: Yo recibí como mi salvador personal a Jesucristo a la edad de 14 años. Me arrepentí de mis pecados y entregué a Jesús mi corazón, pidiendo que me perdone y me salve.

Siendo ya cristiano me había congregado en una iglesia... y lastimosamente llegó un momento en que vivía yo una vida miserable espiritual y emocionalmente, ajeno a la Palabra de Dios, pues estos hermanos me habían enseñado que si pecaba, con cualquier malo pensamiento, palabras deshonestas y otro pecad, y el Señor viniese justo en ese momento para arrebatar a su iglesia, él no me llevaría. Y no importaba si me había entregado al Señor Jesús.

Esta enseñanza trajo una gran tristeza a mi vida, un temor desesperante, al infierno y una inseguridad total en que Jesucristo satisfizo con su muerte en la cruz, la justicia divina.

Llegué a pensar que jamás sería salvo, pues para eso, según ellos, tenía que permanecer sin arruga ni mancha para obtener la salvación.

Otro problema fue el de las lenguas, el bautismo del Espíritu Santo, que según ellos debe experimentarlo todo creyente, de lo contrario no hay evidencias de poseer el Espíritu Santo. Pero yo nunca tuve esa tal experiencia de lenguas.

El temor y la confusión fue algo real en mi vida, y fue en esos momentos de confusión que un domingo, sin saberlo, una amiga, me dijo que había una emisora cristiana en AM, Radio América, la comencé a escuchar. Tenía entonces 18 años de edad. Fueron muchos los mensajes de la salvación por la gracia solamente que había escuchado. Fue tan claro para mí que puse toda mi confianza en la obra del sacrificio que Cristo hizo en la cruz por mí.

Comprendí de corazón e intelectualmente por la palabra de Dios que el Señor Jesucristo satisfizo en la cruz la justicia que Dios requería, la cual yo jamás podría obtener por mis buenas obras o mi buena conducta.

Desde ese día ya no le tengo temor al infierno y por la palabra de Dios tengo la certeza que el Señor Jesucristo me ha salvado eternamente. Luego cita... 2 Co. 5:12, Gá. 2:16, Ef. 2:8:10, Fil. 1:6.

Realmente es muy triste vivir con semejante inseguridad. Una vez en el servicio de predicación, el predicador de la congregación donde asistía, preguntó a los hermanos que eran como yo, diciendo: “Si el Señor viniera hoy, ¿están seguros que partirán con él? Luego añadió: El que esté seguro que levante la mano. Fue terrible pues no hubo respuesta, nadie levantó la mano.

También la confusión en cuanto a las lenguas han desaparecido. Ahora se que no es cierto. Esto me ocurrió por mi insensatez de no escudriñar la Palabra de Dio. Ahora la estudio todos los días.

Yo comprendí esto con otros hermanos, también tuve una conversación seria con el pastor. El me dijo que todo lo que creía yo, eran enseñanzas de hombre y mentira diabólica.

Quise escribir esto para animarles a los hermanos de Radio América que sigan adelante con este ministerio con la fortaleza del Señor Jesús. Ya que hay muchos cristianos y no cristiano que viven confundidos de tantas doctrinas falsas y experiencias extrañas que se ven en todas partes, hasta en las iglesias que se denominan cristianas evangélicas.

El trabajo que hacen para el Señor no es en vano ¡A mí me ayudó muchísimo!

Termina la carta con estas palabras de Pablo: “Y vosotros, hermanos, no os canséis de bien. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a éste señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano. Y el mismo Señor de paz os de siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros”(2 Ts. 3:13-16).

El cita 2 Ts. 2:13-17

No es necesario comentar esta carta, pero es cierto que muchas personas cometen el error de no analizar lo que se les enseña a la luz de la Biblia y son arrastrados por individuos que aparecen como pastores, llevándolos a experiencias amargas y sumiéndolos en completa confusión y bancarrota doctrinal y espiritual.

Los que sí deseo destacar, es lo que él dice de su entrevista con ese pastor. No se si el que escucha ha notado. Pero cuando este joven hermano lo confrontó con las doctrinas bíblicas, con la gracia salvadora, es difícil creer lo que este hombre dijo: “Que todo lo que creía yo era enseñanza de hombre y doctrina diabólica”.

Algo muy parecido le dijeron a Jesús aquellos que lo acusaron de actuar con el poder de Beelzebú, príncipe de los demonios. ¿Recuerda lo que Jesús les dijo a sus acusadores? “Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera demonios sino por Beelzebú príncipe de los demonios.. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no le será perdonada”.

“A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no les será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:24,31,32).

Cuando un hombre dice que las enseñanzas de la Biblia sobre la salvación por la gracia divina, proviene del diablo, hace exactamente lo mismo que los fariseos que acusaron a Jesús de trabajar con el jefe de los demonios.

Para quien así lo haga, según Jesús, NO hay perdón. Se llama la blasfemia contra el Espíritu Santo. Este es un pecado que ninguna persona regenerada jamás cometerá, pero aquellos que, aunque sean líderes “cristianos”, pero no regenerados, sí, pueden cometerlo.

La salvación es por gracia, sin obras y es eterna.

Nunca el salvo deja de serlo. Debido a la gran cantidad de textos bíblicos que hablan sobre esto, veremos solamente algunos de ellos. Luego hablaremos a aquellos que, a semejanza del caballero que nos escribió, están confundidos. Pero desearían saber cual es el significado de los textos que los confunden.

Cabe señalar que es bastante fácil tomar textos aislados y hacer que digan lo que en realidad no dicen. Esto lo veremos muy bien cuando analicemos algunos pasajes bíblicos que sin sus contextos bien podrían significar lo contrario.

¿Cuántos argumentos bíblicos tiene usted para probar la seguridad de su salvación?

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

Para mí esta declaración divina es como la llave que nos abre la puerta para el tema que tratamos.

Se nos dice que a Jesucristo hay que recibirle...

En segundo lugar, dice que “recibirle” es “creer en su nombre” Dice que los que lo hacen, tienen potestad, autoridad, de ser hijos de Dios.

Es muy importante que recordemos lo que significa... “CREEN EN SU NOMBRE”.

Es completamente inútil pretender la salvación por otro medio que no sea por medio de la fe en Cristo Jesús. Esto lo expresa muy bien Romanos 4.

Pablo presenta a Abraham como ejemplo/
Abraham vivía en medio de paganos que no tenían la menor idea de Dios, pero Abraham percibía la realidad de Dios, de manera tal que, sin saber como llamarlo, llego a la conclusión que la Creación manifestaba Su existencia. Por eso cuando Dios lo llamo, el reconoció Su voz. Y la Biblia dice de el:

“Tu eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaron fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo” (Neh. 9:7,8).

Si queremos entender mejor la gravedad de la herejía que sostiene que la salvación es algo que uno puede perder, debemos decir algo sobre la fe, versus obras.

Quienes predican y enseñan la pérdida de la salvación, convierten la gracia en desgracia, la fe en fiasco y la salvación en condenación. No es posible para ningún pecador ser salvo jamás, a menos que reciba la salvación por la gracia de Dios.

Esto es lo que Pablo dice en Romanos 4

Si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse. Es como que Abraham dice... ¡Lo he logrado, lo obtuve por mis propios medios!

Pero Pablo responde y dice: “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”. No hay lugar para las obras, pero sí, para la fe.

Luego dice Pablo que para el que obra (hace algo) el salario o la paga, no se le cuanta como gracia, sino como deuda. Si Ud. trabaja y gana lo prometido por su empleador, ese empleador no le dio nada, solamente le pagó lo que es su deber. Lo mismo ocurre con la salvación. Si Ud. la obtiene por su buena conducta, Dios no le otorgó ninguna gracia, solamente le pagó lo que Ud. merece, lo que Ud. ganó.
Pero si Ud. nada bueno tiene y Dios le salva por la gracia, entonces sí, Ud. es salvo sin obras buenas.
Luego Pablo hace referencia a David, y dice: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el carón a quien el Señor no inculpa de pecado”.
Pablo luego dice que si la salvación es por la gracia, entonces no es por las obras. Y si es por la obras, entonces no es por la gracia. En otras palabras, para la salvación no es posible mezclar las obras con la gracia. O es por gracia, es decir, sin obras, o es por obras, sin la gracia.
La declaración más clara a esto es cuando Pablo declara: “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”(Ro. 4:4).

Dios le hizo justo a Abraham por haber él creído, sin haber hecho aún nada como resultado de la fe.

Si quiere saber más sobre cómo dialogó Dios con Abraham y cómo éste creyó, lea en Gn. 15:1-6. Aquí dice, en parte: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”(Gn. 15:6).

Cualquier cristiano que cree que la salvación uno la puede perder, es un incrédulo, desprecia la gracia divina, presume salvarse por sus propias obras, no por la obra que Cristo hizo muriendo clavado de esa cruz y en muchos casos ese tal “cristiano” realmente nunca fue salvo.

Examinemos algunos textos sobre la salvación

Jn. 3:16, es un buen ejemplo.

¿Qué se necesita para ser salvo? Creer en Cristo Jesús.

¿Qué obtiene el que cree? Vida eterna.

¿Cuánto dura esa... vida eterna? Por la eternidad.

¿Cuándo deja de ser salvo? Nunca, la Biblia no dice nada de eso, porque la salvación obtenida es eterna. No dice, por ejemplo, “hasta que...”

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”(Jn. 5:24).

Veamos:

Dice Jesús que lo que él declara es absolutamente cierto.
Dice que el que oye su palabra...
Dice que el que cree en lo que oye, es decir, recibe a él por Salvador,
Dice que en ese momento tiene vida eterna.
Finalmente agrega que ya NO VENDRÁ A CONDENACIÓN... ¿Por qué?
Dice que en el momento de su salvación, esa persona pasa de muerte a vida.
Es fácil notar que la seguridad de la salvación NO DESCANSA SOBRE LA CAPACIDAD del salvo para vivir agradando a Dios, sino que descansa sobre la santidad del Salvador. El secreto NO es si yo logro retener la salvación, sino que el secreto radica en el Salvador Perfecto, cuya justicia Dios me la transfiere cuando yo deposito mi fe en el único que puede realmente salvar.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me sigue, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”(Jn. 10:27,28).

¡Qué declaración más alentadora aun para el peor de los pecadores!

“Mis ovejas oyen mi voz”. Esta es la forma para saber si tal o cual persona es salva. La señal es que se nutre de Su voz, no de lo que dicen otros. El cristiano siempre consulta la Biblia cuando duda de algo que oye. Así sea que lea un libro con un cautivador título o escuche al mismo pastor predicar y enseñar. El cristiano, el salvo, no se conforma con menos que una clara prueba bíblica de lo que se le dice y exige de él o ella.
En segundo lugar, el Señor conoce a los suyos. El conoce mis virtudes y mis fracasos, mi grandeza y mi pobreza...
“Y me siguen”. El cristiano verdadero no seguirá como borreguito a cualquier individuo que cautiva por su oratoria y locualidad. Su Salvador es Cristo, su Señor es Cristo, su guía diario es Cristo, para él la palabra final en lo tocante a la salvación, la tiene siempre Cristo.
“Y yo les doy vida eterna”. Los cristianos tienen la vida eterna, no porque se portan bien, porque son muy devotos, concurren al templo, hacen buenas obras etc... porque esto sería ser salvo por obras. El Señor dice... “Yo les doy vida eterna”. No dice: “Yo les doy vida mientras anden en mis caminos...”
“Y no perecerán jamás”. Esto es lo mismo que decir: “Y nunca más serán perdidos o no salvos”. ¿Por qué? Porque él ya dijo: “Yo les doy vida eterna”. No menos que esto.
“Ni nadie las arrebatará de mi mano”. Si algún hombre o mujer que dicen ser cristianos, brincan de un lado a otro sin saber qué realmente creen, se trata definitivamente de personas que no están en la poderosa mano del Salvador. Esto es tan cierto que con frecuencia ocurre que cuando una iglesia desvía el camino y se vuelve a prácticas supersticiosas, tumbando gente, pretendiendo nuevas revelaciones, supuestas curaciones, hablar en lenguas etc... los que realmente están en las manos del Salvador, huyen inmediatamente de ese medio. La mano del Señor es tan poderosa que no les permite contaminarse con el paganismo, cuando éste penetra en la misma iglesia, con todo el bagaje de supersticiones modernas y adornadas con pinceladas de términos bíblicos.
No solamente “nadie”, que tampoco “nada” podrá alejar al hijo de Dios de su Salvador.

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:38,39).

No hay filosofía, no hay pecado, no hay acción, no hay proceder, no hay caída, no hay deseos, no hay objeto, no hay nada que pueda arrebatarle al pecador redimido su Salvación.

Recuérdelo bien: ¡NADIE NI NADA! Tal vez alguien piense que bueno... el pecado contra el Espíritu Santo, dijo el Señor, que no tiene perdón. No olvidemos que este pecado no lo puede cometer ningún hombre o mujer regenerados. Jesús habló de este pecado a hombres NO regenerados (Mt. 12:31,32).

Consideremos algunas declaraciones sobre la salvación

Hay una pregunta retórica relacionada con la grandeza de la salvación que sin duda apunta en dirección a la capacidad de nuestro Señor, no solamente para salvarnos, sino PARA CONSERVARNOS SALVOS.

“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”. (He. 2:2,3a).

El apóstol Pablo, quien sufrió mucho por causa de su fe, escribió: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo se a quien he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).

Usted debe conocer siquiera algunos textos que hablan sobre la seguridad de su salvación

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció al él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:1,2).

Esta declaración de la Palabra de Dios merece una breve explicación:

1. El gran amor de Dios nos ha convertid, de creaturas suyas, en hijos suyos.

2. Por ser nosotros hijos de Dios, pero aún tan humanos y débiles como los demás, por eso el mundano no puede, muchas veces, notar la abismal diferencia entre el salvo del que no lo es.

Enfáticamente dice Juan,“ahora somos hijos de Dios”. Esta afirmación no admite ni la menor duda.

“Pero aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”. No dice que... “no se ha manifestado si finalmente de verdad seremos salvos”. Juan, cuando habla de lo que no se ha manifestado, habla de nuestra futura imagen, tanto espiritual (totalmente impecable), como de la física (totalmente perfecta).

Finalmente Juan nos dice que... “sabemos cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Juan no dice... “sentimos” sino sabemos. El cristiano, debido a su condición de pecador, aun siendo salvo, puede sentirse perdido, pero la seguridad de nuestra salvación no descansa sobre el pobre andamiaje de nuestro sentimientos, que varían tanto, sino sobre la afirmación de la palabra de Dios.

Si no queremos sucumbir a la falacia de Satanás para arrebatarnos el gozo de nuestra salvación, debemos recordar siempre que nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos, varían según las circunstancias que nos rodean.


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