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Susana Harp rescata la música oaxaqueña en México
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  Susana Harp rescata la música oaxaqueña en México 2 06/Octubre/2008 - 02:47

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  Susana Harp rescata la música oaxaqueña en México 06/Octubre/2008 - 02:23

 

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Susana Harp

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ARTICULOS:

Susana Harp rescata la música oaxaqueña

Por Rubén González   

 

 

 

8 de julio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

Foto: Angélica Alvarado

 

 

 

Susana Harp, la gran cantante e investigadora originaria de Oaxaca, que no se ha contentado con interpretar las piezas oaxaqueñas sino que ha tratado de ser lo más fiel posible a la tradición y cultura de Oaxaca, concedió una entrevista a “El Oaxaqueño”, en la cual expresa sus inquietudes, así como su lucha para ser quien es:
¿Por qué viniste al D.F.?
Abandoné mi ciudad natal en el año de 1990, buscando estudiar música. Sin embargo, al llegar al D.F. me fue difícil adaptarme; tenía que encontrar una casa, trabajo y un horario que me permitiera ir a la escuela. No me fue posible. Fueron meses de intentarlo infructuosamente. Todo lo que encontré era de tiempo completo, y como estaba en el límite de edad para poder ingresar a la carrera de canto, no me quedó otra que meterme a chambear. Yo había estudiado en Oaxaca la licenciatura en Psicología, y a eso me dediqué, además de tomar clases de canto y música, pero al Conservatorio, como era mi intención ya no pude.
¿Cómo empieza tu relación con el canto?
-Desde que tengo uso de razón, la música ha sido parte de mi vida; fue parte esencial de mi infancia, mis juegos, mi cotidianeidad. Mi mamá es pianista, y todos en casa tratábamos de tocar algún instrumento, de cantar, así como patinábamos o andábamos en bicicleta. Era un juego que después comprendí que había que estudiar para conocer bien.
¿Cómo inicia tu vida de migrante y tu carrera?
-Ya en el D.F., trabajé en el área de Psicología. Me permitió tener un salario y un horario fijo, porque cuando empiezas como músico a cantar es muy difícil. ¿Qué opciones tienes?: grupos que tocan en fiestas y se acabó, y yo no quería eso; no porque sea malo, ni nada; simplemente no me gusta, nunca he sabido ni sabré cuáles son las canciones de moda. Entonces trabajé en algunos proyectos con músicos, como uno que se llamó “Banco de Ruido”: era una propuesta de percusiones y voces, en el género de jazz; muy bonito, propositivo; era como un laboratorio donde se tocaban las culturas afroamericanas, mexicanas; eso me gustaba mucho. Ahí fue mi primera incursión formal en el medio. Pero a la par trabajaba en áreas de psicología, tanto en dependencias del gobierno como en la iniciativa privada. Entre otros sitios, trabajé en una editorial donde veía la parte de los libros que tienen que ver con el desarrollo humano. Para 1997, ya había claudicado en mi intento por dedicarme al canto; seguía tomando clases de canto por gusto, pero no para vivir de esto. Había estado más de tres años intentándolo, y nunca encontré la manera. Mi carrera de Psicología también me gusta; mi trabajo me encantaba y me puse a hacer una maestría; tenía mi consultorio, trabajaba en una Fundación de Comunidades Indígenas, que es algo que he hecho toda mi vida. Alguna vez, en una reunión, tomé una guitarra y me puse a cantar, porque me sé muchas cosas en zapoteco, y cuando menos me lo esperaba, me propusieron hacer un disco de parte de una Fundación llamada “Filantropía, Educación y Cultura”. Grande fue mi sorpresa y entusiasmo, cuando yo estaba concentrada en mi trabajo y estudios, y ya consideraba el canto un gusto que me iba a acompañar siempre, mas no como una profesión.
Así, mi primer disco lo hice como un documento de recopilación; sin pretender que se vendiera. Yo no pensé que se iba a poner en una tienda. Mi propuesta fue ponerme a buscar piezas representativas de Oaxaca, basándome en las regiones de la Costa, los Valles Centrales y el Istmo, porque es donde puedes encontrar más canción, porque música instrumental la hay en todo Oaxaca. Mi segunda sorpresa fue que el disco empezó a moverse. Se hizo un tiraje pequeño y los ejemplares se regalaron; a partir de ahí, me empezaron a llamar de muchos lugares para cantar, y yo a mi vez llamé a mis amigos músicos a Oaxaca, para integrar una excelente agrupación.
¿Fue un éxito el disco?
-Más que nada se difundió, y fue notorio el vacío existente en esta música. La gente quería escucharla, no era nomás una locura mía, sino que encontraba eco, que había gustado lo que hicimos: voltear a la música tradicional y tratarla de una manera formal y no populachera. Siendo música mexicana teníamos que hacerla bien, con buenos arreglos, músicos talentosos, bien dirigidos. Para mí ésta es la gran diferencia, porque yo creo que los discos son como cualquier obra de arte, y a través de ellos hemos logrado transmitir una pasión que se deriva de las ganas y del compromiso que tenemos con nuestra tierra. Esto fue en 1997, y pensamos que valía la pena crear algo que nos diera cobijo a todos, y formamos la Asociación Cultural ‘Xquenda’, junto con músicos, poetas, fotógrafos, pintores, etc., siendo un proyecto muy lindo donde nos hemos apoyado mutuamente y hemos tenido oportunidad de intercambiar conocimientos, logrando proyectos de calidad con la conciencia de lo que implica un proyecto cultural.
¿Hacia donde encaminas tu trabajo?
-Cuando yo recopilaba las piezas para el segundo disco, que se llama ‘Béele Crúu’. y es una continuación del disco ‘Xquenda’, con canciones de autores oaxaqueños, poco conocidas y muy representativas, que aunque populares, no eran catalogadas como obra de un oaxaqueño; por decir algo, siempre cierro con una pieza instrumental: ‘Béele Crúu’ lo cerramos con ‘Nereidas’, y la gente se pregunta: ¿qué hace este danzón en un disco de música oaxaqueña? Es que Amador Pérez Dimas, su autor, es oaxaqueño, de Zaachila. Mi intención es buscar este tipo de aportaciones. Al buscar el repertorio para este disco, en las comunidades encontré canciones para niños que me llamaron mucho la atención, y desde 1998 empecé a recopilar lo que encontraba para niños, y en 2003 sacamos un disco llamado ‘Arriba del cielo’, que fue mi tercera producción. Después hicimos el disco ‘Mi tierra’, ya con la Banda Sinfónica del Estado de Oaxaca. En estos últimos discos ya no incluimos nada más música de Oaxaca, sino también de otros autores, otras lenguas: un arrullo maya, uno en náhuatl, aunque la base siempre es oaxaqueña, pues de doce piezas ocho son de Oaxaca. He encontrado cosas muy bellas en este tema: cómo se ha cantado en México a sus niños. Mi cuarta producción fue ‘Mi Tierra’, un retorno con la idea de que si alguien conocía Oaxaca y sólo podía conservar un disco de recuerdo, ¿qué contendría? Ahí, en vez de buscar lo menos conocido, me fui a los himnos oaxaqueños: ‘La llorona’, ‘Pinotepa’, ‘Naila’, ‘Dios nunca muere’, entre otros, lo cual no impidió que hiciéramos investigación; por ejemplo ‘La sandunga’ tiene un origen que nadie supone: la cantó por primera vez en el Teatro Principal de la ciudad de México, por 1850, una tonadillera andaluza; de ahí llegó a Oaxaca y a Tehuantepec, donde tomó carta de naturalización. Ahora ‘La sandunga’ es más oaxaqueña que de nadie, pero tuvo un origen, y reconocerlo no resta ningún mérito; a nosotros nos llegó como un jaleo andaluz de dos estrofas, y llegó al Istmo, fue creciendo por industria oaxaqueña, y ahora tiene más de siete zapateados y más de quinientos versos, porque no es de nadie, es de dominio popular, y cada quien le ha añadido versos, igual que ‘La Llorona’, que tiene versos de don Andrés Henestrosa, y otros de autores desconocidos, tanto en zapoteco como en castellano. Es muy interesante meterte a estudiar los antecedentes de esas piezas, muy conocidas en cierto aspecto, pero con variaciones que intenté encontrar.
Mi más reciente disco es de compositores contemporáneos mexicanos; ya había ido siglos atrás, principalmente en ‘Arriba del cielo’, que contiene piezas desde prehispánicas y de los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX; en ‘Xquenda’ también hay piezas del S. XIX, y tenía ganas de expresar lo que pasa ahorita en mi país, continuando con la terquedad de aclarar que los idiomas indígenas están vigentes, vivos; que nuestro país es en el siglo XXI el segundo en el mundo con más lenguas vivas: 62 lenguas; primero está la India, con 66, y después de nosotros China, con 58. Ese era el objetivo de este disco: poner el dedo en el renglón de la riqueza de las lenguas indígenas. Yo aprendí el zapoteco del Istmo, mi lengua materna es el español; en las demás lenguas, a la fecha he abordado siete; me asesoro con hablantes indígenas, que me enseñan a pronunciar."
¿Tus proyectos serán igualmente ambiciosos?
- Bueno, ahora trabajo con varias mujeres oaxaqueñas, en un proyecto multidisciplinario con artes plásticas, fotografía, poesía, música, y espero concluirlo para fin de este año, y para el próximo espero terminar otro en el que tenemos tiempo trabajando y con el que apuntamos muy alto: es sobre las zonas negras de México. Oaxaca tiene una zona negra muy importante, que desgraciadamente sufre una gran expulsión de gente; tratamos de abordar el tema de la negritud viva en México, tan desconocida por la mayoría. Esto es muy lindo, poder descubrirle a la gente de Oaxaca que tiene tantas culturas juntas y en tantas formas, sin dejar de ser México. Tenemos que aprender a vivir en la pluralidad cultural, a respetar. Sobre esto de la migración en las zonas negras en que estamos trabajando, tuvimos este año un encuentro en El Ciruelo, cerca de Pinotepa; llegó un gringo que tiene un proyecto llamado Black and Brown, en el que expone el gran problema que hay en Estados Unidos con los migrantes mexicanos, porque chocan con la población afro americana de allá, no nos quieren, y él decía: “Vengo al encuentro con los negros de México porque me interesa que ambos grupos sepan que sus raíces son las mismas, y deben respetarse; ya los migrantes tienen demasiados problemas para, aparte, tener esta rivalidad con sus propios hermanos”. Respecto a esto, yo opino que nuestros migrantes son unos verdaderos héroes, y gracias a ellos hay paz en México; no es gracias a los partidos políticos, ni al gobierno federal, sino a esa derrama constante de dólares a los lugares donde hay tantas carencias para auxiliar a sus familias y comunidades. Ya en el año 2000 hicimos un encuentro sobre la migración, que se llamó “Qué lejos estoy”, y logramos sacar un diccionario zapoteco-español-inglés. Se hicieron exposiciones en el metro de la ciudad de México, se organizó un gran concierto con Eugenia León, Oscar Chávez y otros artistas comprometidos con su gente, y se logró hacer un fideicomiso para el traslado de cadáveres, que es necesario, pues la gente sale de sus comunidades para luchar por ellas, y lo único que desean es, si mueren en el intento, regresar con dignidad y ser enterrados en su tierra. A ellos mi admiración, y sepan que estamos trabajando de este lado

 

 

 

Por Rubén González   

 

 

 

8 de julio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

Foto: Angélica Alvarado

 

 

 

Susana Harp, la gran cantante e investigadora originaria de Oaxaca, que no se ha contentado con interpretar las piezas oaxaqueñas sino que ha tratado de ser lo más fiel posible a la tradición y cultura de Oaxaca, concedió una entrevista a “El Oaxaqueño”, en la cual expresa sus inquietudes, así como su lucha para ser quien es:
¿Por qué viniste al D.F.?
Abandoné mi ciudad natal en el año de 1990, buscando estudiar música. Sin embargo, al llegar al D.F. me fue difícil adaptarme; tenía que encontrar una casa, trabajo y un horario que me permitiera ir a la escuela. No me fue posible. Fueron meses de intentarlo infructuosamente. Todo lo que encontré era de tiempo completo, y como estaba en el límite de edad para poder ingresar a la carrera de canto, no me quedó otra que meterme a chambear. Yo había estudiado en Oaxaca la licenciatura en Psicología, y a eso me dediqué, además de tomar clases de canto y música, pero al Conservatorio, como era mi intención ya no pude.
¿Cómo empieza tu relación con el canto?
-Desde que tengo uso de razón, la música ha sido parte de mi vida; fue parte esencial de mi infancia, mis juegos, mi cotidianeidad. Mi mamá es pianista, y todos en casa tratábamos de tocar algún instrumento, de cantar, así como patinábamos o andábamos en bicicleta. Era un juego que después comprendí que había que estudiar para conocer bien.
¿Cómo inicia tu vida de migrante y tu carrera?
-Ya en el D.F., trabajé en el área de Psicología. Me permitió tener un salario y un horario fijo, porque cuando empiezas como músico a cantar es muy difícil. ¿Qué opciones tienes?: grupos que tocan en fiestas y se acabó, y yo no quería eso; no porque sea malo, ni nada; simplemente no me gusta, nunca he sabido ni sabré cuáles son las canciones de moda. Entonces trabajé en algunos proyectos con músicos, como uno que se llamó “Banco de Ruido”: era una propuesta de percusiones y voces, en el género de jazz; muy bonito, propositivo; era como un laboratorio donde se tocaban las culturas afroamericanas, mexicanas; eso me gustaba mucho. Ahí fue mi primera incursión formal en el medio. Pero a la par trabajaba en áreas de psicología, tanto en dependencias del gobierno como en la iniciativa privada. Entre otros sitios, trabajé en una editorial donde veía la parte de los libros que tienen que ver con el desarrollo humano. Para 1997, ya había claudicado en mi intento por dedicarme al canto; seguía tomando clases de canto por gusto, pero no para vivir de esto. Había estado más de tres años intentándolo, y nunca encontré la manera. Mi carrera de Psicología también me gusta; mi trabajo me encantaba y me puse a hacer una maestría; tenía mi consultorio, trabajaba en una Fundación de Comunidades Indígenas, que es algo que he hecho toda mi vida. Alguna vez, en una reunión, tomé una guitarra y me puse a cantar, porque me sé muchas cosas en zapoteco, y cuando menos me lo esperaba, me propusieron hacer un disco de parte de una Fundación llamada “Filantropía, Educación y Cultura”. Grande fue mi sorpresa y entusiasmo, cuando yo estaba concentrada en mi trabajo y estudios, y ya consideraba el canto un gusto que me iba a acompañar siempre, mas no como una profesión.
Así, mi primer disco lo hice como un documento de recopilación; sin pretender que se vendiera. Yo no pensé que se iba a poner en una tienda. Mi propuesta fue ponerme a buscar piezas representativas de Oaxaca, basándome en las regiones de la Costa, los Valles Centrales y el Istmo, porque es donde puedes encontrar más canción, porque música instrumental la hay en todo Oaxaca. Mi segunda sorpresa fue que el disco empezó a moverse. Se hizo un tiraje pequeño y los ejemplares se regalaron; a partir de ahí, me empezaron a llamar de muchos lugares para cantar, y yo a mi vez llamé a mis amigos músicos a Oaxaca, para integrar una excelente agrupación.
¿Fue un éxito el disco?
-Más que nada se difundió, y fue notorio el vacío existente en esta música. La gente quería escucharla, no era nomás una locura mía, sino que encontraba eco, que había gustado lo que hicimos: voltear a la música tradicional y tratarla de una manera formal y no populachera. Siendo música mexicana teníamos que hacerla bien, con buenos arreglos, músicos talentosos, bien dirigidos. Para mí ésta es la gran diferencia, porque yo creo que los discos son como cualquier obra de arte, y a través de ellos hemos logrado transmitir una pasión que se deriva de las ganas y del compromiso que tenemos con nuestra tierra. Esto fue en 1997, y pensamos que valía la pena crear algo que nos diera cobijo a todos, y formamos la Asociación Cultural ‘Xquenda’, junto con músicos, poetas, fotógrafos, pintores, etc., siendo un proyecto muy lindo donde nos hemos apoyado mutuamente y hemos tenido oportunidad de intercambiar conocimientos, logrando proyectos de calidad con la conciencia de lo que implica un proyecto cultural.
¿Hacia donde encaminas tu trabajo?
-Cuando yo recopilaba las piezas para el segundo disco, que se llama ‘Béele Crúu’. y es una continuación del disco ‘Xquenda’, con canciones de autores oaxaqueños, poco conocidas y muy representativas, que aunque populares, no eran catalogadas como obra de un oaxaqueño; por decir algo, siempre cierro con una pieza instrumental: ‘Béele Crúu’ lo cerramos con ‘Nereidas’, y la gente se pregunta: ¿qué hace este danzón en un disco de música oaxaqueña? Es que Amador Pérez Dimas, su autor, es oaxaqueño, de Zaachila. Mi intención es buscar este tipo de aportaciones. Al buscar el repertorio para este disco, en las comunidades encontré canciones para niños que me llamaron mucho la atención, y desde 1998 empecé a recopilar lo que encontraba para niños, y en 2003 sacamos un disco llamado ‘Arriba del cielo’, que fue mi tercera producción. Después hicimos el disco ‘Mi tierra’, ya con la Banda Sinfónica del Estado de Oaxaca. En estos últimos discos ya no incluimos nada más música de Oaxaca, sino también de otros autores, otras lenguas: un arrullo maya, uno en náhuatl, aunque la base siempre es oaxaqueña, pues de doce piezas ocho son de Oaxaca. He encontrado cosas muy bellas en este tema: cómo se ha cantado en México a sus niños. Mi cuarta producción fue ‘Mi Tierra’, un retorno con la idea de que si alguien conocía Oaxaca y sólo podía conservar un disco de recuerdo, ¿qué contendría? Ahí, en vez de buscar lo menos conocido, me fui a los himnos oaxaqueños: ‘La llorona’, ‘Pinotepa’, ‘Naila’, ‘Dios nunca muere’, entre otros, lo cual no impidió que hiciéramos investigación; por ejemplo ‘La sandunga’ tiene un origen que nadie supone: la cantó por primera vez en el Teatro Principal de la ciudad de México, por 1850, una tonadillera andaluza; de ahí llegó a Oaxaca y a Tehuantepec, donde tomó carta de naturalización. Ahora ‘La sandunga’ es más oaxaqueña que de nadie, pero tuvo un origen, y reconocerlo no resta ningún mérito; a nosotros nos llegó como un jaleo andaluz de dos estrofas, y llegó al Istmo, fue creciendo por industria oaxaqueña, y ahora tiene más de siete zapateados y más de quinientos versos, porque no es de nadie, es de dominio popular, y cada quien le ha añadido versos, igual que ‘La Llorona’, que tiene versos de don Andrés Henestrosa, y otros de autores desconocidos, tanto en zapoteco como en castellano. Es muy interesante meterte a estudiar los antecedentes de esas piezas, muy conocidas en cierto aspecto, pero con variaciones que intenté encontrar.
Mi más reciente disco es de compositores contemporáneos mexicanos; ya había ido siglos atrás, principalmente en ‘Arriba del cielo’, que contiene piezas desde prehispánicas y de los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX; en ‘Xquenda’ también hay piezas del S. XIX, y tenía ganas de expresar lo que pasa ahorita en mi país, continuando con la terquedad de aclarar que los idiomas indígenas están vigentes, vivos; que nuestro país es en el siglo XXI el segundo en el mundo con más lenguas vivas: 62 lenguas; primero está la India, con 66, y después de nosotros China, con 58. Ese era el objetivo de este disco: poner el dedo en el renglón de la riqueza de las lenguas indígenas. Yo aprendí el zapoteco del Istmo, mi lengua materna es el español; en las demás lenguas, a la fecha he abordado siete; me asesoro con hablantes indígenas, que me enseñan a pronunciar."
¿Tus proyectos serán igualmente ambiciosos?
- Bueno, ahora trabajo con varias mujeres oaxaqueñas, en un proyecto multidisciplinario con artes plásticas, fotografía, poesía, música, y espero concluirlo para fin de este año, y para el próximo espero terminar otro en el que tenemos tiempo trabajando y con el que apuntamos muy alto: es sobre las zonas negras de México. Oaxaca tiene una zona negra muy importante, que desgraciadamente sufre una gran expulsión de gente; tratamos de abordar el tema de la negritud viva en México, tan desconocida por la mayoría. Esto es muy lindo, poder descubrirle a la gente de Oaxaca que tiene tantas culturas juntas y en tantas formas, sin dejar de ser México. Tenemos que aprender a vivir en la pluralidad cultural, a respetar. Sobre esto de la migración en las zonas negras en que estamos trabajando, tuvimos este año un encuentro en El Ciruelo, cerca de Pinotepa; llegó un gringo que tiene un proyecto llamado Black and Brown, en el que expone el gran problema que hay en Estados Unidos con los migrantes mexicanos, porque chocan con la población afro americana de allá, no nos quieren, y él decía: “Vengo al encuentro con los negros de México porque me interesa que ambos grupos sepan que sus raíces son las mismas, y deben respetarse; ya los migrantes tienen demasiados problemas para, aparte, tener esta rivalidad con sus propios hermanos”. Respecto a esto, yo opino que nuestros migrantes son unos verdaderos héroes, y gracias a ellos hay paz en México; no es gracias a los partidos políticos, ni al gobierno federal, sino a esa derrama constante de dólares a los lugares donde hay tantas carencias para auxiliar a sus familias y comunidades. Ya en el año 2000 hicimos un encuentro sobre la migración, que se llamó “Qué lejos estoy”, y logramos sacar un diccionario zapoteco-español-inglés. Se hicieron exposiciones en el metro de la ciudad de México, se organizó un gran concierto con Eugenia León, Oscar Chávez y otros artistas comprometidos con su gente, y se logró hacer un fideicomiso para el traslado de cadáveres, que es necesario, pues la gente sale de sus comunidades para luchar por ellas, y lo único que desean es, si mueren en el intento, regresar con dignidad y ser enterrados en su tierra. A ellos mi admiración, y sepan que estamos trabajando de este lado

 

 

 

Por Rubén González   

 

 

 

8 de julio de 2006

 

 

 

 

 

 

  CIBERDOLAR (06/Octubre/2008 - 02:38)


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