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Bajo mis pies, el mar, o yo sobre las olas, libre en el aire puro, como nube con alas, un ocaso de fuego con rojo de amapolas reviste al horizonte de sus mejores galas.
El mar es el amante que recibe y abraza, dilema de mareas con ofrenda y rechazo; como cualquier amante seduce y despedaza, y entre sus aguas siento su beso y su zarpazo.

Solo y despierto
Hay toques en mi piel, pero no hay mano, y tú estás sin estar, aquí y distante, corazón de cadencia palpitante, alazán galopando por el llano.
Me aceleras, me pueblas, me empantano sobre tu piel de amanecer radiante, tú, mi camino, yo, tu caminante, de firme huella, mas de pie liviano.
Estoy solo y contigo, idea y tacto, aunque me instruyes, soy autodidacto, mental revelación, mi libro abierto.
Esta es la noche que nos vio sin vernos, arrebatados, sin pertenecernos, yacente junto a ti, solo y despierto.
Franciso Álvarez Hidalgo
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