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Gracias Cristofer, pero es necesario dar a conocer algunos detalles sobre el Libro de Henry Ford. Aqui una parte de los Protocolos:
En el 9º protocolo se lee lo siguiente: "No existen obstáculos a nuestro frente. Nuestro súpergobierno posee una tan firme posición supralegal que es posible adjudicársele ya la potente y fuerte denominación de "dictadura". En toda conciencia puedo decir, que hoy somos nosotros los legisladores. Nosotros creamos juzgados y jurisdicciones. Nosotros dominamos con voluntad inquebrantable, porque tenemos en nuestras manos los restos de un partido fuerte otrora, pero hoy vasallo nuestro".
Dícese en el capitulo 8º: "Colmaremos las filas de nuestro gobierno con numerosos financieros. La economía nacional es la principal ciencia enseñada por los judíos. Nos rodearemos también de una brillante corte de banqueros, industriales, capitalistas y especialmente de millonarios, pues en realidad y en ultimo resorte todo se decide por la fuerza del dinero". Son estas pretensiones tal vez demasiado elevadas; mas corresponden cabalmente a los hechos reales. Tal como lo indica el citado párrafo del 8º protocolo, el elemento judío aspira a la preponderancia en la enseñanza nacional económica política, y en efecto, la realidad nos demuestra su éxito. Son los principales autores de aquellas seudo-ciencias que inducen a las masas a perseguir objetivos económicos irrealizables, como son los autores principales de esa literatura "popular", que mantiene a las diversas clases sociales en la ilusión de que las teorías económicas son leyes económicas. La idea, la teoría (como medio para la descomposición social), la manejan tanto los judíos académicos como los bolcheviques. Cuando llegue a ser esto comprendido en sus detalles, se modificara, probablemente la pública opinión referente a la importancia de las doctrinas académicas y radicales.
Tal como se desprende del citado párrafo del 9º protocolo, el poderío mundial judío va formando actualmente una especie de súpergobierno. Consta este mismo concepto en los documentos judíos, y no existe otro más característico. Ninguna nación puede lograr sus anhelos, pero la hegemonía mundial judía los alcanza, aunque salten francamente sus pretensiones por encima de la igualdad de derechos frente a las naciones no-judías. "Nosotros somos los legisladores" dicen los Protocolos,y, en efecto, las influencias judías participan en mayor grado en las legislaciones nacionales e internacionales de lo que pueda sospechar la masa de legos. En estos últimos diez años, el predominio internacional judío, o sea el grupo de judíos internacionales, gobernó al mundo entero. Y más aun: fueron lo bastante poderosos como para evitar la promulgación de leyes saludables, y allí donde un proyecto de ley se votara, siendo proclamado ley, se interpreto merced a estas influencias judías en forma tal, que, en efecto, se torno ineficaz para su objetivo proyectado. Podría esto comprobarse con infinidad de hechos.
Los métodos con los cuales se consigue todo esto, estaban ya previstos en el programa, pero esbozado solo en los protocolos. "Nosotros creamos juzgados" dícese allí, en tanto que en otro lugar se habla de "nuestros jueces". Un juzgado o tribunal puramente judío efectúa semanalmente sus sesiones en un edificio público de Nueva York, y otros juzgados, en provecho y beneficio de ese mismo pueblo, cuya existencia niegan sus portavoces, se halla en formación por doquier. En ciertos Estados europeos ya esta realizando el plan sionista, de acuerdo con el cual los judíos dentro de aquellos mismos Estados, cuya protección reclaman. Allí donde los judíos pueden actuar libremente, se obtiene siempre no su "americanización" o "anglificación", ni otra nacionalización cualquiera, sino solamente su incondicional aferramiento al judaísmo exclusivo.
Observando después las pretensiones contenidas en los Protocolos, nos enteramos en la 7º tesis: "Nosotros procuramos desde largo tiempo que el clero de los infieles, que en todo caso mucho podría impedir, caiga en descrédito, con lo cual resulta infructuosa su misión. Su influencia sobre los pueblos disminuye día a día". "Por doquier se proclama la libertad de conciencia, por lo que es solo cuestión de tiempo, que se hunda definitivamente la religión cristiana. Con las otras religiones nos entenderemos con mayor facilidad aun, pero la resolución en definitiva todavía no esta madura".
Esto tendrá cierto interés para aquellos sacerdotes que con los rabinos judíos tratan de conseguir cierta mancomunidad espiritual. Aparece necesariamente en tal unión, Jesucristo, como bondadoso, pero absolutamente mal comprendido profeta judío.
Un párrafo típico de este Protocolo reclama para la raza hebrea una especial habilidad en el arte deultrajar, diciendo: "Nuestro periodismo criticara acerbamente todos los asuntos de Estado y de la Iglesia, como también la ineptitud de los infieles en general. En tales campañas utilizara siempre conceptos denigrantes que rocen la injuria, arte en el cual nuestra raza alcanzo siempre cierta maestría excepcional".
Expresa el 5º Protocolo: "Se reduce al mínimo, bajo nuestra influencia, la racional aplicación de las leyes. La reverencia ante las leyes es zapada por la interpretación "liberal", que nosotros implantamos. Los juzgados o tribunales deciden según nuestra voluntad, aun en los casos más importantes, donde se trata de fundamentales cuestiones de jurisdicción o política. La Administración de los infieles las comprende desde puntos de vista, que nosotros les imponemos mediante nuestros agentes, que al parecer nada tienen que ver con nosotros, por insinuaciones en la prensa, o por otros muchos conductos. Nosotros, en suma, sembramos la discordia y el rencor en la sociedad de los infieles".
Dice el Protocolo 17: "En los países denominados progresistas hemos creado una literatura malsana, obscena y amoral. Una vez escalado el poder, la dejaremos subsistir durante cierto tiempo, para que se destaque con mayor claridad la diferencia entre esta y las publicaciones que después iniciaremos". En lo referente a la denominación de la prensa, exprésase en el Protocolo 12: "La hemos conseguido actualmente hasta tal extremo, que la prensa mundial recibe las noticias exclusivamente nuestras, publicando solamente aquello que nosotros permitamos". Este asunto se trata asimismo en el 7º Protocolo, donde se dice: "Obliguemos a los gobiernos de los infieles a aceptar disposiciones que favorezcan nuestro plan ampliamente trazado, y que se acerca ya a su realización. Deberán tolerar y soportar la presión de la opinión pública, influenciada artificiosamente por nosotros y que con ayuda de la prensa, llamada "gran potencia", ha sido organizada. Salvo contadas y poco importantes publicaciones, esta prensa se encuentra en nuestras manos".
Resume el Protocolo 12 todo esto en la siguiente forma: "Nosotros hemos logrado dominar la mentalidad de la sociedad infiel, hasta tal punto, que todo el mundo contempla los acontecimientos del mundo a través de los cristales que nosotros les ponemos ante los ojos. No existe gobierno alguno, que pueda levantar una barrera contra nuestra intromisión en los mal llamados por los infieles "secretos de Estado"; ¿cómo entonces, no se presentaran las cosas, cuando nosotros, en la persona de nuestro soberano, seamos los dueños reconocidos del mundo entero? La nación judía es, verdaderamente, la única que conoce los secretos de todas las otras naciones. Ninguna nación puede guardar cierto tiempo el mínimo secreto, que se refiera a otra nación cualquiera, pero tampoco ninguna conoce los secretos de las otras que se refieran a ella misma. Seria exagerado afirmar que los judíos internacionales posean absolutamente todos estos conocimientos. Muchos son de escaso valor, y la posesión de dichos conocimientos no aumentaría su poderío. Lo esencial es el hecho de que los judíos tienen acceso a todos los secretos de Estado, y que pueden saber todo lo que deseen saber. Esto podrían atestiguarlo muchos legajos, y ¡cuantos archiveros de actas secretas podrían hablar si así lo quisieran! La única diplomacia secreta es aquella que confía los llamados secretos a contadas personas, pertenecientes a una determinada raza. El superficial mar rizado de la diplomacia, la presunción que trasunta las memorias de ancianos joviales, que se llaman estadistas, todos esos convenios y conferencias con títulos retumbantes, como si verdaderamente significaran algo, todo es juego de niños comparado con la diplomacia de Judá y con su inimitable arte de sonsacar el saber y el pensar más íntimos de cada núcleo imperante. En estos hechos no son una excepción los Estados Unidos, y acaso no haya un segundo gobierno que este tan incondicionalmente al servicio del judío internacional, como el nuestro de hoy. Esta hegemonía fue alcanzada por el judío en el transcurso de estos últimos cinco o seis años.
Resulta del Protocolo 11, que los judíos consideran su dispersión en el mundo entero como una suerte y una ventaja según la voluntad de Dios, pues así el plan de su hegemonía mundial se realizara mucho mejor. "Dios nos concedió a nosotros, a su pueblo predilecto, la dispersión como una bendición, siendo esta, que al mundo le pareció ser nuestra debilidad, nuestra fuerza mayor. Ella nos lleva hasta el umbral del dominio de la tierra habitada". Parecen tan exorbitantes los propósitos reflejados en el texto del Protocolo 9º, que puede apenas suponerse que tales palabras puedan jamás llegar a traducirse en hechos. Realmente existe un punto donde coinciden palabras y realidad: "A fin de no destruir antes de hora las instituciones de los infieles, hemos puesto nuestra mano sobre ellas en forma decisiva, descomponiendo sus resortes. Otrora estaban exacta y cabalmente ordenadas, pero nosotros las hemos reemplazado por una administración "liberalmente" desorganizada y partidista. Hemos conquistado influencia sobre justicia, leyes electorales, prensa, libertad personal, y especialmente en la educación y cultura, pilares maestros de toda existencia humana libre. Por medio de métodos educativos teóricos y prácticos, que reconocemos como falsos, pero que hemos inspirado, desorientamos, atrofiamos y desmoralizamos a la mocedad infiel. De las legislaturas vigentes sin modificaciones propiamente dichas, solo por mixtificación en su interpretación contradictoria, nosotros creamos una obra verdaderamente abrumadora en sus efectos".
Es sabido que aunque la atmósfera no estuviere tan cargada de teorías de "libertad" y de proclamaciones de "derechos", como en la actualidad, se esta verificando un constante aniquilamiento de las "libertades personales". En vez de libertad social se gobiernan los pueblos mediante innumerables frases socialistas bajo una tutela oficial antes nunca conocida. La "higiene publica" proporciona un pretexto. Apenas si pueden hoy los niños jugar libremente, si no es bajo la inspección de guardianes oficiales, entre los cuales se destaca la existencia de numerosos judíos. Las calles no son libres como antaño, y leyes de toda índole mutilan las más inocentes libertades populares. Una tendencia de unificación maquinal, basada en una teoría sumamente "sabia", se va desplegando en nuestra existencia privada y pública, y lo raro es que siempre que el investigador llega hasta el centro ordenador de estas tendencias molestas al bienestar publico, encuentra, al fin, al judío en el puesto decisivo. Se apartan los niños de su natural "centro social", o sea del hogar familiar, y van hacia otros "centros" (nos referimos aquí a niños no-judíos; a nadie se le permitiría inmiscuirse en la educación de niños judíos), se alejan de sus tutores propios, de su casa paterna, iglesia y escuela, y se entregan a "centros", "enseñanzas científicas", y otras instituciones "bajo dirección idónea"; sistema que habitúa al niño a no confiarse a la comunidad natural, sino a aguardarlo todo del "Estado". Estos preparativos corresponden todos, perfectamente, al plan mundial judío, para dominar a los otros pueblos. Si no se hiciera todo en consciente consecuencia del programa mundial judío, seria en extremo interesante saber por que el material viviente de todos estos experimentos se integra, precisamente, con niños no-judíos, quedando, en cambio, la dirección en manos de judíos.
No se guardan, en parte alguna, con más severidad que en Norteamérica las libertades judías. El no-judío se las compone como puede con sus conciudadanos, en tanto que cada comunidad judía tiene sus protectores, que de distintos modos y maneras, entre los que, y no en último lugar,esgrimiendo la amenaza política y comercial, saben darse la necesaria importancia. Un no-judío con sentido social jamás obtendría gratitud por preocuparse de la vida y educación de niños judíos: en cambio, la comunidad existente en toda población lo arregla automáticamente. Son las judías las más secretas de las escuelas municipales, al extremo que, a veces hasta sus sedes son desconocidas por los Municipios de las grandes poblaciones. Se ocupa con preferencia el judío de influenciar la mentalidad no-judía, haciendo lo posible por prescribir a los no-judíos, lo que especialmente tengan que pensar acerca del judío. Sin el mínimo escrúpulo, va influenciando la ideología no judía de tal forma, que paulatinamente y con grandes rodeos, va sirviendo al fin y al cabo a los intereses generales judíos. Este celo y perseverancia, que deben llamar poderosamente la atención a quien lo haya observado alguna vez, no son mas que manifestaciones naturales de la convicción de todo judío, de que es miembro de una raza privilegiada con facultades para educar a las razas inferiores, punto de vista desde el cual juzga al resto de la humanidad.
Tomado del Capítulo XII - El Judío Internacional (por Henry Ford)
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