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Reseña de la lectura de Giovanni Sartori “Homovidens”
Gibran González Gamboa
HOMO SAPIENS: Línneo clasificaba a la especie humana como homo sapiens en su sistema de naturaleza. El homo sapiens es único por poseer una capacidad simbólica. Y la capacidad simbólica de los seres humanos se despliega en el lenguaje, en la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y signos “significantes”, provistos de significado. El lenguaje es la característica que distingue al hombre radicalmente de cualquier especie de ser viviente. El lenguaje no sólo es un instrumento del comunicar, sino también del pensar. A decir verdad, las cosas en las que pensamos no las ve ni siquiera el que puede ver, es decir, no son visibles.
EL PROGRESO TECNOLÓGICO: todo progreso tecnológico, en el momento de su aparición, ha sido temido e incluso rechazado. Y sabemos de cualquier innovación molesta porque cambia los órdenes constituidos. Pero no debemos generalizar. En pocas décadas el progreso tecnológico nos ha sumergido en la edad cibernética, supliendo a la televisión. En efecto estamos pasando, a una edad multimedia en la cual, como su nombre lo indica, los medios de comunicación son numerosos y la televisión ha dejado de ser a la única de esta multimedialidad. El nuevo soberano es ahora el ordenado. Porque el ordenador no sólo unifica la palabra, el sonido y las imágenes, sino que además introduce en los visibles, realidades simuladas, realidades virtuales. Puedo entender que, conforme la tecnología vaya avanzando aceleradamente, irá destituyendo un aparato por otro más sofisticado.
EL VÍDEO-NIÑO: esta claro, pues, que el caso de la televisión no puede ser tratado por analogía, es decir, como si la televisión fuera una prolongación y una mera ampliación de los instrumentos de comunicación que la han precedido. Este libro se centra en una tesis, o si se prefiere la hipótesis. Una tesis que se fundamenta, como premisa, en el puro y simple hecho de que la mayor parte de los niños ven la televisión durante horas y horas, antes de aprender a leer y escribir. Curiosamente, se ataca esta exposición porque sobre todo habitúa al niño a la violencia, y lo hace de adulto más violento. El problema es que el niño es una esponja que registra y absorbe indiscriminadamente todo lo que ve. Por el contrario, desde el otro punto de vista, el niño formado en la imagen se reduce a ser un hombre que no lee, y, por tanto, la mayoría de las veces, es un ser reblandecido por la televisión, adicto a por vida a los videojuegos. Se considera video-niño al niño que ha crecido ante un televisor. Es niño crecerá y se convertirá en adulto a la fuerza, se tratará de un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita.
PROGRESOS Y REGRESIONES: progresar es sólo ir hacia delante y esto comporta un crecimiento. Pero necesitamos tener en cuenta que este aumento no siempre va ser positivo. Tal es el caso de las enfermedades o epidemias. Pero con respecto a la progresión de la historia, la noción de progreso es positiva. Para la Ilustración, y aún hoy para nosotros, progreso significa un crecimiento de la civilización, un avance hacia algo mejor, es decir, una mejoría. Y cuando la televisión se define como un progreso, se sobreentiende que se trata de un crecimiento bueno.
EL EMPOBRECIMIENTO DE LA CAPACIDAD DE ENTENDER: la televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de entender. La idea, según Kant, es un concepto necesario de la razón al cual no puede ser dado en los sentidos ningún objeto adecuado. Por tanto, lo que nosotros vemos o percibimos concretamente no produce ideas, pero se insiere en ideas o conceptos que lo encuadran y lo significan. Y éste es el proceso que se atrofia cuando el homo sapiens es suplantado por el homo videns. Este último es pobre de capacidad connotativa. Los últimos dos puntos de este libro puedo englobarlos en lo que actualmente ha surgido y ha pegado de una manera impresionante, y es el Internet, el cual permite navegar en espacios nunca antes vistos. Quizá algunos nos preguntaremos si esta suplantando a la televisión, cuando hace apenas cincuenta años de su aparición, ésta ya ha sido obsoleta. No niega que la navegación en lo virtual puede ser estimulante. Sea como fuere, para los comunes mortales la navegación cibernética es una especie de video-juego. Y si toma esta navegación demasiado en serio, los cibernautas comunes corren el riesgo de perder el sentido de la realidad, es decir, los límites entre lo verdadero y lo falso, entre lo existente y lo imaginario.
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