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Viajero, tú que cansado te detienes en tu derrotero para calmar tu hambre, saciar tu sed, y aliviar de tu trasero a tu montura, tal vez hayas escuchado esta narración, pero nadie podrá contártela con la veracidad y los detalles con que yo lo hago, ya que he tenido el privilegio de haberla escuchado del verdadero protagonista….
Me encontraba en la ciudad de Banderville, en un lugar, mitad taberna, mitad posada, al cual alguien pomposamente había bautizado “El Mesón Hostigado”. Un amplio salón casi en penumbras, una barra larga, varias mesas y taburetes desvencijados eran el mobiliario del lugar. Tras la barra, el gordo cantinero de bigotes anchos y mal cortados y sus dos ayudantes despachaban ríos de cerveza y vino.
Afuera la noche se prestaba para el entrenamiento. El viento y el polvo secaban mi garganta. Un torrente de amarillenta espuma mutiló mi sed, mientras bebía a borbotones, realizando ostentosos ruidos al tragar, a lo lejos un grupo de jóvenes murmuraba que un misterioso personaje había llegado al pueblo. No se terminaba de escuchar este rumor que las dos puertas del Mesón se habrían de golpe dejando entrar un brisa tan poderosa que hacia volar las espumas de las jarras cerveceras. Para asombro de todos nadie se encontraba tras esa bruma de viento, era como si un espectro acabara de entrar, pero sin que pudiera llegar a darme cuenta un gran mago se encontraba sentado en mi mesa. Llevaba puesto lo mejores ropajes que una persona de su clase pudiese comprar, un báculo tan extraño que esta los mismísimos dioses se hubieran sorprendido y por su puesto una bolsa tan llena de oro que cualquiera pensaría que se trataba de un asesino a sueldo. Sin embargo cualquiera en sus cabales podría darse cuenta que se trataba de un busca tesoros, una de esas personas que pocos conocen y todos envidian, que sirven para las historias de tabernas y las conversaciones de borrachos, vagos, ambiciosos y aventureros. Tan misterioso personaje se encontraba sentado justo enfrente de mí y me desbastaba con una mirada escudriñadora. Yo mantenía mi calma y no emitía sonido alguno que pudiera molestarlo, extendió una mano y me acerco un pergamino. Mire el pedazo de papel un instante pero cuando levante la mirada buscando sus ojos nadie se encontraba frente a mí. Refregué mis ojos con desazón como intentado demostrarme que no estaba viendo bien, sin embargo el pergamino seguía a 10 centímetros de mi mano y nadie estaba frente a mí. Comencé a desenrollar el susodicho papel para ver sus inscripciones, mis ojos poco confiados de lo que podía llegar a ver se iban desorbitando en cada nueva vuelta. Al principio pensé que encontraría instrucciones para realizar un hechizo inimaginable, pero resulta que no era así, solo era un asqueroso mapa de una supuesta ciudad desconocida a la que nunca nadie había ido y de la que nunca había oído hablar, a parte de este mapa, contenía instrucciones precisas de ropas, armas, brebajes y provisiones que el viajero nesecitaria llevar dependiendo su clase y habilidades. Mi desilusión fue tan grande, que un niño al cual se le dijera que es su madre la que lo sorprende en cada fiesta del 20 de abril hubiera sentido alegría de no encontrarse ahora en mi pellejo.
Ya me encontraba fuera del mesón dirigiéndome a mi casa, cuando una voz que llegaba directamente a mis cabeza decía: ¨ ¿que pasa?... ¿tienes miedo?.... ¿o no tienes las agallas para darte cuenta de lo que tienes en tus manos?... ¿que seria de ti el día que tu pudieras contar la aventura vivida en aquella ciudad?... solo imagina, los niños dándote vueltas alrededor, la mujeres rendidas a tus pies y la mirada envidiosa de los hombres posadas sobre tu nuca.
Ni bien llegue a mi casa agarre tal como decía el pergamino las cosas necesarias para realizar el viaje. Entre ellas mi espada, arco, flechas, curas diversas, escudo, y por su puesto comida, agua y el pergamino misterioso.
Comencé a caminar tal cual el mapa, pero había algo que me extrañaba, en donde estaba dibujada la ciudad de Banderville había un punto brillante que comenzaba a moverse, el cual no había apreciado cuando mire el mapa por primera ves, a medida que avanzaba el punto se desplazaba, no tarde en darme cuenta que ese punto era yo. Me dije de lo innecesario de ese punto ya que cualquiera que tuviera un poco de aventura enzima podría leer perfectamente el mapa, pero no le preste mayor importancia, solo me concentraba en el camino ya que en instantes estaría frente a la gran arcada del cementerio de Arghal, en el cual los cuerpos de los muertos en la gran batalla estaban enterrados. La gente solía decir que si uno caminaba durante la noche por el cementerio las voces de los sufridos y torturados se escucharían tan fuertes que provocarían la locura permanente y nunca más dejaría de escucharlas, pero como era de esperarse el camino que guiaba mi mapa describía que debía atravesarlo. Dubité unos minutos, y comencé a caminar por entre las lapidas que decoraban el cementerio. Para mi alivio poco y nada de estas voces se escuchaban y una alegría interna invadía mi corazón. …
¨ todo era una mentira de las mujeres, para con sus niños ¨… ¨esto se debía a que no querían que anduviéramos por ahí de noche¨… ¨claró eso debía ser¨…
Y mientras estas palabras ahondaban mis pensamientos descubrí el porque, unos profanadores a no mas de 40 pies de distancia se encontraban mirándome fijamente como si vieran en mi un cofre lleno de oro andante.
Äp´ proa s´uo se escucho y me quede tan tieso que mis piernas casi se rompen. Vax in tar, Vax in tar, vax in tar, una y otra ves estos hechizo me golpeaban, rápidamente me hice con mi arco y dispare un flechazo a cada uno, los dos sujetos cayeron desplomados como si las flechas que acabara de lanzar fueran demasiado para ellos. Estuve un rato observándolos con mi arco en mano y una flecha dispuesta a dispararle al primero que intentara ponerse de pie. Pero nada sucedió, termine de atravesar el cementerio. Mi mapa indicaba que debía nadar y cruzar el rió que se encontraba al final… ¨ ¿un rió al final del cementerio? ¨ ¨nunca oí nada sobre el ¨
Me dispuse a cruzarlo y para mi asombro dos estatuas que dibujaban las figuras de los guardias reales se posaban a los costados de una mina abandonada. Tal como indicaba el mapa me metí dentro, no pasaron ni diez minutos de caminata en su interior que como si la luna hubiera dejado de existir para toda la eternidad me encontraba en completa oscuridad. Camine, camine y camine tanto que ya debería de ser de día, sin embargo a dentro no llegaba a ver ni los dedos de mi mano, y entre cada vuelta algo me atacaba y yo respondía a pleno golpe de espada, curaba mis heridas y seguía camino. Cuando por primera ves me di cuenta de algo… ¨no podía ser tan estupido¨… ¨ ¿como se me fue ese detalle de mi mente?¨ .saque el mapa rápidamente y lo extendí, como era de esperarse el punto brillante que marcaba mi pocisión seguía tan luminoso como antes y esa era la solución a mi problema estaba ahí la respuesta al por que de ese hechizo. Logre atravesar muy rápido las minas.
Ya en el final del laberinto oscuro (pongámosles ese nombre, para no discernir entre una u otra mina cualquiera) mis ojos se deslumbraron a ver el hermoso paisaje, nunca en mi vida había visto algo igual.
Ahhhh y la ciudad increíble, pocos pobladores pero dispuestos a ayudar sin ninguna queja. De los entrenamientos que allí se practican poco puedo decirte, solo que hoy ya a mi regreso puedes ver en lo que me han convertido, ¿oro? ¿A quien le importa el oro hoy por hoy?...
así terminaba mi padre siempre su historia, nunca me describió como era aquel lugar, ni de los peligros que debió enfrentar, salvo aquel detalle del cementerio y ni hablar de los tesoros que lógicamente adquirió y que reflejaba en cierta parte
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