|
Hola, Franz,
Mientras somos niños, carecemos de responsabilidades y obligaciones reales, salvo aquéllas que consisten en ser obedientes, respetuosos, corteses y aplicados en la escuela.
Son, por tanto, años en los que solemos ser plenamente felices, excepto aquéllos de nosotros que tengan la desgracia de tener unos malos padres o la desdicha de vivir en un ambiente familiar y/o vecinal desfavorable al buen desarrollo de una criatura. En mi opinión, a la gran mayoría de nosotros nos hubiera gustado que esos años jamás se hubieran terminado.
Pero, querámoslo nosotros o no, el tiempo transcurre, crecemos, alcanzamos primero la adolescencia, esa primera etapa en la que hemos de aprender a asumir nuestras primeras responsabilidades y a cumplir con nuestras primeras obligaciones, hasta llegar a la edad adulta, que es cuando ya, de manera definitiva, hemos de hacernos responsables de todo cuando decimos y hacemos, al mismo tiempo que tenemos que cumplir con todo aquello a lo que nos comprometemos.
Es obvio, ni se me ocurriría ponerlo en tela de juicio, que hay numerosas personas que intentan responsabilizar a diferentes circunstancias o a diversas personas, de aquello que ellas mismas pensaron, dijeron o hicieron. En cuanto a sus obligaciones, es relativamente frecuente que hagan lo mismo; es decir, que se esperen a ver si otros hacen aquello que ellas deberían hacer, que se escuden tras algún compañero para librarse de la reprimenda de un superior por no haber realizado una tarea, etc., etc., etc.
¿Es justificable o excusable todo ello? No. En absoluto. Podemos darle diferentes nombres, pero, a mi entender, en todos y cada uno de los casos se trata siempre de lo mismo: cobardía e inmadurez.
No me malinterpretes, por favor. Los dos términos anteriores no son empleados con ánimo alguno de insultar, mucho menos de faltar al respeto a nadie, sino con la única intención de que las personas, tú entre ellas, se den cuenta que los demás nada tienen que ver en sus asuntos: sólo yo soy responsable de mis pensamientos, palabras, comportamientos y actos; yo y ningún otro ser humano más. Sólo yo he de cumplir con mis obligciones; yo y ningún otro ser humano más. Si yo me irresponsabilizo o incumplo, sólo yo soy culpable; yo y nadie más. No caben justificaciones ni excusas de ninguna clase.
Tú vives separado de tu esposa, hablas de su carácter irascible, pero en ningún momento dices: "No dejo de intentar, día tras día, volver a reunirnos, solucionar nuestros problemas, hallar una manera de poner fin a esta indeseada situación". ¿Por qué? ¿Acaso te parece satisfactoria tu experiencia matrimonial, visto lo que está ocurriendo? Imagino que no. Entonces, ¿por qué no actúas, en vez de permanecer aparentemente de brazos cruzados, e intentas incansablemente, mediante el diálogo con tu cónyuge, solucionar la situación en que ambos os encontráis?
Hablas de tus padres, a los cuales es obvio que amas y respetas mucho. Francamente, me parece magnífico que así sea; considero envidiable que tengas una relación tan buena con ellos. Pero pareces olvidarte de algo: ellos te han traído a este mundo, te han criado, vestido y alimentado, te han educado lo mejor que han sabido y podido, pero no puedes ni debes, a mi entender, seguir teniéndoles como referente a tus 44 años de edad, pues, lo quieras o no, tú mismo te estás aproximando ya a la edad madura. Tu amor y respeto a tus padres son loables, lo reitero, pero tienes una edad en la que tú debieras ser referente para tus hijos, en vez de tú estar dependiendo de tus padres como lo haces.
Hablas asimismo de tus hermanos, a quienes tachas de apáticos, no percatándote de que tú mismo también lo eres. Te quejas, criticas, pero en ningún momento haces nada para modificar tu situación: ¿acaso crees que un hada se va a aparece en tu casa y te va a tocar con su varita mágica, para cambiar las cosas a tu gusto, SIN tú tener que mover un dedo? Desengáñate: tal cosa no ocurrirá.
Ha llegado la hora de que hagas frente a tu existencia y a los cambios que te gustaría experimentar en ella. No más dependencia absoluta de tus progenitores, no más críticas a tu esposa y hermanos, y sí más acción por tu parte. Ya te he comentado mis sugerencias respecto e lo que deberías hacer en tu relación de matrimonio. Tus hermanos pueden ser como les venga en gana, no es asunto de tu incumbencia; por tanto, evita opinar sobre ellos, pues nada ganas al hacerlo. Sigue amando y respetando a tus padres, PERO hazte un favor, uno enorme, ¿quieres? Aprende a relacionarte con las demás personas; claro que muchas no serán de tu grado, pero algunas habrá que sí lo serán, lo constatarás. Ello te permitirá formar un reducido grupo, sino de amigos, sí de buenos compañeros, que se lo pasan bien juntos, a quienes agrada estar unos en compañía de los demás, a quienes gusta tomarse unas copas juntos, etc. Recuerda, por favor, que somos seres sociables, que necesitamos comunicar, que necesitamos estar en contacto con otras personas, que necesitamos expresarnos, dar y recibir cariño, amor, que necesitamos ser FELICES, porque, cuando no lo somos, cuando nos encerramos en una burbuja como tú lo has hecho, limitando nuestra existencia a unas cuantas personas que, como ocurre en tu caso, no son de tu generación con mucho (tus padres) o aunque sí lo son, la relación no es buena (tus hermanos, tu esposa), nos encontramos con que nos sentimos totalmente vacíos, sin objetivos, sin nada por lo que luchar, sin nadie a quien amar, a quien dar nuestro cariño, y, entonces, pregunto yo, ¿no ha llegado la hora de despertar de ese largo letargo y poner solución a todo ello?
Sí, ¿verdad?
¿A qué esperas entonces?
Suerte.
Nikos.
|