|
En mayo de 2003, la Audiencia de Madrid impone una pena de 10 años de prisión a José Martín de la Peña, juez eclesiástico y sacerdote de la diócesis de Alcalá de Henares, por abusar sexualmente de una menor, de forma continuada, entre 1978 y 1988. La madre de la víctima, una persona muy religiosa, había conocido a “don José” porque fue él, como juez eclesiástico, quien le tramitó la nulidad del matrimonio. Aprovechándose de esta circunstancia, el sacerdote comienza a visitar con frecuencia y absoluta confianza la casa en la que viven la niña de la que abusa, la madre y la abuela. Deja de acudir a la vivienda cuando la víctima ha cumplido 13 años. La madre, ignorante del calvario que ha supuesto la infancia de la cría, logra sonsacarle los hechos cuando ella ya es mayor de edad. Entonces explica la situación al cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, a quien conocía personalmente y con quien se entrevista en varias ocasiones. Pero lo que hace Monseñor Rouco es neutralizar la denuncia, hasta que el caso llega a los juzgados. Y José Martín de la Peña continúa celebrando misas.
Una situación similar se produce varios años después. Rafael SanzNieto, sacerdote de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, del barriomadrileño de Aluche, es sentenciado en 2006 a dos años de cárcel por undelito “de abusos sexuales continuados” cometidos sobre un menor entre1999 y 2001. La víctima tenía 13 años cuando se iniciaron lasagresiones. De nuevo monseñor Rouco Varela frena el asunto, expulsa desu diócesis a los catequistas que denuncian los hechos y ampara alpárroco. La ocultación se convierte siempre en la estrategia de lajerarquía católica cuando un caso de pederastia afecta a un ministro deDios. Lo mismo ha ocurrido en Estados Unidos, donde se han denunciadocentenares de abusos y violaciones protagonizados por religiososdurante los últimos años. Y en la diócesis de Los Ángeles, una de lasmás afectadas por esta plaga, los delincuentes han gozado del respaldodel arzobispo Roger Mahony, a quien se puede ver tirando balones fueraen el documental “Líbranos del mal”, recientemente estrenado. Ese es elestilo de la Iglesia. Vivir al margen de la legislación civil,pretendiendo que las leyes se plieguen a sus dogmas.
El propio Papa Ratzinger “congeló” miles de denuncias por abusossexuales cuando era el máximo responsable de la Congregación para laDoctrina de la Fe (la antigua Inquisición), entre ellas varias contrael padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y buenamigo del Juan Pablo II. Contrasta esta actitud con la intransigenciamoral que evidencian constantemente Benedicto XVI y monseñor RoucoVarela a la hora de abordar cuestiones como la utilización de lospreservativos, el matrimonio entre homosexuales, los cuidadospaliativos, la investigación con células madre o el aborto. Y siguencon la matraca de que la especie humana proviene de Adán y Eva y delparaíso terrenal. En la Expo de Zaragoza, el propio alcalde de laciudad, el socialista Juan Alberto Belloch, ha apadrinado un acto“creacionista”. La Iglesia se adapta a la realidad muy poquito, cuandono tienen más remedio, pero continúa siendo un lastre para el avancecientífico y la calidad de vida del ser humano. El gran BertrandRussell decía que las religiones, “en cada etapa, tratan de hacer queel público olvide su anterior oscurantismo, a fin de que suoscurantismo actual no sea reconocido como tal”. Durante los últimos años, la Iglesia española se mantiene en pie deguerra. Mientras los partidos políticos desmovilizan a la sociedad yconvierten a los ciudadanos exclusivamente en votantes, la cúpulaepiscopal se muestra cada vez más organizada y beligerante. Los obisposavalan los mensajes ultraderechistas que se lanzan a través de sucadena de radio y hacen política directa y descarnada todos los días.Nunca habían emitido tantas pastorales, comunicados e instrucciones detodo tipo, ni habían ofrecido semejante número de ruedas de prensa comoen esta última época. Cuanto más se manifiestan y gritan las huestes episcopales en losespacios públicos, convertidos en nuevos púlpitos del integrismocatólico, más privilegios reciben del Gobierno. Cada vez se escucha, deforma más insistente, la voz de los obispos, que intervienen en laelaboración o la desactivación de las leyes desde fuera del Parlamento.Todo ello en contra de los principios de laicidad, igualdad y nodiscriminación, y ante la incomprensión de no pocos militantes ysimpatizantes del partido en el Gobierno. Así lo reconoce incluso elnúmero dos del PSOE, José Blanco, sorprendido por la que les estácayendo encima, al afirmar que el trato del Gobierno a la Iglesiacatólica “ha sido exquisito” y que el acuerdo de financiación “ha sidocuestionado por buena parte de la sociedad y por muchos votantes delPSOE”. Pero la Iglesia es insaciable y, además, ya se sabe que Roma nopaga a traidores.
|