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Capítulo Imperdible
Antonia sintió como el aire matutino acariciaba sus brazos desnudos, sin embargo no abrió sus ojos hasta que cayo en conciencia de que no sabía donde se encontraba.
Entre abrió sus ojos asustados y choco contra una realidad azul que la embargo de un temor, intento retroceder pero la mano del joven apretó su brazo. “Tenemos que hablar” dijo Julio así sin más.
Anís se encontraba bocabajo con las lagrimas ya cristalizadas con el corazón más tranquilo, respirando aun con dificultad se dio vuelta para contemplar lo blanco del cielo raso de su habitación, recordó los ojos de Pablo, las palabras que escapaban de su boca y el deseo, el deseo de besarlo sin ninguna contemplación a su pasado, pero no podía, esa no era su vida, el curso de los hechos era para bien o para mal otro totalmente distinto y ella debía saberlo mejor que nadie.
“No puedo creer que estés lloriqueando, lo hubiese creído de cualquiera en esta casa menos de ti Anís” comento una voz profunda tras un manto de sombra.
Anís inquieta intento forzar su vista para descubrir la identidad del intruso, ¿Quién es? pregunto a secas..
“No reconoces a un amigo Anís?”
Anís intento recordar repasando épocas, hechos, historias, todo le parecía en vano, hasta que llego al punto donde todas la piezas llegan a un ensamblaje lógico.
“Tú… ¿Qué haces aquí?”
“Vengo a ayudarte, bueno a ayudarnos…”
“Estoy de nuevo en el juego Anís” dijo saliendo desde las sombras y revelando por fin su rostro.
Anís: No puedo creer que sean tan tontas, esto es demasiado bueno. Dijo al tiempo que una sonrisa ilumino su rostro.
Al otro lado del cuarto Juan Carlos Foix sabía que su jugada lo dejaba a un paso de la fortuna de la joven, sí, al final, él sería el único que ganaría.
Julio observo a Antonia mientras bebía un sorbo de café, le trato de explicar porque se encontraba en su departamento pero a pesar de que la jovén asentía a cada uno de sus dichos sabía que dentro de si estaba desconcertada por la situación.
Julio: Lo siento. Dijo de la nada a unos pasos de Antonia.
Antonia: No tienes que disculparte, fue un bonito gesto, pero sigue siendo raro, después de todo tú me odias …
Julio: No te odio, simplemente no comparto lo que piensas de mi, crees que soy un pervertido, que dañe a tu hermano..
Antonia: No es eso, es sólo que él es mi único hermano, es mi único apoyo y esta no es la vida que quiero para él..
Julio: Pero es su vida..tú sólo eres su hermana..
Antonia: Deja el café a un lado y se para de su asiento. Ves, contigo no puedo hablar, gracias pero es mejor que me vaya, hoy comienzan las clases..
Julio: Se para delante de ella. Lo siento, no puedo evitar decir que lo siento..
Antonia: Desafiante lo mira directamente a los ojos. Deberías pensar primero, tú no sabes por todo lo que hemos pasado.
Julio: No, no lo sé, y no me importa.
Antonia: Que bueno, permiso.
Julio: No, espera, no quise decir eso..
Antonia: Sí, lo sé, sólo fue lo que sentiste..
Julio: Se acerca de la joven hasta el punto de confundir su respiración con la de ella. Podemos hablar, somos adultos.
Antonia: ¿Qué pretendes? Sólo eres un cabro chico, déjame en paz.
Julio: Si no quisieras estar aquí ya te hubieses ido, ¿Qué te detiene?
Antonia: Con el corazón aturdido sólo puede bajar su mirada al suelo.¿Qué estamos haciendo?
Julio: No sé.. No tengo ni las mínima idea..
Antonia termina por deshacer el espacio intermedio entrambos acorralando al hombre que tanto asco le produce sus labios se deshacen por un beso, un beso que se evapora tan rápidamente como fue concebido por su cuerpo cuando la puerta de calle es golpeada con vehemencia.
Universidad de La Libertad
Emilia condujo sus pies por los pasillos del campus, estaba ganando, tenía lo que quería pero no podía sonreír, no de forma sincera, sus manos inconcientemente se conducían a un vientre vacío, no podía dejar de pensar en esa criatura, aun cuando sabía que era la mejor decisión que podría haber tomado inevitablemente, la sangre, el olor putrefacto, las manos de esa gente en su cuerpo, la carne, todo se repetía en su interior.
Un abrazo tierno la desperto de sus recuerdos, al girarse contemplo a un sonriente Leo la beso tiernamente en los labios a o que Emilia se límito a seguirle el movimiento del osculo sin mayores intenciones de hacerlo un momento más calido.
Emilia: Que bueno que llegaste temprano, hay que recibir a los mechones, espero que me ayudes con todo eso.
Leo: Claro, haré lo que me pidas..
Emilia: Me alegra amor, no sabes cuanto me alegra.
Italia camino hacia a la universidad con un solo pensamiento en su mente, Emilia, su amiga le mentía, su padre le ocultaba, no podía sino pensar en que existía algo oscuro, un secreto que Emilia sabía guardar, pero ¿Qué?
Subió las escaleras principales para consultarle a la secretaria de la escuela por los horarios, iba atrasada y distraída así que sólo cayo en cuenta de quienes se encontraban en la puerta de la secretaria cuando estuvo demasiado cerca para evadirlos. Emilia y Leo se encontraban acurrucados el uno con el otro emulando un cuadro de felicidad que golpeo a Italia de inmediato sin dejarla hablar.
Emilia: Italia, ¿Cómo estas amiga?
Italia: …Bien gracias, ¿Y tú?
Emilia: Risas. De eso te quería hablar amiga. Dijo mientras tomaba la mano temblorosa de Italia.
Italia: ¿Qué pasa?
Emilia: Observa amorosamente a Leo y luego dirige su mirada hacia su amiga. Ayer fue el día más importante de mi vida. Emilia nos vamos a casar.
El rostro de Italia quedo congelado, no podía mirar a Emilia, no podía dirigirse a Leo, sólo podía callar. Leo por otro lado se limito a guardar silencio. Emilia estaba feliz, feliz de cagarle la vida a ambos.
Antonia se quedo de pie en el mismo lugar de aquella escena que la comenzaba atormentar mientras Julio fue a abrir la puerta, sin embargo logro reaccionar y tomar sus cosas para dirigirse fuera de ese lugar, tenía que irse, no sabía ni lo que hacía, ni lo que decía, estaba aterrada de sus propios movimientos, ¿Quién era ese hombre? ¿Quién era ella ahora?
Se dirigió a la puerta donde Julio hablaba con el cartero y salió del lugar sin protesta del joven, debía hablar con su hermano, debía pedirle perdón y decirle que debían alejarse de joven. Así llamo a su hermano, nerviosa aun sintió un alivio al escuchar su voz tras el teléfono, respiro y le dijo que iba para la casa, que la esperará.
Pablo paso largos minutos contemplando la puerta de la habitación de Anís, no sabía si dejar atrás todos sus temores y golpear o dejar que la pobre niña rica arreglará sus asuntos sola, sabía que era una chica complicada, Mercedes se lo había dicho, pero había prometido ayudar en su relación, después de todo le estaban dando un techo, comida y un futuro que había desechado tener, aquí podía tener todo lo que quisiera pero tenía que cumplir con sus compromisos, reviso la hora, ya llevaba 20 minutos preguntándose que era lo mejor, debía decidirse, si llegaba a encontrarlo vigilando su cuarto la explicación que tendría que dar sería mucho más complicada.
Al fin camino hacia la puerta y allí noto que se encontraba entreabierta quizo hablar pero el celular de Anís comenzó a sonar insistentemente, mas lo que lo descoloco fue como el rostro de Anís se desformo al escuchar la voz del otro lado..
Anís atendió el teléfono sin reparar en que el número que insistía le era totalmente desconocido, la voz del otro lado en principio le pareció demasiado ajena como para ser un conocido pero cuando el hombre tras el teléfono logro esquivar la interferencia Anís no pudo sino inquietarse.
Anís: ¿Cómo conseguiste un teléfono?
“Tengo mis contactos, la vida es así y ahora estas a punto de ver como tu castillo de naipes se derrumba”
Anís: Cometiste un terrible error al llamarme, antes que cuelgues vas a estar …
“¿Muerto? Crees que soy tan estúpido, hijita mía yo estoy muy lejos de donde me encerraste, esta pesadilla para mi termino y para ti acaba de comenzar..”
Anís: Cállate! Roberto Cooper te encerré una vez pero ahora no vas a vivir, me cagaste la vida, y no voy a dejar que lo vuelvas a hacer. Dijo terminante la joven con los ojos colmados de lagrimas a punto de surcar su rostro acongojado..
Detrás de la puerta Pablo no entendía nada, una confusión de hechos y palabras lo colapsaban y sólo podía llegar a una conclusión, Anís, no era la persona que todos creían.
Photograph - Air
MMVIII
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