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El viernes 12 de diciembre se presentó en la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha el libro “Vega Baja de Toledo : crónica de un rescate”, de la periodista burgalesa Cristina Martínez, de “La Tribuna”. En el acto intervinieron D. Ramón Gonzálvez, Director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, D. Gregorio Marañón Beltrán de Lis, Presidente de la Real Fundación de Toledo, la prologuista, Patricia Ortega, también periodista (de “El País”) y la propia autora.
Entre el público, numerosas autoridades: académicas, políticas y numerosos profesionales del sector de la Arqueología y el Patrimonio: el Jefe del Servicio de Arqueología de la Diputación Provincial, Jesús Carrobles (que puso el dedo en la llaga hace dos años al denunciar en la prensa nacional la antagónica doble dependencia de los arqueólogos), diferentes arqueólogos particulares que han trabajado o siguen trabajando en el yacimiento, y representantes de la Junta de Comunidades.
Tras decirse en la mesa que “había nacido una historiadora”, (supongo que llevados por su amistad hacia la autora), D. Ramón citó, como no podía ser menos, el imprescindible papel del Presidente de Castilla-La Mancha, D. José María Barreda Fontes (que sí es Historiador de carrera), y el de su mujer, la Diputada Nacional Dª Clementina Díez de Baldeón, Presidenta de la Comisión de Cultura del Congreso (que también es Historiadora), con el comentario de que estaba seguro que la preservación para el futuro de la ciudad visigoda de Vega Baja había sido "una decisión tomada en familia". Y muy correctamente tomada, cuando para muchas personas primaban aún los intereses económicos sobre los culturales y patrimoniales.
Y por supuesto se hizo hincapié en el imprescindible papel del Presidente de la Real Fundación Toledo, que hizo lo que pudo, que fue mucho. Yo mencionaría dos discursos importantísimos del señor Marañón: sus palabras ante S.M. el Rey, el Presidente Barreda, el entonces alcalde José Manuel Molina y la entonces Ministra de Cultura, Carmen Calvo, en la entrega de premios de la Real Fundación de Toledo, el día 2 de Marzo de 2006. Y también las que pronunció en el salón de actos de dicha fundación el día 1 de Junio del mismo año, cuando se hizo la llamada “foto de la camiseta”, de la que más tarde hablaré. En la salvación de la Vega Baja hubo un antes y un después de ambos discursos.
Pero como en toda crónica realizada por humanos, este observador observa que faltaron hechos, personas y reconocimientos. Porque sería de justicia que estuvieran en la mesa, o al menos se les hubiese mencionado expresamente, los tres ciudadanos que tiraron de la manta y, a mi entender, activaron la maquinaria. Uno fue Julián García Sánchez de Pedro (que por lo menos sí aparece citado en el libro como “el arqueólogo valiente”), que se atrevió a hacer unas declaraciones públicas a finales del verano de 2005 acerca de la importancia del yacimiento, consiguiendo grandes enemistades y que el Ayuntamiento -entonces gobernado por el PP- le amenazara con una denuncia por hacer manifestaciones falsas e irresponsables, aparte de echarse encima al poderoso “lobby del ladrillo”.
Y los que ni estaban en la mesa, ni se les citó, y ni siquiera aparecen (¡incomprensiblemente!) en el libro por ninguna parte, son otros dos valientes: el escritor y profesor universitario Fernando Martínez Gil, Doctor en Historia Moderna, de la Facultad de Humanidades de Toledo, y el periodista independiente Justo López Roco, autor del periódico digital “Toledo Mágico”. Ambos crearon la Plataforma Ciudadana por Toledo integrada por personas de distinta procedencia: vecinos, funcionarios, profesionales de la educación, toledanos y foráneos, pero todos ellos personas preocupadas por el ladrillazo que le iba a caer encima a la ciudad, con la complicidad de las autoridades y para único beneficio de los especuladores. Porque cuando se creó oficialmente la Plataforma Ciudadana, en una reunión que tuvo lugar el 29 de Mayo de 2006 en los bancos de la plaza de Padilla, por no tener ningún local para celebrarla, aún nadie, o casi nadie, había dicho públicamente una palabra acerca de la importancia de unos restos arqueológicos que todos sabían que estaban allí. Y en nombre de la Plataforma, denunciaron al Ayuntamiento de Toledo ante el SEPRONA de la Guardia Civil, por delito ambiental y contra el patrimonio histórico-artístico. Y a continuación movilizaron a los medios de comunicación nacionales: Telecinco, La Cuatro, “El País"... Mientras, en Toledo, casi todos aún callaban.
Y cuando D. Gregorio Marañón hizo el discurso que antes citaba en la Real Fundación, allí estaba la Plataforma, que llevaba tiempo dándose de cabezazos contra los poderes fácticos sin que nadie, hasta entonces, le hiciera caso. Fue un importante contacto que unió esfuerzos a partir de entonces, y que tuvo lugar la tarde en que se presentó la camiseta con el logo de la plataforma, y D. Gregorio Marañón se fotografió con ella. A partir de entonces hubo dos actuaciones paralelas: la “Marañoniana” y la de los movimientos ciudadanos. Poco después el Diario “El País” publicó un artículo con un titular impresionante: “El ladrillo amenaza la capital visigoda”, fruto de la pluma de Patricia Ortega, prologuista del libro. Fue el primer medio de comunicación que se atrevió a hablar. Los medios locales hasta entonces no habían considerado pertinente reflejar la lucha por el Patrimonio de un pequeño grupo de ciudadanos. ¿Por qué? No lo sé. Pero tuvo que ser el Grupo PRISA quien, desde Madrid, levantase la liebre.
Por supuesto que fue muy importante y laudatorio el papel de D. Gregorio Marañón ante las altas esferas, papel que estoy seguro influyó en la acertadísima decisión tomada por el Presidente Barreda. Pero en el acto del 12 de diciembre y en el libro que se presentaba debía haberse reconocido también el papel de la ciudadanía a través de los movimientos cívicos que surgieron entonces. Una cosa no excluye la otra.
Un movimiento, la “Plataforma por Toledo”, al que se pronto se sumaron diferentes colectivos, para aunar esfuerzos: el movimiento vecinal “Iniciativa ciudadana”, dos partidos políticos, Izquierda Unida (que sólo tenía un concejal entonces, José Esteban Chozas), y Tierra Comunera (que ni siquiera tenía representación en el Ayuntamiento, ni la tiene ahora), la organización “Ecologistas en Acción”, y las Reales Academias de toda España, encabezadas por la de Bellas Artes de San Fernando y la de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Y este movimiento cívico fue iniciado por dos ciudadanos: el historiador, Fernando Martínez Gil, y el periodista, Justo López Roco. Sin ellos, estoy seguro que la historia no hubiera tenido el mismo final feliz a que hacía mención el Concejal de Urbanismo y líder de IU en el Ayuntamiento, Aurelio San Emeterio.
Y como es de bien nacidos ser agradecidos, sirvan estas líneas como agradecimiento a Julián, a Fernando y a Justo, por el papel que los tres desempeñaron en este importante logro colectivo. Es de desear que cuando se escriba de nuevo la historia de la Vega Baja (la segunda parte que se pedía a la autora al comienzo de la presentación del libro) quede solventado este -a mi entender importante- olvido.
Antonio Casado
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