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Sires:
Estoy sencillamente harto de fútbol; fútbol en la tele, fútbol en la prensa, fútbol en todos los medios; y por último –lo que faltaba- fútbol en web de Pepe de Barrio. El primer golpe intuitivo me ha desvelado rápidamente al infame autor de este atentado futbolero; pero para ayudar al personal se pueden hacer unas cuantas deducciones para conducir por vericuetos e intermedios lo que la intuición me desveló de un golpe:
1 -Los zorrollos y similares afincados en Barcelona no son precisamente los que han puesto el himno del Madrid en la web. Idem los de que están en Galicia que caso de ser partidarios de un equipo de los grandes mayoritariamente lo son del Super Depor o acaso del BarÇa.
2- Nos queda la fauna madrileña, y de ella los más conspicuos y tarados aficionados son evidentemente los dos hermanitos. Valen es evidentemente un impresentable y gritón futbolero pero no da el perfil teratológico de llegar a poner el himno del Madrid en la web de Pepe de Barrio.
3- Ergo el monstruo baboso y repugnante que ha cometido tal tropelía es Manolo, que ya ha tenido antecedentes de esta especie en este foro y al parecer no escarmienta.
Deducida la conclusión con el perfecto silogismo policiaco, digno de un Sherlock Holmes, no cabe sino imponer una dura sanción al mencionado Manolo. De esta guisa se sentencia:
1- El condenado deberá borrar inmediatamente el puñetero himno futbolero de esta web.
2- De no hacerlo así que se cumplan las palabras que le dijo el cura cuando le casó: “hasta que la muerte os separe”.
He dicho.
Post Data: Incluyo unas reflexiones sobre le fútbol extraídas de: Petit dictionaire d’impertinences spirituelles, Jean Biès, Editions Entrelacs. Paris 2006.
FUTBOL
Parménides compara el Ser – que es Verdad- a una esfera realizada, “bellamente circular” (Alêtheiês eukyklou), siendo la esfera imagen de la perfección del ser, por oposición a esa nada que siguen apasionadamente las “multitudes indecisas”
Son ellas las que aclaman a los jugadores de fútbol dando furiosas patadas en la imagen misma de
la Divinidad
parmenidiana, que es inmóvil, al contrario que el “balón redondo”.
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