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Perú - Elecciones Generales 2006: votar o botar
“¿Por quién vas a votar? No lo sé, ¿quienes están primero en las encuestas?”
“¿Por quién vas a votar? Me interesa este, pero como no aparece en las encuestas, estoy viendo a quién apoyo; pues igual, si voto por él mi voto no serviría de nada, por lo menos hay que evitar que el más malo gane.”
“¿Y, por quién vas a votar? La verdad, no lo sé aún… hay que ver cómo evolucionan en las encuestas”
Tuve la fortuna de asistir como miembro de la sociedad civil a una reunión de coordinación entre periodistas de diversas partes del Perú propiciada por la ACS Calandria en el marco del proyecto Periodismo Cívico, y después de escuchar un análisis de la coyuntura electoral y del impacto de encuestas, en las que Santiago Pedraglio hablaba de un embelesamiento de los medios de comunicación con las encuestas, Fernando Tuesta afirmaba que el electorado no vota en base a propuestas sino en base al carisma y personalidad del candidato, y Àngel Paez resaltaba la fijación arbitraria de los medios por algunos candidatos… me hice la siguiente pregunta:
¿Qué pasaría si se prohibiese la publicación de encuestas de intención de voto hasta un mes antes de las elecciones?
Asistimos a un proceso electoral bastante particular, con 23 candidatos presidenciales y un abanico de personalidades más que de propuestas; somos una sociedad en plena transición democrática –y no hablo de mero formalismo de administración y traspaso del poder, sino de actitudes y aptitudes cotidianas–, donde la participación ciudadana, la información y el debate no son precisamente nuestras mejores conquistas; en este contexto, el resultado estadístico a la pregunta “¿Si las elecciones fueran mañana, por cuál candidato votaría usted para la presidencia de la República?” lejos de inducir a que el elector se informe y busque una propuesta con la cual se sienta identificado e incluido y confronte opiniones ante quienes piensen distinto o simplemente aún no tomen partida en el juego, lo que propicia es que quienes decidan el futuro de nuestra patria sea la mayoría inducida y seducida por el candidato “regalón”, “bailarín”, “reilón” o “mandón” cuyo carisma las encuestas premian y los medios de comunicación masifican.
La encuesta madrugadora de intención de voto marca el punto de partida a cada uno los candidatos presidenciales, inscritos o no en la carrera, y convierte al elector en mero espectador, con butaca de cuero o de suelo, que en el peor de los casos tiene que apostar a ganador para que su voto, “no se bote”.
El domingo 09 de abril los peruanos con DNI estaremos obligados a emitir un voto para elegir a nuestro próximo gobernante y legisladores. La tarea no está fácil.
Somos un país diverso, pluricultural, y hasta desconocido para muchos de nosotros, y en ese proceso de integración y menor exclusión estamos abocados muchas instituciones que apostamos por fortalecer la democracia, promover el derecho a la opinión libre y a la conquista de espacios ciudadanos donde se respete las diferencias. No me gustan las encuestas de intención de voto, porque siento que aún no estamos preparados para una lectura adecuada de sus resultados.
Votar o Botar, esa es la cuestión.
Si las elecciones fueran mañana…
Diría que nunca hubo proceso electoral.
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