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  PASAJES DIFICILES 17/Septiembre/2009 - 04:59

PASAJES DIFICILES

 

Hay unos cuantos principios básicos para tratar con pasajes bíblicos difíciles. Primero, debemos creer que la Biblia no contiene dificultades. Si hay dificultades, éstas se deben a nuestra predisposición y a un entendimiento mal encaminado.

Segundo, para resolver estas dificultades, no es suficiente interpretar solamente basándonos en el contexto. Ninguna porción de la Palabra tiene su interpretación aislada. Cuando encontremos un pasaje difícil, debemos estudiarlo junto con otros pasajes para que podamos llegar a una conclusión. Ningún pasaje difícil puede estar en conflicto con enseñanzas contenidas en otras partes de la Biblia. Cuando Dios escribió la Biblia , no escribió ninguna porción aparte de las demás. Si hay algún conflicto, se halla en nuestra mente.

Tercero, aunque algunas cosas se encuentran en un solo pasaje, tenemos que creerlas. No debemos dudar de la Palabra de Dios por nuestros prejuicios ni nuestros motivos.

Cuarto, tenemos que buscar evidencias para resolver las dificultades, es decir, tanto evidencias bíblicas como lógicas. La Palabra de Dios es absolutamente lógica. El nunca dice nada ilógico.

Quinto, la dificultad de la que estamos hablando aquí se relaciona con la interpretación y la doctrina. Si hay disparidad en los números usados en las Escrituras, no debemos considerarla una dificultad. Es posible que sean errores cometidos en la transcripción de los manuscritos. Recientemente se descubrió un manuscrito cerca del monte Sinaí, el cual contiene muchos errores. En los días en que se copió, la iglesia pasaba por mucha persecución, las Biblias eran destruidas donde se hallasen, y no era fácil hacer copias. Así que era inevitable cometer errores, aunque esto no significa que haya problema con la inspiración. No puede uno desacreditar la Biblia por esta clase de errores tan insignificantes.

Después de establecer los principios mencionados, podemos agrupar los pasajes de la Biblia que sean difíciles. Por ejemplo, se habla de “los hijos de Dios” en Génesis 6:2; se habla de ciertos hombres que “descendieron vivos al Seol” en Números 16:30; tenemos el caso de un hombre anciano que viene de los muertos, a quien Saúl se dirigió como Samuel, en 1 Samuel 28:14; o el texto que dice: “Pero de aquel día y hora nadie sabe ... ni el Hijo” en Mateo 24:36; las dos espadas mencionadas en Lucas 22:38; el pasaje donde leemos: “A quienes perdonáis los pecados, les son perdonados” en Juan 20:23; “es imposible que ... sean otra vez renovados para arrepentimiento” en Hebreos 6:6; “ya no queda sacrificio ... por los pecados”, en Hebreos 10:26; “los espíritus que estaban en prisión”, en 1 Pedro 3:19, y “ha sido anunciado el evangelio a los muertos” en 1 Pedro 4:6. Se puede decir que todos estos pasajes presentan controversia en su interpretación. Otros pasajes polémicos como el de pasar un camello por el ojo de una aguja, en Mateo 19:24, ya se resolvieron hace cuatrocientos años y, por consiguiente, ya no se consideran problemáticos. El viaje de Pablo a Jerusalén, en Hechos 21, tampoco ofrece problema de interpretación, pues es un asunto relacionado con su acción.

Siguiendo estos principios, tomemos un pasaje conflictivo del Antiguo Testamento.

Génesis 6 habla de los hijos de Dios. Este caso tiene una estrecha relación con la segunda venida del Señor Jesús, porque El dijo: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre” (Lc. 17:26). ¿Qué sucedía en los días de Noé? En ese tiempo los hijos de Dios se casaban con las hijas de los hombres. Muchos expositores creen que esto se refiere a los hijos de Set que se casaron con las hijas de Caín. Muchas versiones reconocidas de la Biblia ofrecen esa misma interpretación, pero esto no es muy convincente. De la unión de los hijos de Dios con las hijas de los hombres nacieron los que fueron llamados nefileos. Muchas versiones de la Biblia traducen esta palabra como gigantes. El significado original de la palabra es “los caídos”. ¿Cómo podían los hijos de Set casarse con las hijas de Caín y producir nefileos ? Tanto Set como Caín eran humanos. ¿Cómo podían sus descendientes ser otra cosa que seres humanos? Esta enseñanza es totalmente errónea.

¿Quiénes era estos hijos de Dios? Tenemos que buscar la respuesta en alguna parte del Antiguo Testamento. Si buscamos, encontraremos evidencias de que los hijos de Dios deben ser los ángeles. El libro de Job nos da una prueba contundente de ello. Dicho libro se escribió antes que el Génesis. Se sabe que Génesis se escribió en los días de Moisés, mientras que Job se escribió en los días de Abraham. Con frecuencia los libros usan la terminología de obras anteriores. En Job 1, 2 y 38, a los ángeles se les llama hijos de Dios. Por tanto, los hijos de Dios mencionados en Génesis 6 deben ser los ángeles. El Señor Jesús dijo: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles del cielo” (Mt. 22:30). Esto no significa que los ángeles no puedan casarse, sino simplemente que no lo hacen. Dios les prohibió a los ángeles casarse, porque ellos son espíritus. Pero en Génesis ocurrió la confusión más grande del mundo: el espíritu de Satanás entró en un animal muy inferior, una serpiente. Debido a esto, vemos en Génesis 3 la unión de un espíritu con un animal. Según Génesis 6 los espíritus se unieron con los hombre. Los ángeles no deben casarse, pero se casaron con las hijas de los hombres. Como resultado nacieron nefileos. Cuando éstos nacieron, Dios los destruyó. Dios quería tener ángeles y hombres, no nefileos. El no produjo esa especie. Dios lo creó todo “según su género”, pero los demonios se unieron con los hombres. Esto produjo nefileos en el mundo, y Dios los juzgó severamente. Más tarde, Dios destruyó a los anaceos porque también eran nefileos. Pese a que fueron aniquilados durante el diluvio, los encontramos de nuevo en Canaán, donde también tenían que ser destruidos. Dios no permitiría que tales criaturas permanecieran en la tierra.

Judas 6 habla de algunos ángeles que “no guardaron su principado, sino que abandonaron su propia morada”. Estos son los ángeles que se casaron con las hijas de los hombres. También a ellos se alude en 2 Pedro 2:4.

En Génesis 6:3 leemos: “Y dijo Jehová: No contenderá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne”. El texto hebreo es más claro que la traducción, pues ésta omite la palabra también. En el idioma original el versículo reza: “Porque él también es carne”. ¿Qué significa esto? Quiere decir que hay otro que también es carne. Supongamos que decimos: “Usted come, y yo también”. La palabra también indica que hay una segunda persona que realiza la misma acción. Cuando Dios dijo que el hombre también era carne, queda implícito que algo más ya era carne. ¿Qué otras criaturas se pueden comparar con los seres humanos? Solamente los ángeles. Si los hombres también llegaron a ser carne, se entiende que los ángeles ya lo eran. Con tal evidencia podemos decir con certeza que los hijos de Dios son los ángeles.

Ya el hombre había pecado en Génesis 3, pero haber pecado es diferente de volverse carne, lo cual se menciona en Génesis 6. Pecar es una acción, y por ende no incluye la naturaleza misma del hombre. Volverse carne indica que todo el ser cae bajo la influencia de la carne e involucra la naturaleza misma del hombre. No sólo debemos tomar en cuenta la caída del hombre, en el capítulo tres, sino que también debemos observar el progreso de la pecaminosidad del hombre. Adán realizó la acción de pecar; Caín expresó su lujuria. Para cuando vino el diluvio, el pecado se había desarrollado mucho más. Ya el hombre se había vuelto carne y pecaba por costumbre. Cuando el hombre pecó, el Espíritu Santo continuó luchando con el hombre, pero cuando el hombre se volvió carne, la lucha cesó. En Génesis 6:3 dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”. Desde que el hombre estaba en el Edén hasta los días del diluvio, el Espíritu Santo había estado luchando con el hombre, pero cuando el hombre se entregó en su concupiscencia y se volvió carne, el Espíritu Santo dejó de luchar con él. Debemos prestar atención a esto porque la Biblia dice: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre” (Lc. 17:26). Tenemos que ahondar en este asunto, cuando vengan los días del Hijo del Hombre, el espíritu maligno de Satanás descenderá una vez más a la tierra, y los ángeles pecaminosos se vestirán de carne. Siempre que estos “hijos de Dios” causan problemas, Dios ejecuta un juicio severo sobre ellos. El juicio del diluvio no tuvo precedente, y el juicio que sobrevino a Canaán fue severo. En los días del Hijo del Hombre, también habrá un gran juicio, y el Señor juzgará a los ángeles que abandonaron su lugar.

¿Estos ángeles que abandonaron su propia morada están entre la tercera parte de los ángeles que cayeron (Ap. 12:4) o son diferentes? La primera parte de Judas 6 dice: “Y a los ángeles que no guardaron su principado, sino que abandonaron su propia morada”. La palabra principado es traducida por Darby “estado original”. Es decir, no se refiere sólo a su morada original sino también a su condición original. Los ángeles originalmente no se casaban. No conservar su propio estado significa que se dieron al matrimonio. Principado se refiere a su estado, y su propia morada se refiere al lugar donde habitan. ¿Qué les pasó a estos ángeles? La última parte del versículo 6 dice que “los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”. El versículo 7 nos da una explicación más detallada del versículo 6; no se refiere a algo nuevo. La gramática indica que el versículo 7 es una explicación del versículo 6. Estos ángeles son como la gente de “Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, se dedicaron a la fornicación y fueron en pos de una carne diferente”. Ellos fueron puestos por ejemplo y sufrirán “el castigo del fuego eterno”. Estos versículos no se refieren a los hombres de Sodoma y Gomorra que fornicaron, sino a los ángeles que fornicaron como los hombres de Sodoma y Gomorra. En efecto, se entregaron por completo a la fornicación. Se olvidaron de todo lo demás y se enfrascaron en la fornicación. “Fueron en pos de una carne diferente”. Por tanto, fueron puestos por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno. Podemos decir que Judas 6 y 7 son una explicación de Génesis 6.

Usemos como ejemplo otro pasaje difícil de la Biblia. Juan 20:23 dice: “A quienes perdonáis los pecados, les son perdonados”. Este es en verdad un pasaje muy difícil. ¿Cómo puede el hombre tener la autoridad para perdonar los pecados de otros hombres? La Iglesia Católica Romana usó este versículo como base para vender indulgencias. En realidad, este versículo debe ligarse al versículo anterior que habla de recibir al Espíritu Santo. En otras palabra, el Señor dio el Espíritu Santo a la iglesia para que ésta, como Su vaso y representante, pueda perdonar. Este perdón se confiere por medio de un instrumento. Supongamos que le predico el evangelio a un pecador. El confiesa que es pecador y le pide a Dios que lo perdone. Gime, llora, se arrepiente y recibe con sinceridad al Señor Jesús, pero no ignora que necesita ser perdonado. Si alguien en la iglesia se para y le dice: “Dios ha perdonado tus pecados”, tal declaración le ayuda mucho. La iglesia puede decidir quién puede bautizarse y quién puede tomar la mesa del Señor, porque ella recibió al Espíritu Santo, bajo cuya autoridad puede ser un poderoso instrumento para perdonar o retener los pecados de los hombres. La iglesia sólo puede perdonar si mora en el Espíritu Santo y respira a este Espíritu. Nadie puede perdonar si está en la carne. Si nos damos cuenta de que la iglesia es un instrumento de perdón, no tendremos dificultad con este pasaje.

Los textos anteriores nos sirven como ejemplos para abordar pasajes bíblicos difíciles. La interpretación de cualquier pasaje difícil en la Biblia debe ser respaldado con pruebas suficientes, teniendo en cuenta el contexto del pasaje y estando libres de prejuicios.

W. Nee

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