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Ayer hubo una emergencia en mi corazón,
desperté creyendo que te perdía,
caminé imaginándome sin ti,
dormí con la cobija más fría.
Tu ausencia estaba atornillándose en mi.
Los mounstros de la angustia aparecieron
tenían gestos de quererme asfixiar
y aunque intentaba huir de su vista
sus brazos fuertes, fríos y azules
hacían lo posible por ahogarme en el mar.
No pude dejar de llorar
era una tarde de sombras,
de recuerdos que vagan sin cesar.
La soledad me tomó de mi cuello
y yo desnuda no la pude alejar.
Fue un día agobiante y triste
con mis temores lejos de tu altar;
iba sufriendo mientras respiraba
hasta que una mano suave, comprometida y tuya
me dijo con caricias –“Nena, he vuelto al hogar”–.
Ayer en la noche... nos volvimos a amar.
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