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Con el devenir del tiempo, la fiesta de los toros dormitaba en el letargo de lo incomprendido. Cuando un país se ocupaba de otros menesteres, el toro de lidia seguía siendo su referente y mantenía viva la llama de una fiesta donde los polos opuestos se han dado la mano desde la antigüedad y hacen de esta, un espectáculo de verdades.
En el sur, donde el sol brilla con todo su esplendor, un grupo de jóvenes, con aquella juventud que algún día envidiara el poeta Machado, se propusieron hacer realidad un sueño y así nació esta asociación, fruto del amor a la fiesta y del espíritu vivo de la lozanía.
Por muchos años….
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