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Obstacle 1
“Hay un día en el que partiré y nunca volveré” - así comenzaba el libro, Paúl.
Deja de leer esas porquerías – gritaba su anciana y pusilánime abuelita (si a esa cosa arrugada, semi erguida y verrugosa , se le podría llamar así).
Paúl... Paúl... Paúl... – decía en su mente el pobre joven rubio, de ojos claros y tristes.
- No me ¿escuchaste? – grito de nuevo la vieja. – no escucho tu respuesta, tonto y soñador cretino.
A lo que el hablo, con su voz pequeña, pero no dudosamente varonil.
- ¿acaso me habla señora? – pregunto.
- ¡A que otro sopenco le hablaría ¿he?! , hasta sordo saliste, que dirían tus padres de ti.
Tanto trabajaron para que en vez de estudiar matemáticas u otra ciencia, te dediques a leer cualquier porquería moderna, como una señorita.
Oh... pobres de tus padres se volverían a morir si te vieran así.
De pronto a la anciana comenzó a perder el aire – ahhhh – comenzó a hacer ruido y tocarse el pecho por falta de aire.
Paúl se arrastro por el suelo y miro por la esquina de la pared de la sala vieja con asombro, como la anciana se retorcía en el suelo.
- ¡ayúdame imbecil! – gritaba mientras se le iba mas y mas el aire.
Así como empezó termino, la vieja acabo el suelo, con los ojos y la boca bien abierta y con la falda negra a media pierna.
Paúl se acerco cuidadosamente a observar coma la anciana (que lo había criado 13 años, tomando en cuenta que sus padres murieron cuando el tenia 5 ), había quedado.
No sabia lo que en su interior sentía, no sabia si era alegría, temor a quedarse solo de nuevo o tristeza, no , absolutamente tristeza no era lo que sentía.
Al enterarse la comunidad de lo que había sucedido, decidieron comprar y arreglar todo lo del funeral.
Paúl, para este día en especial se encontraba todo ataviado con un traje color negro y con unos grandes y espectaculares lentes del mismo tono.
Con su piel blanca con esos lunares tan sensuales, labios rosas y delicados y su cabello corto y rubio , se veía simplemente maravilloso y algo extraño.
Regreso a su casa después del entierro, comenzó a leer de nueva cuenta su libro rojo.
“Hay un día en el que partiré y nunca volveré”
Fue así como se marcho de esa casa, inmaculado en su traje, lentes negros, un cigarrillo en la mano izquierda y su maleta de cuero en la derecha.
AUTORA:SILVIA YULMANELI MORENO LEON.
ESPERO QUE LES GUSTE.
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