Cada jornada del festival comienza mucho antes del clarín, el grito y los fuegos artificiales que puntualmente a las 22 dan inicio a la fiesta que muchos disfrutan por televisión. Ya desde la siesta, parrillas y heladeras se reponen del saqueo de la madrugada y también por el escenario Martín Fierro comienzan a transitar plomos, sonidistas, iluminadores, personal de vigilancia; muchos de los que se activan desde temprano para que, llegada la hora, la fiesta surja otra vez de sus cenizas.
Anoche, la celebración de la argentinidad –como gustan definirla sus artífices–, tuvo entre sus protagonistas a Jorge Rojas. Para sus presentaciones el ex Nochero no deja nada librado al azar y sus espectáculos cuentan con una puesta importante: mucha gente sobre el escenario, mucha tecnología. Mucho trabajo que comienza temprano.
A las 10 de la mañana el ómnibus de Rojas llega a la Posada Los Plátanos, el hotel de Colonia Caroya donde el cantor y su gente paran en la época de festival. Son 22 personas, entre técnicos, asistentes y músicos, que comienzan a bajar sus equipajes y a distribuirse entre las salas. Están también Lucio y Alfredo, hermanos de Jorge, que mientras esperan que la habitación esté lista, aprovechan para desayunar. Todos llegan de Córdoba, después de un breve período de descanso. Algunos preguntan cómo anduvo la primera noche; otros se enteran por el diario, que pasa de mano en mano. “Jorge llegará recién a la tarde y va directamente al anfiteatro, para probar sonido”, aclara Víctor Acevedo, el manager.
Pruebas. Pasadas las 16, el sol quemaba y la temperatura llegaba a 38°. Sin embargo, frente a la entrada principal del anfiteatro la fila era de más de una cuadra. En el ingreso de artistas, frente al Club Alianza, por la parte de atrás, jovencitas y no tanto esperaban la llegada del ídolo. A las 17, bermudas blancas y alpargatas, Rojas baja de una camioneta y tras los primeros saludos y autógrafos, pasa al escenario a probar sonido. Ahí lo esperan músicos y técnicos, propios y del festival. Antes, pasa por uno de los camarines, donde desde una inmensa consola el “Turco” Saba se ocupa de monitorear el sonido que saldrá por TV y por radio. Es temprano, faltan varios ajustes y mientras prepara la lista de temas, Rojas levanta la vista y conversa. “Lo que hace este festival es maravilloso, fijate como esta el campo, las tribunas, todo está impecable”, reflexiona.
Un asistente termina de lustrarle la guitarra y lo llama para que pruebe sonido, pero antes llega un grupo de policías mujeres, no para detenerlo, sino para pedirle más autógrafos y fotografías. “Es para mi sobrina que tiene dos años”, explica una. “A este me lo llevo a casa por averiguación de antecedentes”, bromea otra. Rojas no se niega a la gente que lo solicita, al menos para recibir una sonrisa de su parte. Varias veces debe interrumpir la charla o la prueba de sonido para acercarse al borde del escenario y regalar otra firma. “No trato de explicarme qué significa esto –dice–, solo trato de corresponder tanto afecto”.
Cuando termine el verano Rojas habrá recorrido con su grupo casi 20 mil kilómetros, desde Mendoza hasta Salta. Lo cuenta como si nada fuese. “A Jesús María llegué hace 14 años –recuerda– y desde entonces actué en este escenario todos los años, ¿qué más puedo pedir?”.
Terminados los preparativos técnicos, Jorge piensa en templar el ánimo y no deja de pasar por lo de Luis Offman, la casa de Colonia Caroya que durante los días del festival está siempre abierta. Lo recibe el patrón y su familia y los amigos, que desde muy temprano lo esperaban con una pavita al disco, entre otras cosas. “Probá esto”, aconseja y se sienta a conversar. Pero sigue firmando autógrafos –hasta en una guitarra– para los amigos de los amigos. Cuando cae la tarde saluda, no sin antes entregar algunas entradas.
Va al hotel, llega el momento del descanso; porque pasada la medianoche, un anfiteatro completo esperaba sus canciones.
Rojas llegó a las 16 a Jesús María y fue directo a la prueba de sonido, en el anfiteatro José Hernández.
Después, una picada con los amigos en lo de Luis Offman, en Colonia Caroya.
Finalmente, a relajarse antes del show, en su habitación del hotel, también en Caroya.
FUENTE: www.lavoz.com.ar
GRACIAS BELU POR LA INFO DE LA NOTA