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Por fin ha llovido copiosamente este año. Los pinos han cambiado su color marrón desesperado por el verde de la esperanza. Ahora habrá que pedir alguna explicación por las talas indiscriminadas, y exigir una protección del legado a las próximas generaciones.
Si los que gestionan no dan la talla, dos cosas: o crecen o que se marchen.
Progreso y protección medioambiental no son incompatibles. Son nuestra última oportunidad. Así están las cosas. Saludos
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