Vienes a mí como si sólo hubiera un único asistente a tu concierto, y hay mil ojos que observan, y no acierto a cerrar tanto párpado en ceguera.
Pero te miro, y a tu avance firme, sus miradas al fin se desvanecen; sólo tus ojos glaucos permanecen, y sobre ellos intento diluirme.
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