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CAMPIÑA DE SANTAELLA
Hace calor. Las calles
brindan silencio al yunque del estío.
Tarde de soledad. El pueblo
sestea adormecido por la calma
y el mandato del sol, señor altivo.
Es Santaella. Junio y claridades.
Silente atardecer. Triunfa la cal
en el albo mirar de los sentidos.
Y lejos, palpitantes, las lomas
de áureo trigo, pan nutricio
de la fértil campiña, diosa-madre
donante de vida, gran señora.
Ante el mar amarillo de tu espiga
yo te canto tu luz, tu sol, tu brisa
y admirado te rindo, Patricia de tu tierra
mi ofrensa apasionadamente, cual pan vivo.
¡Oh Santaella, novia ilusionada,
amante ruborosa, tú, fecunda!
Luis Ruiz Moreno
Publicado en Revista Campiña, 1986
Yo tenía 6 años cuando se escribió este poema, unido a un atardecer que vi un día en Santaella, me recuerdan a varios poemas del portugués Eugenio de Andrade:
Ya no se ve el trigo,
la lenta ondulación de los montes
No se puede decir que fueran contigo,
tu solo llevaste esa forma infantil
de saltar el muro,
de tomar un puñado de cerezas mojadas,
cierta manera de pedir un vaso de agua,
o de dormir en el suelo
como solo los gatos duermen
Todo eso eras tú, sucio de moras
...
Es un lugar al sur, un lugar
donde la cal amotinada desafía la mirada,
donde viviste, donde a veces
en el sueño aun vives
Los ojos se perdían ahogados
en el claro
del último o del primer día
Era la perfección
Eugenio de Andrade
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