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El padre respiró hondamente, siempre que podía se quedaba horas viéndola. Lo que tenía delante de si, era una impresionante puerta dorada, de alrededor de cien metros de alto. La enorme puerta estaba siempre vigilada personalmente por el santo padre. Y los rayos del enomer sol siempre contactaban con ella.
“Asi que, eso es lo que querían, eso quiere decir que están aquí.”
Hera llegó varios segundos después y pudo escuchar parte de la conversación que su esposo estaba teniendo consigo mismo.
“¿De quienes hablas?”
“Los Titanes”
“¿Los Titanes? ¿Pero como?”
El padre no dejaba de ver la puerta, hasta que, un chispazo de conciencia cruzó su mente. “Tenemos que reunir a todos los dioses que quedan, no podré yo solo contra ellos.”
“¿Pero y la pelea que tenemos en este momento contra los santos de Atenea?” Zeus abrió grandemente los ojos, por primera vez alabó las palabras de su esposa, la sabiduría había hablado por ella.
“Eso es, tenemos que ir por Atenea y reunir a sus caballeros, o lo que quede de ellos. Es posible que estemos malinterpretando la profecía, esposa mia, necesito que hables con mis rayos y les expliques la situación. Yo me quedaré aquí vigilando, no me puedo mover de este lugar.”
“Pero la profecía dice finalmente, que es Atenea la culpable, es a ella a quien debemos de detener.”
“¡No seas estúpida mujer! Si no conseguimos que Atenea nos ayude, no quedará nada del Olimpo. Estoy seguro que la interpretación ha sido inexacta.”
“Pero ..” Los ojos del todopoderoso brillaron con una pureza de energía, pero que acumulaban una fuerza incontenible. La madre de los dioses finalmente entendió el mensaje y se inclinó ante su esposo. “Asi se hará.”
Sin decir mas, Zeus viajó hasta la cima de la imponente torre.
Hera se quedó observando al padre en lo alto, luego entonces con una furia determinante, se teleportó donde los rayos de Zeus, que eran considerados la ira suprema del todopoderoso. Temidos incluso por la mayoría de los dioses olímpicos. Pero no Hera, ella siempre los había despreciado, los consideraba un acto de gran soberbia por parte de su esposo, para no mancharse el mismo las manos y ahora les daría el verdadero uso, por el cual fueron creados.
“Tengo un mensaje del todopoderoso.” El ángel blanco se teletransportó hasta delante del grupo y con sumo respeto y sin levantar la mirada, le contestó a la reina del Olimpo:
“¿Qué a ordenado su ilustrísima?”
Los ojos de Hera brillaron triunfales. “¡Muerte a todos los caballeros!”
El sujeto con túnicas blancas agachó la cabeza con humildad. “Asi se hará su majestad.” Hera ni se inmutó y se adentró en la seguridad de la enorme torre. Cuando pasaron varios minutos el sujeto con túnica azulada y tonos marinos volteó donde el de tonalidades blancas.
“¿Matar a los caballeros? ¿Por qué?”
“¡Silencio! –gritó el de túnicas blancas- La palabra del señor es ley, y quien la desacate, ¡morirá! aunque seas tu uno de los nuestros.” El ser de túnicas azules se quedó callado de inmediato.
“Gran rayo blanco –habló el de túnicas negras- ¿Nos mancharemos las manos inútilmente? Es deshonroso que nos haya encomendado el altísimo semejante trabajo, teniendo un conflicto mucho mayor entre manos. Tu mejor que nadie, sabe perfectamente de lo que hablo.”
El de túnicas blancas fijó su mirada donde el resto de los rayos. Y sin decir mas, fijó el destino de sus rivales.
“No es necesario, los tronos celestes pueden contrarrestar el bajo nivel de esos caballeros.”
El de túnicas azuladas volteó donde aquel que vestía de café terracota, ambos se quedaron mirando sin decir ni una palabra.
“Gran Rayo Blanco –indagó el de túnicas rojas- se dice que los titanes han llegado al Olimpo. ¿Tu crees que podamos contra ellos?” El líder de los rayos se quedó en silencio y al cabo de unos segundos estiró la mano derecha con dirección de las otras enormes islas continente, que formaban parte del enorme y vasto hogar de los dioses.
“Salven a todos los que puedan y llévenlos a la bóveda celeste.” Sin chistar, la gran mayoría salió volando del sitio, todos menos el de túnicas negras.
“Amigo mio, te noto algo tenso.” El de túnicas blancas no pudo contestarle a su compañero de armas.
“¿Es tan difícil la batalla que vez en el horizonte? Tenemos la fuerza de los dioses en nuestras venas, y sabes que son muy pocos los que pueden vencernos.”
“No estoy preocupado por los Titanes ¡Oh Rayo Negro! Hay algo allá afuera que está acechandonos a todos, que nos quiere devorar y destruir. Lo huelo en el ambiente, es una fuerza que quiere destruirlo todo y no se detendrá hasta conseguirlo.” Sin pensarlo, el de túnicas blancas salió volando en otra dirección dejando enmudecido y dubitativo al de túnicas negras, al cabo de unos segundos, este último desaparece dentro de su propia oscuridad.
Al cabo de unos segundos, la señora del Olimpo salió de la hermosa torre enfundada en una hermosa armadura de plata, con decorados de oro y diamante. Su casco era similar a la cabeza de un águila real y la mayoría del cuerpo estaba recubierto por algo parecido a unas alas curvas, finalmente, de su espalda sobresalían dos enormes pares de alas y en su mano derecha, traía un báculo similar al de la diosa de las Guerras Justas, pero con la punta totalmente afilada.
“¡Atenea! ¡Yo salvaré al Olimpo de tu asquerosa presencia! ¡Prepárate!” Alzó el báculo divino y se desvaneció con rumbo desconocido.
***
-TEMPLO DE HEFESTOS-
Hefestos golpeó con gran fuerza el suelo, y una poderosa energía salió disparada donde los cientos de espadas. Las dos energías colisionaron y la del herrero nulificó por completo la del titán.
“Tienes cierta habilidad herrero, pero yo soy un guerrero, forjado en las cuencas de la oscuridad.”
Hefesto sintió un dolor punzante en su hombro izquierdo, cuando se hubo dado cuenta, vió como una enorme sombra lo atravesaba por completo. Y de la herida, un enorme chorro de icor salió disparado al suelo.
“Asqueroso Titán, vas a arrepentirte de esto.” Koios no respondió verbalmente, sino que cientos de sombras volvieron a salir de su cosmo.
“¡Iluminación Oscura!”
Hefestos gritó incendiando su cosmo divino, y tres sombras parecidas a él, de color gris salieron de su cuerpo y repelieron el ataque poniendo la mano enfrente.
“¿Cómo?” Koios no se percató que de entre las sombras había salido Hefestos disparado como bólido e impactó su martillo en contra del pecho del Titán. Un poderoso temblor había azotado la isla-continente del Herrero. El impacto había sido mucho más poderoso de lo que Koios podía admitir. Sin embargo, el titán logró poner su enorme espada en el último minuto, salvándolo milagrosamente.
“Me has sorprendido herrero, pero tu suerte se acabó.” Hefestos manifestó nuevamente a sus sombras las cuales dispararon un rayo psíquico tan poderoso, que sacaron a Koios del volcán de manera salvaje.
El enorme volcán de la fragua explotó con una violencia tremenda, y de la cima del fuego, Hefestos se presentaba en su máxima expresión. “Desaparece de mi vista.” Un enorme mar de lava se arremolinó en la mano del herrero, y salió disparada donde Koios.
El titán quedó ahogado en ese enorme tifón de fuego, hasta caer duramente al suelo, donde produjo un cráter excesivamente profundo. Pero Hefestos, sin estar del todo contento, manifestó varios tifones de lava, que tiró al mismo tiempo donde el cráter, destruyéndolo todo, tierra, plantas, y partes de pequeños templos que adornaban el lugar.
De entre el epicentro, un poderoso estallido de sombra oscura, partió a la mitad el tremendo poder de la lava. Hefestos pudo contrarrestarlo con su magnífico martillo. Sin embargo, un poderoso temblor se dejó sentir en la zona, hasta que de repente, como si de un gran geiser se tratara, Koios había salido hecho una furia, destruyendo rocas y deshaciendo con su cosmo la poderosa lava.
“¿Ya te divertiste Herrero? Porque ahora si, estoy enfadado, y voy a hacerte sufrir.”
Un estallido de sus ojos hizo que una oscuridad atrajera a Hefestos hasta donde el Titán y de sus mismos ojos salió una negrura tan intensa que impregnó el cuerpo del Olimpiano haciéndolo estallar. El cuerpo de Hefestos cayó como fardo al suelo.
“Jajaja, asi, híncate ante tu dios, suplica por tu vida.”
“¡Jamas!” Hefestos volteó donde Koios con un brillo especial en sus ojos.”
“¿Qué? ¿Qué significa esa mirada?” Cuando quiso atender a otro lugar, ya era demasiado tarde. Las tres sombras del herrero lo habían sujetado por completo.
“¡Oh no! Todo fue una asquerosa trampa.” Hefestos se lanzó con toda su furia desde el monte de su fragua, parecido al Etna, se había empujado tan fuerte donde Koios, que movió varios metros el volcán, e hizo estallar toda la furia de su martillo en el pecho del Titán. El resplandor fue tan poderoso que Koios berreó de dolor, y su cuerpo se dirigió sin piedad al cielo, elevado por una poderosa estela psíquica. Al término de la batalla Hefestos cayó al suelo flotando, sentía que las fuerzas le faltaban, la explosión oscura, había minado casi todas sus fuerzas.
Sin embargo, del cielo estrellado se escuchó un grito desgarrador, lleno de ira. Cuando Hefestos volteó donde el grito, puso de inmediato a sus tres sombras, sin embargo estas quedaron desintegradas al instante debido al salvaje ataque del:
“¡Relámpago Oscuro Atravezante!”
Cientos de relámpagos se introdujeron dentro de las sombras hasta despedazarlas por completo y algunas llegaron donde Hefestos, el cual a una velocidad increíble las destruyó con su poderoso martillo. Sin embargo, Koios de un solo ataque disparó al brazo de Hefestos, partiéndolo al instante, haciendo sangrar al herrero y haciéndole pasar un dolor inimaginable.
Y sin pensarlo mucho disparó enfrente del herrero su técnica:
“¡Ventisca Oscura!”
Hefestos sintió como cientos de cuchillos perforaban su kamei divino hasta hacerlo pedazos, y un enorme chorro de icor salió de sus venas. Koios puso su mano derecha en el rostro de Hefestos.
“Sufre la cólera de los Titanes, amos y señores supremos del universo. ¡Estoque Destellante!” El tremendo ataque fulminó por completo lo que quedaba de la kamei divina hasta dejar a Hefestos en un mar de sangre, sus venas estallaron y sabía que le quedaba muy poco tiempo de vida, asi que, haciendo uso supremo de su mente, reunió todo lo que le quedaba de energía a su cuerpo.
“Idiota ¿Qué pretendes? ¿Acaso quieres utilizar tu última carta en mi contra? Jajajaja Muy bien, te dejaré usarla, asi te darás cuenta de la enorme diferencia entre tu poder y el mio.” Hefestos sonrió por aquella oportunidad y enciende su tremendo cosmo, su cuerpo se inmoviliza por completo, y detrás de si aparecen sus tres sombras, las cuales se encontraban bastante desgastadas, pero aun asi se van colmando de una energía rojinegra que los invade por completo.
Inmediatamente, varias esferas de energía comienzan a cubrirlo por completo hasta que su cosmo ha alcanzado el punto máximo. Luego entonces los ojos de Hefestos desaparecen hasta dejarlos totalmente blancos. Las tres sombras se meten al cuerpo del herrero y desprendiendo un fino polvo de estrellas por todo su cuerpo alza las manos e incontables esferas se expanden enormemente antes de dar paso a la inenarrable cantidad de energía grita con todas sus fuerzas:
“¡Psicotrón de Haephestus!”
Hasta dejar salir un tremendísimo rayo gigantesco que cubre y destruye todo a su paso.
“¿Asi que este es todo el poder del forjador de las armaduras? ¡Que decepción! Te destruiré en este momento basura. Observa el poder supremo de un Titán:
“¡Relámpagos Negros!”
Cientos de poderosos relámpagos comienzan a tragarse el poder máximo de Hefestos y al observar esa escena inenarrable enciende su cosmo al máximo centellenado sus ojos con tremenda luminosidad. Haciendo retroceder el impresionante poder de los relámpagos
“¿Qué? ¿Este ingenuo está tratando siquiera de vencer un poder que es de por si invencible? Muy bien herrero, tu lo haz querido.” Koios hace explotar un enorme cosmo oscuro, que se traga sin clemencia el ken mas fuerte de Hefesto.
“¡Maldición! Tengo que dejar salir todo mi poder psíquico, ya las consecuencias no importan.” Varias gotas de sudor se reflejan en su rostro y haciendo un enorme esfuerzo manifiesta a su sombra mental que combinándose con el cuerpo del olimpiano provoca una explosión psicokinética que, aunada al poderoso rayo rojinegro elámpago engulle por completo la oscuridad del Titán.
“¡Inconcebible! ¡No me puedo creer lo que esto viendo! ¡Tu no puedes vencerme sabandija, yo soy un Titán y soy superior a ti en todos sentidos. ¿Me escuchaste? ¡En todos!”
Los relámpagos suben hasta su punto máximo tronando la energía de Hefestos desde adentro, lo cual parte en dos el mega rayo, dejándolo descubierto. Koios sin miramientos, descarga la mayor parte de su última técnica en el cuerpo indefenso del Herrero, partiéndolo por completo, incontables litros de icor salen volando por todo el recinto, haciendo caer al orgulloso forjador de las armaduras divinas.
“¡Cuan ciegos hemos sido los dioses! ¡Cuan vanal y futil hemos desperdiciado nuestras vidas. Si tan solo hubiera estado preparado, si tan solo la soberbia no hubiera nublado nuestras mentes, la maldita anciana tenía razón, los dioses estábamos condenados desde ese momento.” Los pensamientos de Hefestos vieron el rostro imaginario de Mu por última vez. “Si tan solo estuvieras aquí conmigo.“ Los ojos enlagrimados de Hefestos se apagaron finalmente.
“Este es el comienzo de una nueva era, jajajajaja JAJAJAJAJAJAJA” Antes de desaparecer del lugar, Koios encendió su cosmo y lo descargó al máximo en toda la isla continente, destruyéndola por completo.
-RUINAS DEL COLISEO GRIEGO-
Una luz cegadora envolvió lo que quedaba del grandioso coliseo, de entre aquel destello luminoso, una musculosa presencia hizo acto de aparición. En su hombro izquierdo yacía una conocida figura del signo de Leo. Con mucho cuidado, lo dejó en el suelo. Y en la derecha un cuerpo mas pequeño y delgado.
“Apenas puedo creer que pudiéramos regresar nuevamente a la vida.” Su mano derecha se encontraba sujetando la cabeza de Hermes. Y con lágrimas en los ojos, lo miró. “Gracias a ti pequeño hermano, hemos podido regresar a esta dimensión. No se como es que pudiste regresarnos, pero tu inigualable esfuerzo no quedará en vano. Necesitamos llegar con el padre, algo muy negro se siente en el Olimpo.”
De repente, un ser dorado se teletransportó donde el gran Hércules.
“¿Quién eres?” Manifestó el campeón de Grecia. El cosmo dorado lo afecta por unos segundos. “No te reconozco ¿Eres un caballero de Atenea?”
De entre los destellos dorados, aparece un ser con la armadura del carnero. “Asi es, soy Mu de Aries ¿Eres Hércules?” El corpulento hombre asintió con la cabeza.
“¿Cómo pudiste encontrarme Mu de Aries?”
“Hefestos me regresó a la vida y gracias a mi agudeza psíquica que se acrecenta con cada minuto que pasa pude ubicarlos.”
“Asi que, el herrero siempre si tenía sentimientos, pues los supo guardar muy bien durante mucho tiempo.” El Ariano solo se limitó a sonreir.
“Mu te encargo que cuides a Aioria, es un gran guerrero y no merece morir.” Hércules sujetó con una mano el cuerpo bañado en sangre del león dorado y lo puso en los brazos del santo de Aries.
“Se encuentra en el borde de la vida y la muerte, afortunadamente pude rescatar su cuerpo antes de que se hiciera pedazos. Simplemente, no tuve el valor de terminar con la vida de un hombre, que es tan honorable como el.”
“¿A dónde vas Hércules?”
“¿Acaso no lo sientes amigo Mu?” Los dos voltearon donde la negrura que se esparcía a pasos agigantados por todo el Olimpo, oscureciendo los cielos y la esperanza. “Necesito llegar con el padre, el sabrá perfectamente que hacer, pero antes, necesito que Hermes se recupere, cuídate amigo Mu.” El ariano vió como una estela de luz desapareció en el horizonte.
-TEMPLO DE APOLO-
Una hermosa tonada salida de una lira se encontraba en progreso, hasta que de repente, gritos angustiosos se dejaron escuchar desde la entrada principal, que fueron recorriendo el fastuoso templo del dios Sol. Decorado en su mayoría, con estatuas esquisitas de hombres sumamente hermosos. Y en el centro de todas ellas, el dios Sol se imponía.
“¡Hermano! ¡Hermano! ¿Lo sientes? ¡Estamos perdidos! Los Titanes hermano, los titanes están en el Olimpo.” Apolo no hizo ningún gesto, su hermosa melodía no parecía tener fin.
“Hermano, la profecía se ha cumplido, y no hay manera de que podamos vencer.” Fue hasta ese momento, que la hermosa melodía llegó a su fin, una de las cuerdas se rompió finalizando la tonada. Los ojos orgullosos de Apolo se centraron en Artemisa y una furia incontrolable se apoderó de el.
“¡Hermano!” Artemisa se quedó petrificada de ver el inconmensurable poder que guardaba su gemelo dentro de si.
“Hermana, te sugiero que te calmes, no debes intranquilizarte por nimiedades. Nunca podrían abatirme ni aunque me atacaran todos juntos. Recuerda que mi poder es casi igual al de nuestro omnipotente padre.”
“No debí venir.” La diosa de la caza se lamentó, un sentimiento de temor le sobrecogía el corazón, ese mismo sentimiento que no sentía desde la época del mito. Cuando enfrentaron la cólera de Gea, lo cual casi les cuesta la vida.
“¿Vas a ir morir al lado de ese asqueroso humano?” Artemisa no pudo gesticular palabra alguna, desde que Touma se fue a rendirle cuentas a Zeus, no había tenido mucha oportunidad de verle. Dentro de si sentía que el corazón le apretujaba, máxime por saber que quizá los últimos acontecimientos decidirían el futuro mismo de todo.
“¿Acaso has olvidado tus votos de castidad?” Artemisa seguía sin decir nada, le enojaba cuando su hermano insistía en sus votos. Sin embargo, cuando ella quiso finalmente responder, ya era demasiado tarde, la negrura había caído finalmente en el majestuoso palacio del dios del Sol. La luz del templo mismo, se ensombreció por completo y solo se veía el cosmo de ámbos hermanos. Artemisa comenzó a temblar involuntariamente, mientras que Apolo se sentó muy relajado en su trono, arregló la cuerda de la lira y continuó tocando la bella melodía.
Varios pasos se escucharon en la antesala del templo y a cada uno de ellos, Artemisa sentía que se encogía mas y mas. “Debimos haberte hecho caso hermano.” Apolo dejó de tocar por unos segundos la lira, abrió los ojos y en un acto de arrogancia, respondió. “Ya es demasiado tarde para arrepentirse.” Cerró los ojos y continuó tocando.
De repente, dos ángeles de Apolo entraron a la cámara principal.
“Mi señor, su altísimo ..” Los dos presentaban heridas profundas en sus cuerpos, asi como sus armaduras que estaban totalmente destrozadas, la sangre minaba sus cuerpos, asi como todo su ser, se encontraba temblando de un pánico indescriptible.
“Mi señor, salga rápido, salga mientras pue ..” No acabó de pronunciar palabra cuando su cabeza explotó soltando un profundo chorro de sangre, el otro ángel se quedó petrificado y al querer escapar, su cabeza también explotó asi como segundos después su cuerpo entero. El hermoso y pulcro santuario se llenó de crne, sangre y vísceras. Sin embargo Apolo siguió tocando su tonada como si nada hubiera pasado, y su hermana se había contagiado del pánico de aquellos valientes guerreros.
De repente, al fondo de la oscuridad, unas palmas comenzaron a aplaudir, de forma pausada.
“Exquisita tonada ¿Es acaso que el gran Apolo toca la melodía de su propio funeral?” El dios Sol hizo caso omiso al comentario y dejó la lira en el descansabrazos del trono.
“¿Quién eres?” Interrumpió Artemisa.
De entre las sombras, la luz comenzó a iluminar la armadura de ébano de aquel poderoso Titán, hasta llegar a la altura de su cara.
“¿Hyperion? ¡Bah! Me siento decepcionado, pensé que Cronos mismo vendría a terminar con mi vida.”
“Nuestro señor, tu dios, no lidia con basura.”
“Hyperion, sabes muy bien que tu no podrás conmigo.”
“Es precisamente por esa arrogancia, que los olímpicos desaparecerán para siempre en este glorioso dia.”
Un círculo de fuego se manifestó en el trono de Apolo. “¿Cómo? ¿Pero si tu no tienes ..?” La cara de Apolo fue de sorpresa al entender lo que estaba sucediendo, pero fue demasiado tarde cuando Hyperión gritó con todas sus fuerzas. “¡Tornado Oscuro!”
Apolo salió disparado del templo, destruyendo el techo por completo. Artemisa no aguantó más y salió corriendo del lugar. “¡Maldita Perra!” –señaló una voz- ¡Déjala! Nuestra madre y hermana se encargarán de ella.” Puntualizó Hyperion donde el otro Titán.
Apolo tardó unos segundos en estabilizar su vuelo y pudo comprobar con terror quien estaba junto a Hyperion.
“¡Helios!” –Señaló Apolo-
“Ya es momento de que el verdadero dios del Sol, reclame su título.” Apolo comenzó a sudar de la frente. Delante de si, tenía a dos de los mejores rivales que había enfrentado jamás.
-QUINTO TEMPLO DEL OLIMPO-
Los cinco santos de bronce estaban cruzando con extrema facilidad los templos, sin que ningún dios pudiera oponérseles y todo gracias a sus hermanos, los caballeros dorados. Seiya, Shiryu, Hyoga, Shun e Ikki atravesaron en silencio. Sin embargo, una poderosa cosmoenergía los detuvo.
“¿Pero de donde sale este cosmo? Es algo increíblemente poderoso.” Shiryu escuchó atentamente a su mejor amigo, Seiya de Pegaso y le extrañaba aun mas escucharlo hablar asi. Lo que significaba que el enemigo que estaban a punto de enfrentar sería de los mas temibles. “¿Acaso un dios?” Se preguntaba el santo del Dragón, queriendo adivinar.
“Caballeros, observen hacia allá.” Todos giraron donde les había indicado Hyoga, y vieron como un ser envuelto en túnicas azuladas caminaba sobre el cielo. De manera arrogante como los dioses mismos. Y no estaba solo, otro guerrero mas, de túnica café lo seguía muy de cerca.
“Estén atentos, siento algo muy extraño en ellos.” Sus mentes se tensaron demasiado al escuchar el consejo de Ikki de Fénix. Esos dos seres emanaban un poder terrible y no sabían que esperar de ellos. Finalmente, los dos sujetos se decidieron a bajar a la tierra. Y caminaron lentamente hasta quedar de frente a los santos de bronce.
“¿Quiénes son ustedes? ¿Han venido a ayudarnos?”
Los dos individuos se voltearon a ver divertidos, por la pregunta tan inocente de Shun de Andrómeda. Hasta que finalmente uno de ellos se decidió a hablar.
“No hemos venido a ayudarles, sino a advertirles.”
“¿Qué has dicho?” Gritó exasperado Seiya.
“Den la vuelta en este momento, o perezcan en el intento.”
“¿Quién te crees que eres? Por supuesto que no nos retiraremos.”
“Pegaso, no volveré a repetir la advertencia, si das un paso mas, habrás sellado tu destino.”
“¡Maldito!” Seiya se lanzó impresionantemente veloz y golpeó al ser, o al menos eso pensó Pegaso, sin embargo lo único que había atravezado, era la túnica de aquel misterioso personaje. “¡Es muy veloz!”
“¡Cuidado Seiya!” Advirtió Shiryu, y de la nada, un poderoso relámpago se impactó donde Seiya, haciéndolo caer estrepitosamente al suelo.
“¡No! ¡No puede ser ese hombre!” Gritó Hyoga sorprendido.
“Por Athena, ¿Cómo se explica esto?” Aseveró Ikki.
Seiya se quedó mirando el pelo naranja de aquel hombre, muy similar al del ángel que había enfrentado hace unas cuantas semanas, justo antes de enfrentar a Apolo. Finalmente, aquel hombre volteó y su rostro quedó al descubierto.
“¡Touma! ¿E-eres tu?” En ese momento, un fuerte escalosfrío recorrió la frente de Seiya, al caer en la cuenta de que si ese hombre se encontraba delante de el, entonces su acompañante debía ser …no pudo terminar la frase, cuando la otra persona se quitó de su rostro la capa que la cubría dejando sus facciones femeninas al descubierto.
“¿Marin? ¿Qué sucede? ¿Qué es lo que está pasando?”
“Pegaso, no te atrevas a llamarla asi, yo soy Rayo Azul y mi hermana Rayo Café, somos dos de los siete elegidos por Zeus. Nosotros formamos parte de los rayos del Padre todopoderoso y quien nos enfrenta, enfrenta a la ira misma del Rey del Olimpo.”
“T-touma, espera”
“Caballeros, ¡Prepárense a morir!”
CONTINUARA ………
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