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LOS ASTILLEROS DE CRUCEROS
Estamos viendo el tremendo auge de la industria crucerística en estos últimos meses, con ofertas y contra-ofertas de toda índole. Los grandes “gurus” de la economía americana (accionistas mayoritarios en casi todas las navieras), determinaron que la penetración que este tipo de producto turístico – vacacional en el mercado debería rondar un 2% del total de las ventas de este sector. Estados Unidos ya ha llegado a ese objetivo y ahora todas las compañías han puestos sus miras hacia Europa, donde el año pasado, este tipo de vacación, represento un 0.7% del total, cifra todavía muy lejana a ese teórico “techo de mercado”. Esto está generando una demanda de nuevos grandes buques de pasaje.
La construcción de estos barcos de imponente tamaño, no entraña una tecnología “súper sofisticada” en comparación a otros buques, como los transportes de gas natural licuado (LNG o metaneros en castellano) y no digamos ya los artefactos destinados a la prospección y extracción de petróleo y gas, hacen “deseables” para cualquier astillero de dimensiones lo suficientemente grandes como para albergar a estos gigantes la construcción de los mismos, pues no olvidemos que el sector de la construcción naval vive inmerso en profundos problemas socio-laborales derivados de la falta de carga de trabajo. Un barco de cruceros representa muchos millones de horas de carga de trabajo.
Pero no todo es tan simple como parece a primera vista. La construcción y posterior ensamblaje de las gigantescas piezas metálicas con las que se conforman las construcciones navales (pueden exceder de 1.000 Tn.) así como sus plantas propulsoras, sistema de dirección y estabilidad por parte de los trabajadores de los astilleros, sin dejar de ser trabajos muy complejos y dotados de los últimos avances de la tecnología, son sólo el “cuerpo” del barco. Es a partir de ese momento cuando ejércitos de trabajadores, normalmente pertenecientes a subcontratas ajenas al astillero, pero con una amplísima experiencia y tradición en este tipo de trabajos empiezan sus labores. Son todo tipo de artesanos, carpinteros, ebanistas, soladores, electricistas, frigoristas, tapiceros, pintores, decoradores y un sin fin de gremios mas, los cuales con su habilidad y conocimiento adquirido durante muchos años, serán capaces de ir vistiendo a esas estructuras metálicas con los refinamientos estéticos que lucirán cuando estén terminados y veamos al embarcar en ellos. Estos trabajos, han de rozar la perfección, pues no olvidemos que un barco es una estructura metálica sometida a grandes esfuerzos mecánicos, los cuales hacen que cualquier imperfección en los acabados se vaya manifestando en graves desarreglos de una forma exponencialmente mayor que si los mismos trabajos hubiesen sido realizados en una estructura solidamente fijada a la tierra. Pensemos en la cantidad de defectos constructivos que vemos en los edificios. En los barcos hay que llegar a minimizarlos al máximo.
La construcción de estos buques que ha conllevado el mantenimiento de todos estos oficios altamente especializados, totalmente artesanales se ha centrado hasta estos momentos en cuatro astilleros, los cuales concentran casi el 90% de la construcción de estos buques. Aker Finnyardas cuya matriz está en Finlandia, Jos L. Meyer en Alemania, Fincantieri en Italia. y Alston Maritime en Francia. Este último astillero, inmerso en graves problemas financieros derivados de impagos de buques por parte de navieras que quebraron (Renaissense, Festival), los cuales han dado como último episodio, el anuncio de la integración del mismo dentro de la estructura de Aker, tema que fue objeto de titulares en las páginas web de ambas compañías y que por arte de magia ha desaparecido de las mismas.
Es simplemente impresionante encontrarse en una localidad, como es Saint Nazaire, sede de los astilleros Alston, hace ya algunos años, cuando se estaban construyendo y armando de forma simultanea 5 barcos entre cruceros y feries y ver a miles de trabajadores de todas las subcontratas encargadas de “vestir” a estos buques, entrando y saliendo de los mismos, ataviaos con buzos blancos y escarpines de plástico para no manchar ni estropear el trabajo realizado por otros compañeros, en una especie de danza frenética, pero perfectamente orquestada y dirigida por unos técnicos que en todo momento supervisaban todas las operaciones. Ver el mimo con se cuidaban los detalles, los plásticos que cubrían zonas recientemente terminadas para que no se estropeasen ni manchasen y todo ellos con velocidad y precisión.
No hay que pensar en los barcos como solo máquinas mas o menos perfectas, mas bellas o mas feas, si no como entes, fruto del esfuerzo y la ilusión de muchas personas que gracias a su trabajo bien hecho, han conseguido que esos monstruos sean depositarios de la ilusión de muchos buenos profesionales.
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