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La Rioja 2007 - La hora de la cultura en la economia social
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  La Rioja 2007 - La hora de la cultura en la economia social 13/Agosto/2007 - 16:10

La hora de la cultura en la economía social 

 

Por Ramón Navarro (h)
rlnavarro@argentina.com

 

 

 

Mas allá de las serias denuncias publicas del Tribunal de Cuentas y de legisladores provinciales por el presunto manejo discrecional de fondos en la obra pública, las remodelaciones del Nuevo Teatro Víctor María Cáceres, del Espacio 73, los Salones de Plástica, Literatura y demás mejoras similares en Museos y otros ámbitos, le brindan hoy a la provincia espacios de muy buen nivel para diversos eventos culturales.

 

En los últimos años el Estado provincial ha destinado importantes inversiones a la construcción y/o refacción de espacios culturales y ha impulsado la promulgación de leyes de desgravación impositiva en beneficio de entidades comerciales que auspicien la producción de bienes culturales de consumo generados por artistas locales (Ley del Disco, Libro y Vídeo).
Con el aporte de éstas leyes y la apertura de nuevos espacios físicos para las diversas expresiones culturales, se están dando nuevos pasos en dos aspectos importantes como son el estímulo a la producción de cultura y a una mejor exposición pública en el ámbito local.
Con respecto a las leyes provinciales de estímulo a la producción de ediciones culturales han mejorado mucho sus textos originales (yo he sido crítico de sus primeras versiones) con la ampliación de los montos de auspicio y de los cupos anuales de desgravación. Son herramientas útiles sobre todo para dar los primeros pasos en los sectores de menores recursos, pero, entre otras cosas, debiera velarse por garantizar el acceso igualitario a sus beneficios a las propuestas provenientes del interior de la provincia, y además revisar la retención del Estado del 30% del total de las copias de las ediciones, cuyo monto de pérdida de venta para el artista supuestamente beneficiado, supera incluso el monto mismo que la propia ley le otorgó a través del desgravamiento impositivo al comercio privado que lo auspició.

 

La gran dificultad que aun existe tanto para las obras culturales que se producen en el marco de éstas leyes, como las producidas en forma independiente, es que luego de editadas quedan totalmente libradas a su suerte. No hay mirada macro en esto en el Estado. Entonces todo termina siendo un mero paliativo o un esfuerzo voluntarista. Frente a la imposibilidad de acceso de estas obras de artistas locales a las distribuidoras comerciales de envergadura, falta una política de promoción y protección del Estado provincial que lo compense.

 

Aún no hay mucha idea de cómo coordinar la edición de esas obras con una posible distribución posterior a través de gestiones en áreas como la Sec de Desarrollo, Sec de Industria y Comercio, Medios de comunicación, vínculos e intercambios con otros Estados, Cancillería de la Nación, Sec de Cultura de la Nación, MERCOSUR, entidades varias, etc.
En La Rioja sigue pendiente el estudio de una agenda de gestión pensada entre los hacedores y editores de la cultura y el Estado, tendiente a buscar vías alternativas de desarrollo de una política provincial sustentable para la industria cultural, en el marco de la llamada Economía Social o Tercera Vía que tanto se pregona por estos días, y que debiera posibilitarle a la cultura una mejor expansión de los productos editados localmente.
Es un campo virgen en el cual se debieran dar algunos hechos concurrentes:

 

1) Que los diversos sectores involucrados consigan reunirse para debatir sugerencias sobre los diversos mecanismos de funcionamiento y sentar las bases de una futura industria local de la cultura, calcular factibilidades, tipos, variantes y en un plazo prudente presentar propuestas consensuadas al Estado.
2) Los artistas, en tanto editores de sus propios bienes de consumo, deben constituirse en pequeños empresarios productores, darle a su actividad el marco legal y fiscal correspondiente y crear asociaciones, ongs  o cooperativas que se complementen, los nucleen y representen.
Esto también requiere de capacitación y estímulo por parte de las áreas oficiales pertinentes y respaldo para la cobertura inicial de gastos de inscripciones e inicio de actividades.

 

3) Una agenda a mediano plazo que vaya impulsando nuevas herramientas para la distribución, difusión, comercialización fronteras afuera y muy especialmente su vinculación con programas de educación y turismo.

 

4) La creación de editoras del Estado para producir libros, discos y videos.
5) La creación de un banco social. Como en tantas áreas de la provincia, es casi escandalosa la ausencia del Estado en la promoción de un banco de fomento al servicio del desarrollo, (también para la cultura como industria) en vez de mantenerse como hoy, absurda y perversamente asociado a un banco privado en un 30%, entidad que tiene el monopolio de los sueldos públicos, presta a cortísimo plazo, con riesgo cero y a intereses usurarios que están entre los mas altos del país. Uno se pregunta dónde está el ideario justicialista. Seguramente medio tapado entre tanto señor y señora de trajes caros, grandes casitas, buenas camionetas y lindos decires muna-muneros, eso sí, siempre con la fotito del General cerca.

 

 

 

Recién cuando los propios hacedores logren avanzar algo mas en la defensa de estos aspectos, las producciones culturales riojanas estarán mejor posicionadas para llegar mas allá del ámbito local, familiar y afectivo en el que hoy se editan, generando mayores posibilidades de expansión artística y económica para nuestros creadores e intérpretes.

 

Pensar la cultura independiente como una pequeña industria puede ser para algún despistado un campo de acción inusual e incluso no muy atractivo si se lo compara con otros para los cuales se requieren grandes inversiones en obra pública para infraestructura edilicia, caminos, urbanización, servicios, etc. y que naturalmente generan luego una gran cadena general de movimiento comercial interrelacionado. Pero no es menos cierto que impulsar la producción y distribución de los bienes culturales de consumo, posibilitarles viajar mas allá de su ámbito de origen y exportarse, da sus frutos importantes en el desarrollo económico y creativo, da independencia y da difusión de cultura e identidad y también genera atracción desde el turismo tal como sucede desde hace tanto tiempo en otros lugares del mundo. Buenos ejemplos son las culturas originarias en México, Perú y Bolivia, la música y la danza en Brasil, la poesía y la canción de Neruda y Parra en Chile, el tango en Buenos Aires o el folklore y los festivales en Córdoba y tantas otras provincias.

 

Al igual que en otros ámbitos de la economía social como el agro-ganadero, la artesanía, los productos regionales, etc, la cultura adolece de los mismos males endémicos. Por mas que se dé un dinero para comenzar, si falta un programa marco que asegure las precondiciones mínimas para su desarrollo, sea esto energía, agua, distribución, contactos para expansión, etc, todo muere en un asistencialismo efímero, que prolonga la dependencia, no despega económicamente y profundiza el desaliento, la degradación y la pobreza.

 

La falta de un desarrollo maduro en éstos temas mantiene las cosas sólo en un nivel elemental, que además, en el caso de la cultura, demora la esencial dinámica de construcción de nueva ciudadanía, que viene siempre de la mano de poner en la superficie social cotidiana, la creatividad, la sensibilidad, la imaginación, la curiosidad, la búsqueda, la comparación, el análisis, la indagación, el cuestionamiento, la disconformidad y los sueños.

 

Todos elementos constitutivos del arte verdadero.
Al menos en los espacios y en la ayuda inicial de las leyes. Ahí están a la vista las nuevas salas, teatros, salones, sonidos, luces, normas de fomento, etc.

 

Nos toca a los hacedores y editores culturales la responsabilidad de organizarnos y sumar voces a la agenda grande del desarrollo de la cultura riojana, pensada como industria tanto hacia adentro como hacia afuera. El cambio hacia la independencia económica de la cultura, en una sociedad hiper estatizada como la riojana, se dará forzosamente desde adentro del sector público hacia afuera, en un proceso paulatino de estímulo y promoción que hay que organizar para que tienda a ir dando alas y no a seguir captando y condicionando con el toma y daca de la dádiva y su dinámica de dependencia.

 

De todos es la tarea de la construcción de un ideario que supere la mediocridad y la injusticia.

 

Y allí no puede estar ausente nada menos que la liberación y expansión de la producción de bienes culturales, si de verdad se quiere terminar con la chatura y la falta de planificación.

 

Deben estar presentes y combinarse favorablemente en un programa provincial marco para la industria de la cultura, un banco social, líneas de créditos blandos, fondos de desarrollo de las artes en los municipios, editoras estatales, bienales, ferias, foros, socialización de los recursos digitales de creatividad multimedia, autogestión cultural en Internet, profesionales de primera línea dando clínicas y debates de capacitación, creación de cooperativas artísticas, etc.

 

¿Para cuándo será todo esto?.

 

No lo sé. Quizá para cuando en la cultura deje de haber tanta gente en silencio.

 

Estos puntos tan esperados y a su vez nada nuevos que intento repasar aquí, son también parte de La Rioja que hay que parir. O mejor dicho, volver a parir.

 

Porque para novedad, lo clásico.

 

Hace 30 años, en La Rioja existió una época de oro para las artes, y en esos días en mi querido pueblito, Chuquis, había mucha gente, había un correo, carpintería, bodega, fábrica de dulces, agricultores nogaleros aunados en cooperativa fijando el precio de la nuez, vendiendo y distribuyendo, huertas y corrales por todos lados, naranjales, lechería, quesería, carnicería, etc.

 

Después llegaron ellos, los “genios” del ideario modernista, el paradigma neoliberal, pasó con su tsunami indigno y llegó la exclusión, dejando rastrojos secos, ruinas, casas vacías, niños y ancianos pobres, éxodo social a los cinturones periféricos urbanos, y unos pocos changos arraigados a planes “Trabajar” municipales. Quedaron las empresas subsidiadas que facturan afuera, los emprendimientos privatizados de servicios, los nuevos agro-ganaderos con plantaciones y mansiones de dirigentes, caballos árabes,  faisanes, testaferros dando vueltas, ongs, fundaciones, autos lujosos. El carnaval, carnavalito.

 

Para el resto... el yaraví y la baguala triste de los planes sociales y los suelditos públicos devaluados.  Mas muna-muna. Hambre. Atraso. Desinformación.

 

¿No irá haciendo falta ya, un bosquejo de la segunda parte de la Cantata...?

 

Hoy aquí estamos, “después de la campana”, escuchando los discursos auto postulados de las mismas caras aquellas, pero hablando de reconstruir la “Rioja nueva”, así, de una, en seco, sin pudor ni autocrítica mínima.

 

La Justicia y los ámbitos de control? (se oye solo cric...cric de grillos). La reacción social del electorado? (mas cric...cric de grillos). Y esto es casi todo lo que hay, salvo honrosísimas excepciones. Y con este poquito que hay es con lo debemos construir.

 

Será de aquí a décadas la cosa.

 

Yo digo que la cultura independiente profunda debe reclamar su lugar, digno, urgente e imprescindible. Debe reconciliarse con su pueblo. Para que ese pueblo, por ejemplo, lea a Ariel Ferraro, y entonces lo ame. Y se le parezca. Y así se parecerá menos a la vieja dirigencia.
Y entonces comenzará a reclamar una nueva. Y así reclamar su lugar, digo, para asomarse al derecho de otear que hay de novedoso allí “arriba”, en esos despachos omnipresentes del mutante oficialismo - monedero. Y asomarse también abajo, a su raíz, para saber si esta vez hay algo de afán real de construcción en su sangre. Algo parecido a la democracia participativa. O si en cambio solo hay indiferencia y resignación al mero cambio de socios en la perduración de la vieja demonio-cracia riojana. Esa muerte lenta que está en la resignación diaria a la ristra de impunes facciones, internas, traiciones, asalto a los fondos, anomia constitucional, mudez de los jueces, burla a la confianza pública, silencio cómplice organizado y los miles de etcéteras tristes como espinas que los riojanos bien nacidos sabemos y sufrimos hasta el hartazgo.

 

En medio de tanta maleza por limpiar, creo en la necesidad y la importancia de debatir un programa integral para la industria cultural riojana como herramienta de construcción de ciudadanía y también como un área importante de la economía social. Pienso que este tema merece ser tratado como punto relevante en el marco de la tan anunciada decisión política general, de ir “urgente hacia la inclusión”. Ojalá se dé.

 

 

 

La Rioja, Agosto de 2007

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