EL CLUB DEL MOVIMIENTO.-
Era una madrugada fría y con neblina.
El callejón que daba a los fondos del club reafirmaba que había sido una noche muy agitada, los botes de basura repletos de restos de comida y botellas vacías eran un festín para los gatos que hurgaban casi en forma desesperada algo con que saciar su hambruna. Aún quedaba algún borracho que entonaba estrofas de un tema que le había quedado en el alma.
La puerta trasera se abrió y como pidiendo permiso salió un hombre. Su mirada atenta recorrió el panorama y automáticamente subió el cuello de su gabardina verde como queriendo tapar su rostro. El sombrero cubría su frente creando una barrera ante los ojos ajenos.
Prendió un cigarro, metió las manos en el bolsillo y espero.
Habían quedado de encontrarse a la hora en que los noctámbulos reposan, a la hora en que la luz del día se mezcla con la noche dándole un color extraño, a la hora en que se terminaba su trabajo.
La espera lo obligo a pensar y se dio cuanta que no era bueno trabajar mientras otros se divierten, pero eso era lo que el había elegido hacia ya muchos años. La noche tenia para él algo mágico, hombres y mujeres se despojaban de creencias y tabúes y se mostraban tal cual eran. Era como si se convirtieran en lo que siempre soñaron por unas cuantas pocas horas y él era su mejor espectador. Detrás de la barra entre copa y copa se había convertido en la mejor oreja de borrachos y prostitutas, en el mejor consejero y por sobre todas las cosas el amigo fiel.
Ese pensamiento le dio un escalofrío, y le retumbo en el alma. Después de esto ya no seria el amigo fiel de quienes durante tanto tiempo lo consideraron como tal....después de esa madrugada todo cambiaria.
La ruidosa pelea entre dos perros lo sacó estrepitosamente de su pensamiento y un miedo profundo le estremeció el alma.
Giro sobre sus talones, se enfrento hacia la puerta que era como el limite entre su pasado y su presente, giro el pestillo y se detuvo....
Lo detuvo lo mismo de siempre.....la falta de dinero....el maldito dinero!!!!
Las deudas de juego era su eterna condena. Tenia que pagar o pagar...
Nadie quiere perder la vida y menos él, era por eso que tenía que dejar de ser uno mas en aquel lugar. Su vida lo obligaba a ser un delator....
Mientras navegaba entre lo que debía y quería ser y hacer, un auto doblo por el callejón. Era negro y misterioso como presagiando lo que seria su existencia a partir de ese momento. Se detuvo a su lado y se abrió la puerta en forma imperativa. No titubeo, subió sabiendo que en ese momento comenzaba otra historia quizás la ultima historia en el club del movimiento.
CONTINUARÁ…
Maria del Rosario Martinez