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¿No le gusta la pederastia? ¿No le gusta la estupidez?
Porque pederastia y estupidez son dos características deseables para la aceptación del sistema.
Con sus opciones de variedad económica, izquierda radical y derecha extrema, la oferta electoral no presenta alternativa contra los patrones de conducta que hay que adoptar para el buen funcionamiento de la maquinaria.
Los candidatos presentan a la población programas específicos de trabajo que tienen la apariencia de ser productivos, progresistas, y sobre todo necesarios, pero la pederastia y la sedimentación en todos los ámbitos también son problemas políticos, como lo es la falta de una garantía de vida. Al respecto no pueden ofrecer nada porque no les es dado cambiar estas circunstancias. Al contrario.
Al ser representantes de partidos mayoritarios la tienen hecha, los partidiarios se han alineado en sus filas, han percibido beneficios, asisten a mítines, manfiestan su apoyo obedeciendo a razones partidistas más que al trabajo individual de cada uno de ellos. Como son solo una pieza de una estructura formada, de algo que ya está hecho y organizado, su verdadero trabajo es velar por tal organización que les pone la mesa servida. Velar porque la ideología y los patrones de conducta sean generalizados, porque la estulticia y la pederastia también lo sean. Ese es su verdadero trabajo, proyectos de partido tienen a veces un origen federal, fuera de su ámbito. Los candidatos establecidos sólo están continuando algo que ya está hecho. Los problemas políticos que les llaman la atención y que mencionan en los discursos nada tienen que ver con los aspectos más cercanos a la vida del individuo, aquellos que dimanan de su contorno y provienen de su interrelación con los demás. De esta manera la verdadera problemática que nos aqueja, nos oprime y sirve de poderosa limitante para el desempeño y el progreso permanece intacta. Favorece a unos, perjudica a otros, e ignora la línea sutil que divide lo negativo de positivo, lo lógico de lo irracional.
Por tal razón se ha invitado a la opinión a sacar a luz lo negativo, lo irracional, y no volverlos objeto tabú. Compromisos de origen, compromisos de partido y grandes necesidades impiden a la población mostrar a la opinión pública aquello que obviamente está mal, y buscarle una solución política, ya no sólo un desahogo catártico. Y esa propuesta se llama Democracia Directa, que no recae nada más en quien esto escribe, sino que nos incumbe a todos porque es otra forma de trabajo. No es un partido más para llevar al poder a un líder. No cuenta con apoyo oficial hasta la fecha, ni privado. sin embargo es alternativa real y posible. La revisión de lo que es negativo, de lo que es malo, es una necesidad. Supongamos que algo de eso que es negativo ocurre en las clases más necesitadas, a la gente más humilde. Pero como no visitamos sus hogares, o no estamos en contacto con ello no nos damos cuenta. Si les preguntamos cuál es el origen de esa negatividad nos dirán que los partidos en el poder. Pero no hay forma de saber. Jamás entramos en comunicación con ellos en la vida diaria, jamás hablan del asunto, se han sumado a la negatividad por razones de supervivencia.
La aceptación de la negatividad como condición de ser no ha sido debatida. No ha sido considerada problema político. Problemas los cárteles, las ejecuciones, la privatización de Pemex, el rechazo a los emos y los abiertos golpes de la delincuencia. Problema el narcomenudeo.
Pero la aceptación de la negatividad como condición de ser y su efecto práctico en nuestras vidas no ha sido sometido a consideración. Y es tiempo de hacerlo.
saludos
César Espino Barros
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