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Ayer, al ver la movilización a favor de la alcaldesa provincial de nuestra ciudad, sentí volver a los peores momentos del fujimorismo: la evidente creación de clientela política, sirviéndose de la necesidad de los sectores de mayores necesidades. Lamentablemente, no aprendemos, por tratar de mantenerse en el cargo, la alcaldesa sigue destruyendo la poca conciencia democrática de algunos de nuestros con-ciudadanos. En vez de dedicarse a estas patéticas acciones, debería preocuparse por cumplir sus promesas electorales para tratar de revertir su inminente vacancia.
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