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Alberto Gómez ha dicho que cuando se decidió, hace un año, remunerar a los concejales liberados todos los grupos políticos estuvieron a favor. El tema de los “sueldacos” de los liberados de nuestro Ayuntamiento otra vez a flote como la porquería en el mar.
Los concejales liberados, sus asesores, sus técnicos, en definitiva, y como me dijo uno de ellos, los altos cargos del consistorio, parecen que uno a uno despiertan de su particular sueño de hadas. Mientras la política siga siendo una profesión los ciudadanos seguiremos desconfiando de nuestros cargos públicos. Parece que poco a poco los desconsiderados sueldos llegan a su fin en favor de las arcas municipales, que en los tiempos de crisis que vivimos deben estar a disposición de la ciudad en general y no de los políticos en particular.
Cuando una crisis económica lo requiere, nos quieren hacer pensar que cuando un representante político renuncia a su sueldo de liberado debe ser un acto reflejo, pero el problema no se palia con dejar de cobrar para ayudar al municipio, el problema está en convertir la ocupación de un cargo político en algo rentable para quien lo ejerce, gobernar se ha convertido en algo muy rentable, han hecho de la política una profesión.
Estamos perdiendo la confianza en nuestros gobernantes, los comentarios en la calle, en los lugares públicos, con la familia, en los centros de trabajo, nos muestran la desconfianza que nos producen las formas de hacer política que sólo beneficia a los poderosos capitalistas y a nuestros gobernantes.
Gobernar por devoción. Lo dicho: más vale quien más sirve a los demás y quien más trabaja por los demás.
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