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El Último Resplandor De La Luna, El Regreso del Faraón 90 (Sailor Moon FanFic)
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TikoJns
 
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  Capítulo XVII – Las Maquiavélicas Ideas Del Gran Sabio 19/Noviembre/2008 - 11:14

Capítulo XVII – Las Maquiavélicas Ideas Del Gran Sabio

 

 

-      Buenas tardes… ¿Puedo pasar?

 

-      ¿Qué se te ofrece Iron Mouse? No ves que estamos ocupados.

 

-      Disculpe su majestad, lo que sucede es que ha llegado esta carta de parte de Sailor Caronte.

 

-      ¿Qué dice?

 

 

-      Su real Alteza Faraón 90:

Lamento en demasía turbar su tranquilidad pero es menester que fuera avisado de lo que ha ocurrido en el Manicomio Entropía desde que ha partido rumbo al Palacio Solar.
Después de que la respetable Señora Patiyanu fuera liberada y llena de energía con la sangre de los internos en aquella noche memorable, fui avisada por una de las prisioneras más ancianas de nombre Zirconia de que hubo 4 personas que se negaron a colaborar con su energía para el fin que usted se proponía. Cuando los hube encontrado, estos traidores han respondido a los nombres de Esmeralda, Kaolinet, Diamante y Mimette quienes conscientes de su traición se atrevieron a lanzar injurias hacia nuestra nueva ama Patiyanu, asegurando que ella voltearía su poder en su contra para ser ella la dueña del Universo en un futuro lejano dejando a su Majestad fuera de la jugada.

 

Ante tales declaraciones y ultrajes a la dignidad de nuestra Señora, fueron conducidos a la cámara de castigos donde fueron sometidos.

 

El motivo de la presente es además de ponerlo al tanto, pedir su autorización para coserles la boca o en su defecto que ingieran ácido para que aprendan a no decir malas palabras. Le recuerdo que esto los dejara imposibilitados fonéticamente de por vida pero considero que es castigo suficiente para que jamás turben el orden perfecto que siempre he mantenido en Entropía, a no ser que usted prefiera aplicar otro correctivo.

 

Agradecería su respuesta a la brevedad.

 

Sailor Caronte.

 

Directora y Jefa de seguridad del Centro de readaptación y reflexión “Entropía”

 

-      ¡¡Quiero su cabeza!! – gritó Patiyanu colérica golpeando la mesa – Merecen eso y más, nadie se atreve a faltarme de esa manera.

 

-      Tranquilízate, te recuerdo que aquí las órdenes las doy yo y que tu palabra jamás será más que la mía, que sea la última vez que escucho que das órdenes en cuanto a asuntos míos se refiera.

 

 

Patiyanu no tuvo más opción que callarse y tragarse su coraje. Salió del gran salón.

 

 

-      Dile que voy para allá- Ordenó el Faraón a Sailor Iron Mouse.

 

 

Cuando él llegó al planeta Anatem, Caronte refirió de nuevo los detalles de la carta pero añadió también la importante intervención del Gran Sabio en todo esto. El Faraón incrédulo jamás esperó una traición de su parte.

 

 

Hacía ya milenios desde que se conocían, quizá desde el principio de los tiempos, fueron compañeros de juegos en la infancia, estudiaban en compañía e incluso fraguaron juntos la rebelión en el Paraíso. Lo que había entre ellos es lo que puede llamarse amistad. Sin embargo si hablamos de dos figuras importantes de la maldad el término anterior suena ridículo e inverosímil, definámoslo entonces como una relación diplomática, cordial y de interés mutuo.

 

 

El Faraón de Tau recorría los viejos, sucios, oscuros y malolientes pasillos de Entropía desconcertado hasta que llegaron a la celda de máxima seguridad del Gran Sabio.

 

 

-      Déjanos solos Caronte, si necesito algo te llamaré.

 

-      Como usted ordene – Se retiró en silencio.

 

 

Esta celda estaba totalmente sumida en las sombras, ni una vela ni un rayo de luz existían en rincón alguno, el Gran Sabio a toda costa quería evitar que la gente mirara su horrible rostro descarnado. Sus mejillas agujeradas y su falta de párpados eran el paso de cucarachas y de insectos hacia sus fauces para alimentarse un poco. Con atención se escuchaba el paseo de las ratas por el suelo; la atmósfera húmeda era sofocante e insoportable.

 

 

-      Eres rápido Faraón, pensé que demorarías más.

 

-      ¿Qué pretendes?

 

-      Esa mujer malsana será tu ruina ¿Acaso no lo ves? ella no es la rosa dorada de gran valor, ni ningún diamante en bruto, se está haciendo vieja, no niego que en su buena época tuvo la gloria de la belleza y que a todos nos mantenía ciegos de delirantes ilusiones con su modo de andar. Una burbuja de virtud y castidad, pero esa burbuja frágil se rompió. Te conoció. Se enamoró y quiso la gloria, quiso la devoción de miles de súbditos al igual que tú. Su amor le envenenó el alma. Nunca tuvo temor de Dios mientras creyó que algún día la tomarías en serio. Eras su verdad, su fe. Porque así éramos de jóvenes… estúpidos e ingenuos.

 

-      No entiendo que es lo que me quieres decir. Sólo escucho tonterías de un anciano loco que ha perdido el respeto de sí mismo.

 

-      Analízalo, ella te adoraba pero jamás la miraste, seguías obsesionado con las otras dos inalcanzables criaturas perfectas de la creación, pero ellas jamás te miraron. Patiyanu que también era perfecta y que para todos era una quimera creyó que siempre sería inferior, las odiaba y se preguntaba qué era lo que tenían esas dos que ella no poseía. Mataste sus buenos sentimientos.

 

Planeamos entonces la rebelión, derrocar al Creador y obtener la gloria, despedazar a todos los que nos odiaron. Acabar con la vida de aquel reino hipócrita, hacer de ese gran Paraíso un palacio de soledad y llamas ardientes como las del mismo infierno. Un nuevo reino nos esperaba mientras en el ocaso moriría el viejo Dios y nosotros nos levantaríamos, grandes y fuertes. Invencibles pues la victoria se percibía en el aroma de la pólvora de la batalla, en el sonido de las bombas, al mirar a las águilas y dragones de terror en el cielo rojo. Grandes al fin tú y yo hasta que Patiyanu queriendo salvarte de la perdición lo arruinó avisando a Sailor Uranus del lugar que era nuestro cuartel.
Uranus recorrió el Paraíso entero con sus tropas, planeó con Sailor Neptune una emboscada terrible y entre gritos de guerra, cruces, sangre y calaveras nos derrotó.
Tratamos de huir con la dignidad en el suelo, con el sueño en la basura pero esa desgraciada Sailor Galaxia ya estaba frente nuestro con su espada desenvainada aparentando ser más grande y poderosa que nosotros con esa mirada fija que jamás olvidaré. Después llegó Serenity con Mars, Jupiter y Venus.  Mercury como estratega desde el gran castillo miraba. La artillería a cargo de las Sailor Animates y nosotros rodeados. La derrota era grande. Grande sólo era el fin.
Los maldijiste a todos. Sailor Uranus dio la orden de atacar y fue allí donde irrumpió Patiyanu implorando por tu vida. Esa desgraciada tuvo el cinismo de traicionarte y luego regresar a tu lado.

 

-      Eso significa que me es fiel.

 

-      ¡Eso significa que es una traidora y que merece la muerte! Tuvimos la suerte de poder escapar entre una llama de fuego azul utilizando la poca magia negra que nos quedaba antes de que Galaxia y Neptune nos acribillaran. Llegamos a Tau y allí con Patiyanu en brazos la hiciste tuya. Ella por amor, y  tú por instinto animal. Al juntar su simiente con la tuya absorbió por completo toda tu maldad. Después nació su hija, esa alma endemoniada que sólo usaron para otros planes siniestros. Pobre Beryl, encerrada en la mazmorra más profunda de todas después de haber acabado con el Milenio de Plata, cumplió su misión y ahora está sumida en un lugar peor que este que tanto asco te da. Deberías visitar a tu hijita un día. No sea que un día quede en libertad y lo primero que haga sea matar a sus papitos.

 

-      ¿Cuál es el punto al que quieres llegar?

 

-      Es fácil, Patiyanu sabe que tú eres la causa de su desgracia y ambiciona el poder, yo se que se pondrá en tu contra cuando vea ganada la batalla. Solo quería advertirte Faraón, hacerte ver que también es posible engañarte, que ya no eres tan fuerte como antes.

 

-      No digas tonterías.

 

-      ¿Has acabado con las Sailor scouts que luchan por el amor y la justicia?

 

-      No pero ya estoy actuando sobre ello.

 

-      Si necesitas ayuda, ten por seguro que no me moveré de aquí.

 

-      Lo tendré en cuenta.

 

 

El Faraón se fue sin creer ni una sola palabra del Gran Sabio. Su orgullo no le permitía escuchar consejos. Nadie era digno de hacerlo. Regresó entonces y a todo galope al Palacio Solar.

 

 

Pero el Gran Sabio no hablaba por hablar. Todas y cada una de las palabras dichas en el encuentro anterior tenían un objetivo personal. El encierro, el rencor y el tiempo le habían dado una capacidad de análisis como ningún otro ser en el universo.

 

 

Cuando alguna vez fue niño la timidez era una de sus características más notables. Se le veía solo en la escuela con ansias de jugar con los demás pero por una extraña razón nunca lo hizo. Estaba solo en un rincón mirando. Siempre creyó que no era como los demás pues no era  tan rápido en los deportes; su cuerpo no era esbelto, era robusto y de poca estatura lo que tampoco fue de gran ayuda para destacar en sociedad. Sus ojos al contrario de todos los demás que eran azules y verdes eran negros como la noche misma. Su cabello tampoco era abundante, dorado y enroscado, era poco y de color oscuro. Seguía mirando escondido entonces. Era como si Dios no se hubiera esmerado en hacerlo. Estas características lo hacían parecer un punto negro en la tierra de los ángeles. Evitado a toda costa por su rareza. Seguía en el mismo rincón mirando. Conforme fue creciendo y buscaba el amor entre sus compañeras  de estudios solo recibió rechazos por su cuerpo que día a día se volvía más redondo. Pero ni la comida llenaba la soledad.

 

Tampoco era el mejor en las ciencias exactas, a decir verdad no tenía gracia alguna y estaba consciente de que era mediocre en todos los aspectos en los que los demás destacaban.

 

Un día fijó sus ojos en la que más tarde sería la guardiana del planeta Neptuno. Durante noches enteras preparó una exquisita carta que hubiese dejado en ridículo a los autores del Romanticismo, la perfumó con exóticas fragancias y acompañada de un ramo de hermosas flores la dejó en el balcón de su amada.

 

Michiru nunca dijo nada ni al día siguiente ni posterior, únicamente respondía con miradas pícaras y risitas nerviosas que fundaron ideas equivocadas en el corazón del tímido regordete.

 

Cuando hubo pasado una semana entera y sin saber de cierto que impresión había causado, él saco valor desde debajo de las piedras y fue al encuentro de Michiru.

 

La chica de las profundidades marinas lucía más bella ese día con su largo vestido blanco y cuando cruzó sus ojos con los de él volvió a reír coquetamente.

 

 

-      Eh… Hola… Bueno yo… la verdad yo… quería, digo si tú… eh… te gustó mi carta.

 

-      ¿Te refieres a esta?  - Contestó la chica con naturalidad.

 

-      Sí… - Casi ni se atrevía a mirarla porque era tan hermosa que creía morir.

 

-      Es buena – Dijo Haruka quien llegaba detrás de una puerta y había alcanzado a oír todo.

 

-      Por supuesto que es buena, nos hizo reír mucho ¿verdad Haruka?

 

-      Desde luego, hace mucho que no leía tantas tonterías, lo mejor es que le hemos dado un uso ecológico.

 

-      Así es, la usamos para limpiarnos las fosas nasales, espero no te molestes – dijo Michiru.

 

-       Amigo, perdona la franqueza pero aún no comprendo cómo es que pretendías cortejar a Michiru con esa cara tan simple, la mirada vacía, el cerebro hueco y el abdomen lleno de grasa.

 

-      Pero lleno de poesía Haruka.

 

-      Que va, no son más que palabras vanas, seguro ni conoce su significado… Mejor bésame Michiru.

 

 

Kep (como era conocido entonces el Gran Sabio) no podía soportar tal humillación. Estupefacto no podía irse de allí. Estaba inmóvil frente aquel beso ardiente de las dos amantes. Un grito desesperado se formaba en su garganta, lágrimas querían caer pero haciendo un esfuerzo sobre humano se contuvo.

 

Haruka tomó la carta, la rompió, rió y se fue con Michiru de la mano.

 

Él sentía cómo la respiración le faltaba, bajó la mirada y encontró en el suelo algo más que trozos de papel, también estaba su dignidad.  

 

 

Regresó a la oscuridad de los rincones y siguió mirando. A partir de ese momento sus observaciones a la sociedad se hicieron más minuciosas. Ponía especial atención a las reacciones de todos y por todo. Estableció patrones de comportamiento, cayó en cuenta del gran poder de las palabras; sabía casi con completa certeza cómo se comportaría alguien a distintos estímulos. Se dio cuenta del poder de la manipulación, sus efectos, consecuencias y jugosas ventajas.

 

Empezó a aplicar sus nuevos conocimientos con seres que consideraba débiles y probaba sus teorías. Probó más tarde con el chantaje y al poco tiempo la ironía, la retórica y la mayéutica eran sus armas letales para conseguir lo que quisiera e incluso dominó después la telepatía.

 

 

Con estas nuevas habilidades de convencimiento, fue adquiriendo fama y destacando poco a poco hasta llegar a conocer al futuro Faraón 90 de Tau, pasaje de la vida de ambos del que nos ocuparemos más adelante.   

 

 

Retomando el rumbo de nuestra historia podemos resumir que el Gran Sabio quería ser quien moviera los hilos en la guerra fría que se estaba llevando a cabo contra las Sailor Scouts y ser él quien acabara personalmente con Sailor Uranus y Sailor Neptune.

 

 

Patiyanu esperó el regreso del Faraón y actuando con normalidad esperó un momento de distracción en el que se fue rumbo a Entropía a castigar a quienes osaron no ayudarla con su plan. No obstante la prohibición y advertencia que se le había hecho ella haría valer su palabra.

 

 

Sailor Caronte no creía que estaría de regreso tan pronto y sorprendida le preguntó qué había sucedido. Patiyanu solo le grito que la llevara con los traidores y se dirigieron a la celda de alta seguridad del Gran Sabio por pasillos que el lector ya conoce del horrible manicomio.

 

Patiyanu ordenó a la anciana Caronte que abriera la puerta y ésta sin rechistar obedeció velozmente. Se retiró dejándolos a solas.

 

 

-      Sabría que vendría Señora Patiyanu.

 

-      Me complace saberlo, de modo que ya te encuentras preparado para desaparecer de éste mundo.

 

-      ¿Y qué le hace pensar que eso es lo correcto?

 

-      Yo jamás me equivoco.

 

-      El orgullo se la comerá Señora… pero… ¿qué pasaría si le dijera que hay algo que le están ocultando ¿qué haría, me mataría?

 

-      No entiendo… ¿Pretendes confundirme?

 

-      GS: Desde luego que no, yo jamás haría tal atrocidad, mucho menos a una dama tan distinguida y bella como usted lo es. Lo único que pretendo es que tenga un panorama más amplio de lo que sucede y no cometa la tontería de deshacerse de mí… puedo serle útil. – la miraba a los ojos pretencioso.

 

-      Sospecho que esto no es más que una treta para salvar tu vida.

 

-      Podría serlo, pero yo he perdido mi vida desde que llegué aquí, no puedo perder más. Si usted me escucha le aseguro que no se arrepentirá.

 

-      Habla rápido. Te escucho.

 

-      Usted conoce el fin de la leyenda de la guerra de las Sailors. Sabido es que al final la más fuerte no fue Sailor Galaxia sino Sailor Moon. Ella es la verdadera legendaria Sailor Scout… y… si no mal recuerdo, ya la venció a usted, y a mi… y aunque suene increíble también al gran Faraón. ¿En serio pretende usted ganarle y quedarse con el universo entero en este nuevo intento?

 

-      Por supuesto, gobernaré con el Faraón desde luego.

 

-      Los dos sabemos que eso es mentira, usted sólo lo usará y buscará el modo de deshacerse de él, a mi no puede engañarme, mi ingenuidad no es tan grande, puedo leer su mente. El poder es enloquecedor y buen aliado… usted lo desea, el poder es del más fuerte, de uno sólo y no se comparte… usted no lo compartirá con el Faraón.

 

-      Habla claro ¿Qué quieres?

 

-      Salir de aquí desde luego.

 

-      ¿Y qué gano yo con ello?

 

-      Deshacerse de Sailor Galaxia, ella sigue siendo más fuerte que usted y yo sé el modo de quitarla de en medio.

 

-      ¿Qué tiene que ver Galaxia con que tú salgas?

 

-      Usted al haber estado en Entropía sabrá que la labor del guardián del manicomio es eterna y jamás podrá dejar este lugar, es un recluso con poderes superiores pero incapaces de librarlo del lugar. Sailor Caronte es la guardiana en cuestión, ella ya es vieja y está cansada de todo esto, sigue en pie debido a que los demonios no tienen magia pero de tenerla, ella sería derrotada fácilmente. Lo que yo le propongo es tan simple como un intercambio.

 

-      ¿De qué?

 

-      Traiga a Sailor Galaxia ahora que se encuentra enferma y postrada en esa cama gracias a las mentiras del que cree su esposo. Será fácil pues no opondrá demasiada resistencia.
Esperemos un tiempo a que se adapte a su nuevo hogar, que vea el horror del infierno en vida y cuando sienta ganas de matarse usted ordenará a Sailor Caronte que acabe con ella. Galaxia por instinto se defenderá y tendremos una batalla de scouts memorable.
No apostaría por Caronte porque los poderes de Galaxia son mayores y la que resultará muerta será Caronte. Galaxia como es de buen corazón enloquecerá al verla fallecida entonces yo podré escapar de éste lugar y Galaxia como premio por vencerla tendrá que ocupar el cargo de guardiana y jamás podrá salir de aquí, ni siquiera Sailor Moon podría sacarla.
Si lo piensa detenidamente Patiyanu su venganza contra ella será más cruel dado que los demonios de este sitio son desquiciantes, ellos enloquecieron a Caronte con sus delirios y seguro harán lo suyo con Galaxia. Sé que gozará viéndola enloquecida y perdida en la demencia. No hay nada que perder. ¿qué le parece?

 

-      Has tenido una buena idea. Pero ya que hayas salido de aquí seguro querrás entonces acabar conmigo.

 

-      De ninguna suerte señora Patiyanu, mi agradecimiento será infinito y me iré a algún planeta lejano a vivir mi vejez, contento de saber que la guerrera de cabellos dorados fue aniquilada en sus bellas manos.

 

-       Trato hecho Gran Sabio.

 

-      Antes de que se marche señora, es menester recordarle que esto debe de quedar en absoluta confidencialidad, quizá el Faraón no esté muy de acuerdo con nuestro proceder. Recuerde que alguna vez quiso dar todo por ella.

 

-      No te preocupes. Mañana preparo el traslado de Sailor Galaxia a Entropía.

 

TikoJns
 
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  Capítulo XVI – "Él es mío" - Fiore se enfrenta a Serena 19/Octubre/2008 - 10:02

Capítulo XVI – "Él es mío" - Fiore se enfrenta a Serena

Y Serena cayó como muerta. Mientras que, desde el firmamento, el Faraón 90 miraba divertido.

- ¡Serena!, ¡Serena! ¡Serena por favor despierta! – Gritaba Amy desesperada

Pero ella no reaccionaba.

- ¡Serena por favor despierta! Debes ser fuerte.

Minutos eternos duró la pequeña muerte de Serena.

Cuando hubo despertado notaba como el aire le falta poco a poco y las ideas eran tan claras como un vidrio empañado, como la neblina de la carretera a las 6 de la mañana. La sangre se hiela y el miedo se condensa.
Confusión. Serena es presa de la confusión. Pierde control poco a poco de sus sentimientos. Comienza el camino del verdadero dolor.
Nada de lo que había sufrido antes se comparaba con este momento. La gloria pasada, los mimos que la vida le había dado ya no estaban. La Sailor scout más poderosa estaba destrozada por dentro, era sólo el armazón de lo que fue, un objeto inamovible digno de lástima.
Y el Faraón 90 reía a carcajadas.
Tiembla, tiembla como una niña asustada, se siente incrédula, se niega a creer las palabras de Darien, las malditas palabras de Darien que generan más dolor que el que hubiese tenido si no hubiese decidido semejante estupidez.

La carta se comprime fuertemente en la mano furiosa y desconcertada de Serena. Con la cabeza gacha siente como las primeras lágrimas salen rebeldes de sus ojos azules y de inmediato caen al suelo. Una sigue a la otra.

¿Qué hacer sin Darien? Serena sentía que la vida se le había acabado.
¿Qué pasaría si no lo vería nunca más? ¿Tendría que conformarse con verlo en sus sueños? ¿Qué demonios haría con lo que ella sentía? ¿Qué demonios pasó? ¿Qué estuvo mal?
Seguro su forma de ser le desagradaba, quizás su risa o su peinado tonto, tal vez que comía muchos dulces, o que era dormilona, puede que haya sido muy cursi, o de plano era el hecho de ser Serena Tsukino, y así uno a uno de los defectos de Serena pasaron a ser motivo sospechoso de su abandono. Era el momento en el que deseaba no ser ella misma.

Callada, seguía en silencio, esa horrible falta de sonido y de vida la aterrorizaba. Serena no sabía definir si estaba triste, enojada, furiosa, suicida o todas a la vez.

Hay demasiada destrucción en su mente, sus lágrimas no apagan la llama de la desesperación y sus rodillas parecen ruinas frágiles. Cae al suelo de rodillas y se lleva las manos a la cara. Llora desesperada, como si fuese la última vez que lo hiciera.

Sus sueños están en la basura, su corazón en el más asqueroso lodazal.

Amy la mira desconcertada sin saber qué hacer, en los libros que lee nunca le enseñaron como reaccionar frente a la decepción amorosa de una amiga.
Se siente impotente, inútil, estúpida, por primera vez no encuentra la solución a un problema. Mira entonces su inteligencia rebajada ante el amor, dado que no sabía que recomendar puesto que nunca se ha enamorado realmente.

No para de llorar, siente una lanza que la parte, que la desangra, él se fue con el equipaje de ilusiones de Serena, se siente robada, le debe tantísimo amor, se ve minimizada ya que nunca le pidió opinión para decidir algo así.

¿Cómo podía ser tan idiota para pensar que Serena sería lo suficientemente fuerte para vivir sin él?
¿De plano era tan imbécil para decir que ella se encontraría a alguien más? Si al final después de todo lo vivido la botaría cobardemente, ¿qué ganaba con besarla?
Que despiadada recompensa le tenía el destino después de tantas batallas.
¿Dónde está la bolsa destinada a reciclar, esa donde se desecha 3 años de vida?
No podrá poner allí las frases, los momentos, las tardes, las caminatas por el parque, las salidas al centro comercial, los helados, los viajes, las risas, las pláticas, todo, todo, todo ¿dónde se daba en adopción a un amor fallido? Al cajón donde se guardan las penas ya no le cabe ni una más, sus alas fueron arrebatadas, cómo volaría de la tierra gris del dolor si la herida en el corazón se abre segundo a segundo, lágrima tras lágrima, se desangra poco a poco.
¿Qué fue Serena entonces? ¿Un error? ¿Alivió de las tristezas? ¿Salvadora sin recompensa? ¿Heroína sin final feliz?
Tenía tantas cosas que reclamar, que preguntar, que gritar y ni siquiera Darien seguro podrá responder ya que hasta para eso le falta valor.
La posición de Darien era muy cómoda, como le duele verla envía a Amy en su lugar, como a él le duele hay que entenderlo ¿pero quién entiende a Serena?
La razón y el corazón batallan a muerte. La razón le dice que es cruel lo que su ahora ex novio le hizo, el corazón habla para decir que él no es malo y debe entenderlo… y ella entre la espada y la pared.
Llora, llora, llora el alma de Serena quien aún no entiende que la vida jamás es justa, y es en este momento cuando se enfrenta a la más cruda batalla de su vida, contra el cruel enemigo de lo desconocido, el fantasma de la soledad. Está a media batalla herida de dudas ¿podrá levantarse? Se pregunta si servirán de algo sus pasos lentos en la carrera contra la madurez porque hasta este momento no han servido para nada.
También la Señora Patiyanu se ríe de Serena, lo escucha en el viento, ese airecillo leve que la toca por lástima.
Es el destino y hay que enfrentarlo aunque duela, si muere en el intento sólo le pide a Dios que algún día ya no se sienta así, que arranque con toda su furia el dolor que la atenaza y que un día y sólo un día alguien piense en ella, no como la salvadora de la humanidad, sino como alguien por quien preocuparse, merecedora de amor, una meta en la vida de otra persona. Ruega no sentirse así.
Sin embargo Dios no le contesta, la pesadilla es real, es la esclava de su propio dolor.

Amy se acerca temerosa a abrazar a Serena sin saber aún que decirle de consuelo. Sin embargo recibe como respuesta a su inexperiencia un empujo y Serena sale corriendo desesperada de la habitación, toma sus zapatos y se interna en la tormenta que azota a Juban. Amy corre tras ella, le grita que se detenga pero Serena ha perdido la razón. Ella ya no piensa, se está volviendo loca.

Los truenos, banda sonora de su dolor, ya no la atemorizan, lo que le aterra es la soledad y este nuevo estado de independencia obligada a la que se ve sometida y a la que tanto huye.
Sus ojos no se secan, llora cómo jamás había hecho, se siente abandonada, incomprendida e impotente. Él no la dejó hablar, no la dejó convencerlo de lo maravilloso que era su amor, no la dejó ponerse de nuevo a sus pies, ser su incondicional, no la dejó ser la esposa perfecta, ni absorber por siempre sus problemas, no la dejó sufrir los sufrimientos de Darien, no la dejó convertirlo en el hombre más perfecto del universo con el poder de su gran amor, ella cree que él no la dejó ser feliz, quizá si se hubiese arrodillado ante él las cosas serían diferentes…

Ahora Serena siente que fue su culpa, que era mejor sacrificar su juventud, sus amigas, su cuerpo y otros sueños para pasar la eternidad con Darien, piensa que no pagó el precio necesario y por tanto merece sufrir, no corre por amor, corre por necesidad, porque se ve desprovista de su droga de amor, de su placebo que la hace creer que su codependencia era sinónimo de felicidad.

El lector podrá creer que las ideas de Serena son equivocadas y que nadie en realidad obraría así, sin embargo la realidad siempre superará a la ficción dado que millones de mujeres sacrifican hasta su propia esencia por la persona que dice amarlas, que hacen que su pasión sea más grande que su dignidad. Estas mujeres se encuentran en la calle, en el supermercado, en el transporte público, en las iglesias y quizá hasta leyendo esta historia.

Las calles expectantes la ven correr, empuja a cuanta gente se pone a su paso. Los automóviles pasan a su lado y la salpican. Pero ella no siente, no se da cuenta de nada, solo quiere verlo.

Sigue la ruta del camino al departamento de Darien. Y allí siguen esos lugares, esos sitios donde alguna vez pasaron de la mano, donde se besaron y se dijeron “te amaré por siempre” y que llevan una parte de ellos. Las imágenes de su relación entera pasan por su mente como si fuesen un mal cortometraje de poco presupuesto y no para de llorar.

Amy haciendo esfuerzos extra humanos no puede alcanzarla, la mira muy lejos lo cual no le impide darse cuenta del rumbo que toma. Insegura de qué hacer llama al departamento de Darien.

El teléfono suena y Fiore deja de ver la televisión. Se levanta y se pregunta quién será. Mira en el identificador de llamadas el número del móvil de Amy Mizuno. Un extraño presentimiento lo acosa, supone que algo salió mal. Contesta el teléfono.

- Fiore: ¿Hola?
- Amy: ¿Darien?
- Fiore: No… Lo siento pero Darien no se encuentra ¿Quieres dejarle algún recado?
- Amy: ¿Quién habla? – preguntó extrañada puesto que sabía que Darien vive solo.
- Fiore: Jeje… bueno, creo que si vivo con él se entiende que no somos simplemente amigos ¿verdad? Verás él y yo…
- Amy: Escúchame bien, no me importa quien seas o que relación tienes con él, pero es urgente que sepa que Serena está desesperada, se volvió loca y que salió corriendo de su casa, yo no pude alcanzarla y es muy probablemente que vaya a verlo a su departamento.
- Fiore: Claro… yo le digo, no te preocupes, yo me encargo.

Fiore colgó el teléfono. La noticia de un encuentro con Serena lo paralizó un momento y pensó:

- Conque Serena viene para acá, seguro llegará hecha un mar de llanto y mi querido Darien se conmoverá y regresará con ella, es capaz de besarlo frente a mí porque esa desgraciada es capaz de todo. Eso no puede ser, No lo permitiré, no permitiré que deshaga todo lo que he construido, no me lo quitará dos veces esa estúpida. Si Darien habla con ella lo hará sufrir, él se alterará y yo debo protegerlo prefiero que sufra ella a que muera de tristeza Darien… o yo… Es hora de que Serena se largue de su vida de una buena vez.

Resuelto a jugarse el todo por el todo, tomó de nuevo el teléfono y marcó el número del celular de Darien.

- Hola Fiore ¿Qué pasó?
- Hola, oye quería pedirte un grandísimo favor, anda di que sí .
- Darien: ¿Qué necesitas?
- Fiore: Es que me faltó harina para hacer el pastel de chocolate que tanto te gusta. ¿Podrías ir al supermercado por un poco?
- Darien: Pero estoy bastante lejos del supermercado, estoy a punto de llegar a casa.
- Fiore: Anda, por favor, en verdad lo necesito, está lloviendo y tú estas en el auto, ve por favor ¿si?
- Darien: De acuerdo. Llego más tarde entonces.
- Fiore: ¡Bye!

Con ese pretexto infantil Fiore tendría más tiempo para su plan.

Entre tanto, Serena subía temerosa las escaleras con la respiración entrecortada y creyendo que las piernas se le derrumbarían de tanto temblor.

Tocó la puerta del departamento de Darien. Esperaba con toda la fuerza de su corazón que él abriera lentamente la puerta, que la mirara a los ojos y adivinara que el brillo de sus pupilas era de puro amor, que de un impulso la abrazara fuertemente, la estrujara y le dijera “amor, perdóname, no es cierto nada de la carta, soy un idiota, no quiero perderte, no te dejaré nunca más” que la besase como jamás lo había hecho, la cargara, le diera vueltas en el aire y todo tuviese un final feliz, como en el cuento llamado “Tokio de Cristal” , ese mismo cuento que se desmoronaba ante sus pies.

Fiore caminó con cierto aire de superioridad y triunfo, dispuesto a tirar a matar, era necesario alejarla de una buena vez, dar un golpe certero. Tomó la perilla de la puerta y la giró lentamente, al abrir encontró a una Serena empapada de la ropa y en llanto, con la cara demacrada y la dignidad en el suelo.

- Fiore: ¡Serena querida! Que sorpresa tan agradable… ¿Se puede saber a qué has venido? – dijo con notoria gentileza falsa, de esas que pretenden más un insulto que una muestra de afecto.
- Serena: ¿Qué… tú… qué estás haciendo aquí? – dijo muy confundida.

Justo al terminar de pronunciar estas palabras percibió el aroma de la comida recién hecha, el sonido de la televisión y se percató de que Fiore vestía la camisa azul de Darien que tanto le gustaba y que, por si fuera poco, usaba también el mismo perfume que ella le regaló en su cumpleaños. Serena se preguntaba por que se hallaba “tan cómodo y acoplado” en el departamento de su amado.

Entonces una idea descabellada le pasó por la mente. ¿Ellos estaban juntos? Ahora creía entender muchas cosas.

- Fiore: Bueno Serena… - soltó una risa burlona – yo vivo aquí. ¿Acaso Darien no te lo contó? Jeje supongo que aún no lo ha hecho puesto que has venido… porque la verdad ya no tienes nada que hacer aquí, ya no eres bienvenida.
- Serena: No…, no lo sabía ¿Hace cuánto que estás aquí? ¿A qué te refieres? – no podía disimular su sorpresa.
- Fiore: Ay mi Darien, seguro aún quería mantenerlo en secreto, ni modo, ya te lo conté, oops jiji, espero que no tengas ningún problema, digo, “Dari” ya no es tu novio, pero no te preocupes querida Serena, está en buenas manos, yo lo cuidaré bien, si me lo propongo hasta mejor que tú. – La miró fijamente a los ojos de modo desafiante.
- Serena: No me has respondido lo que te pregunté ¿Qué haces aquí? – Serena entraba en curiosidad desesperante.
- Fiore: Oh lo siento, pero es que cuando hablo de Darien pierdo la cabeza – decía provocando los más infernales celos a Serena – Yo llegué aquí hace… mmm… ¡que curioso! ¡Fue justo el día que rechazaste a Darien!, ese mismo día me rogó para que viniera a vivir a su lado, obvio yo acepté encantado y más porque no me gusta verlo sufrir, y como tú lo desaprovechaste, muy mal hecho por cierto, yo me he dado a la tarea de hacerlo sonreír de nuevo. Ahora está muy contento desde que estamos juntos. Pobre, estaba taaaan triste… lo bueno es que esta nueva etapa de su vida lo ha hecho madurar, quiere dejar todo lo malo atrás, deshacerse de los recuerdos inservibles y probar cosas nuevas. Estoy seguro que de ahora en adelante será más feliz, y más porque ya dejó lo que más le hacía daño, no te ofendas pero me refiero a ti.
- Serena: Yo nunca le hice daño, siempre estuve a su lado en los momentos difíciles y busqué lo mejor para él. No lo creo, no puedo creer que él haya decidido olvidarme. Estas mintiendo. No se que ganes con todo esto pero se que es mentira.
- Fiore: Sé que es difícil para ti reconocerlo, pero como estamos en confianza te diré un secreto: Hace unas noches me dijo que nunca había sentido tanto dolor más que cuando lo rechazaste, claro sin contar las veces que salió herido de las batallas por tu culpa. Nunca te lo dijo porque le desesperan tus llantos y prefería evitarlos. Confesó también que eras una carga para él, pero no entristezcas, ahora que decidió dejarte no lo serás nunca más.
- Serena: No te creo, Darien no diría algo así, él me ama… - decía con voz quebradiza y sumamente incrédula a las palabras del mentiroso Fiore.
- Fiore: Ay Serena, no has cambiado ni un poquitín, sigues siendo la misma niña tonta que conocí hace tiempo.
- Serena: ¿Por qué lo dices?
- Fiore: Es algo obvio, aún no caes en cuenta de que tú no eres para él, se merece a alguien más de su nivel, alguien de buenos y refinados modales, quien entienda de Física, Química y teorías avanzadas, ¿cómo explicarte? Que tenga algo en la cabeza, algo más que chonguitos ridículos… inteligencia simplemente, algo que por supuesto no posees. Mírate nada más, no eres más que una niña estúpida que aún lee tiras cómicas, que se divierte con los videojuegos como si tuviera 5 años, que se viste pésimo, mira nada más esa ropa barata, zapatos viejos, ni siquiera sabes maquillarte, sacas malas notas, mediocre en todo lo que haces, además eres fea y rubia sin chiste, ni siquiera tienes un buen cuerpo, Darien dice que ni siquiera sabes besar y que para ser mujer te falta mucho.

Él ya está conciente de que eso no es lo que merece y por ende ya no puede quererte, él desprecia a las personas lloronas e inútiles. Se ha dado cuenta que eres el peor error de su vida.
- Serena: ¡Eso no es cierto! Darien no es así, él me quiere como soy al 100% y me ha dicho que nada de eso le importa, no puede cambiar de un día para otro aunque hayas aparecido en su vida, además debe de quedarte muy claro que él y yo tenemos un futuro juntos y que nada ni nadie podrá cambiarlo, no te metas entre nosotros – dijo enfurecida.
- Fiore: Lo que no has querido entender es que tú misma lo alejaste, cometiste una tontería y ahora tienes que pagar las consecuencias. –Fiore cambió su tono hipócrita por uno firme y cortante. - Es la ley de la vida donde solo los más fuertes sobreviven y temo decirte que en ésta ocasión te tocó perder. Darien es libre, no tienes nada que hacer aquí. Él ya no es tu novio por si no te has dado cuenta. ¿a qué has venido? ¿A pedirle migajas de amor? No seas tan estúpida, deja tu vocación de mártir y deja de darle lástima. ¿Realmente crees que es genial tener una relación contigo? Yo estoy seguro que estuvo todo este tiempo contigo únicamente porque no lo dejabas ir, por tus excesivas lágrimas que caen en lo ridículo y en tus increíbles escenas de telenovela barata como la que venías dispuesta a hacer frente a él sólo para no enfrentar el miedo de estar sola. Eres una cobarde. Es hora que madures Serena, es tiempo de que comprendas que no puedes tener la seguridad y control de todo, mucho menos de Darien porque él no es tuyo, déjalo libre de una buena vez, por una ocasión no seas egoísta, no lo obligues a tener que cargar con tu inseguridad. ¿Te gusta ser una carga en su vida?

- Serena: ¡Pero yo lo amo! Él es mi vida entera – gritó desesperada a Fiore.
- Fiore: ¡Pero él ya no te ama! ¡Darien me ama con toda su alma! Has sido reemplazada, ya no te necesita, ya no te extraña, ya no te soporta!
- Serena: ¡Estás mintiendo! Sólo lo dices porque quieres alejarme de Darien.
- Fiore: Entonces respónde ¿Cómo explicas que duerma todas las noches a mi lado, me haga el amor y no esté contigo?

Serena se paralizó, no supo que contestar. Darien jamás había dormido con ella, porque ella quería esperar un poco más. Se sentía estúpida.

Vio entonces a un Fiore grande y seguro de lo que decía, con la soberbia como escudo y con mirada asesina que la tomaba como blanco. Serena retrocedió pasmada y salió corriendo del lugar dejando a Fiore con una gran sonrisa y con la certeza de que nunca más volvería con la intención de regresar con Darien.

Fiore se siente triunfante, como rey de cartón pero al fin y al cabo rey, señor de las fantasías de los deseos inalcanzables, reía a carcajadas creyendo que con alejar a Serena conseguiría el amor de Darien. Esfuerzo inútil. Reía de Serena para no reírse de si mismo y sus estrategias vanas que con el paso del tiempo resultarán más contraproducentes que lo que su limitada mente logrará imaginar.

Serena corría como loca, la lluvia seguía siendo su escenario hasta que un tipo se puso en su camino y chocó cayendo al suelo en medio de un charco. Era Seiya.
Ruth Eunice Gonzalez Parra
 
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  Re: Capítulo XV – El Estigma de Serena: La Carta de Darien 16/Octubre/2008 - 01:08

ayyyyyyyyyy ayyyyyyyyyy.!!!

 

pobrecita de Serena y pos tambien pobre darien todo confundido.!!!!

 

huuuyysshh espero con ansia loca el proximo capitulo.!!!

nahomy
 
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  Re: Capítulo XV – El Estigma de Serena: La Carta de Darien 09/Octubre/2008 - 05:25

me han dicho ke en la version del manga, serena y darien ya comparte intimidad... pero nunca he visto nada ke insinue al menos esta situacion... tu sabes donde puedo verificar esto?? te agradeceria si me ayudas, gracias.
Rosario
 
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  Re: Capítulo XV – El Estigma de Serena: La Carta de Darien 02/Octubre/2008 - 16:51

Me encanto el capitulo, pobre de serena no es justo que sufra tanto por culpa de fiore, espero que ella y darien vuelvan a estar juntos.

Espero con ansias el proximo capitulo

TikoJns
 
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  Capítulo XV – El Estigma de Serena: La Carta de Darien 22/Septiembre/2008 - 13:19

Capítulo XV – El Estigma de Serena: La Carta de Darien

Fiore se había quedado ya sin uñas de la desesperación. Las cuatro paredes que lo rodeaban le parecían fantasmas terribles que lo atrapaban. Quería saber ya el desenlace de la entrevista de Darien con Amy Mizuno que tanta relevancia tenía para su desgraciado corazón.
Amy llegó puntual a la cita y se sentó a esperar pacientemente sin poder evitar los nervios que le daba la idea de estar a solas con Darien. No es que ella lo amara o algo parecido, simplemente era su amor platónico e irrealizable. Sin embargo antes de pensar en ser novia, era amiga y jamás haría algo para lastimar a Serena.
Diez minutos tarde llegó Darien agitado y con la camisa un poco húmeda por el sudor. Queriendo minimizar el detalle de su impuntualidad, saludó con un beso en la mejilla que la hizo ruborizar.

- -Y bien, ¿qué es de lo que querías hablarme? Creo que es algo urgente porque no es normal que me llames.
- -Tienes razón, quizá y pienses que sólo lo hago cuando necesito algo. Te pido una disculpa por ello.
- -No te preocupes, por algo somos amigos ¿o no? – sonrió Amy.
- -Claro… - le temblaba la voz - Te he pedido que vinieras porque de todas las chicas eres a quien más confianza le tengo… Creo que eres la más sensata y quien podrá comprenderme… Yo… yo…no sé cómo decirlo… he decidido terminar con Serena… - dijo nervioso.
- -¿Y…Esperas que comprenda que le harás daño? – lo miró a los ojos.
- - No es así, aunque no lo creas tampoco es fácil para mí – Suspira - Llevo días pensándolo, las noches se me han vuelto eternas sin ella. Poco a poco ella se hizo parte de mí, la llevo a todos lados, su recuerdo me persigue.
- - Entonces no veo motivo por el cual terminar. Me parece absurdo.
- -Yo sé que ella no es feliz conmigo.
- -¿Cómo puedes saberlo? Creo que aquí hay un mal entendido.
- -Siento que nací para amarla y protegerla de todo daño que pudiese pasarle, y a su vez, es una sensación tan cálida la que me recorre que por más que lo intente necesito más de ella… verla más, abrazarla más, todo… Creo que eso es el amor.
- - Sí, creo que eso es… pero no responde a mi pregunta Darien.
- - Intento explicarte… Como en todo amor verdadero, uno espera pasar la vida con la persona amada, casarse y tener hijos, vivir felices. Yo soy mayor que Serena, he pasado por cosas distintas y hasta cierto punto he madurado… por ello pensé que era el momento idóneo para casarme y llegar a una nueva etapa a su lado.
- - Pero…
- -Creo que eso es algo egoísta. – repuso Darien.
- -No pretendas adivinar que es lo que piensa Serena de todo esto. ¿Acaso no ha pasado por tu mente todo el daño que le harás?
- - Por supuesto que sí, pero se que será menor que el que le ocasionaría estando a su lado.
- - ¿Qué fue lo que hizo que tomaras esa decisión? Porque te escucho y no lo creo.
- - He hablado con alguien que me ha abierto los ojos de muchas cosas y que además lo hace por mi bien sin ningún afán de lastimarme ni a mí, ni a Serena.
- - Es increíble que metas a terceros en tu relación, eso jamás ayuda Darien.
- - Tú no podrías entenderlo Amy, por algo estás sola, jamás alguien se ha fijado en ti.

Y Amy sintió que un hielo la recorría. Tenía razón Darien. ¿Qué consejos de amor podría dar alguien que no sabe ni siquiera lo que es un beso? El ánimo antes persuasivo se convirtió en uno triste y un tanto decepcionado de que Darien haya sido quien se lo mostrara de esa forma.
- Sabes, aunque esté sola como dices, creo que tengo menos problemas que tú que estás acompañado. No pretendo ponerme como ejemplo de vida, pero cuando siento que algo me agobia o me siento confundida escucho a mi interior y antes de pensar en si hago daño a los demás o no, pienso en cómo me ayudará a mí misma, si creceré con esa decisión o solamente son caprichos estúpidos. Muchas veces uno hace cosas por los demás sacrificando incluso la propia felicidad, pero ¿Ellos lo agradecen? Yo creo que no porque no te están pidiendo ayuda, no te piden que acabes con sus problemas y arregles sus torcidas vidas. Aunque suene tonto hay gente a la que le gusta sufrir ¿no lo crees? Cuántas personas en la calle solo hablan de sus problemas con sumo detalle como si eso las hiciera mejores. Que tú rescates a esas personas de su “gran dolor” a cada momento sin que nadie te lo pida, quiere decir que tu vida se encuentra más torcida que aquella que quieres cambiar.
Lo que te quiero decir es que no quieras arreglarle la vida a Serena a tu modo para así mantenerte ocupado y no arreglar la tuya. Enfrentarse a uno mismo es difícil y es muy valiente quien lo hace. Sin embargo… Tú eres un cobarde Darien.
- - Yo… sólo quiero hacer lo correcto.
- - ¿Para quién? ¿Para ti? ¿Para Serena? ¿O esa persona que tanto influye en ti?

Darien que en el fondo sabía que la respuesta correcta era la tercera opción prefirió callar. No sabía porque Fiore era tan importante en su mente, sentía que si lo hacía enfadar era capaz de matarse o cometer una locura, lo estimaba como un gran amigo pero no podía liberarse de su control mental.
- - Nada importa ya, la decisión está tomada.
- - Eres un tonto, estoy segura de que te arrepentirás de esto – dijo con lástima.
- - Ese será mi problema, ya veré como me las arreglo después. Quiero que le entregues esta carta a Serena. Te lo pido por favor.
- - Jamás creí que tanto amor se tiraría a la basura por medio de una carta, ni siquiera de frente. ¿qué no merece una explicación de frente? Date cuenta de que no es ninguna chica cualquiera, es SERENA! Tu futura esposa.
- - Amy, ¡Ya! no hagas las cosas más difíciles.
- - Yo se la daré – Le arrebató la carta y se fue molesta sin voltear a verlo.

- Y como quien sabe que el fin se acerca, Darien temblaba de miedo.

Una hora más tarde Amy tocaba la puerta de los Tsukino bajo la lluvia que comenzaba a azotar el cielo de Tokio. Desde el fondo se escuchaba la voz de Sammy gritando ¡ya voy! Y él enrojeció al verla tan inesperadamente. El chico ya ha crecido y conforme se acerca más a la adolescencia, más se enamora en secreto de la amiga de su hermana. Con excesiva amabilidad la invita a pasar y la conduce a la habitación de Serena.
La recámara ha perdido su brillo, libros en el suelo, la cama desarreglada, ropa por todos lados, eran los escombros del huracán depresivo que la embargaba.
- - Hola Serena ¿Cómo estás?
- - Hola Amy… No sabía que vendrías a verme hoy.
- - Es que tengo algo importante que decirte.
- - ¿Es sobre la tarea?
- - No… es sobre Darien.

Se quedó sin aire, no recordaba alguna vez en que el escuchar su nombre le causara tanto impacto. Ella le rogaba al cielo alguna noticia de su amado, y él ha respondido.

- - Amy: Él me llamo esta mañana, lo vi hace un rato y me pidió que te diera esto.
- - Serena: ¿Por qué te llamó a ti y no habló conmigo directamente? – preguntó triste Serena.
- - Amy: Hablamos sobre eso, pero él considera que es lo mejor, yo no pienso lo mismo y se lo dije pero insistió en que era el modo adecuado de hacer las cosas – dijo sintiéndose culpable.
- - Serena: Presiento que es algo malo… Lo noto en tu voz Amy.
- - Amy: Tranquila Serena, sabes que yo estaré aquí en todo momento.
Las piernas se convertían en frágil cristal, un invierno de la tundra estaba en su pecho y no podía controlarlo, sus ojos se llenos de desesperación y angustia no eran capaces de disipar esa nube de terror que no le permitía leer.
La incertidumbre depreda sus sentidos, dudas resuenan en su cabeza, preguntas crueles que no la dejan pensar. Parecía desconectada de la realidad. No podía leerla.
El caos se metía en su vida por medio de una hoja de papel, ni sus poderes mágicos eran capaces de salvarla.
Maldita hoja de papel, maldita tinta y malditas palabras de Darien, maldito sobre que escondes un cruel destino confuso, tan confuso como las actitudes de Darien, tan confusa como las necesidades de Serena y tan simple como el amor mal concebido, de ese que pierde el límite entre el querer y el deber, entre lo verdadero y la costumbre, entre el amor y la adicción.
Mas que una carta se sentía como un cruel verdugo de sentimientos e ilusiones.
Serena abrió la carta y en un momento de valentía efímero respiró profundo y comenzó a leer.
Notaba como sus manos temblaban como una hoja en tiempo de aire feroz y ese odioso frío que no cesaba. El miedo tomaba ventaja frente al débil carácter real de la guerrera más fuerte del universo.
Un suspiro sale de sus labios y sus ojos se sumen en la profunda lectura de los sentimientos de aquél “que la protegerá por siempre”

Serena:

Antes que nada quiero pedirte una disculpa por mi cobardía, por mi temor a enfrentar las situaciones de la vida y más aún por palidecer ante la idea de decirte esto de frente. Sé que no es lo correcto pero no soportaría tenerte frente mientras te dijera lo siguiente.
No sé cómo empezar, posiblemente en el fondo no quiera empezar pero es necesario que lo haga. Es curioso que el primer día de mi vida que me sentí feliz fue contigo, aún recuerdo la bella sensación que brotó de mi corazón cuando te besé por vez primera, ¡Era tan feliz que no dormí esa noche!, recuerdo el temblor de tu cuerpo cuando nuestro primer abrazo, las palabras exactas de aquella primer plática, el brillo de tus ojos al escucharme hablar y la expresión de ilusión al mirarme, son de esas cosas que me llevaré en el alma hasta el momento de la muerte.
Serena, muchas veces me has salvado, me has salvado de los enemigos, has arriesgado tu vida por mí y has realizado lo más inimaginable por amor, sin embargo de toda la lista inmensa lo que más te agradezco es que me hayas salvado del enemigo más poderoso que es la soledad.
Dicen que todos tenemos un alma gemela, un ángel mandado desde el cielo hasta la Tierra para cuidarnos y amarnos, el destino, pudiendo ponernos en los confines del planeta quiso ponernos en la misma calle, a la misma hora el día de tu examen de matemáticas de 2do grado afuera de los videojuegos Crown.
Agradezco a la vida el haberte puesto en mi camino. Yo he hecho cosas buenas y malas, sin embargo aún me pregunto qué fue lo maravilloso que hice para encontrarte entre tantos millones de personas, para poder mirar tus tiernos ojos azules y poder acariciar tu cabello suave, tan suave como tu alma.
Hoy a través del tiempo puedo decir que Serena Tsukino cambió mi vida por completo, que trajo las mayores alegrías y los momentos más tiernos, que fue capaz de hacerme sentir querido y darme cuenta que en medio de toda tempestad siempre estaría alguien allí.
No negaré que te quiero demasiado, sabemos que nuestra relación era algo muy fuerte, o al menos eso yo pensaba...
No quiero lastimarte, no quiero ofenderte, no pretendo hacerte sufrir de ningún modo, sólo te pido Serena que entiendas mis razones y que por favor respetes mi decisión.