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Subrayamos que el problema no es Ollanta, o Lourdes o Alan...el problema está en la mente y corazón de cada peruana y peruano. Respecto a
la Justicia
, estamos seguros que nuestro Dios necesita profetas, como los del Antiguo Testamento, que practiquen y denuncien las injusticias. El teólogo Juan Stam dice: La gran mayoría hoy no entiende «profecía» según la comprensión bíblica sino según los oráculos antiguos (al estilo Nostradamus o el horóscopo) y lo que
la Biblia
condena como «adivinación»... “...Bíblicamente, el sentido de estos términos es muy distinto. «Profecía» significa una palabra directa y viva de Dios para su pueblo, casi siempre con exigencias para su conducta. Esa palabra revelada puede referirse al futuro, ya que éste tiene que ver con la obediencia actual del pueblo de Dios, pero no es profecía porque incluya el anuncio de cosas futuras, ni deja de ser profecía cuando no menciona el futuro. Moisés fue considerado el prototipo para todos los profetas, pero no se dedicó a predecir el futuro. El profeta no es tal porque predice el futuro sino porque trae al pueblo del Señor la palabra viva y exigente de un Dios de amor, vida y justicia”... “..., cada congregación y cada líder tienen que buscar en oración la forma acertada de realizar esta vocación profética. Nunca deben legitimar la injusticia y la violencia, como hacían los profetas falsos.
Estimada ciudadana y ciudadano ¿conoce a usted a un(a) profeta de Dios en este tiempo que denuncie las injusticias de nuestros gobernantes?. Sería interesante investigar cuántos de nuestros hermanas y hermanos evangélicos que están participando en estas elecciones “practican, defienden y promueven la justicia con tenacidad y constancia”. El día que lleguen al congreso o a la presidencia miembros de
la Iglesia
evangélica, según el “corazón de Dios”, será porque en su estilo de vida tengan como consigna la práctica de la justicia, y no porque recién piensan “hacer justicia” cuando se apoderen del poder. (continuará)Subrayamos que el problema no es Ollanta, o Lourdes o Alan...el problema está en la mente y corazón de cada peruana y peruano. Respecto a
la Justicia
, estamos seguros que nuestro Dios necesita profetas, como los del Antiguo Testamento, que practiquen y denuncien las injusticias. El teólogo Juan Stam dice: La gran mayoría hoy no entiende «profecía» según la comprensión bíblica sino según los oráculos antiguos (al estilo Nostradamus o el horóscopo) y lo que
la Biblia
condena como «adivinación»... “...Bíblicamente, el sentido de estos términos es muy distinto. «Profecía» significa una palabra directa y viva de Dios para su pueblo, casi siempre con exigencias para su conducta. Esa palabra revelada puede referirse al futuro, ya que éste tiene que ver con la obediencia actual del pueblo de Dios, pero no es profecía porque incluya el anuncio de cosas futuras, ni deja de ser profecía cuando no menciona el futuro. Moisés fue considerado el prototipo para todos los profetas, pero no se dedicó a predecir el futuro. El profeta no es tal porque predice el futuro sino porque trae al pueblo del Señor la palabra viva y exigente de un Dios de amor, vida y justicia”... “..., cada congregación y cada líder tienen que buscar en oración la forma acertada de realizar esta vocación profética. Nunca deben legitimar la injusticia y la violencia, como hacían los profetas falsos.
Estimada ciudadana y ciudadano ¿conoce a usted a un(a) profeta de Dios en este tiempo que denuncie las injusticias de nuestros gobernantes?. ¿o más bien falsos profetas que toman el nombre de Dios envano para "adivinar el futuro"?. A estos falsos profetas la realidad, tarde o temprano los desenmascara.
Sería interesante investigar cuántos de nuestros hermanas y hermanos evangélicos que están participando en estas elecciones “practican, defienden y promueven la justicia con tenacidad y constancia”. El día que lleguen al congreso o a la presidencia miembros de
la Iglesia
evangélica, según el “corazón de Dios”, será porque en su estilo de vida tengan como consigna la práctica de la justicia, y no porque recién piensan “hacer justicia” cuando se apoderen del poder. (continuará)
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