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Introducción al tema |
Siendo mexicano y estudiante, yo conocía lo más general de este episodio histórico de México cuando inicié la Investigación, y decidí colocar un resumen de la Conquista, sin meterme en detalles. Pero consideré que un resumen tal no valía la pena, además de que al estudiar en buenos libros este suceso tan lleno de colores y rico en sustancia, me propuse investigar más a fondo y publicar una narración más detallada de la Conquista.
Por alguna razón, en la sociedad mexicana (la mayoría escasamente instruida en Historia), la Conquista fue una guerra de españoles malos contra indios buenos, quedando todo en un vulgar enfrentamiento entre "héroes y villanos". En la "Historia Oficial", no sólo se habla de que "esos malvados españoles nos vinieron a invadir, hasta que por fin los echamos, luego de 3 siglos de dominación extranjera", además de una apreciación muy simplista, pues se supone que los españoles "fácilmente, con sus armas de fuego y sus caballos, arrollaron a los indios".
Pero no fue nada de eso, en primer lugar, nosotros no somos "indios dominados por extranjeros", sino MESTIZOS, descendientes sí, de los indios, pero también de los españoles, y odiarlos a ellos es, en parte, odiarnos a nosotros mismos. Y la Conquista no fue fácil para los españoles, y de ello dan testimonio varios de los cronistas de la epopeya: les costó sufrir heridas, tener enemigos por todos sus flancos, soportar desastrosas derrotas, sobreponerse a sus temores, vencer su propio terror y angustia, y sobre todo, ser fieles a su Dios y al Evangelio de Cristo, por cuya causa luchaban, y que sin su convicción de tener el deber de expandir la Fe, no se hubieran lanzado a conquistar -con todas las probabilidades en contra-, un país que tantos problemas les causó.
Corrientes más hispanófobas, tratan a los españoles de "gachupas", a Cortés de "maricón" cuando lloró en la Noche Triste, y de "cobardes" a los españoles que tomaron Tenochtitlán.
Personalmente, provengo de sangre tanto mexicana como española, puesto que desciendo del pueblo mestizo de México, y de toda una gama de mescolanzas que se dieron al contacto racial entre europeos e indígenas. Estoy tan orgulloso de llevar sangre india en las venas, como de mi ascendencia española, y respeto y admiro a los mundos de mis antepasados, el mundo cristiano español, emanado del Medioevo y renovado con los albores del Renacimiento por los Reyes Católicos y el cardenal Giménez de Cisneros, donde la tenacidad y el sincero espíritu misionero permitieron a los españoles lograr lo que parecía imposible -aún con su superior armamento-, y era conquistar una nación varias veces más grande y poblada que España; y del mismo modo admiro y respeto al mundo cosmo-mágico azteca, donde privaban los más nobles conceptos de fidelidad a los dioses, honestidad, respeto a la sociedad y a los mayores, honor y auto-disciplina, amén de su gran espíritu de combate, que ahora me inspira cuando encuentro algún obstáculo en la vida.
Y no vacilo en declarar que a partir de la presente investigación, La Conquista de México se ha convertido para mí en uno de los temas históricos más apasionantes no sólo a nivel nacional sino mundial. Es un episodio único y con matices variados, contradicciones, epopeyas y detalles inclusive "tiernos", diría yo.
¿Por qué hablar de la Conquista, si el tema es sobre la Virgen de Guadalupe?; para conocer las circunstancias culturales más que políticas, en las que convivían los indios y españoles en los principios de la Etapa Colonial. Estudiando la Conquista, podemos comprender mejor cómo se sentían conquistadores y conquistados, antes de que el Tepeyac se cubriera de flores.
En su libro Flor y Canto del nacimiento de México, José Luis Guerrero empieza hablando de los orígenes del pueblo azteca, y dedica casi la totalidad del libro a hablar de la Conquista en sí, pero interesantemente, su libro culmina con la aparición de la Virgen de Guadalupe; como fin de una línea, de un proceso socio-cultural, en especial de los indígenas. Donde los indígenas se marchitaban de tristeza ante lo que parecía el abandono de sus dioses, llamados "demonios" por los frailes, he aquí que de repente es el PRIMERO de los Dioses, el VERDADERO (Ométeotl), quien viene a ellos para darles como Madre a Su Madre: La Madre del Redentor. De ahí mi convicción de que las apariciones guadalupanas son el mejor complemento cultural de la Conquista.
Nota explicatoria: El capítulo concerniente a ¿Quién era Motecuhzoma Xocoyotzin?, se compone de fragmentos transcritos directamente y sin cambios del capítulo del libro Flor y Canto del nacimiento de México, de José Luis Guerrero, relativo precisamente al huey tlatoani mexica que recibió a Cortés.
* Casi el total de las citas bibliográficas al pie, son las que proporciona José Luis Guerrero en su obra.
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Reseña del Descubrimiento de América, y de las primeras expediciones españolas a México |
La Edad Media llegaba a su fin, denotada por dos factores principales; El Renacimiento tanto cultural como científico, y la toma de Constantinopla por los turcos otomanos en 1453. Los europeos occidentales, imposibilitados de llegar al Oriente, Asia Menor, y Persia, sobre todo, decidieron buscar otras rutas por las cuales fuera factible establecer tráfico comercial de especias, porcelana, seda oriental y en general, productos asiáticos.
Mucho antes de la toma de Constantinopla, los portugueses ya habían empezado a navegar temerariamente fuera del Mediterráneo, llegando a Madeira en 1419 y hasta Sierra Leona en 1447. [1]
En ruta hacia el sur, las carabelas portuguesas buscaban rodear África, pero antes de que lograran llegar a Asia doblando el cabo de Buena Esperanza, el genovés Cristóbal Colón presentó un nuevo proyecto: llegar a Oriente navegando hacia el Occidente, y si la Tierra [redonda] era tan pequeña como él creía, los navíos de aquella época podían alcanzar la costa más oriental de Asia. Luego de varias exposiciones que no tuvieron éxito en España y Portugal, los Reyes Católicos de España, Fernando e Isabel, terminaron la guerra de Reconquista con la toma de Granada, última plaza musulmana en España, y aceptaron patrocinar la aventura de Colón, y le proporcionaron una nao (La Santa María), y dos carabelas (La Niña y La Pinta), con las que Colón se hizo a la vela el 3 de agosto de 1492, rumbo a mares desconocidos. Después de varias semanas de navegar con incertidumbre y temor, y sin saber lo que tenían adelante, el 12 de octubre se avistó Tierra: América había sido descubierta.
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Hasta su muerte, Colón creyó que había llegado a Asia, pero sus contemporáneos empezaron a dudarlo. El italiano Américo Vespucio señaló que por el diámetro de la Tierra calculado por Eratóstenes, era imposible que Asia estuviera tan cerca, amén de que las tierras descubiertas no se parecían a las costas de Catay y Cipango que había descrito Marco Polo. [1b] Se había descubierto un Continente Nuevo, desconocido para los europeos hasta entonces (excepto su extremo nororiental, ya visitado por los vikingos de la Edad Media).
Pronto, los españoles habían fundado importantes plazas en el Caribe: La Española (Santo Domingo), Jamaica, Puerto Rico y Fernandina (Cuba).
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| LOS NAVÍOS DE COLÓN CRUZANDO EL OCEANO INCOGNITO |
En su cuarto viaje, Colón se acercó a las islas Guanajas, y ahí se encontró con una barca tripulada por indios mayas, quienes informaron de tierras muy pobladas al occidente; en referencia, sin duda, a la península de Yucatán. Aunque Colón no se interesó por dicha tierra, el grumete de a bordo, Antón de Alaminos, tomó nota del hecho, para aprovecharlo más tarde.
En 1511, una expedición española que zarpó de Jamaica, naufragó cerca de las costas de Yucatán, y unos cuantos supervivientes llegaron a México, donde los indígenas mataron a todos a excepción de dos: Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar. Guerrero se acoplaría con los mayas, y llegaría a convertirse en un verdadero indio, mientras que Aguilar por el contrario, mantuvo su religión católica y sus costumbres españolas, cautivo de los naturales.
En 1517, el gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, organizó una expedición al mando de Francisco Hernández de Córdoba, cuyo fin inicialmente era la búsqueda de indios en otras islas, para capturarlos y llevarlos a Cuba a trabajar como esclavos. Pero Hernández de Córdoba empezó a explorar hacia el occidente, guiado por Antón de Alaminos, quien iba como piloto. La expedición llegó a Isla Mujeres y avistó la costa de Yucatán, desembarcando en lo que llamaron Cabo Catoche. Ahí sufrieron un ataque de los indígenas, y siguieron hasta Campeche. La agresividad de los indígenas los llevó a abandonar el lugar y llegar a Champotón.
En Champotón fueron atacados nuevamente, pero esta vez, para su sorpresa, los indígenas empleaban tácticas militares europeas, y sabían neutralizar a la caballería española. Esto debido a que habían sido adiestrados a ese efecto por Gonzalo Guerrero, quien a su vez participó en este ataque contra sus hermanos de raza, y la superioridad numérica de los mayas decidió el combate. Lo que quedó de la expedición se retiró y volvió a Cuba, donde Hernández de Córdoba falleció a consecuencia de sus heridas, enviando antes una relación de su viaje a Fray Bartolomé de las Casas.
Una segunda expedición, preludio ya de la expedición de Conquista, se llevó a cabo en 1518, al mando de Juan de Grijalva, partió de Cuba el 1 de mayo de ese año, esta vez con cuerpos de infantería en cuatro navíos; en este viaje participaban Gil González de Ávila, Pedro de Alvarado (quien más tarde sería lugarteniente de Cortés y conquistador de Guatemala), Francisco de Montejo y Antón de Alaminos, quien era piloto mayor de la expedición. El 3 de mayo los españoles llegaron a la Isla de las Golondrinas o Cozumel, llamada de Santa Cruz por Grijalva. Después de Cozumel, siguieron la costa de Yucatán hacia el sur, hasta la bahía de la Ascensión, a la vista de la ciudad maya de Tulum. Viraron al norte, y borderaron por la costa del Golfo hasta llegar a Puerto Deseado, para internarse por la laguna de Términos, para llegar al río de San Pedro y San Pablo, en el límite entre los estados de Campeche y Tabasco.
Llegaron a lo que hoy es el río Grijalva, y entablaron relación con los indios tabasqueños, siguiendo una serie de ríos hasta el río Tonalá, entre Tabasco y Veracruz, luego el río Papaloapan, y finalmente el río Jamapa, a 20 kilómetros de lo que hoy es el puerto de Veracruz. Precisamente en estos lugares fue donde tuvieron contacto con los pochtecas mexicas, los aztecas, quienes informarían a Motecuhzoma de la llegada de hombres blancos y barbados. Recibieron presentes de parte de Motecuhzoma, aunque Grijalva no contaba con traductores (Cortés sí los tendría), y envió de regreso a Pedro de Alvarado con una relación del viaje. El resto de la expedición llegó hasta el río Pánuco, y ahí retrocedieron, para volver a Cuba.
La información proporcionada por los viajes de Hernández de Córdoba y Grijalva, decidió al gobernador de Cuba a enviar una expedición formal de colonización.
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Pero... ¿Quiénes eran los aztecas? |
Originalmente, los aztecas no eran una cultura, sino un grupo, que se llamaban a sí mismos mexicas; oriundos de un lugar llamado Aztlán, en la periferia de Mesoamérica. La ubicación geográfica de Aztlán es desconocida, pero se supone cercana al centro de México, debido a que fuentes como el Códice Ramírez pintan a los mexicas como mesoamericanos, que habrían pasado entre otros lugares, por la Tula de los toltecas antes de llegar al valle del Anáhuac.
Peregrinaron por Mesoamérica durante muchos años, y según la leyenda, su dios Huitzilopochtli les daría una señal para establecerse, un águila parada sobre un nopal, devorando una serpiente, donde fundarían su ciudad.
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En un islote del lago de Texcoco, encontraron dicha señal (siempre según la leyenda), y fundaron la ciudad de México-Tenochtitlán, en honor a su líder Tenoch. Ténoch conservó la suprema autoridad hasta su muerte en 1369. Dos años antes, en 1367, los mexicas conquistaron Culhuacan en provecho de Tezozómoc (señor Tepaneca, vecino de Huejotzingo y Tlaxcala), y los señores que allí reinaban encontraron asilo en Coatlichan. A la muerte de Ténoch, algunos nobles mexicanos fueron a solicitar a Coatlichan que un príncipe culhua, llamado Acamapichtli, viniese a residir en México, aunque todavía no con la calidad de huey tlatoani, que sólo tuvo a partir del año de 1376.
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| FUNDACIÓN DE TENOCHTITLÁN EN EL LAGO DE TEXCOCO |
Nota aclaratoria:El cargo de huey tlatoani no era -como imaginaron los españoles-, equivalente al de rey o emperador, sino más parecido al de Ministro de Relaciones Exteriores, que tenía que rendir cuentas a un Consejo Superior llamado TLATOCAN.
Gobernados por Acamapichtli y Huitzilíuitl, los aztecas sirvieron al señorío de Atcapotzalco, gobernado por el tirano Tezozómoc, quien murió en 1427, siendo su sucesor su hijo Maxtla, quien inició una política odiosa y tirana para sus vecinos, llegando a encarcelar al tlatoani mexica, Chimalpopoca, quien murió cautivo.
El príncipe de Texcoco, Netzahualcóyotl, y el tlatoani mexica Izcoatl, sucesor de Chimalpopoca, iniciaron la guerra contra Atzcapotzalco, derrotando a los tecpanecas y formando la Triple Alianza junto al señorío de Tacuba. Motecuhzoma Ilhuicamina amplió las conquistas aztecas por todo el valle de México, expandiéndose hacia los estados actuales de Puebla, Morelos, Hidalgo y México.
A dos pueblos nunca pudieron sojuzgar los aztecas; a los tarascos de Michoacán y a los tlaxcaltecas de Tlaxcala, quienes serían en un futuro aliados de Cortés contra el poderío azteca.
El tlatoani Ahuitzótl, sucesor de Tizoc, conquistó Oaxaca, con lo que el Imperio Mexica alcanzó su máxima expansión, dejando sentir su influencia hasta Centroamérica, y obviamente, era inevitable que los indígenas del sureste de México informaran a los españoles de la existencia de Tenochtitlán.
En la época de Motecuhzoma Xocoyotzin, sucesor de Ahuiztotl, y cuando llegaron los españoles, el Imperio Mexica abarcaba casi todo Veracruz, Puebla, Hidalgo, México, Morelos, gran parte de Guerrero y Oaxaca y las costas de Chiapas. Su fama llegaba hasta Canadá por el norte y Nicaragua por el sur.
Al establecerse en Tenochtitlán, la sociedad mantuvo la división en macehuales ('campesinos') y pillis (la clase dirigente). Sin embargo, debido al rápido crecimiento del imperio azteca, su sociedad también tuvo una rápida evolución. La división entre macehuales (ó macehualli) y pillis no era hereditaria, aunque tendía a serlo, ya que los hijos de los pillis tenían acceso a una mejor educación y a mejores recursos. Los españoles los llamaron nobles por su incapacidad de comprender una cultura diferente de la europea.
Todos los jóvenes mexicas eran entrenados en la guerra. Al cumplir la mayoría de edad se les rapaba la cabeza y sólo se dejaban crecer un mechón de pelo, que sólo podían cortarse al obtener su primer prisionero, con lo cual podían pasar a formar parte del ejército permanente. Al capturar 4 o 5 prisioneros podía obtener el título de caballero jaguar o águila (a veces también traducido 'capitán').
Los aztecas originalmente eran una de las tribus nahuas, y cuando llegaron al valle de México, traian sus propios dioses. El mas importante era Huitzilopochtli, cuyo nombre, en traducción llana, significa, colibri izquierdo, el colibrí zurdo o colibrí del norte; sin embargo, según Laurette Séjourné, en el lenguaje esotérico náhuatl se puede traducir como el alma del guerrero que viene del paraíso.
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Al llegar al valle de México, o valle del Anahuac, los aztecas trataron de incorporar la cultura y los dioses de las civilizaciones mas avanzadas que ya estaban establecidas y la de civilizaciones más antiguas como la Tolteca; así incluyeron a Tlaloc, Tezcatlipoca y a Quetzalcóatl. Sin embargo, algunos dirigentes aztecas como Tlacaelel modificaron la historia para poner a su dios tribal, Huitzilopochtli, al mismo nivel que los demás dioses nahuas. Conforme los aztecas comenzaron a conquistar a otros pueblos, fueron aceptando nuevos dioses y enlazando sus historias con las de los dioses que ya tenían.
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VISTA DE LA GRAN TENOCHTITLÁN. AL FONDO LOS VOLCANES IZTACCÍHUATL (a la izquierda) Y POPOCATÉPETL (a la derecha) |
El estudioso moderno dr. Miguel León-Portilla afirma que, en la época de la Conquista, los aztecas estaban en un proceso de sincretización donde todos los dioses serían sólo expresiones de las potencias de una deidad principal, Ometeotl/Omecihuatl.
Tal era el Pueblo Indígena que dominaba MÉXICO en 1519.
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¿Quién era Motecuhzoma Xocoyotzin?(EXTRAÍDO DEL LIBRO FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DE MÉXICO) |
Motecuhzoma Xocoyotzin reinaba en Tenochtitlan para esas fechas. Gran guerrero y hábil político, lo que, sin embargo, más definía su personalidad era su insondable religiosidad. Hasta su elección había sido sacerdote, profundo conocedor de la complicada teología indígena, y, como buen mexicano, más dado a vivir en el mundo mágico de los dioses que en el de las apariencias humanas. Su proceder errático y titubeante ante los españoles sólo se explica si se toma esto en cuenta.
El caso de Motecuhzoma, bien poco estudiado, es digno de una tragedia griega o de un memorable estudio psicoanalítico: su vida y su muerte fueron un continuo luchar entre lealtades conflictivas, entre Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Por su nacimiento, en año Ce-Acatl (Uno-Caña = 1467), estaba ontológica y perpetuamente consagrado a Quetzalcóatl, y dedicó su vida a cumplir incondicionalmente con esa consagración. Sin embargo, precisamente esa vida de ilimitada entrega a sus deberes religiosos, le mereció que el Tlatocan se fijara en él para designarlo sucesor de Ahuízotl. Así, al aceptar ser el Huey Tlatoani de Tenochtitlan, quedaba irrevocablemente avocado a la gloria de Tezcatlipoca-Huitzilopochtli... ¡Pocos seres humanos habrían de vivir nada más dramático!
Sin embargo, sabía que sobre todo eso se balanceaba, funesta, la espada de Damocles del retorno de Quetzalcóatl, que todo lo realizado bajo el signo y en favor de Tezcatlipoca-Huitzilopochtli era provisional, poco menos que una usurpación [2]. En su coronación había oído, como todos, que ese poder se le confiaba provisoriamente: ".. Mirad que no es vuestro asiento ni silla [..] que de prestado es, y será vuelto a Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, cuyo es, que no habéis de permanecer para siempre jamás, y ésta la tenéis como arrendada..." [3]. Fiel hijo de Quetzalcóatl por su nacimiento, deseoso de su venida y de su triunfo, tenía ahora que temerlo y, en parte al menos, combatirlo como lugarteniente de Huitzilopochtli y responsable del "Pueblo del Sol".
Y a él nada se le escapaba de lo que sucedía en México: Ya desde antes del naufragio de Guerrero y Aguilar habían llegado a sus manos ropas y armas españolas "que ciertos hombres de la costa habían poco antes llevado a Moteczuma una caja de vestidos con aquella espada y ciertos anillos de oro y otras cosas de las nuestras, que hallaron a la orilla del agua, traídas con tormenta..." [4], y sus vigías le tuvieron al tanto de lo sucedido con Hernández de Córdoba. Hasta ese momento, sin embargo, el problema no le concernía directamente, pues todo pasaba fuera del territorio del Tlatocáyotl; pero los signos de una descomunal e inminente catástrofe empezaron a pulular a medida que se acercaba el nuevo año Ce-Acatl, el año de Quetzalcóatl (1519).
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Señales que anunciaban una próxima catástrofe |
Según la versión directa del náhuatl del doctor Garibay, que proviene de las aseveraciones de los informantes indígenas de Sahagún en el libro XII del Códice Florentino, hubo 8 señales principales, que empezaron a ocurrir 10 años antes de la llegada de los españoles, que atemorizaron a los indígenas, a Motecuhzoma de manera especial, y a todas luces, indicaban que pronto, en cuestión de años tan solo, una desgracia se cerniría sobre el Anáhuac. En su Historia de Tlaxcala, Diego Muñoz Camargo parece seguir asimismo las aseveraciones de los informantes de Sahagún, pues también describe las señales funestas.
La primera fue una "espiga de fuego en el cielo", lo que hoy conocemos como cometa o estrella fugaz, que se veía muy claramente, desde el Oriente.
La segunda fue que el templo de Huitzilopochtli ardió de improviso, sin que hubiera causa visible del incendio, que consumió todo lo que había de combustible en el recinto.
La tercera fue un fenómeno desconocido, donde en medio de una leve llovizna, un tremendo rayo cayó y destruyó un santuario de paja del dios Xiuhtecutli; lo más sorprendente es que no se escuchó ningún trueno.
La cuarta fue una especie de fuegos en el cielo, que se veían como lluvia de cometas que se movían del Oeste hacia el Este.
La quinta señal fue una marejada en el lago de Texcoco, donde mucha agua inundó parte de Tenochtitlán, llegando a las casas habitadas.
La sexta fue que por las noches, durante algún tiempo, se escuchaban lamentos, como si una mujer estuviera llorando, y gritaba "Hijitos míos, tenemos que irnos lejos" y "Hijitos, ¿A dónde os llevaré?".
La séptima fue que unos pescadores atraparon en el lago de Texcoco a un pájaro que parecía grulla, y se lo llevaron a Motecuhzoma, quien en la cabeza del pájaro pudo ver estrellas, como impresas en la cabeza del pájaro, y al mirar con detenimiento, vio como si vinieran jinetes a prisa, cabalgando en una especie de venados sin cuernos, y en actitud de combate, y cuando llamó a sus acompañantes a que lo vieran, la extraña visión se desvaneció.
Por último, la octava señal fue que algunas gentes reportaban haber visto monstruos extraños, como personas bicéfalas (con 2 cabezas), que anunciaban el fin del mundo azteca, y que luego desaparecían.
Tan repetidas y fatídicas señales tenían a Motecuhzoma azorado y perplejo, y el temor se dejó sentir en toda Tenochtitlán; en este ambiente de tenebrosos presagios, y existiendo además la promesa de Quetzalcóatl de que un día volvería, podemos juzgar el verdadero terror que llegó pocos años más tarde, cuando un indio, natural de la costa maya, llegaría ante Motecuhzoma a informarle, que "habían llegado del Oriente gentes extrañas, hombres blancos y barbados, en pequeños cerros o torres flotantes, por el mar" [5].
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Hernán Cortés zarpa de Cuba |
Ya hemos dicho que el gobernador Velázquez decidió enviar una expedición a colonizar las tierras al oeste de Yucatán, y en esta expedición muchos querían tener el mando; pero en este tipo de designaciones, prevalecían casi siempre los intereses políticos y personales, y así Velázquez comisionó para el mando de la expedición, a Hernán Cortés, con el título de Capitán, y quien era amigo suyo.
Cortés se entusiasmó sobremanera con la empresa y se puso a hacer todos los preparativos necesarios, recibiendo también un pliego de Velázquez con instrucciones acerca de su comportamiento y obligaciones durante la expedición, con base en las bulas alejandrinas y en el Tratado de Tordesillas.
Pero casi a punto de salir, hubo diferencias entre Cortés y el gobernador Velázquez, principalmente se habla de intrigas de enemigos de Cortés, y de que Velázquez veía que Cortés se erigía en jefe absoluto de la expedición, dejando en segundo término la autoridad gubernamental. Y Cortés vio que si tardaba mucho, Velázquez tomaría medidas en su contra, y le impediría zarpar. Por lo tanto, Cortés despachó correos convocando voluntarios para el viaje, se apropió de comida y armas, a veces a costa de saqueos. Velázquez se indignó y dio órdenes de arrestarlo, pero Cortés recorría Cuba burlando a los agentes del gobernador, y dándose prisa para zarpar.
Finalmente, y pese a los esfuerzos de Velázquez en detenerlo, Cortés salió de Fernandina el 18 de febrero de 1519, con once navíos, más de quinientos hombres entre soldados (infantería y caballería) y marineros, dieciséis caballos, doscientos isleños, cañones, falconetes, ballestas, armaduras y arcabuces. Antón de Alaminos iba como piloto mayor, y once capitanes de flota, entre los cuales destacarían Pedro de Alvarado, Francisco Montejo y Cristóbal de Olid. Alvarado fue el primero en arribar a Cozumel; ahí se reunió la flota, informándose de que efectivamente había españoles en Yucatán. Cortés procedió a despachar al capitán Diego de Ordaz a Cabo Catoche, para enviar un mensaje a dichos españoles, donde fijaba un plazo para comunicarse con él. Venció el plazo sin noticias de los náufragos, y Ordaz regresó a Cozumel. Durante varios días, no obstante, la armada aguardó a los náufragos, antes de internarse en el Golfo, pero estos no llegaron. La flota zarpó alejándose de Yucatán, pero un navío sufrió un desperfecto, y se vieron obligados a regresar. Y cuando estaban llegando de vuelta a Cozumel, una canoa con indígenas se dirigió a la flotilla, y un indio se acercó a los españoles, y ante el estupor de éstos, saludó en castellano diciendo: ¡Dios, y Santa María y Sevilla! [6]
Resultó que este indio no era indio, sino uno de los náufragos españoles que Cortés había buscado; Jerónimo de Aguilar, quien vino a ser de gran utilidad en su empresa, pues hablaba la lengua maya. Aguilar fue llevado ante Cortés y relató como había naufragado su barco en 1511, salvándose sólo él y Gonzalo Guerrero. Guerrero se había hecho completamente indio, casado con una india y entrenador de los guerreros que habían vencido a Hernández de Córdoba. Aguilar nunca quiso unirse a su compañero, y menos por ser diácono, lo cual le imponía también el celibato. Bernal Díaz del Castillo consigna que Gonzalo Guerrero no quiso unirse a la expedición, por estar a gusto con su vida de indio, y aparte, por temor de que se descubriera su participación en el ataque a Hernández de Córdoba.
La flota de Cortés abandonó Cozumel y se acercó por el golfo a Champotón, donde Cortés quería vengar a Hernández de Córdoba, pero el consejo de Alaminos le hizo desistir de su empeño y seguir hasta el río Grijalva, en territorio de Tabasco. Los indios tabasqueños intentaron rechazarlos, pero los españoles los derrotaron con facilidad, y se instalaron en unos templos. Al día siguiente los tabasqueños contraatacaron con un ejército de dimensiones considerables, que los españoles vencieron gracias a su caballería y sus cañones; existe además un relato de López de Gómara y Bernardino Vázquez de Tapia que señalan la intervención personal del apóstol Santiago a favor de los castellanos. [7].
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Una primera impresión para Motecuhzoma |
Reconociendo su derrota, los tabasqueños pidieron a Cortés la paz, y obsequiaron a los españoles veinte esclavas indias, entre ellas La Malinche o Malintzin, a quien los españoles llamarían Doña Marina, y que sería, como Aguilar, pieza clave en la conquista; ella hablaba náhuatl, la lengua de los mexicas, y el maya. Cortés podía pues, comunicarse con el propio Motecuhzoma.
La influencia de Marina en la Conquista no dejó de tener sus efectos; primero Cortés se dirigía a Aguilar en español, éste traducía al maya a Marina, y finalmente ella hablaba a los mexicas en náhuatl. Esta triple versión tuvo muchas consecuencias, pues aunque Cortés siempre negó ser dios, Marina siempre encabezaba sus traducciones con "estos dioses dicen.." [8]
Los españoles avanzaron, dejando detrás a amigos indígenas, y llegaron a lo que hoy es San Juan de Ulúa, en Veracruz. Al llegar allí empezaba el Tlatocáyotl, es decir, el territorio propiamente dominado por los aztecas. Por una casi imposible casualidad, Cortés llegó a éste lugar el 22 de abril de 1519, día Chiconahui-Ehécatl (Nueve-Viento), del año Ce-Acatl (Uno-Caña), el día exacto del nacimiento de Quetzalcóatl. Ese día era el indicado para el regreso de Quetzalcóatl, que Motecuhzoma esperaba desde que tuvo noticias de la expedición de Grijalva.
El hecho de que Cortés llegara justo el día en que se preveía el retorno de Quetzalcóatl, tuvo el impacto que es de prever, principalmente en Motecuhzoma, distinguido sacerdote y amplio conocedor de la teología azteca. Pero Motecuhzoma no era ningún crédulo; se propuso comprobar más detalladamente si los que venían eran los dioses. Para ello envió una embajada a Cortés, con la instrucción de ofrecerle un sacrificio; la reacción de los llegados demostraría si eran o no los dioses esperados.
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Y los españoles reaccionaron justo como lo hubiera hecho Quetzalcóatl, con horror y asco ante el sacrificio, que Cortés castigó en sus autores; con esto aprobaban con 10 el examen al que les sometiera Motecuhzoma. [9] Pesaba además que los españoles desplegaron un espectáculo de caballería, cañonazos y disparos de arcabuces, para impresionar a los embajadores, cuyos tlacuilos dibujaron bocetos de los "teules" (dioses), para llevarlos a Motecuhzoma. Si bien Cortés no era ningún blasfemo, y nunca afirmó ser Dios, antes bien lo negó, el mensaje que envió a Motecuhzoma resultó entendible sólo en un sentido para el huey tlatoani, esa secuencia tan compleja de ser enviado del rey de España, a quien el Papa, Vicario de Cristo Hijo de Dios, había confiado difundir la fe, sonó en su mentalidad sacerdotal a que Quetzalcóatl regresaba, finalmente, a tomar la prometida revancha contra Huitzilopochtli (Tezcatlipoca).
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MOTECUHZOMA OBSERVA LOS DIBUJOS DE LOS ESPAÑOLES HECHOS POR SUS TLACUILOS |
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Cortés y Motecuhzoma convocan a sus Consejos |
Decidir lo que se haría después fue cosa que tanto el extremeño como el tenochca se dispusieron a hacer. Cortés consultó con sus capitanes, y aunque una facción velazquista propuso el retorno a Cuba, Cortés sabía que regresar a Cuba era para él la muerte o la cárcel, por lo que dimitió de su cargo, y los capitanes amigos suyos le ofrecieron el título de Capitán General, que él fingió rechazar para luego aceptar: esto le confería el mando de la expedición sin estar sometido a Velázquez, sino directamente a Carlos V -quien para conveniencia de Cortés, ignoraba absolutamente cuanto ocurría en esta nueva aventura de sus súbditos conquistadores de América-.
Al tiempo en que Cortés ascendía a este rango, Motecuhzoma convocó a su Consejo para decidir qué hacer ante la llegada de los "teules". Una parte del consejo, de tendencia guerrera, y acaudillada por el hermano de Motecuhzoma, llamado Cuitlahuac, recomendó oponerse a los "teules" con todo el poderío de Tenochtitlán y de la Triple Alianza (cosa que, desde luego, hubiera significado el fin de los españoles). [10] Pero Motecuhzoma y los sacerdotes pensaban de manera distinta: Huitzilopochtli era un dios advenedizo, mientras que Quetzalcóatl era el "titular" de la casa, el verdadero dueño de México, y en la teología azteca, Quetzalcóatl iba a vencer al advenedizo, y si Huitzilopochtli se resistía, conocería la humillación de ser prisionero; además de que una lucha de tal calibre entre los dioses podría significar el fin del Quinto Sol, cuyo equilibrio era primordial conservar.
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| QUETZALCÓATL Y HUITZILOPOCHTLI, LOS GRANDES RIVALES, CUYA ENEMISTAD IBA A TENER HONDA TRASCENDENCIA EN LA CONQUISTA DEL ANÁHUAC |
Comprometido como huey tlatoani, con el pueblo de Huitzilopochtli, Motecuhzoma no tenía el menor deseo de entregar a Tenochtitlán inerme en manos de los "teules". Todo lo contrario: pensó resistir a Quetzalcóatl, pero con armas divinas; la magia. La intención de esta resistencia era convencer a Quetzalcóatl de que se conformara con una reparación moral de su antigua derrota, sin desbancar a Huitzilopochtli [11].
Para probar la fuerza del renovado Quetzalcóatl, Motecuhzoma envió contra él dos embajadas de brujos de Tezcatlipoca, cuyos ritos mágicos no tuvieron ningún efecto. [12] Este fue el primer intento de Motecuhzoma por detener a los españoles, al cual sucederían muchos más; por lo que no se puede decir que Motecuhzoma fuera un cobarde o un traidor; quiso salvar a su pueblo, y para ello desplegó todas las argucias teológicas y mágicas que su visión sacerdotal le permitía, estando también a punto de caer en la cuenta de que los "teules" no eran sino simples hombres.
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Estancia de Cortés en Cempoala |
Decidido a no volver a Cuba, y aún suponiendo los tremendos peligros y dificultades que iban a arrostrar, Cortés cortó por lo sano a los partidarios de Velázquez, y mandó desfondar los navíos de la flota frente a Cempoala, con lo cual los españoles quedaban aislados en tierra desconocida, probablemente hostil, y sin más remedio que seguir adelante.
Como jefe de la expedición, Cortés ordenó la destrucción de los ídolos, entre ellos el dios principal de los totonacas, el Tajín. [13]. Para los indios era totalmente desconocido un dios que exigiera la aniquilación de los demás dioses, ya que unos y otros eran necesarios para el equilibrio global. La renuencia a cometer tal sacrilegio estuvo a un paso de provocar un enfrentamiento que hubiera sido fatal para los castellanos, pero Doña Marina intervino haciéndoles ver a los totonacas que su alianza con Cortés era una ofensa a Huitzilopochtli, y que sólo escaparían de la venganza mexica si acataban al pie de la letra las órdenes de Quetzalcóatl. Con gran amargura y llanto, los totonacas hubieron de aceptar, y sólo pidieron que no les tocara a ellos cometer el sacrilegio, por lo que los españoles destrozaron los pedestales de los dioses, y los templos fueron acondicionados para el culto cristiano, mandando poner Cortés una cruz y una imagen de la Virgen María. [14]
Resulta al mismo tiempo interesante comprobar cuán honesta y sincera era la intención española de evangelizar a los indígenas. Llegados en busca de oro, y listos para ir a Tenochtitlán, se detuvieron en Cempoala, a enseñar a los indios a poner arreglos florales y a fabricar velas: evangelizar no era un pretexto para la conquista, como muchos pretenden, era un propósito real y que los españoles cumplieron devotamente. Al respecto, José Luis Guerrero reflexiona que no puede uno imaginarse a los hunos de Atila, o a los vikingos, a los alemanes de Hitler o a los yanquis en Vietnam, conquistando una población, y parándose a enseñarles a fabricar velas y poner flores.
El 18 de agosto de 1519, los españoles salieron de Cempoala, dejando detrás de ellos el Ayuntamiento de la Villa Rica de la Vera Cruz, regida por Juan de Escalante como gobernador. En Veracruz quedaban también los más viejos y enfermos, además de parte de los marineros, que no sabían pelear. Cortés llevaba consigo una fuerza de 400 infantes, 15 caballos, 7 cañones y unos cuantos miles de totonacas. Semejante masa humana tenía problemas para hallar abastecimiento, y Motecuhzoma, preso en su compleja mentalidad religiosa, era incapaz de ver algo obvio: que los invasores estaban indefensos, y que con prohibir a sus súbditos dar comida y pertrechos a los "teules", la victoria sería suya.
Al mismo tiempo, la belleza y contrastes del paisaje iban a cautivar a los españoles, quienes dieron a esta tierra un nombre que ninguna otra colonia del Caribe ni del Centro había merecido aún: La Nueva España.
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Los castellanos avanzan hasta Tlaxcala |
Los cempoaltecas (totonacas), habían programado la ruta hacia el Anáhuac cruzando Tlaxcala; cosa que quiso evitar Motecuhzoma, por sospechar de las intenciones del nuevo Quetzalcóatl de alistar en sus huestes a los tlaxcaltecas, el único pueblo (junto con los purépechas), que seguía resistiendo el poderío mexica, que era independiente y que ocasionalmente se enfrentaba a los aztecas en la Guerra Florida. Cortés envió emisarios totonacas a Tlaxcala, para aconsejarles la rendición, añadiendo que venía como amigo y en son de alianza. [15]
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Los totonacas enviados a Tlaxcala pudieron decir, finalmente, que éste nuevo Quetzalcóatl había derrotado a Tajín, y que al parecer, iba en camino de vencer al mismo Huitzilopochtli, por lo que someterse a él era lo más aconsejable. Pero los tlaxcaltecas hallaron ofensivo semejante mensaje; ellos tenían por dios tribal a Camaxtle, y si Camaxtle podía desafiar y resistir a Huitzilopochtli, muy bien podría hacer lo mismo con Quetzalcóatl. Los totonacas fueron, pues, enviados de regreso, con la respuesta de que "se trataba de argucias del traidor de Montezuma", [16] un huey tlatoani que se había hecho más odioso que los anteriores en Tlaxcala, y que los tlaxcaltecas se disponían a hacer frente y aniquilar a los llamados "teules".
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| LOS ESPAÑOLES CAMINO DE TLAXCALA |
Al acercarse los castellanos, los de Tlaxcala atacaron con un ejército muy superior en número [17], y aunque hubieran podido exterminar a los españoles, se retiraron al darse cuenta, con cierta sorpresa, de que ellos morían a distancia ante los disparos de arcabuces, mientras que los "teules" no salían heridos de las pedradas, protegidos como estaban por sus armaduras. [18]
Una nueva incursión tlaxcalteca al campamento español significó ya una derrota para los españoles, a quienes sólo salvó la retirada de los indios, sin que se sepa bien por qué se retiraron. Sin saber por qué tan pocos "teules" resistían a los miles de tlaxcaltecas que repetían los ataques, los sacerdotes de Camaxtle aportaron una respuesta luego de estudiar la situación; tenían que atacar de noche, pues el día era propicio a Quetzalcóatl, y del Oriente salía el sol, y del Oriente venían los "teules". Los tlaxcaltecas atacaron pues de noche, seguros de la victoria, pero los españoles resistieron con toda la fuerza de que eran capaces, y finalmente, consiguieron poner en fuga a los indígenas.
Pero tal victoria fue desastrosa (pírrica) para los españoles, con 55 muertos, un gran número de heridos y enfermos, sin abrigos y sin comida; estaban al límite de su resistencia, y se dieron cuenta de que si sufrían otro ataque, su expedición habría terminado.
El pánico y el temor cundió entre los españoles, a quienes la fuerza de Tlaxcala les infundió peores temores de lo que sería la potencia de Tenochtitlán, pues si así luchaban los reducidos tlaxcaltecas, el poderío de los aztecas sería de verdad invencible. Fue entonces cuando muchos quisieron desertar, implorando a Cortés el regreso a Veracruz y luego a Cuba. [19] Pero Cortés se mostró inflexible, confesó sentir la misma angustia, pero no creía que el retroceso fuera la solución; tenían que tener mayor fe en Dios, por cuyo Evangelio luchaban, y además, ¿Qué diría Motecuhzoma si los veía retroceder? Y los totonacas, que ya eran sus aliados, ¿Seguirían siéndolo si los veían regresar derrotados? [20] Semejante coraje y sinceridad evangélica inspira respeto; para los españoles no fue cosa fácil la Conquista, sino sobrehumana, casi imposible, y hubieron de luchar contra sus propios miedos y debilidades, a fin de avanzar y ganar. Y no cabe duda que tener a semejantes hombres entre nuestros antepasados, debe ser un motivo más de orgullo, y no de odio como es más común entre los mexicanos actuales.
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Y fue luego de su derrota nocturna, que los tlaxcaltecas se convencieron de que el nuevo Quetzalcóatl era superior a Camaxtle, y que su única alternativa era rendirse.
Así, Tlaxcala abrió sus puertas a Cortés y los señores principales, dirigidos por Xicoténcatl, se declararon amigos y aliados, súbditos de Carlos V y devotos de Quetzalcóatl, traducido finalmente en Jesucristo y en la Virgen María. Y los tlaxcaltecas iban a ser aliados fieles hasta la muerte, incondicionales y totalmente apegados a la alianza fijada, incluso luego de la Noche Triste.
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CORTÉS RECIBE LA RENDICIÓN DE LOS SEÑORES DE TLAXCALA |
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Quetzalcóatl desafía a los dioses antiguos |
Durante su estancia en Tlaxcala, los españoles vivirían otro episodio que incrementó su prestigio divino ante los indígenas. Desde Tlaxcala, los castellanos habían visto a los dos volcanes que dominaban el panorama. Del otro lado del llano de Cuetlaxcoapan (donde hoy está Puebla), y ocultando el Valle de México, se levantaban, nevados e imponentes, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Este último les llamó mucho la atención, por sus constantes fumarolas; en aquella época, el Popocatépetl estaba en plena actividad. Los españoles quedaron sorprendidos, pues ellos no habían visto nada parecido (sólo habían escuchado relatos de los volcanes Etna, en Sicilia, el Vesubio en Italia y los que había en Islandia), y por mera curiosidad, el capitán Diego de Ordaz solicitó de Cortés el permiso de ir a escalar el volcán. Cortés concedió el permiso, y Ordaz partió con algunos indios muertos de miedo. [21]
El subir el volcán significaba para los indios un desafío desquiciado, ya que ambos volcanes eran morada de los dos dioses más poderosos y de más alta alcurnia en el Anáhuac, en el Iztaccíhuatl dominaba Tláloc, quien mantenía su Tlalocan en las nieves eternas, y en el Popocatépetl regía Xiuhtecutli o Huehuetéotl, el Dios del Fuego. Quetzalcóatl resultaba advenedizo e insolente al desafiar así a los dioses mayores, pero obviamente, Ordaz no lo sabía, y subió al volcán con algunos indios casi a rastras. Una coincidencia aumentó la importancia de la ascención, pues durante unos días el Popocatépetl humeó más de lo normal, echando incluso llamaradas de fuego por el cráter, lo cual en la mente indígena no significaba sino que Xiuhtecutli se enfurecía al ver violados sus dominios. Desde Tenochtitlán también se pudo ver como llameaba el volcán. [22]
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| DOS VISTAS DEL VOLCÁN POPOCATÉPETL, (a la derecha una vista desde Cholula), LA "MONTAÑA HUMEANTE" QUE ES UN VERDADERO SÍMBOLO DEL ANÁHUAC: SEGÚN LA MITOLOGÍA AZTECA, EN ESTE VOLCÁN REINABA EL DIOS VIEJO DEL FUEGO XIUHTECUTLI-HUEHUETÉOTL |
Si bien para los españoles significó un suceso interesante y un tanto difícil, para los indígenas tuvo un verdadero impacto teológico, estos "teules" resultaban más poderosos de lo que nadie había imaginado, pues habían vencido a los dioses mayores, los dioses viejos y superiores del Anáhuac.
Y Ordaz trajo como relación a Cortés, que al otro lado del volcán, hacia el valle que ocultaban las montañas, "había visto un mar rodeado de grandes poblaciones y torres, y que en medio de dicho mar había una gran ciudad edificada" [23]. Más tarde, desde Cholula, Cortés enviaría otra expedición a subir al volcán, pero no lograron llegar hasta arriba, volviendo con nieve y hielo, dejando pasmados a los españoles que no habían ido, y quienes no creían que pudiera haber nieve en el paralelo donde se situaban las tropicales Cuba y Santo Domingo. [24]
Aún desde nuestro punto de vista moderno, la escalada de Ordaz fue verdaderamente una hazaña: Hoy día nadie sube al Popocatépetl sin equipo de alta montaña y sin guías, se sube por caminos bien trazados y conocidos, donde hay refugios para los alpinistas, se cuenta con medicamentos, botiquines y equipos de rescate, y nadie sube en plena actividad volcánica (yo mismo, Jesús Hernández, he tenido que tragarme mis deseos de subir al Popocatépetl, por la actividad que registra desde hace algunos años).
Resulta increíble pensar que unas gentes acostumbradas a respirar al nivel del mar, a vivir en clima mediterráneo en España o cálido en el Caribe, y que sin ningún equipo técnico, hayan podido subir así, como "de paseo", al Popocatépetl; tan increíble es, de hecho, que el ilustre científico alemán Alexander von Humboldt no dio crédito a los relatos españoles, tachando de Imposible, la ascención al volcán. [25], Como bien dice José Luis Guerrero, nos proporciona una prueba más de cuán verdaderos superhombres forjó España en su Siglo de Oro, y del increíble temple de los cofundadores de nuestra nacionalidad. [26]
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