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El incendio de Gran Canaria tuvo un único culpable: el vigilante forestal de 37 años Juan Antonio Navarro Armas. Su intención era conseguir que el Cabildo insular le ampliase el contrato, que finalizaba en septiembre, pero acabó convertido en el autor de una de las más graves catástrofes ecológicas que se recuerdan en el Archipiélago.
Él mismo se encargó de dar la voz de alarma tras provocar el incendio con unas cerillas; la Guardia Civil no tardó en encontrar incoherencias en su relato de los hechos (Navarro Armas afirmó en un primer momento haber visto a dos jóvenes cerca del lugar de origen de las llamas), y poco después confesaba e ingresaba en prisión. Su comportamiento ha provocado que el cuerpo funcionarial de los agentes forestales solicite cambios en las condiciones laborales de los contratados para reforzar el cuidado de los bosques.
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