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¿LE TEMES A LA OSCURIDAD?
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SCASANOVA
 
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  Re: RELATOS: EL JUEGO DEL TELEFONO 15/Mayo/2012 - 22:12

OK......y quien era el hombre????????????

Ojos de Gato
 
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  HISTORIA: APARECIDOS 09/Febrero/2011 - 22:36

Por allí iba aquel auto, una camioneta negra, desbaratada pero extrañamente no hacia ningún ruido. Su conductor era muy callado y en realidad no le daba miedo transitar por aquella carretera tan sola y que dicen que estaba tan llena de fantasmas y aparecidos. Todo aparentemente estaba bien, hasta que en medio de la carretera aparece una muchacha, muy sucia, con la ropa medio desgarrada y que a juzgar no se movería de donde estaba; el conductor tuvo que pisar el freno hasta el fondo para no atropellarla, ésta inmediatamente corrió para entrar dentro del auto, estaba llorando, se veía muy asustada, estaba pálida y con las ropas desgarradas, la muchacha le contó al conductor que ella y su pareja iban en su auto por estas carreteras, hace unas tres horas hasta que de repente algo apareció en el medio del camino, su novio piso el freno, pero fue inevitable que atropellaran a aquel individuo que había aparecido de repente, cuando su novio y ella misma bajaron del auto para ver lo que había sucedido se dieron cuenta que no había nadie allí, se quedaron pasmados del susto y suponiendo que era uno de esos casos de aparecidos corrieron hacia el auto para largarse de allí, pero en eso preciso momento algo toma por el cuello al novio de la muchacha y lo eleva hasta llevarlo hacia afueras del camino donde sólo quedaba un espeso monte, en ese preciso momento no se sabia lo que estaba pasando, entre los gritos de la muchacha y los gritos de ayuda de su novio no se supo que era lo que lo estaba tomando por el cuello, mas bien, parecía una sombra maligna o algo; la muchacha angustiada al máximo corrió detrás de su novio que era llevado hacia la espesura del monte mientras era ahorcado gradualmente.

La muchacha estaba llorando, ya el miedo se transformaba en algo desconocido, hasta que de tanto correr se encontraron misteriosamente en un cementerio, allí el novio de la muchacha desapareció en la oscuridad, la muchacha sufría un colapso nervioso y se dejó caer, en ese preciso momento se le apareció en frente algo parecido a aquel extraño individuo que vieron en el camino y le dijo que la mataría porque así debían sufrir todos, en la cara del aparecido se podía reflejar el dolor y el sufrimiento e incluso unas lágrimas vueltas piedra, entonces en ese preciso momento la aparición fantasmal comenzó a hacer daño a la muchacha, ésta desistió de buscar a su novio y corrió de regreso mientras era golpeada por aquel aparecido hasta que quedo en shock en medio del camino y en ese justo instante, llegó la camioneta.

El conductor al oír la historia ni se inmutó, ni si quiera expresó un "valgame" y eso fue todo, él le preguntó que donde quería que la llevara y ella le contestó llorando que hacia un hospital o algo.

En todo el trayecto ella lloró y él se le quedaba viendo, extrañamente pasaba su mano derecha cerca de ella pero la retiraba porque ella levantaba su cabeza de sus brazos donde lloraba desconsoladamente, llegaron a una comisaría, en esta ella de tanto desespero sufrió un colapso nervioso al llegar con los policías y se desmayo, la dejaron dormir en un cuarto por la noche mientras le preguntaban al sujeto que la había traído lo que había pasado.

Al amanecer toda la comisaría estaba en alboroto, ya que la chica trastornada no estaba, no se había podido haber escapado, ya que era vigilada desde afuera y no existía ninguna ventana en su cuarto lo suficientemente grande para salir, además ¿por que querría escaparse?, pero más sorprendente fue que al analizar los archivos encontraron que la descripción de esa muchacha señalaba que ella ya había muerto dos meses antes y sus restos fueron encontrados en la carretera.

El sujeto que la había traído no encajaba con ningún sistema de rastreo, su matrícula no constaba en los archivos policiales, sencillamente no existía. También ese sujeto desapareció en condiciones imposibles, misteriosamente los dos desaparecieron, sin saber porque, aun se siguen haciendo investigaciones en la comisaría.

 

Ojos de Gato
 
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  RELATO: EL FANTASMA DL PANTEON 09/Febrero/2011 - 22:32

Este relato es de una experiencia que tuve cuando trabajaba de taxista en mi ciudad natal que es la Paz allá en México. Era común escuchar experiencias de compañeros taxistas que llevaban a una mujer al panteón y que desaparecía súbitamente al momento de pasar por el mismo, yo no creía en estas cosas y pensaba que sólo eran relatos inventados para divertirse, pero su creencia era tal que cuando alguien les pedía la parada en la calle de la 16 de septiembre lo ignoraban aun cuando se traba de un hombre y menos vestido de negro.

En una noche de principios de invierno, andaba yo por la avenida 16 de septiembre y revolución de 1910 cuando me pide la parada una persona que estaba justo en la esquina de las calles anteriormente mencionadas, ésta persona se me acercó y me preguntó que cuanto le cobraba por llevarla al panteón, aquí hay que resaltar que hay una colonia llamada el panteón ya que en esa zona se haya el panteón municipal de los san Juanes.

 

Siguiendo con mi relato, cuando ella me hubo preguntado que cuanto le cobraba por llevarla yo le podía haber cobrado ya un poco más de lo que usualmente porque la tarifa sube más cuando pasa después de la media noche pero como la persona se trataba de una mujer muy bonita con el rostro pálido, ojos negros, cabello lacio muy oscuro como la más negra de las noches y un poco nerviosa por que ella estaba sola y a lo mejor pensaba que yo le podía hacer algo malo, así que todo eso lo tomé en cuenta y le cobré más bajo de lo normal, ella subió y nos dirigimos a la colonia el panteón, como yo suelo ser una persona muy platicadora con los pasajeros a los que llevo le preguntaba cosas usuales como le fue en su trabajo si es que lo tiene etc. pero ella con una voz que me causaba conmoción me contestaba muy reservada y evitaba mucho ser vista cubriéndose el rostro con su cabello.

 

Así fue que ya estábamos llegando a la colonia del panteón cuando al pasar por enfrente del mismo panteón municipal yo me di la vuelta para preguntarle hacia adonde exactamente la tenía que llevar y fue en ese momento me estremecí cuando con mis propios ojos observé que ella se desvaneció como el aire, paré el auto bajé, y no la vi por ningún lado, entonces respiré hondo pensando en que pudo haber sido un sueño, pero no era así, en verdad yo había llevado a un fantasma al panteón, quizás para intentar descansar en paz. Luego de esto me pongo a pensar en que si existen los fantasmas y cada vez que paso por la avenida 16 de septiembre después de la media noche me santiguo pidiendo a Dios por el descanso de aquella mujer.

 

Ojos de Gato
 
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  HISTORIA: LA ATROPELLADA 01/Noviembre/2010 - 05:54

Una noche en Rosario (provincia Argentina), enfrente del cementerio "El Salvador", un colectivero (chofer de ómnibus) de la línea "114" iba conduciendo de noche medio dormido, de pronto, ve impotente como una chica se le cruza velozmente frente al ómnibus y este la arroya.

 

El colectivero asustado por lo sucedido y lo tétrico de el lugar decide retroceder, esquivar el cadáver de la chica y escapar. Luego de unos minutos de ir a toda velocidad y no detenerse en sus paradas normales, completamente histérico ve por el espejo retrovisor, que la chica que había arrollado está sentada en el ultimo asiento mirándolo fijo y llorando

 

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  HISTORIA: TERROR EN LA RUTA 01/Noviembre/2010 - 05:46

Una de las historias populares más macabras entre las creadas en el siglo XX es la que hace referencia a un conductor que en el último momento decide no recoger a un viajante. Generalmente el narrador comienza diciendo: "¿Te conté lo que le ocurrió a mi amigo? Bueno, de hecho fue a su primo..." Y continúa así: Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.

 

Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.
Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.

 

Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos.

 

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  RELATOS: EL JUEGO DEL TELEFONO 02/Octubre/2010 - 02:26

Cuando era chica, no existían los teléfonos celulares ni las computadoras. Es más, en algunos barrios la mayoría de las casas no tenían teléfonos. Era muy común que los vecinos prestaran sus aparatos y hasta recibieran llamadas para sus vecinos cercanos.

 

 

Esos teléfonos eran grandes, de color negro. Tenían un disco giratorio en el frente donde estaban todos los números del cero al nueve. Para hacer una llamada había que colocar el dedo en el número correspondiente y hacer girar el disco hasta el tope número por número.

 Las llamadas equivocadas y las ligadas eran frecuentes. Tampoco quedaban registradas las llamadas y el contestador automático no se había inventado. Eran otros tiempos…

 Esto ocurrió en esos tiempos.

 Alicia y Liliana eran hermanas y primas hermanas de Patricia y Susana. Las cuatro además de primas eran amigas. Les encantaba jugar juntas. Se disfrazaban, un día se convertían en cocineras, otro en maestras y otro en enfermeras. La verdad es que las cuatro primas se entretenían sin molestar y sin pelearse durante horas.

 Por esa razón, un día los dos matrimonios decidieron ir juntos al teatro y dejar a las cuatro niñas jugando en el departamento.

 La más chica era Susy, tenía once años. La más grande Alicia, tenía catorce. Lily y Pato tenían doce años.

 El departamento era seguro y se conocían todos los vecinos, las niñas sabían comportarse y jamás tuvieron problemas, así que estaban ansiosas por vivir una nueva experiencia quedándose solas por dos o tres horas.

 Las chicas estaban felices y en cierta manera se sintieron adultas.

 Dejaron las muñecas e incursionaron en el tema maquillaje utilizando el rouge y las sombras para ojos que encontraron. Luego se limaron las uñas y se aplicaron distintos tonos de esmalte.

 Mientras estaban tan dedicadas jugando a la manicura, Pato vio la Guía Telefónica y comenzó a ojearla buscando apellidos que le causaran gracia. Así descubrieron apellidos como Gallo, Gordo, Gavilán, Castillo, Rojo, etc. Y no paraban de reírse imaginando chistes graciosos.

 Alicia era la que más disfrutaba. De pronto dijo: -Llamemos a ver que contestan-

 Y se reunieron todas en torno al teléfono con una sonrisa cómplice.

 A Susy, la menor, la nombraron secretaria. Ella debía anotar prolijamente los nombres y los números de los destinatarios de sus bromas.

 Liliana sentenció compungida: - Mamá nos va a retar, Nos va a poner en penitencia hasta fin de año-

 Alicia, sin darle tiempo ni para respirar, retrucó: Mamá no se va a enterar a menos que alguien se lo diga- y agregó-Espero que cierres tu enorme bocota. Jura con la mano en el corazón que no se lo vas a contar- dijo solemne.

 Ay, dijo Lily – Déjame tranquila.

 ¡No! Dijo Pato- Tienes que jurar que no vas a decir nada.

 Está bien. Lo juro – contestó Lily en un susurro.

 -Por Canela- Dijo Pato agregando- y no cruces los dedos en tu espalda.

 -¡Está bien! lo juro por Canela- Mientras juraba, mostró sus manos y le echó una mirada triste a su gata que dormía en el sillón.

 Una vez conseguido el solemne juramento de Lily, se dispusieron a hacer los llamados correspondientes: Al Señor Gallo le preguntaron por sus gallinas, al Señor Gordo le ofrecieron una dieta, al Señor Gavilán le ofrecieron una jaula, al Señor Castillo le ofrecieron mudarse a un rancho, a la Señora Rojo le preguntaron que pensaba hacer este año que estaba de moda el azul y así continuaron muertas de la risa anotando prolijamente a sus destinatarios y los distintos insultos que recibían de sus víctimas inocentes.

 El juego se había puesto divertido y hasta Lily participaba con entusiasmo sugiriendo nuevas bromas.

 Este pasatiempo del teléfono había resultado un éxito. Era la primera vez que recibían insultos de semejante magnitud y les dolían las mandíbulas de tanto reírse.

 Mientras apuntaban una nueva lista de víctimas y proponían los mensajes sonó el teléfono.

 Alicia, la mayor atendió pensando que eran sus padres para controlarlas: -¡Hola! ¡Hola!- dijo calmada. Del otro lado de la línea se escuchaba música clásica. –¡Hola! ¡Hola! Volvió a repetir… pero del otro lado solo se escuchaban los acordes de un violín lejano.

 Cortó y siguieron preparando su juego.

 Cuando se disponían a comenzar su raid telefónico, al levantar el tubo no escucharon el característico tono sino una respiración fuerte y sonora en el auricular. ¡Hola!- Repitió Alicia y haciéndole señas a sus primas para que guardaran silencio les fue pasando el tubo para compartir el extraño sonido. Pero este, tornó en una carcajada estruendosa y desconocida. Era la voz de un hombre.

 ¡Hola! Gritó Alicia. Del otro lado un largo silencio y luego una voz grave y espesa le dijo susurrando: -Sé que están solas.

 Alicia colgó el tubo y aterrorizada comunicó el mensaje a su hermana y a sus primas.

 -Nos está mirando- balbuceó Pato.

 Lily se largó a llorar y Susana, la acompañó lagrimeando con cara de espanto.

 ¡Apaguen la luz! ordenó Alicia. Pato corrió a cumplir de inmediato la astuta decisión de su prima. Ahora las más chicas redoblaron su llanto.

 ¡Silencio! ¡Cállense por favor!- les gritó Pato.

 Alicia y Pato se asomaron nerviosos a la ventana para escudriñar los departamentos vecinos mientras las más pequeñas lloraban abrazadas.

 De pronto escucharon el sonido del ascensor que arrancaba. Corrieron a pegar el oído contra la puerta y corrieron la tranca. Escucharon abrirse la puerta y pasos en el palier.

 Contuvieron la respiración con esfuerzo.

 El sillón- susurró Alicia. Entre ambas empujaron el pesado sillón contra la puerta, pero en medio de la oscuridad reinante, los nervios y el llanto de sus hermanas menores se llevaron por delante una lámpara que se cayó explotando las lamparitas y una mesita ratona con adornos acuñados a través de los años por la dueña de casa que se desplomaron y crujieron como si se partieran mientras escuchaban el sonido del agua contenida en un florero caer sobre la alfombra.

 Pero lograron correr el sillón y se sentían a salvo.

 Las dos primas se sentaron inmóviles sobre el sillón en el silencio en la oscuridad.

 Canela, la gata maullaba, y como si supiera lo que estaba ocurriendo se acurrucó en los brazos de Lily, su dueña.

 Desearon que sus padres llegaran a rescatarlas y nunca los minutos les parecieron tan largos.

 El teléfono negro era el único objeto que permanecía en el lugar de siempre y ninguna se animaba a tocarlo.

FUENTE: CUENTOS DE TERROR

Editado por: azeret (02/Octubre/2010 - 02:28)
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  HISTORIA: EL PERRO RABIOSO 02/Octubre/2010 - 02:19

Los días en el campo se deslizan placidamente. La cantidad de horas de luz y la temperatura ambiente marcada por  las cuatro estaciones del año definen el ritmo de  las actividades: preparación de la tierra, siembra, cosecha etc. Parecería que el único tema de conversación en ese ámbito es el clima y cualquier suceso fuera de lo común puede llegar a convertirse debido a la soledad y la distancia en una verdadera tragedia.

 Mi abuelo solía contarme lo que le había ocurrido a Don Belisario, el veterinario de su pueblo, un pueblo de campo.

 Un viernes por la noche, Don Belisario recibe la visita de Juan, el peón de Don Pascual. Este le  pide que vaya al día siguiente por su campo a ver a Rosamora, su yegua favorita ya que no la veía bien.

 Don Belisario vivía en el pueblo con su mujer y su hija. Ellas habían planificado ir el fin de semana a visitar a su hermana, cosa que hacían cada dos o tres meses.

 Don Pascual vivía en La Rosada , su campito de cien hectáreas con su mujer ya que sus hijos trabajaban en la ciudad. Juan, el peón, vivía en La Rosada durante la semana y los fines de semana volvían al pueblo con sus padres y hermanos.

 Ese sábado Don Belisario llevó a su mujer y a su hija hasta la Terminal de Ómnibus y luego subió a su vieja camioneta para dirigirse hacia La Rosada. Le costó arrancarla, seguramente sería la batería, pero luego de unos minutos, encendió y despacio rumbeó tomando el viejo camino de tierra hacia el campo de Don Pascual.

 Hacía calor. Belisario pensaba estar de vuelta al mediodía y ya saboreaba los mates que seguramente lo convidaría Don Pascual.

 Al llegar a la tranquera, se bajo sin apagar la camioneta, bajo, abrió la tranquera y luego de traspasarla la cerró por si había algún caballo suelto.

 De la tranquera a la casa había unos quinientos metros. Busco la sombra de un eucalipto cercano y estacionó la camioneta.

 Tomó el maletín y cuando se dispuso a bajar del vehículo, un perro desconocido, negro y corpulento se abalanzó ladrando enloquecido mientras apoyaba sus patas sobre la puerta de la camioneta.

 Trató de dirigirle palabras suaves para tratar de calmarlo, pero el perro parecía un monstruo. Ladraba y jadeaba sin cesar. Echaba espuma por la boca, los ojos parecían desviarse y los pelos del lomo erizados le hicieron notar que estaba ante un perro rabioso.

 Don Belisario hizo sonar la bocina, pero nadie se asomó. Intentó arrancar la camioneta, pero esta vez no le respondió.

 El calor se hacía sentir y Don Belisario se encontraba preso en su camioneta de un perro rabioso. Justo a él. Un veterinario!

 Era la primera vez que Belisario se encontraba en una situación de este tipo y no estaba preparado. No llevaba consigo ni agua ni alimentos. Ni hablar de armas. No tenía y tampoco sabía usarlas.

 El calor y los nervios le hacían transpirar más de lo común. La camioneta, que estacionó a la sombra con el correr de las horas quedó expuesta a los rayos del sol que parecían concentrarse sobre la cabina de la camioneta convirtiéndola en un horno. Tenía sed y temía desmayarse en cualquier momento.

 Belisario trató de dormirse, pero de tanto en tanto el perro se abalanzaba sobre su ventanilla echando espuma por la boca  enloquecido. Le preocupaba la ausencia de Don Pascual ¿Y si la bestia rabiosa lo había destrozado?

 En el pueblo nadie lo echaría de menos, si no lo encontraban, pensarían que había ido a algún campo cercano a ver animales. Así que tenía que resistir hasta el lunes. Día en que Juan volviera al campo a trabajar. No tenía otra meta: Resistir.

 Deseó que lloviera. Él, que siempre pensó que Dios era para los niños, que todavía inocentes podían depositar su Fe en los Reyes Magos, se vio de repente tratando de recordar el Padrenuestro. Si. Belisario se acordó de Dios. Hizo promesas.: “Si me salvo  de ésta iré a Misa todos los domingos”, “Si salgo vivo, me voy a Luján caminando” y cosas por el estilo.

 Muchas cosas pasaron por la cabeza de Belisario. En especial lo triste que sería morir de esa manera tan absurda: de sed, preso de un perro rabioso. Justo a él, un veterinario de pueblo que lo único que deseaba era vivir en paz.

 La bestia continuó girando enceguecida. Mató una paloma y la descuartizó con sus dientes. Luego arreció contra un cajón de madera. La locura del monstruo crecía con las horas como aumentaba la temperatura.

 Se hizo de noche y aprovechó para dormir.

 El domingo intentó arrancar la camioneta, pero por lo visto se había encaprichado y nuevamente no le respondió. Aprovechó el fresco de la mañana. Ya sabía lo que le esperaba por la tarde: el sol implacable secando su boca ya lastimada por  falta de líquido.

 No tardó en desmayarse. Así lo encontró Juan al llegar el lunes por la mañana. Todos dicen que fue un milagro que haya resistido tantas horas sin agua con temperaturas tan altas.

 Don Pascual y su esposa yacían destrozados del otro lado de la casa. Y la bestia negra , muerta junto a la camioneta.

FUENTE: CUENTOS DE TERROR

Editado por: azeret (02/Octubre/2010 - 02:21)
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  RELATOS: EL CAMINO A TILOS (UN VIAJE PARA OLVIDAR) 02/Octubre/2010 - 02:12

Cada vez que recuerdo ese día, un frío misterioso recorre mi cuerpo y corta mi respiración.

 Cuando sonó el teléfono yo estaba a punto de meterme en la cama. Cuando mi padre respondió supe por la voz, grave y taciturna que algo grave ocurría.

 Mi mamá hacía una semana que no estaba en casa. Había tenido que viajar 120 kilómetros para atender a mi abuelo que estaba enfermo y como ya estaba mejor, la esperábamos en casa al día siguiente.

 La llamada era de mi abuelo. Mi mamá se había caído y se había fracturado la pierna. Mi papá decidió que iríamos inmediatamente para allá. Yo iría con él, ya que no pensaba dejarme solo en casa y mañana faltaría al colegio. Pero era una emergencia y estaría más que justificada mi ausencia.

 Después de todo, 120 kilómetros no son tantos y en dos horas, a más tardar estaríamos por allá.

 Mi abuelo se negaba a que hiciéramos el camino de noche. No sé que superstición lo acobardaba. Pero la gente de campo tiene esas cosas. Como mi papá insistió. El abuelo le advirtió que no parara en ningún momento cerca de los tilos. Por más que le hicieran señas mujeres o niños.

 Siempre pensé que era un tema de seguridad. Pensé que seguramente allí se esconderían ladrones y asaltantes para burlar a los desprevenidos.

 Así fue como metimos algunas cosas en el bolso y luego de parar en una estación de servicio para cargar nafta continuamos nuestro camino.

 Tomamos la autopista. Era tarde y había muy poco tráfico. Luego salimos y tomamos una ruta rodeada de campos. Casi se podía ver todo ya que la luna iluminaba con un reflejo brillante a los grupos de árboles y animales.

 Luego de un largo trecho tomamos un camino de tierra. No serían más de cuatro kilómetros, pero debíamos pasar rápidamente el camino bordeado de tilos. La niebla comenzó a descender rápidamente envolviendo al auto.

 Mientras avanzábamos, vimos claramente como una mujer con dos niños de la mano estaban parados en medio del camino.

 Mi padre continuó sin bajar la velocidad. –Papá. Los vas a atropellar- grité.

 Mi padre aminoró la marcha sin detenerse e inmediatamente vimos con estupor que la mujer y los niños se encontraban en el asiento trasero sin decir palabra.

 Mi papá estaba blanco como un papel y yo me había quedado sin habla. ¿Cómo se habían subido al auto? ¿Quiénes eran estas personas?

 Mi papá tomó con fuerza el volante, pero temblaba.

 Cuando avanzamos dos kilómetros la mujer dijo – Aquí nos bajamos. Pare por favor.

 Mi padre detuvo el auto. Ellos abrieron la puerta, dieron las gracias y desaparecieron.

 Cuando llegamos a la casa, mi abuelo adivinó por nuestras caras de espanto lo que había ocurrido. Evidentemente ya lo había experimentado y nos convidó con un vaso de agua fresca.

 A pesar de ver a mi mamá, con su yeso a cuestas, pero bien, ni mi papá ni yo pudimos dormir esa noche.

 Cuando al día siguiente regresamos a casa, vimos tres cruces al borde del camino. Marcaban el lugar donde la mujer y sus niños se habían bajado del auto.

FUENTE: CUENTOS DE TERROR

Editado por: azeret (02/Octubre/2010 - 02:14)
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  RELATO: LA FIESTA DE DISFRACES 02/Octubre/2010 - 02:02

Aurora era una prima segunda o tercera de mi mamá, Ya estaba en sus setenta, pero no se le notaba porque desbordaba energía. Siempre alegre, siempre jovial, era el alma de cualquier reunión.

 Si bien vivía sola, porque no quería molestar, continuamente se preocupaba por hacer felices a todos los que la rodeaban. Ella era la que organizaba fiestas sorpresa para agasajar a sus familiares y amigos. Era la que siempre estaba cuando alguno estaba triste. La que corría a cuidar al primero que se enfermara. Aurora era un comodín o una scout, siempre lista.

 Jamás se quejó porque el dinero no le alcanzaba ni porque le dolía la uña o un dedo. Si alguien necesitaba algo, sabía que Aurora no le iba a fallar. Pero un buen día, Aurora no apareció por casa a la hora de costumbre, un rato más tarde recibimos un llamado del Hospital. Aurora se había descompensado y estaba internada en estado delicado. Estuvo varios días en terapia intensiva y luego la trasladaron a habitación común. Nos turnábamos para acompañarla en los horarios de visita y para darle de comer, aunque se negaba.

 Una mañana, la encontré sentada, muerta de la risa, conversando con no se sabe quién, porque la verdad es que en la habitación no había nadie. Sentí que un frío helado recorría mi cuerpo. Ella mantenía la charla, se reía a carcajadas y yo me desesperaba por no saber que hacer, ya que me ignoraba por completo.

 De pronto las luces se apagaron y volvieron a encenderse. Atribuí el desperfecto a una falla eléctrica.

 Aunque a mi me causaba una gran inquietud, las enfermeras entraban y salían de la habitación sin darle importancia.

 Le pregunté al médico sobre el raro comportamiento de Aurora y contestó que probablemente sería el efecto de la medicación.

 Así continuó día tras día, charlando animadamente con sus visitantes imaginarios, hasta que una mañana logré interrumpir la conversación.

 Aurora me dijo: - Me están organizando una fiesta de disfraces.

 -¿Quiénes? Le pregunté entre tímida y asustada.

 -Toda esta gente que vino a verme. ¡Son tan divertidos!

 -¡Toda esa gente!, ¿Qué gente? Si no fuera por esa sensación extraña de estar siendo observada por espíritus que me invadía, podía llegar a pensar que Aurora se había vuelto loca.

 -¿Y Cuándo será la fiesta? Le contesté , siguiendo la corriente.

 -Espera que les pregunto. ¡Y les preguntó! Se sonrió mientras yo esperaba la respuesta. La situación me producía escalofríos. Eso de estar junto a una persona que conversa mirando fijamente a la pared no me causaba ninguna gracia. Más bien me producía temor.

 -El sábado 23 a las seis de la tarde. Están todos invitados. Vos, Inés, ocúpate de la comida. Hace tarjetitas invitando a todos. No te olvides de Porota, a ella siempre le gustaron las fiestas de disfraz.

 -No sé si nos van a dejar. Esto es un hospital.

 -Dicen que no va a haber problema. Que las organizan todos los días. ¡Ah! Y que vengan todos con sombrero. Es el requisito para entrar.

 Yo no entendía nada de nada. No sabía si estaba viviendo un sueño o una pesadilla. Pero, por si acaso, les avisé a todos los conocidos.

 Al día siguiente, estaba más animada. La fiesta resultó un estímulo importante en su recuperación. No paraba de hablar, aunque tanto tiempo en el Hospital la había hecho perder la noción del espacio. Pensaba que estaba en su propia casa y me pedía que le alcanzara tal o cual cosa que estaba en tal o cual lugar.

 -¿Y vos de que te vas a disfrazar? Le pregunté.

 -¡Ah! No lo pensé. Buena pregunta….

 -Decídete, porque me va a llevar tiempo conseguir los disfraces.

 -¿Qué te parece de Hada? ¿Es muy común?

 -No, Está bien. Si te gusta de Hada, serás un Hada. Respondí.

 -Trae un sombrero bien puntiagudo. Que le salga bastante tul de la punta y pégale estrellitas brillantes.

 -Está bien. Le dije, -Como vos quieras. Estaba dispuesta a darle todos los gustos. Aurora se merecía eso y mucho más.

 Cuando salí, en la puerta del Hospital había un grupo de gente disfrazada. Este parece ser un Hospital fuera de lo común. Tenía razón Aurora. Las autoridades no tienen ningún problema ante la organización de este tipo de eventos. Cuando le comenté a la enfermera de turno acerca de la fiesta del sábado me miró sorprendida. Miró a Aurora, me miró a mí. Volvió a mirar a Aurora y dijo: -Yo pensé que estaba mucho mejor. Y agregó: -¿A qué hora?

 -A la noche. Alrededor de las ocho. Entonces, hizo una mueca con los labios.

 -Justo es mi turno, dijo. Gracias por avisarme, así me preparo para lo peor. Luego se dio media vuelta y se fue.

 -¡Qué comentario raro!, ¡Qué mala onda! !Seguro que no le gustan las fiestas! Me dije.

 Era obvio que estaba mejor, sino no íbamos a organizar una fiesta.

 Puse manos a la obra. Alquilé un disfraz de Hada para Aurora. Personalmente armé el sombrero tal como ella lo quería. Luego, con unas telas viejas improvisé disfraces para toda la familia. No tuve tiempo para cocinar, así que encargué sándwiches y masitas en una confitería.

 Nos encontramos todos los amigos, vecinos y familiares en la puerta del Hospital. Cada uno debía traer la bebida que consumía. Subimos tratando de guardar el mayor silencio posible. De pronto recordé que con el apuro de preparar todo y cargar el auto con la comida me había olvidado el disfraz de Aurora en casa, colgado de una percha. Me invadió la desesperación. Ya era la hora. ¿Cómo podía haber olvidado lo más importante?

 -¡Un momento! Dije. ¡Me olvidé el disfraz de Aurora!

 -Todos me miraron con cara de reproche. ¿Y ahora que hacemos? Dijo mi mamá. -!Yo voy a buscarlo ! Gritó Tomás, Pero ya habían abierto la puerta de la habitación. La cama estaba vacía y no había ninguna enfermera cerca para preguntarle que sucedía.

 Parecíamos todos locos. Disfrazados de pollo, de oso, de mendigo, de caperucita, de chapulín colorado, abarrotando los pasillos de un hospital.

 De pronto, vimos que la enfermera de turno se acercaba rápidamente. Nos abalanzamos con preguntas. Queríamos saber donde estaba Aurora.

 -¿Ya están listos para la fiesta? Preguntó con su proverbial sequedad.

 -¡No! Olvidé el disfraz de Aurora. Pero ya mando a alguien a buscarlo.

 -La hora señalada ya pasó. Queme el disfraz. Respondió la enfermera sin cambiar la cara. Y agregó: -Aurora sufrió un paro cardíaco, pero va a estar bien. Ya van a ver.

 El comentario de la enfermera me hizo pensar que ella sabía mucho más de lo que aparentaba. Y que lo que Aurora veía no era producto de la medicación. Que había algo real que nadie se atrevía a comentar.

 Siguiendo el consejo de la enfermera, lo primero que hice al llegar a mi casa fue quemar el disfraz, algo que Aurora jamás me perdonó. Pero no me importó. Íntimamente sabía que mi olvido la había salvado de una muerte anunciada.

 Al día siguiente Aurora estaba en perfectas condiciones. Pero enojada. Muy enojada conmigo. Decía que le había arruinado la fiesta. Que todos sus amigos habían desaparecido por mi culpa. Que yo era una desconsiderada. Que ella jamás se hubiera olvidado de traer un disfraz.

  En pocos días le dieron el alta y volvió fresca como una lechuga a su casa. Sus amigos invisibles, que tanto la divertían, habían desaparecido por completo. Tal vez estén organizando otra fiesta de disfraces en otra habitación del hospital.

FUENTE: CUENTOS DE TERROR

Editado por: azeret (02/Octubre/2010 - 02:05)
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  RELATOS: EL INTERNO 66 (EL VIAJE FANTASMA) 02/Octubre/2010 - 01:50

Como todos los días, por la mañana me encuentro con varios compañeros de quinto grado para ir caminando hasta la escuela. Carlos, mi compañero de banco, el más alto y corpulento del curso. Tavo, flaquito y pálido, siempre con miedo a todo. Andrés, el carilindo, le decimos el Facha, por el que todas las chicas suspiran, y yo, Martín.

 Siempre salimos temprano, para ir charlando tranquilos y siempre pasamos por un lugar maravilloso. En realidad, nunca entramos y desde la calle apenas podemos ver algo. El predio debe ocupar unas dos manzanas. Está rodeado de un paredón altísimo, pero una reja flanquea la entrada. A través de la reja podemos ver estacionados, decenas de colectivos destartalados.

 Dice mi papá que cuando los colectivos tienen un accidente o el choque es muy grande, muchas veces no conviene arreglarlos porque es muy caro, entonces los remolcan hasta ese depósito y los usan como repuestos para otros vehículos.

 La verdad es que solo vimos entrar o salir a un señor que llega por las mañanas que parece ser el cuidador.

 Para nosotros es como un parque de diversiones inaccesible al que miramos con la pretensión de poder ingresar sin pagar entrada. Muchas veces es nuestro tema de conversación. Que por donde se podrá entrar, que qué pasaría si saltáramos la reja, que si el señor lo cuidará día y noche, y así continuamos divagando sobre la posibilidad de introducirnos en el preciado depósito vehicular.

 Por la tarde, al volver de la clase de gimnasia, vimos que el cuidador estaba cerrando la reja y luego se iba caminando despacito hacia la parada de colectivos.

 Carlos, vio al instante una oportunidad.- ¿Y si entramos? Nos preguntó entusiasmado.

 -No, mejor nos vamos, dijo Tavo con esos ojos de cordero miedoso.

 -¡Si! ¡Dale, entremos! Se entusiasmó el Facha.

 Yo miré el reloj y vi que todavía era temprano. ¡Total! ¿Cuanto tiempo tardaríamos en dar una vuelta?, con una hora alcanza y sobra, pensé.

 Carlos ya estaba montado en lo alto de la reja y nos daba una mano para ayudarnos a treparla. Tavo, como siempre, fue el último. Enganchó la pierna en el travesaño y mientras trepaba repetía: -Nos van a agarrar, va a venir la policía, nos van a dar una flor de paliza.

 Carlos enojado le gritó-¡O te callas o te vas!

 Ya estábamos todos adentro. Era un paraíso. Colectivos de todos los colores y de todas las líneas, acarreando tremendos choques. Algunos hacía rato que estaban allí, por el óxido de los hierros. Otros parecían más recientes. Había varios incendiados.

 Nos llamó la atención el interno 24 de la línea 106. Todo el frente y el lateral derecho destrozado. ¿Qué habría pasado? No quedaba una ventanilla sana de ese lado y los asientos, tapizados en cuero negro, estaban destrozados. El accidente debió ser terrible.

 El interno 24 estaba medio inclinado, pero igual entramos a mirar. Todos menos Tavo, que se quedó petrificado en medio del playón.

 Una niebla espesa comenzó a descender. ¡Qué humedad!, pensé.

 En el interior, encontramos entre los hierros retorcidos de los asientos desencajados, un chupete, un zapato, anteojos rotos, un diario, otro zapato de mujer. Había vidrios del tamaño de la sal gruesa desparramados en el interior. Un escarpín de bebé colgaba del espejo retrovisor del conductor. Pensé que posiblemente eran las pertenencias perdidas de los pasajeros.

 Un grito nos sobresaltó. Salimos disparados a la carrera. Era Tavo. -Algo se movió allá atrás. ¡Vayámonos!. Dijo asustado.

 Carlos preguntó: -¿Por dónde?

 -Atrás del 88. Vi algo que se movió. Me quiero ir.

 El Facha, le dijo -Es temprano todavía. -¡Vamos a ver! y salió corriendo hacía el sitio señalado, seguido a corta distancia por Carlos que estaba a sus anchas.

 Yo también tenía ganas de ir a investigar pero lo vi tan alterado a Tavo que decidí quedarme un rato con el y ver que pasaba.

 Transcurrieron unos minutos y la impaciencia me estaba afectando. ¿Y? Grité con todas mis fuerzas.

 -¡Vengan, Vengan! se escuchó la voz de Carlos. Lo agarré del brazo a Tavo y le dije: -Vamos a ver.

 -¡No! ¡No quiero! protestó

 -!O vienes o vienes!. Le dije y lo arrastré contra su voluntad.

 Había un colectivo en perfectas condiciones. El interno 66 de la línea 60. Carlos y el Facha se habían acomodado en su interior. Carlos estaba sentado al volante cual conductor profesional. Subimos y nos sentamos en los primeros asientos. Todos reíamos divertidos. Hasta Tavo parecía contento con el descubrimiento.

 De repente se cerraron las puertas automáticamente.

 -¿Qué tocaste? Le grité

 -¡Nada! ¡No toqué nada!!¡Te lo juro!

 De pronto se encendieron las luces. -¡Algo tocaste! Le dijo el Facha.

 Carlos sorprendido gritó: -¡Te juró que no! Y como un resorte saltó de la butaca del conductor para sentarse junto a nosotros, en los asientos de pasajeros.

 Nos miramos todos extrañados. Tavo comenzó a transpirar de los nervios y a restregarse las manos.

 No habíamos salido de nuestro asombro cuando el motor comenzó a rugir. La palanca de cambios se movió como por arte de magia y el colectivo comenzó a avanzar lentamente por el playón, conducido por quién sabe quién. El chofer fantasma puso segunda y avanzó a mayor velocidad. Luego tercera y finalmente pasó en pocos segundos a cuarta.

 El colectivo avanzaba por el playón, rodeando otro grupo de vehículos estacionados en el centro del mismo a gran velocidad. Teníamos que sujetarnos fuertemente de los asientos para no caernos.

 Tavo lloraba y gritaba sin parar. Pronto los cuatro acompañamos sus gritos a coro. A nuestros gritos se sumaron risas fantasmales que agregaron pánico a esa experiencia descontrolada. De pronto sonó el timbre de la puerta trasera. El chofer fantasma redujo la velocidad, la puerta trasera se abrió y se cerró en segundos para volver a tomar carrera rápidamente.

 Los cuatro, impávidos sin saber que hacer, veíamos caer la tarde en nuestro viaje misterioso a ninguna parte.

 La velocidad impedía que pudiéramos pararnos. Carlos comenzó a arrastrarse por el piso mientras se sujetaba de los asientos y tomando a Tavo del brazo lo obligó a tirarse al piso hacia la puerta trasera. De repente, escuchamos nuevamente el timbre de la puerta trasera, era nuestra oportunidad de escapar.

 Carlos ya estaba con Tavo junto a la puerta. El colectivo redujo la velocidad, frenó y la puerta se abrió. Carlos y Tavo se arrojaron del colectivo. El Facha y yo no llegamos a tiempo ya que la puerta volvió a cerrarse en segundos.

 Carlos y Tavo que estaban a salvo, nos miraban espantados desde el playón. Y nosotros continuamos nuestro viaje estirados en el piso junto a la puerta trasera, entre las carcajadas de los espectros que nos acompañaban, con la esperanza de que alguno tocara el ansiado timbre.

 La noche se acercaba. Mientras tanto, Carlos Y Tavo arrastraron un par de cubiertas para depositarlas en medio de esa pista macabra con la intención de detener al interno 66. Pero el fantasma maniobró esquivando el obstáculo con destreza mientras lanzaba una carcajada que resonó como un tambor.

 Pensé que jamás podríamos abandonar esa máquina siniestra ya que el timbre no volvió a sonar.

  Carlos seguía tramando la manera de detener al colectivo. Entonces, se paró a un costado y estiró el brazo. El chofer detuvo su marcha y abrió la puerta delantera para permitir su ingreso. Pero Carlos no subió. El chofer, entonces, volvió a acelerar en loca carrera.

 Con el Facha nos arrastramos hacia la puerta delantera y esperamos. Nuevamente Carlos estiró el brazo en un nuevo intento por detener la alocada marcha. El chofer frenó y abrió la puerta delantera. Ahí nos abalanzamos y nos arrojamos rápidamente.

 Estábamos a salvo. Un poco magullados, pero vivos. Salimos corriendo, trepamos la reja del portón y llegamos a la calle. Cuando miramos hacía atrás. El interno 66 de la línea 106 estaba estacionado en el lugar de siempre.

FUENTE: CUENTOS DE TERROR

 

 

Editado por: azeret (02/Octubre/2010 - 01:53)
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  HISTORIAS: EL TESORO ESCONDIDO (Paraguay) 02/Octubre/2010 - 01:41

Cuenta una antigua leyenda paraguaya, que si en tu casa escuchas ruidos extraños, oís ruidos de cadenas o ves un espectro deambulando es porque cerca, muy cerca, hay un tesoro escondido. Esto le ocurrió a Dionisio. El y su familia se establecieron en una localidad llamada Campo Nuevo. Comenzaron a construir su casa y pronto empezaron a escuchar ruidos extraños, aullidos y voces misteriosas. En una ocasión una sombra empujó a Dionisio de su bicicleta unos metros, y en otra, un espectro, sacudió fuertemente un naranjo hasta hacer caer casi todos los frutos. Una noche escucharon un fuerte golpe en la puerta de entrada, Dionisio se levantó de la cama para ver que ocurría. Una sombra envuelta en niebla se paseaba por el frente de la casa. El miedo se apoderó de la familia y pensaron seriamente en abandonar la finca ya que no podían pegar un ojo en toda la noche. Se encerraban cuando llegaba la noche y no se animaban a salir hasta que saliera el sol.

 Dionisio, que había escuchado la leyenda pero nunca había creído en ella, comenzó a pensar que seguramente había un tesoro escondido en su propiedad. Ellos eran humildes y un hallazgo de esa naturaleza podría dar lugar a una oportunidad de progreso para toda la familia. La casa había quedado sin terminar por falta de recursos La cosecha de algodón no había sido buena y apenas les alcanzaba el dinero para pagar la comida. Su mujer, Azucena lloraba y sus hijos querían mudarse. No soportaban la idea de convivir con esas presencias misteriosas. Azucena, tenía un gallinero con varias gallinas, tres perros y dos gatos. Una noche en que los aullidos envolvieron la casa, escucharon cacarear a las gallinas, ladrar a los perros y maullar a los gatos con un vigor fuera de lo común.

 Azucena, que estaba sola con sus hijos temiendo que algún espectro pudiera entrar a la casa, amontonó varios muebles contra la puerta. Al día siguiente tres gallinas, uno de los perros y los dos gatos habían desaparecido.

 Los animales que se esfumaron eran todos blancos. Al fantasma por lo visto, no le gustaban los animales de color blanco. Dionisio que era muy valiente, al día siguiente compró una pala y comenzó a cavar. La finca era grande y avanzaba lentamente.

 Entonces pidió ayuda a dos de sus primos y entre todos dieron vuelta el terreno con picos y palas. Los aullidos y las voces se agudizaban por las noches, su mujer quería marcharse con sus hijos, pero el entusiasmo y la valentía de Dionisio por descubrir las riquezas los calmaba por lo menos durante el día. Dionisio sabía también, por las historias que había escuchado hasta entonces que solo una persona debería encontrar el tesoro. La leyenda decía que si más de una persona veía el tesoro, este desaparecería ante sus ojos. Cansados de cavar estaban a punto de abandonar la búsqueda, cuando se les ocurrió mirar hacia unos arbustos. Una luz resplandeciente, mezcla de bruma y sol los envolvía. Los arrancaron rápidamente. Aunque estaban cansados continuaron paleando con entusiasmo. Allí encontraron un envoltorio hecho con sábanas de hilo ajadas y sucias. En su interior había una antigua ollita de hierro con tapa. Y dentro de la ollita un puñado de relucientes monedas españolas de oro.

 Dionisio y sus dos primos contemplaron embelezados el hallazgo. No podían creer lo que estaban viendo. Al instante, la ollita y todo su contenido se transformó en carbón esfumándose de su vista. Dionisio haciendo caso a la antigua leyenda, les dijo a sus primos que se marcharan para continuar cavando solo. Esa noche no pudieron dormir. Los fantasmas golpearon las puertas y ventanas, sacudiéndolas con una potencia increíble. Era una fuerza sobrenatural que hacía temblar toda la casa. Al día siguiente, Dionisio tomó la pala y cavó más profundamente en el mismo lugar con la esperanza de encontrar algo más. En el mismo lugar apareció otro envoltorio. Era un baúl de madera envuelto con varias capas de tela. Seguramente sábanas, pero estaban deterioradas por la humedad y el paso del tiempo. El baúl estaba cerrado con un candado de hierro muy oxidado. Dionisio no tardó en quebrarlo con una tenaza. Al abrirlo se desplegó el fruto de tanto esfuerzo. El baúl contenía muchas alhajas. Había collares, diademas, aros y pulseras. Todos de oro antiguo. Muchos engarzados con piedras preciosas de maravillosos colores. Un tesoro de valor incalculable. En esta oportunidad estaba solo. Espero un tiempo para asegurarse que no desaparecería. El tesoro continuó ante su vista sin desaparecer tal cual narra la leyenda. Comunicó la noticia a su familia y a sus primos que alborozados festejaron el hallazgo. Las sombras y los aullidos se retiraron de la casa. Volvieron a aparecer las gallinas, el perro y los dos gatos. Los fantasmas ya no tenían que custodiar su tesoro. No sabemos adonde fueron a parar, seguramente se retiraron a descansar, después de tantos años de vagar en las sombras custodiando su fortuna. Hay infinidad de leyendas cuyo origen está centrado en la guerra del Paraguay. En ese entonces, ante el avance del ejército enemigo, familias enteras debían desplazarse dejando atrás sus propiedades y sus pertenencias. Como no podían llevar todo a cuestas, muchas familias optaban por enterrar sus tesoros en el campo para volver a recuperarlos cuando la guerra hubiera terminado. Estos consistían mayormente en monedas de oro y alhajas con piedras preciosas de altísimo valor. Llevarlos consigo también era un gran riesgo ya que estaban a la merced de rateros y ladrones. Muchos volvieron y desenterraron sus pertenencias, pero muchos otros murieron en la guerra y sus tesoros quedaron ocultos en el campo. Nuevas familias se establecieron y nadie sabía donde estaban ocultos esos tesoros. Pero dicen, que si por la noche se escuchan alaridos, ruidos de cadenas o ves sombras escondidas, es que el alma de los antiguos moradores están custodiando sus tesoros y si buscas bien seguramente encontrarás un tesoro escondido.

FUENTE: CUENTOS DE TERROR

Editado por: azeret (02/Octubre/2010 - 01:42)
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  RELATO: FANTASMA EN HACIENDA EN VITORIA (España) 16/Febrero/2010 - 01:03

La delegación de Hacienda de Vitoria en España esconde un fantasmal secreto del cual se habló copiosamente hace casi 20 años atrás, pero ahora ha caído bajo el manto del silencio. En el corazón de Gasteiz y sobre la calle Olaguíbel se encuentra la delegación estatal de Hacienda, un edificio austero que fue construido sobre lo que antiguamente era el convento de San Francisco, allá por el año 1200, en la década de los 30´s el viejo templo fue derrumbado para 3 décadas más tarde convertirse en lo que vemos ahora y como recuerdo de aquella emblemática estructura se conservó un arco de piedra en la parte trasera del terreno.Desde que la nueva edificación se erigió en el solar, comenzaron a desarrollarse fenómenos que iban más allá de todo entendimiento humano. No sólo quienes ingresaban a la delegación, funcionarios y guardias sino también los vecinos de la zona afirmaron que allí dentro se oían ruidos extraños, risas de un niño, correteos y el rebotar de una pelota.Los guardias de seguridad encargados de las rondas nocturnas comenzaron a ver apariciones que les helaban la sangre; todos fueron testigos de sucesos paranormales pero sólo unos pocos tuvieron el coraje de comentarlo, ya que en su momento no se les permitía hablar del hecho.

Veamos qué fue lo que aterrorizaba a estos hombres…

1.-Las puertas cerradas se abrían solas, las luces se encendían y salía agua de los grifos bien cerrados.

2.-Figuras blancas espectrales de un niño pequeño y un anciano bajaban las escaleras tomados de la mano o se aparecían en los corredores del edificio, siempre con la mirada perdida y como si estuvieran reviviendo sus vidas acontecidas en otra época.

3.-Los muebles se movían y aparecían dados vuelta sin que nadie haya entrado a las salas.

4.-Las cosas no permanecían nunca en su sito y no había nadie que las haya cambiado de lugar.

5.-Se oía el rebote de una pelota y el correteo de unos pequeños pies por los pasillos.

Como una forma de aplacar el miedo ante lo desconocido, quienes trabajan en el edificio bautizaron al infante fantasmal como Andresito, lo que tiempo más tarde generó que la institución se conociera vulgarmente como “el edificio de Andresito”.

Como se imaginarán los guardias estaban aterrados y ninguno quería continuar con el trabajo, por ello los responsables de la seguridad de la Hacienda optaron por instalar un sistema de vídeo vigilancia monitoreado desde fuera del edificio.  Pero he aquí que las apariciones no cesaron, es más, se pudo documentar la presencia de un pequeño niño vestido con una bata de dormir blanca que a veces llevaba una pelota bajo el brazo y otras se lo veía montado en una patineta vieja.

Editado por: azeret (16/Febrero/2010 - 01:18)
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  RELATO: ANA (Saltillo Coahuila) 25/Noviembre/2009 - 22:03

Juguetes fuera de su lugar, risas inexplicables y presencias fantasmales inundaron la casa de una pequeña niña que había muerto, pero que al parecer jamás partió. Es la historia de Ana. Ella fue una niña que murió a finales de los sesentas a los siete años de edad, su deceso causó una gran pena para toda su familia, que en su memoria, dejó su recámara tal y como ella la tenía antes de fallecer. 

La pequeña no pudo ganar su lucha contra la leucemia, y a su corta edad dejó este mundo, entonces no quisieron tocar nada de sus objetos, de esta forma, simulaban que ella seguía ahí, con sus juguetes fuera de sitio, su ropa acomodada como a ella le gustaba, por colores.

La colcha de su cama azul y rosa, quedó perfectamente estirada, y encima de ella sus muñecas más queridas. Su recámara siempre permaneció abierta, como a ella le gustaba. Sin embargo, aunque no se trataba de personas obsesionadas, pudo darse el caso de que la niña al ver que no la dejaban descansar en paz, decidiera volver con ellos.

Una tarde en que la familia regresó de un paseo al campo, uno de los dos hermanos de Ana dijo haber visto cómo se encendió la luz de aquella recámara, pero al instante volvió a apagarse, entonces comentó el suceso, pero nadie lo tomó en cuenta. Pero eso no sería todo, pues cuando la señora subía a su recámara vio de reojo una sombra, entonces buscó el motivo, pero sólo encontró dos muñecas tiradas en el piso, ella no comentó nada, pero le extrañó, pues la regla era que nadie moviera nada de la recámara de su hija. Las extrañas cosas seguían sucediendo, contrariamente a la norma que hasta pocos días antes había prevalecido, las muñecas siguieron “moviéndose” de lugar. Días más tarde, cuando parecía que el asunto se olvidaba, ocurrió algo todavía más raro, Gerardo, el hermano menor fue al baño en la madrugada y al pasar por la recámara de Ana escuchó claramente su risa al interior

Allá se dirigió y encendió la luz pero no había nadie, además de que todo parecía en orden. Asustado corrió a su cuarto y al día siguiente platicó su aventura, pero nadie se aventuró a opinar. Una semana después el jefe de la familia salió de viaje por cuestiones de trabajo, cuando se instalaba en su hotel, abrió su maleta y entre sus cosas encontró uno de los muñecos de peluche de su niña que él mismo le había regalado.

Fue un momento muy emotivo, pues recordó a su pequeña y pensó que su esposa había metido el muñeco en su equipaje, entonces le telefoneó, pero la mujer negó que fuera capaz de romper las reglas y mover los juguetes.

Otro día la madre de Ana recibió la visita de una amiga, quien tenía dos hijos pequeños, pero cuando estaban más entretenidas con su plática, les sorprendieron las carcajadas de los niños. “Es que hay una niña que nos hizo reír cuando jugábamos a las escondidillas, porque siempre nos encontraba muy rápido”, dijo el infante. Luego vino una descripción que las dejó heladas: “Ella traía un vestido rojo con una gorrita y tenis blancos”, dijo el otro.

Eso ya era demasiado, entonces la familia entera, llena de temor decidió consultar con un supuesto experto en cosas paranormales, quien les reveló algo que aumentó su miedo. Según les comentó el brujo, la niña sintió que aún la requerían en casa, por eso regresó, pero que sus intenciones no eran malignas, sino que al ver que su recámara estaba tal cual la conoció en vida, entonces decidió quedarse ahí indefinidamente.

Fue un momento de decisión muy difícil, pues la familia estaba asustada y no quería fantasmas en la casa, pero en el fondo sentían que la presencia de Ana no les incomodaba y podrían vivir con eso. La historia indica que jamás trataron de deshacerse del fantasma, por lo que los vecinos los tildaban de locos, y así pasaron muchos años. Hoy se sabe que de la casa no queda nada, pues un incendio acabó con ella y posiblemente con el fantasma.

 

 

 

 

 

FUENTE: VANGUARDIA.COM.MX

 

Editado por: azeret (25/Noviembre/2009 - 22:09)
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  RELATO: MARIA RESURRECCION 25/Noviembre/2009 - 20:27

En el cementerio de la resurrección, uno de los más grandes y misteriosos de Norteamérica, habita el fantasma de María resurrección, el fantasma más visto del mundo.

Gerry Pallus conserva todavía aterrorizado el recuerdo de una noche de 1939. Gerry conoció en una sala de baile a “María”. Estuvieron bailando toda la noche. Al salir del local, María pidió amablemente que la llevara en su coche a casa. Durante el trayecto, no mantuvieron palabra alguna y pasados unos minutos, María le insistió a Gerry que detuviera su coche. Queria bajar. Gerry sorprendido, le dijo:

- pero, hay un cementerio al otro lado!

- Lo sé, déjame bajar por favor.

Gerry desde el coche, vio como al ir acercándose la chica a las puertas del cementerio, esta desapareció...

-Recuerdo que tenia las manos y la espalda muy frías. Era un fantasma, seguro, después de haber trabajado de bombero, y en una funeraria,sé de que hablo.

Geri Lape y Shawn Lape regresaban tranquilamente en coche hacia su hogar por la carretera del cementerio de la Resurrección. De repente, una joven vestida de blanco cruzó corriendo la carretera. Geri no tuvo tiempo de reaccionar, la joven se les vino encima, el atropello fue inminente, pero no hubo golpe ni ruido alguno... El matrimonio, vio como la joven se desvanecía a las puertas del cementerio.

FUENTE: PASARMIEDO.COM

Editado por: azeret (25/Noviembre/2009 - 21:47)
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  HISTORIA: JULIA BUCCOLA PETTA O LA NOVIA ITALIANA 25/Noviembre/2009 - 20:24

Estatua de Julia, Cementerio de ChicagoJulia Buccola Petta, muere por causa de un mal parto. Fué enterrada con su traje de novia. Al poco tiempo su hija ,Filomena Buccola, dice tener unos sueños extraños en los que su madre regresa, esta le dice que exumen su cuerpo de la tumba. Filomena realiza los trámites necesarios y consigue el permiso nada más y nada menos que seis años después. Julia Buccola Petta al ser exumada estaba incorrupta, su cuerpo estaba intacto después de tanto tiempo.

Todo esto llama la atención, pero es mucho mas sorprendente el hecho de que numerosos testigosjulia incorrupta dicen haber visto a la novia italiana vagando por el cementerio. Además muchos aseguran haber percibido un extraño olor a rosas, cosa imposible ya que en los alrededores no hay rosas, y es más, las rosas no crecen en pleno mes de Noviembre, al menos en Chicago.

Muchas apariciones y casos de poltergeist van acompañadas de extraños olores que no corresponden a nada cercano que los pueda emitir. ¿Serian los capullos de rosa que llavaba Julia el día de su boda?.

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  RELATOS: EL FANTASMA DEL PALACIO DE LECUMBERRI 30/Octubre/2009 - 23:00

El tristemente famoso palacio negro de Lecumberri es sin lugar a dudas, el más sinistro de los edificios que se encuentran en la Delegación Venustiano carranza, este edificio funcionó durante muchos años como la antigua penitenciaría y hoy luce transformado como el Archivo general de la Nación.

A pesar de todos los esfuerzos y la inversión que se han hecho, este edificio no puede dejar de ser en el recuerdo de mucha gente, una verdadera pesadilla por los terribles episodios que allí se llevaron a cabo.

“Era una noche común, casi como cualquier otra,. Yo estaba terminando de limpiar las oficinas de la recepción que era la que siempre dejaba al último de cada pesado día de trabajo., por que siempre era también, el último lugar en el que la gente que trabajaba allí, pasaba los últimos momentos de su jornada.

Levante unas pequeñas basuras que quedaban en el piso y pase el trapo para limpiar el suelo por todo el lugar, para después llevar todas mis herramientas de trabajo a una pequeña bodega donde guardo mis cosas. 

La bodeguita estaba al final de un pasillo largo, se podía escuchar el eco con cada sonido que emergía del silencio, no era la primera vez que pasaba por ese lugar y sin embargo, no me había podido familiarizar con los escalofríos que sentía cada vez. 

 Esa sensación se hacía más fuerte cada día que pasaba. Esa noche, había terminado más tarde que de costumbre, cuando comencé a caminar por el largo corredor, escuche un largo suspiro, que la verdad, me hizo saltar del susto, pero por más que giré la cabeza para ver si había alguien, no pude ver nada, me quedé sugestionado y no pude estar en calma de ahí en adelante, solo salí y me fui a mi casa a descansar. 

Jamás, en los 3 años que llevaba trabajando allí, había escuchado algo así, aunque los compañeros que tienen más tiempo, me decían siempre y con mucha certeza de que en el palacio, espantaban.

Los siguientes días, seguí escuchando los suspiros, pero no me sentía con la confianza de contárselo a alguien, ni a mi familia ni a mis compañeros de trabajo, quizás por que sabía que se burlarían o por que finalmente, alguno de ellos me estaría gastando la broma. Quizás también podrían decir que me estaba volviendo loco y hasta me podrían correr, perder el trabajo era un lujo que nunca he podido tener y en ese momento ni lo deseaba, una semana después de que escuché el primer suspiro, me llevaría el peor susto de mi vida, trabajaba en el turno nocturno.

Al caminar por el corredor sin mucha luz, escuché el suspiro nuevamente y rápidamente me volví sobre mis pasos: Había un hombre sentado en la silla de la recepción, al caminar hacia él, vi su rostro demacrado, mi corazón sintió una opresión y el estómago me dio vueltas, un temblor se apoderó de todo mi cuerpo y mis rodillas se negaban a flexionarse para dar el siguiente paso, sin embargo seguí, a pesar de que podría desmayarme en cualquier momento, a pasos muy lentos, me fui acercando al extraño personaje. 

¿Quien es usted?  ¿Cómo entró aquí? ¿Que desea? preguntaba mientras el miedo se apoderaba también de mi voz y me hacía tartamudear y hablar muy quedito. 

Aquel hombre me clavó una mirada muy triste y suspiró, con indiferencia agachó la cabeza y se encorvó un poco, volvió a suspirar.

No vino otra vez, me dijo en tono hastiado 

¿No vino quien? Le pregunte 

Amalia ... No vino Amalia, No la ha visto usted? 

La curiosidad pudo más que mi miedo y me atreví a preguntar: ¿Quien es Amalia? ¿Trabaja Aqui? 

Amalia es mi esposa.

Como en una película que has visto por segunda o tercera vez, me comencé a dar cuenta de ciertos detalles: llevaba un uniforme gris, sucio, gastado. Era un uniforme antiguo, quizás de 1940,  no parecía ser un ente sobrenatural, solo un viejo hombre, triste, cansado y solitario.

¿Por que está usted aquí a estas horas? Ya se han ido todos. Voltee un instante para poner en el suelo una cubeta que traía en la mano al mismo tiempo que recargaba el trapeador en la pared, mientras intenté hacerle otra pregunta: ¿Trabaja usted a ...? 

Al volver la vista ya no estaba. Sentí, ahora si de adeveras, que me iba a desmayar, me tuve que apoyar en la pared para no perder el equilibrio, mientras revisaba con la mirada, cada rincón de la recepción. Aquel hombre se había esfumado, sin hacer ruido, inexplicablemente, sin haber cruzado por alguna puerta cercana yo estaba en el acceso más próximo y era tan largo que es imposible que hubiera pasado corriendo sin que yo lo hubiera visto. 

Sin embargo, corrí a las puertas que estaban en la recepción, confirmando que estaban todas cerradas con llave y candados, gruesos candados. Aunque hubiera tenido llaves, no hubiera sido posible que tan delgado y tan enfermo como se veía, hubiese sido tan rápido como para abrir el candado y la chapa y aunque así hubiera sido, Cómo diablos volvió a cerrar los candados por dentro!? 

Después de esa ocasión, nunca fue más difícil volver a trabajar en el turno nocturno, la sugestión y mi miedo, me jugaban muy malas pasadas a menudo y comencé a enfermarme de los nervios. Las sombras parecían cobrar vida y el frío de las paredes de la penitenciaría me provocaba un extraño sudor que corría desde mi nuca y a lo largo de la espalda. No obstante, pasaron varios días sin que algún incidente similar al anterior me sorprendiera. 

Una noche no pude más y le pedía a martita -la señora que tenía copia de las llaves donde se guardan los registros- que me diera acceso a esos papeles, contándole por supuesto la historia que estaba viviendo. 

Después de buscar por más de 3 horas en los viejos archivos, vi su fotografía, era el, se llamaba jacinto y a grandes rasgos les contaré su triste historia: Le apodaban el venado por que su esposa le había engañado con su compadre y le habían puesto el cuerno, además lo venadearon. El compadre y la esposa infiel planearon un robo y un asesinato, ellos robaron y mataron a una señora muy rica que había contratado a Jacinto para que trabajara en su casa como albañil. Al darse cuenta de que esa señora tenía mucho dinero, entraron a la casa usando el juego de llaves de jacinto y después de robar joyas y cosas de valor, le encajaron un martillo, tomado de la herramienta de Jacinto- en la cabeza no una, sino varias veces. 

En un largo juicio, la esposa atestiguo contra Jacinto alegando que había planeado todo, El vendo no quiso que su esposa fuera a la cárcel, así que aceptó los cargos, con la falsa promesa de Amalia de amor eterno. 

Cada viernes, Jacinto esperó la visita de su mujer, pero nunca más la volvió a ver. Solo dos meses estuvo preso Jacinto pues el último viernes que esperó a Amalia sin éxito, se quitó la vida, colgándose del barandal del segundo piso del pabellón cuatro. 

Al regresar, ya de madrugada a la recepción y después de tomar un cafecito con martita, al caminar por el pasillo que era bañado por un solo amarillento foco de 40 watts, vi a Jacinto en la silla, esperando a Amalia. 

Me acerqué lentamente y con temor, pero sin miedo me senté a su lado, el me vio con su mirada triste y me volvió a preguntar por Amalia. Amalia ha muerto, le dije casi en forma automática. El volteó a verme pude ver sus ojos de cerca, ahora se que la expresión triste era dada por la forma de sus cejas y su frente, pues No tenía ojos!!. 

Levantó la vista hacia el cielo y sus brazos se abrieron para después ponerlos en el respaldo de la silla, yo me caí pues con su movimiento, instintivamente me eché para atrás, Su boca se fue abriendo mientras un grito espeluznante salió de su garganta formando un horrendo NOOOOOOOO. 

Su cuerpo se empezó a hacer como de humo gris y lo comencé a perder de vista, se empezó a esparcir por la habitación y un olor terrible inundó la pequeña oficina, en ese momento el pequeño foco del corredor explotó y me quedé casi a oscuras, iluminado por las torretas de las torres de vigilancia y quizás, no lo recuerdo bien, por alguna linterna de los guardias que pasan haciendo sus rondas. 

Esa fue la última vez que vi a Jacinto, después de un mes me ofrecieron un trabajo como intendente en Palacio de Gobierno y salí de las frías paredes de Lecumberri para siempre, pero nunca olvidaré que en mi estadía, conocí a un fantasma que creía estar vivo y su única esperanza para continuar entre nosotros, era volver a ver a Amalia” 

                                                                          ANONIMO

 

Editado por: azeret (30/Octubre/2009 - 23:13)
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  HISTORIAS: LOS VISITANTES DE CONSUEGRA 30/Octubre/2009 - 22:48

Se cuenta  que hace unos años fueron a Consuegra unos visitantes nocturnos. Estando en la portada de un vecino llaman a la puerta, una familia vestida de luto que venía de visitar probablemente a algún ser querido del cementerio, pero no eran del pueblo. Pedían la voluntad, como si fuera una familia pobre e iban llamando por todas las puertas. La dueña de la casa se dió cuenta que una niña pequeña que iba con ellos no dejaba de llorar y gritar como si tuviera miedo de algo, estaba histérica perdida la pobre, por lo visto.
Hay queda la cosa hasta que al día siguiente, los habitantes de la casa bajaron al bar que solían frecuentar, y que estaba muy cerca de su casa, había confianza entre los que vivían en la casa y el dueño del bar y este les pregunta que si saben lo que paso la noche anterior en el bar con esta familia. Ante la negación, el del bar les cuenta que entraron allí y pidieron algo de cenar. Todo el bar estaba abarrotado de gente, como era común en aquellos tiempos y mas cayendo en fin de semana. Pues bien, de repente, la niña que venía con ellos empieza a gritar histérica: ¡Mama, que viene! ¡Que viene! Todo el bar se queda paralizado ante el grito de la niña y mas aún cuando sienten una presencia invisible que tira a la madre contra el suelo como si la hubieran golpeado en el pecho. Todo el mundo salió corriendo.
Por lo visto, la familia había prometido una misa y una visita por el difunto y no lo habían cumplido. Por lo que se ve, el abuelo de la niña (el difunto) se le aparecía a la pobre y pegaba a la madre, por eso estaban en el pueblo pidiendo y venían desde el camino del cementerio el día en que los vió la gente de esa casa. La misa por el difunto se celebró al día siguiente y las apariciones cesaron para la familia de una vez.
Esto ocurrió de verdad en Consuegra hace muchos años.

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  RELATO: EL FANTASMA DEL METRO PINO SUAREZ (CIUDAD DE MEXICO) 30/Octubre/2009 - 22:44

Esta historia la he encontrado en un libro sobre leyendas de México sobrenatural.

"Cuando el metro termina de dar servicio, como a es de las 12:30 horas, yo y una cuadrilla de hombres nos disponemos atrabajar en las vías,eso lo hacemos a diario, los 365 días del año, variando solo en el horario, pues depende mucho los días festivos. Corría el mes de Agosto del 2001, por aquél entonces me encontraba trabajando en la estación Pino Suárez, y ya eran casi las cuatro de la madrugada casi en el final de nuestra jornada. Me encontraba separado del grupoy caminaba sobre las vías para revisar que no hubiera nada extraño que pudiera causar un accidente, cuando de pronto me topé con alguien que también hacía lo mismo.

Aquello me extrañó demasiado, puesto que conocía a todos los que estaban en el turno y el hombre aquel jamás lo había visto, le pregunté su nombre y su cargo, me dió datos que me hacían suponer que realmente era un trabajador  y le dejé continuar, él siguió revisando las vías tranquilamente hasta que lo vi perderse en la oscuridad del túnel, consideré oportuno reportar el incidente en mi reporte.

Mi jefe me mandó llamar para preguntarme por el incidente, cuando tratamos el asunto, me mostró unas fotos, reconocía al trabajador y fué entonces cuando me contó que ese hombre ya tenia varios años de muerto, cuenta que un error causó que un vagón se pusiera en movimiento y mientras él revisaba las vías el vagón lo arrolló; me dijo también que no solo yo había tenido el encuentro con aquel hombre, puesto que siempre se aparecía en el mismo lugar y a la misma hora"

Esto fue relatado por un hombre que conocen como don Guillermo (no sabemos si sigue trabajando ahi), solo se sabe que  el fantasma se aparace de vez en cuando en el túnel entre las estaciones de pino Suárez y Zócalo

 

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  RELATOS: COSAS QUE SE CUENTAN SOBRE LA CIUDAD DE MEXICO 30/Octubre/2009 - 22:26

El edificio del Antiguo Ayuntamiento está semivacío al anochecer. En el ala poniente, en el Salón de Cabildos que permanece en silencio, depronto se apaga la luz. La luz se enciende de nuevo. 

las personas que ahi trabajan ya estan a costumbradas a las cosas que seguramente sucederán, como: una silla arrastrada, movimiento en las cortinas, una puerta que rechinará. Una sombra se observará en la ventana. Así ha ocurrido durante años.

El lugar tiene 500 años de historia.

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En un restaurante ubicado en Medellín, en la colonia Roma, ronda el fantasma de un niño de seis años que murió hace tiempo al caer de la escalera de servicio. El espectro, llamado Pablito, hace travesuras como abrir las llaves del fregadero. Cuando los veladores del lugar viven esos sucesos renuncian al empleo, sin embargo, los ancargados ya crearon un postre con su nombre.

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El Hotel Majestic, ubicado en el Zócalo capitalino, goza de huéspedes “del más allá”. En sus pasillos juega por las noches una niña que balancea una pelota, quien al recibir ayuda para ir a su habitación corre y desaparece a la distancia.

Es conocido también un huésped ataviado con un frac y sobrero de copa, que camina de prisa y atraviesa las paredes. En una ocasión, ocurrió también que un huésped que se había ido sin pagar la cuenta regresó al hotel, pero cuando el personal le preguntó si había olvidado algo, éste pasó de largo sin contestar. Ese mismo día se enteraron que la persona murió el día anterior en un accidente.

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Las monjas del claustro del ex convento de Santa Inés, ahora museo del famoso artista plástico mexicano José Luis Cuevas, no se han ido del todo. Algunas de ellas rondan por el recinto y se tornan confundidas y asombradas luego de recorrer la sala de arte erótico en donde se exponen las más polémicas esculturas del artista.

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El tren sale de la estación Merced rumbo a Pino Suárez. El conductor acciona la palanca que aumenta la velocidad. De pronto las luces del túnel dejan ver el cuerpo de una mujer vestida de monja parada en medio de las vías. Entre los conductores hay la certeza de que se trata de una religiosa de alguno de los conventos que fueron derribados hace siglos y removidos al ser construido el Metro.

Los más veteranos relatan que desde el inicio de los recorridos, en los sesenta, la mujer se ha aparecido en el túnel. Los más jóvenes, pese a conocer la leyenda, detienen en seco el convoy, para luego encontrarse con el túnel vacío frente a ellos y, aterrorizados, con la mano engarrotada.

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La adoración nocturna en la Antigua Basílica de Guadalupe estaba en ese momento en que el trance de los rezos se suma al cansancio de la madrugada.

Las puertas del templo próximo a cumplir 300 años retumbaron erizando los pelos de la media docena de personas que interrumpieron abruptamente los padresnuestros y avemarías.

La puerta era aporreada por elementos de la Policía Federal Preventiva. Los feligreses abrieron dando paso a los desencajados elementos de seguridad, pálidos en medio de la noche.

“¿Dónde está la gente?”, preguntaron con la voz apagada.

“Somos todos, ustedes mismos cerraron la puerta hace un rato”, respondieron los feligreses.
“No, no, la gente que estaba aquí adentro”, insistieron.

La respuesta fue la misma. Los elementos de la PFP llevaron entonces a los feligreses a revisar las grabaciones del sistema de circuito cerrado. Ahí estaba, nítido, el templo repleto.

Los guardias vieron esa imagen temblorosa en sus pantallas y aterrados comenzaron a culparse: “¡No cerraron bien las rejas! ¡por dónde se metió esa gente! ¡por dónde se brincaron!”.

Echaron a correr, cruzando el inmenso atrio, pasando al lado de las capillas y de la basílica colmada de nichos donde descansan cuerpos enterrados hace siglos. Llegaron al pie del templo ladeado a golpear la puerta a puñetazos.

Los vigilaba el cerro y su panteón. Las puertas centenarias de madera se abrieron. El templo estaba en penumbras. Media docena de personas arrodilladas volteaban a la puerta, extasiados por las oraciones repetidas una y otra vez. El resto del templo se encontraba vacío.

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Las apariciones de fantasmas en la Catedral Metropolitana son muy comunes y tanto los visitantes como personal de seguridad que resguarda el interior las han vivido.  la historia de dos turistas, una madre y su hija, que visitaron el lugar. Al detenerse la mujeres frente al Altar de los Reyes, una de ellas percibió la presencia de una dama vestida con un traje gris perla, cabello rubio y con un sombrero del que se desprendía un velo que cubría su rostro hasta la nariz, dejando al descubierto sus labios pintados con un rojo intenso, sentada en una banca contigua.

Tras verla caminando a los costados de la Catedral, la turista se acercó a saludarla, intrigada por su aspecto que había adquirido un brillo especial.

Intentó entablar conversación primero en español, sin obtener respuesta. Al insistir después en inglés, obtuvo una contestación inesperada: “Me prometió que me vería aquí, que nunca se iría sin mí y no llega”.

La voz agitada de la extraña mujer alarmó a la turista, quien le ofreció su ayuda, por lo que escribió en una tarjeta los datos del hotel donde se hospedaba, pero al entregársela, ésta traspasó su mano, la falda y las piernas, hasta caer al piso. La dama vestida de gris se levantó, “atravesó” a la turista y se fue.

En ese momento, la madre de la joven la sacudió del hombro preguntando por qué hablaba sola, ya que durante todo ese tiempo nadie había estado cerca de ella, mucho menos la mujer que la hija aseguró haber visto e incluso con quien entabló una conversación.

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En el Teatro de la Ciudad de México algunos técnicos no usan micrófonos de diadema para intercomunicarse, ya que los sonidos de un niño jugando con su pelota interrumpen la línea y los asedia hasta desesperarlos.

Personal de tramoya, técnicos y trabajadores que apoyan durante la realización de espectáculos cuentan que escuchan una pelota que rebota y que, dada la intensidad, pareciera que cada vez se acerca más a ellos.

Luego viene la voz de un niño que los invita a jugar y después los llama por su nombre

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En el Centro Médico La Raza hay una enfermera que, incansable, va de pasillo en pasillo, por elevadores y escaleras, consolando a quienes esperan el desenlace fatal o anunciando la recuperación milagrosa. Siempre vestida con uniforme blanco, orienta a los que no encuentran la cama de su paciente.

En los pabellones de los pisos superiores no hay gritos, son los aparatos médicos los que emiten luces, sonidos mecánicos. No hay quejas: los cuerpos están sumidos en el sopor de los sedantes, mientras la enfermera aparece siempre amable.

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Aunque el personal del Sanborns de los Azulejos se niega a confirmarlo, cientos de personas aseguran haber visto a un hombre parado en el descanso de la escalera que conecta la planta baja del restaurante con el primer piso.

La leyenda cuenta que es el conde Andrés Diego Suárez de Peredom, quien fue apuñalado ahí por Manuel Palacios, al que le impedía sostener un romance con una doncella de su familia.

Además, en el gran patio, donde ahora se ubican mesas del restaurante, se llegan a escuchar caballerías, balazos, gritos y hasta maldiciones zapatistas.

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En 1967 un avión sufrió un accidente en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en el que murieron la mayoría de sus ocupantes.

Desde entonces varios trabajadores han visto espectros por las salas e incluso algunos entran a los aviones, según relatan algunos pilotos.

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Cerca del panteón Jardines del Recuerdo se ha visto a una mujer muy bella que pide “aventón” al pie de la autopista a Querétaro. Quienes se detienen a ayudarla la suben al auto y mientras charlan con ella se desvanece hasta desaparecer.

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En una finca de Chimalistac, ahora utilizada para oficinas, se escuchan en las noches los gritos y sollozos de un hombre.

Las leyendas dicen que en tiempos de la Colonia ésta era una fábrica de embutidos propiedad de dos hermanos españoles, pero que al morir uno de ellos, que vivía en España, su esposa e hija llegaron a reclamar su herencia.

El cuñado instruyó a su mayoral para que recibiera a las damas y les diera un somnífero durante la cena, las encadenara y emparedara para desaparecerlas. El supuesto dueño único celebró su triunfo con una fiesta a la que llegaron su cuñada y su sobrina. Éste corrió al lugar donde las habían sepultado vivas y resultó que eran su mujer y su hija.

Actualmente se escuchan pasos y se ven huellas de lodo.

 
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  HISTORIAS Y RELATOS DE FANTASMAS 30/Octubre/2009 - 22:03

¿Que es un fantasma?

¿un suceso trágico atrapado entre las paredes de lugares abandonados y olvidados?¿un evento aterrador condenado a repetirse una y otra vez? ¿sombras angustiantes que pasean penando sus orígenes durante cientos de años? ¿Una emoción o un sentimiento olvidado en el tiempo como una fotografía borrosa? Quizá un insatante de dolor pero....¿ realmente existen los fantasmas?.

Desde que le hombre existe sobre la tierra, se pregunta sobre nuestro destino al morir, las historias de fantasmas son siempre relatados con asombro, en ocasiones, con incredulidad en campamentos y reuniones, o un lugar donde la lúgubre o tétrica atmosfera favorece el impacto del relato.

Independientemente de si crees en ellos o no, siempre estás dispuesto a escuchar un buen relato de miedo, ya depende de tí si gritas o te ries, de cualquier modo, aqui encontraras algunos buenos relatos que quien sabe... te podrán servir para asustar a alguien mientras caninan de regreso a casa por un lugar solitario, o porqué no, en fechas como halloween o día de muertos.


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