FAMILIARES DE ADICTOS AL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS

La adicción se va generando poco a poco,durante un largo tiempo, día a día los familiares se acostumbran a las crisis producidas por el abuso del alcohol o la droga y así se comienza a aceptar la adicción como una parte normal de la vida, el problema se convierte en el centro de la familia. Por eso nos referimos a la adicción como una.... "ENFERMEDAD FAMILIAR

FAMILIARES DE ADICTOS AL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS
FOLLETO PARA PADRES DE ADICTOS
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EUGENIA
 
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  FOLLETO PARA PADRES DE ADICTOS 16/Mayo/2006 - 00:38

¿Qué se hace después?

 

 

 

Los alcohólicos de cualquier edad pueden ser ayudados cuando desean dejar de beber. Como padres de alcohólicos podemos aprender mucho de otros miembros que adquieren fortaleza y comprensión a través del programa de recuperación de Al-Anon.

 

Los exhortamos a que no posterguen ese día brillante en que puedan construir otra vez una vida de metas y realizaciones. Sin ayuda, el alcoholismo en la familia es una carga demasiado pesada para que la podamos soportar solos.

 

                              Preguntas

 

¿Qué es la hermandad y qué es el programa Al-Anon?

 

La confraternidad se encuentra en reuniones de grupo donde cada miembro tiene la oportunidad de compartir y escuchar. Mediante esta forma de participación, los miembros pueden utilizar el apoyo del grupo para dejar de hacer o pensar cosas que no han sido útiles y para comenzar a aplicar un programa que sí lo es. El programa se basa en estos Doce Pasos:

 

 

 

1. Admitirnos que éramos incapaces de afrontar solos el alcohol, y que nuestra vida se había vuelto ingobernable.

 

2. Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio.

 

3. Resolvimos confiar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios, según nuestro propio entendimiento de Él.

 

4. Sin temor, hicimos un sincero y minucioso examen de conciencia.

 

5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestras faltas.

 

6. Estuvimos enteramente dispuestos a que Dios eliminase todos estos defectos de carácter.

 

7. Humildemente pedimos a Dios que nos librase de nuestras faltas.

 

8. Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos perjudicado, y estuvimos dispuestos a reparar el mal que les ocasionamos.

 

9. Reparamos directamente el mal causado a estas personas cuando nos fue posible, excepto en

 

 

 

los casos en que al hacerlo les hubiese infligido m¿ daño, o perjudicado a un tercero.

 

10. Proseguimos con nuestro examen de conciencia, admitiendo espontáneamente nuestras fa tas al momento de reconocerlas.

 

11. Mediante la oración y la meditación tratemos de mejorar nuestro contacto consciente con Dios, según nuestro propio entendimiento de Él, y le pe dimos tan sólo la capacidad para reconocer Su voluntad y las fuerzas para cumplirla.

 

12. Habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos Pasos, tratamos de lleva este mensaje a otras personas y de practicar esto principios en todas nuestras acciones.

 

 

 

¿Debemos dejar de preocuparnos por lo que le sucede a nuestros hijos?

 

Como padres en Al-Anon aprendemos que no dejamos de preocuparnos por lo que le sucede a otros sólo porque aprendemos a preocuparnos por lo que nos pasa a nosotros. Muchos podemos admitir que estábamos obsesionados por los problemas del alcohólico. Debido a que teníamos tanto miedo por la vida de nuestros hijos, muchos descuidamos todas nuestras otras relaciones-matrimonio, otros hijos, amigos- y, en especial, nos descuidamos a nosotros mismos. En Al-Anon intentamos obtener un equilibrio, comenzando por amarnos también a nosotros mismos.

 

 

¿No son responsables los padres de ayudar a sus hijos?

 

Todos tenemos responsabilidades, aun nuestros hijos alcohólicos. Lo que tratamos de hacer en Al-Anon es aprender acerca de las responsabilidades que verdaderamente son nuestras, e intentamos soltar las riendas de las que pertenecen a otros. Al hacerlo, permitimos que nuestros hijos experimenten los resultados de sus propias acciones e intentamos evitar protegerlos en exceso. Si el bebedor en mi familia es un adolescente, ¿cómo puedo soltar las riendas cuando me siento moralmente responsable y soy legalmente responsable? No dejamos de lado nuestras responsabilidades o nuestras obligaciones de padres. Soltamos las riendas de nuestra angustia por la enfermedad de nuestros hijos. Soltamos las riendas deteniendo los sermones, los regaños y las críticas. Llegamos a comprender el carácter de la enfermedad. Dejamos de reaccionar ante el mal comportamiento a medida que mejoramos. No negamos nuestros propios problemas y no asumimos los ajenos. No inventamos excusas ni encubrimos al alcohólico. Aprendemos la diferencia entre ser responsable ante alguien y por alguien. Como padres podemos ser responsables ante las autoridades judiciales, pero no somos responsables por la enfermedad del alcoholismo. ¿Deberían ambos padres asistir a AI-Anon? Es útil que otros familiares estén en el programa Al-Anon. A medida que cada familiar va mejorando, mejora toda la familia. Algunos consideran beneficioso asistir a reuniones Al-Anon separadas, donde se sientan con libertad para compartir en forma individual. Otros piensan que es ventajoso que los dos padres escuchen las mismas ¡deas juntos. La decisión es suya. ¿Qué ocurre con otros hijos en la familia? Se requiere mucha ayuda para comprender y encarar esta enfermedad familiar. Muchos consideran útil que los adultos de la familia asistan a Al-Anon y los familiares más jóvenes a Alateen. ¿Nos ayudará Al-Anon en la tarea de ser padres? Los grupos Al-Anon no funcionan como dependencias de asesoramiento. No nos aconsejamos mutuamente, sino que compartimos nuestras experiencias. Aunque podamos elegir aplicar la solución de otro miembro, o tratar de usar un instrumento distinto, el programa es más que una técnica. En realidad, nos ofrece una nueva forma de vida. Los que también hemos necesitado ayuda profesional externa, la hemos buscado como complemento del programa Al-Anon. ¿Debería asistir a grupos Al-Anon dirigidos específicamente a padres? En Al-Anon se genera una comprensión afectuosa entre miembros que tienen un parentesco con el alcohólico. A veces nos identificamos con otro progenitor, a veces con el marido o la esposa de un alcohólico; en otras oportunidades, con el hijo o el amigo de un alcohólico; quizás con el abuelo de un alcohólico.

 

Todos los miembros Al-Anon nos ofrecen ideas para la recuperación de los daños de esta enfermedad. « Nuestras historias Mediante el apoyo de los miembros Al-Anon aprendimos y pusimos en práctica un amor valeroso: permitimos que nuestros hijos asumieran la responsabilidad de su propia enfermedad. En todo momento tenemos presente que nuestros hijos son también hijos de Dios. Al entender esto podemos soltar las riendas y brindar a otros lo que hemos aprendido. Como miembro Al-Anon ofrecemos nuestras historias de padres y madres de hijas e hijos alcohólicos.

 

La historia de una madre

 

Mi hijo de doce años permanecía inmóvil en el suelo del baño. Apestaba a cerveza. Lo sacudí, queriendo saber lo que había bebido. "Cerveza", murmuró. Corrí al teléfono, no para llamar un médico sino para llamar al amigo de mi hijo. Su amigo respondió lo mismo: "Cerveza". Dejé a mi hijo en el suelo y me ocupé de mis quehaceres, acatando con firmeza mi mejor comprensión del programa Al-Anon. Tener un hijo con un problema de alcoholismo es suficiente para enloquecer a una persona cuerda, y en el momento en que evolucionó el problema de mi hijo yo distaba de ser una persona cuerda. Ei padre natural de mi hijo se fue cuando el niño tenía dos años, como resultado de otra desgarradora enfermedad. Después de la partida de mi marido, me casé con un alcohólico. Era mi tercer _ matrimonio, ¡y el mejor! Eduardo todavía bebía cuando lo conocí, y al casarme con él no ignoraba que tenía un problema de alcoholismo, si bien pensaba que yo podría manejarlo. Cuando mi marido dejó de beber, mi hijo comenzó. La semana en que cumplía sus 12 años asistí a mi primera reunión Al-Anon. Al principio cometí muchos errores. Liberé a mi hijo diciéndole: "Puedes hacer lo que quieras pero debes aceptar las consecuencias". ¡Le brillaron los ojos! Ahora puedo reírme, pero la risa de entonces era histeria. Mi marido y yo no nos poníamos de acuerdo acerca de cómo tratar a mi hijo. A veces sentíamos una desesperanza total y a veces aparecía un rayo de esperanza. Lo echaríamos, lo aban- donaríamos, pero... ¿cómo se puede echar a un niño de doce años? En ese entonces los dos pensábamos que la culpa era del otro; consideramos el divorcio como la única solución. ¡Quería culpar a mi marido, o a cualquiera, o a todos por los problemas de mi hijo! Finalmente, con una sensación enfermiza en el estómago, me llegó el mensaje Al-Anon: debía examinarme a mí misma. Realicé mi examen de conciencia y reconocí una leve posibilidad de que tal vez, sólo tal vez, no hubiera sido una madre perfecta. Me formulé preguntas: "¿Había sido consecuente con mi hijo?" "¿Le había dado disciplina de manera constructiva?" "¿Le había brindado una madre y un hogar estables?" A estas preguntas tuve que contestar: "No". Encaré una falta por día y me empeñé en dejar de lado mis defectos de carácter, mejorando, al mismo tiempo, los elementos positivos de mi carácter. Presté especial atención a la responsabilidad y a mi capacidad de responder a mis propias necesidades y a las de los demás. De esta manera, un día a la vez, recordando "primero las cosas más importantes", soltando las riendas y entregándoselas a Dios, afrontando cada acción excéntrica de mi hijo, amándolo cuando era más difícil hacerlo, haciendo mi propio inventario y no el de mi marido o el de mi hijo, utilicé los principios de Al-Anon para ayudarme a vivir con un problema no resuelto. Hoy mi hijo tiene 19 años. Nunca admitió su alcoholismo. No terminó la escuela secundaria pero tiene un empleo de tiempo completo desde hace más de un año. Es un empleado concienzudo y responsable. Paga por su habitación y la comida; se compró un auto y paga su seguro automotor, y tiene una novia estable. Entre todas las cosas positivas, es un placer vivir con él. Mi marido y yo tuvimos que adoptar algunas decisiones difíciles, incluso dejarlo en la cárcel. ¿Nos equivocamos? No lo sé. Mi hijo insiste en que estar en la cárcel lo ayudó a salir adelante. La libertad, el crecimiento y la felicidad son posibles en Al-Anon. Yo los encontré aplicando los Doce Pasos y practicando los principios de Al-Anon en todas mis acciones, inclusive las relativas a ser madre.

 

 

Adolescente alcohólica

 

 

 

Mi hija comenzó a experimentar con el alcohol a los 13 años. Yo no comprendía por qué su adolescencia era peor que la de sus hermanos. Ella parecía más distante y beligerante. Durante cuatro años pedí ayuda a terapeutas, a clérigos, a un centro de intervención para casos de crisis y a la policía. La situación sólo empeoró.

 

Durante esos cuatro años, me casé con un alcohólico activo; mi segundo marido, ¡otro alcohólico! Estaba enferma pero no me daba cuenta. Por fortuna, la enfermedad de mi marido me hizo encarar el alcoholismo. En mi búsqueda de ayuda encontré a Al-Anon, donde aprendí a desprenderme de mi marido con amor. Antes de morir alcanzó la sobriedad.

 

 

 

Mi hija lamentó la muerte de su padrastro aumentando la bebida, consumiendo drogas y ausentándose de casa toda la noche. Yo estaba aturdida de dolor por mi esposo y por mi incapacidad para entender a mi hija. Cuando ya no pude tolerar su accionar, le presenté una opción: cambia de comportamiento o vete. Se fue esa noche.

 

 

 

Me pareció que era el fin del mundo: había perdido a mi marido y a mi hija. Una amiga de Al-Anon, actuando como madrina, me ayudó. La llamaba a cualquier hora del día o de la noche. El apoyo del programa, así como usar herramientas para desprenderme con amor, me ayudaron a recobrar la serenidad.

 

 

 

Es difícil desprenderse con amor, en especial en una familia alcohólica, porque los familiares están muy enredados entre sí. Pero mejorarse entraña desprendimiento. Tuve que aprender todo otra vez; lo hice persona por persona, pero me resultó más difícil con mis hijos. Mi amor había sofocado a mi hija, así que tuve que dejarla ir. Se la confié a Dios pidiéndole que se ocupara bien de ella.

 

 

 

Mi hija abandonó la escuela y vivía con su hermano o con amigos. Ingresó al colegio de la comunidad local pero no le fue bien.

 

 

 

Mantuve abiertos los canales de comunicación a través de una actitud cariñosa. No reaccionaba ante lo que veía o escuchaba. No le daba dinero, aunque le suministraba alimentos cuando ella no tenía con qué comprarlos.

 

 

 

Es difícil ver sufrir a un hijo, pero entendía que no podía adoptar las decisiones de mi hija como no pude adoptar las de mi marido. La enfermedad del alcoholismo era suya, no mía.

 

 

 

Seguí concurriendo a Al-Anon y aún lo hago. Busqué a otros que compartían el problema de ser padres de un adolescente alcohólico. En forma gradual, la actitud afectuosa y la no insistencia en los errores del alcohólico resultaron de utilidad. Mi hija se tornó cariñosa conmigo. Poco después me comunicó su decisión de dejar de beber y de concurrir a AA. Aún estamos enredadas, pero nos sentimos unidas de manera amorosa. Agradezco a Dios y a los programas de Al-Anon y de AA por nuestro cambio y por esta nueva forma de vida sana y afectuosa.

 

 

Madre de una alcohólica adolescente

 

 

 

Desde que mi hija tenía 15 años hasta los 21, nuestra vida fue espeluznante y llena de angustia.

 

Una noche mi hija me preguntó: "Mamá, ¿estoy verdaderamente enferma?". Le contesté: "Sí", explicándole que yo también estaba enferma, de una manera diferente.

 

Mi hija aceptó entonces ir a un centro de rehabilitación. Agotada por la violencia de su última juerga (que había durado dos días), fuimos juntas al centro. Me dijeron que podía escribirle, pero no verla, durante tres meses.

 

En esa época me convertí en miembro Al-Anon y mi hija comenzó el programa AA. Oraba para poder hacer mío su dolor. Intenté asumir la responsabilidad por su enfermedad.

 

Pasó un tiempo antes de poder soltar las riendas y entregárselas a Dios. Incluso luego de asistir a Al-Anon, me proyectaba e inquietaba. Finalmente comprendí que debía confiar para no preocuparme. Deposité mi confianza en el Poder Superior y sentí alivio.

 

Al principio, a veces me sentía fuera de lugar en las reuniones, cuando el centro de atención parecía estar en los problemas de los cónyuges de alcohólicos, más que en los de los padres. Pensaba que la diferencia entre padre y cónyuge era la responsabilidad: los padres son responsables de la crianza de un hijo mientras que un cónyuge es responsable en su papel de socio en un matrimonio. Pero las diferentes actitudes tenían el mismo resultado: la desesperación.

 

Esta visión del alcoholismo me hizo seguir asistiendo a reuniones. Los ojos y las manos me cosquilleaban con el mismo nerviosismo de cualquier cónyuge. Y el denominador común: la compasión que une a los atrapados en la trampa del alcoholismo. Con el tiempo, saqué provecho de mi punto de vista más amplio y logré progresos en mi pensamiento. Ya no me sentía separada; me identifiqué con otros miembros.

 

Entendí que lo más importante es que Al-Anon ofrece un programa para mí, un lugar donde puedo concentrarme en mi mejoramiento personal. Dirijo la atención hacia mi interior, a mi propio crecimiento y recuperación. Presto atención a mi comportamiento y a mis actitudes. Cambio mis pensamientos.

 

Hoy encaro las frustraciones con la actitud de pasarlas por alto, con la seguridad de que mi desprendimiento permite que los problemas se solucionen por sí solos. Cuando luego de un año mi hija regresó del centro de rehabilitación, mi capacidad de desprendimiento nos benefició a las dos. Ahora ella está casada y yo soy una abuela en la universidad.

 

Estamos agradecidas y somos conscientes de este valioso principio: no hay graduados de los programas de Al-Anon o de AA. Estos programas constituyen una forma de vida que no tiene fin.

 

Ya no estamos desgarradoramente separados

 

 

 


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