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EL TIEMPO HACIA ATRÁS
El lunar rojo es señal de virginidad; nadie sabe la razón pero existe esa tradición. Basta echar una gota de sangre de una yegua pariendo en el brazo de una mujer. Si aquélla mantiene su color y deja una huella permanente… no hay cuidado, no desconfiéis. Ahora, si torna al color azul…Dejo la justicia por un momento. Una serpiente enroscada en una rama cercana escucha al cachafaz con indiferencia. Sin embargo su atención está puesta en los movimientos del canalla atareado en meter las balas en el cargador. Las granadas caen como granizo y es en vano escabullirse. Ese fue el principio del amor. Volamos juntos aún humedecidos por el aliento de los desgraciados. Cambiamos de nombre, tuvimos que marcharnos; la policía indagaba con paciencia. Soy el Rey y sin embargo
la Reina
es más poderosa como en el ajedrez. La situación es insostenible. ¿Qué pasa por ahí?
Desde la alta ventana observo el tipo de sombrero aludo vigilando los pasos de la víctima. Cuando ya están dadas las condiciones para asestar el golpe mortal se lo traga un sapo con fulminante lengüetazo. Ocurre que lo real para ese batracio no son los conceptos abstractos sino los individuos, pensé afilando el alfanje. Esa zona era en cierto modo una delicia para las almas delicadas, no obstante abrigábanse razonables dudas respecto a su reputación. Unos compañeros la llevan a casa en coche. No alcanzan el alba. Dejarse estafar por un abogado es una desventaja ( Olaf Stapledon), alardeó inoportunamente una sombra. Abramos el enorme libro y busquemos una solución. Por aquí Heráclito sentencia que” El destino de un hombre es su carácter”. Pasa un hombre en actitud taciturna. Le cruzan la cara imborrables huellas de disputas miles. Continúa la marcha rozando con la mano el filo del ala del sombrero en señal de saludo. Mirad ese cartel; es terminante e inútil ignorarlo: El sentenciado no puede eludir el sueño en su última noche. ¡No huyáis cretinos¡ Repito: Es inútil. Ha llegado mi hora y siento dolor en el cuello. Han colocado mi cabeza con sumo cuidado sobre el borde del montante de madera. La cuchilla recibe un rayo de sol. El tipo de sombrero asiente respecto a ciertos comentarios de un espectador sentado detrás de él; chismes vulgares que atrajeron momentáneamente su atención. Toda la acción se desarrolla en un hueco de piel de color pardusco llena de verrugas. ¡Proceda¡ ordenó el cachafaz. La serpiente se enrosca en el cuello de la víctima en un acto insólito de solidaridad. Un chasquido y el afilado acero en diagonal cae con la beatitud de las cosas inanimadas.
- Estás sudando Segismundo, ¡que porquería has soñado¡ Acuéstate y vuelve a dormir.
- No entiendo señora…he vuelto de todas las cosas.
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