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Ante todo confesaros que una conjura de los hados que gobiernan el foro, ha malogrado mi sesuda disquisición ante el apasionante tema del Purgatorio. Y que en ese Purgatorio me hallo intentando recuperar de mi mala memoria retazos de lo que quería decir.
Más nada me arredra, y si Don Quijote fue capaz de asestar un leñazo a unos molinos de viento, yo no voy a ser menos, y pienso que este infernal sistema que me pregunta con maligna intención que por qué quiero enviar un nuevo tema que ya existe, y me impide editarlo, ahora voy yo y edito en un documento de Word y lo pego en mi blog.
Así que os mandaré el enlace para que pinchéis y podáis leer lo perdido en el ciberespacio. No querría pensar en la mano hábil de las ánimas porque no me gusta nada el tema en cuestión, pero juzgad vosotros.
Intentaba yo disertar sobre lo extraño que nos puede resultar la idea del Purgatorio, y sin embargo lo sencillo que es para nosotros aceptar la idea de Cielo e Infierno.
Si para comenzar a entender algo, nos atenemos a la pura etimología, nos topamos, como no, con la palabra de ascendencia latina, “purgatorius” cuyo significado es “que purifica”. Si pretendemos analizar más a fondo el vocablo purga, tiene un significado que si se aplica a la salud hace referencia a toda medicina que nos ayude a defecar, lo que ya empieza a producir una desazón parecida a la que nos producía la ingesta en nuestra infancia del llamado aceite de ricino. Nos queda aún revisar la segunda mitad de nuestro purgatorius y aunque no tengo la menor idea de si en latín “torius” es algo, colijo que torio, debe significara algo así como lugar por el que se sale o expulsa algo, en el que se habla, se duerme o en donde se purga (hay muchas palabras con el torio en coletilla, vomitorio, locutorio, dormitorio, y por supuesto purgatorio).
Así como con “torio” no tengo nada en contra, la palabra purga me espeluzna, ya que en toda purga se expulsa o se elimina siempre algo o lo que es peor a alguien, sencillamente porque se considera innecesario.
Por otro lado, llama la atención las dos acepciones que el verbo “purgar” incluye, una más evanescente cuando hace referencia a “limpiar, purificar, quitando lo innecesario, lo inconveniente o lo supérfluo” y otra más concreta pero no menos inquietante, que se refiere a la pena o castigo que alguien se merece por su culpa o delito.
Hete aquí que en el Purgatorio, no sólo te purgan (es decir te extirpan lo innecesario, que puede por otro lado ser imprescindible para uno), sino que es un lugar en el que vas a pasarlas canutas.
Y aquí me surgen un montón de preguntas como ¿Qué lugar es exactamente el Purgatorio? ¿Cómo van a purgar al personal? ¿De qué forma van a “purificarle”? o ¿Cuál va a ser exactamente su pena?.
La iconografía nos ha dejado resueltas algunas de estas preguntas cuando nos representa a las llamadas ánimas del Purgatorio rodeadas de llamas purificadoras, en porretas y con pinta de quedar churruscadas después de semejante calentón. Eso sí, suelen tener una mirada beatífica que las hace diferenciar de las horrendas caras de los condenados.
La literatura también ayuda a la hora de saber qué significaban para las gentes sencillas dichas ánimas del Purgatorio, y así en un pasaje del Don Juan de Zorrilla, Lucia la sirvienta de Dña. Ana de Pantoja, dice mientras deja entrar a quien pretende seducir a su señora, “¡Ánimas del Purgatorio, vos Don Juan!, con lo que uno no sabe bien si la llamada a las ánimas es una llamada de ayuda, o por el contrario se las cita con santo temor.
El fervor por las ánimas del Purgatorio llegó a tener tanta fuerza que San Nicolás de Tolentino es tenido por abogado de las mismas y se pueden incluso encontrar oraciones al respecto como esta.
¡Oh glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino! Con todo el afecto de mi alma te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor de esas almas benditas, consiguiendo de la divina clemencia la condonación de todos sus delitos y sus penas, para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios. Y a mí, tu devoto siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad hacia aquellas almas queridas. Amén
Y llegados a este punto, no puedo despedirme sin recordar cómo en Galicia hacen mención a la Santa Compaña, que si bien son ánimas a secas, me parecen a mí parientes de las de nuestro Purgatorio.
No obstante, llegados a este punto, y dada mi escasa afición por los zombis y otros seres del más allá, siento que empiezo a sufrir idéntica desazón que la experimentada durante mi primer escrito ya perdido, por lo que intentaré de nuevo recuperar, cuando menos, la belleza del Canto I del Purgatorio de Dante, cuando dice:
“La Barca de mi ingenio, por mejores
aguas surcar, sus velas iza ahora
y deja tras de sí mar de dolores
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y cantaré a la tierra purgadora
del alma humana, que hacia el cielo es vía
de la que se hace de él merecedora.
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renazca aquí la muerta poesía,
oh santas Musas, a quien me he entregado,
y aquí Calíope surja en este día,
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y véase mi canto acompañado
del son que a las Urracas sin ventura
el esperar perdón les ha negado
Bueno, almas benditas, he conseguido superarme a mí misma, y asegurarme de que nadie me lea más en el foro.
Se non è vero è ben trovato
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