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[ INDETERMINACIÓN ]
De la Edad de Oro y la guerra continua
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Víctor
 
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  De la Edad de Oro y la guerra continua 02/Junio/2008 - 19:08

Escribo esto que se me va ocurriendo, a ver qué os parece;

No es pequeña la perplejidad que me provoca la ideología con que se engrasan algunas partes del sistema económico imperante, al menos en el Occidente más desarrollado. Es común a muchas empresas exhibir un acusado simpatiquismo en sus relaciones comerciales con clientes, con el Estado e incluso con trabajadores.La terciarización de Europa, su inclinación por el sector servicios en contra de la industria o la agricultura y ganadería, precipita las cosas. Para trabajar en este sobredimensionado sector servicios uno ha de ser simpático y agradable, aun divertido. Debe tender a no ver las líneas que distinguen la jefatura y el resto de los lugares. Ha de hacer como si no existieran, salvo para lo obvio y esencial. Es más: debe hacer que no existan, salvo para eso esencial ya mencionado. Uno debe querer tal cosa, el simpatiquismo y la difuminaciónde esas barreras, al menos en todo aquello que no es esencial, sabiendo que lo esencial no depende de uno, pero obligado a no querer verlo. Como tentativa probaré a llamar ‘Humanismo privado corporativo’ a esta tendencia. Es en esta obligación velada y simpática pero inquebrantable de querer y no querer cosas donde se centra mi perplejidad.

En este raro imperativo se cuela nada más y nada menos que el estado de naturaleza. Y bien: este estado de naturaleza es la edad de oro y también el estado de guerra continua descrito por Hobbes. Es ambas cosas a la vez; he aquí el origen de la perplejidad. He aquí la paradoja, que no podemos tratar sin más como una mentira, sino como la epifanía de un problema mucho más complejo, según creo. No es una mentira, pues si fuera tal podríamos tratarla como engaño de unos para con otros. Lo que sí es cierto es que su generalización a todas las instituciones y capas de la sociedad podría provocar efectos devastadores por su disposición en el tejido social, o al menos sería lo razonable (pues puediera no pasar nada al tiempo que penetrase en los más hondos recovecos de las costumbres y del tejido social, y esto es lo que más me inquieta). Las virtudes requeridas en este simplatiquismo son las que tradicionalmente engrasaban el tejido social, donde cabe todo, cabe lo mejor y peor con todos sus matices. Ahora bien; si la corporación privada reclama para sí esas virtudes y las monopoliza, lo hará a costa del tejido social, porque las empleará en la dirección que convenga, y ésta dirección no sorprenderá demasiado, por tratarse de corporaciones. En pocas palabras: instrumentalizará estas virtudes, y por ello dejarán de ser tales. Para apoyar esto hago referencia a la distinción entre la vida y su simulacro desvirtuado en el libre mercado. En este caso -no en todos- el simulacro es una degeneración.

Por las tendencias económicas que ya he señalado, parece inevitable la extensión de esta paradoja nacida del uso instrumental de las virtudes que convierten en habitable el tejido social (pues cuando me refiero a estas virtudes aludo a lo reconfortante, a lo anónimo). Si es cierto que la extensión de esta paradoja encaminará el tejido social al colapso o no, no lo sé. En principio es sumamente improbable, aunque quisiera pensar que no. En todo caso, creo que es seguro que el dominio planetario de esta no-ideología conllevaría cambios profundos y velados. Por otra parte, cuando me refiero al camino al colapso estoy pensando en protestas generales, en nuevas demandas con renovados ánimos por parte de la ciudadanía. Cosa que también parece improbable.

Hace ya algún tiempo que las pugnas ideológicas se dirimen en la arena del libre mercado (no me refiero a debates académicos ni aun intelectuales, sino al triunfo de matices ideológicos acumulables que parecen partes integrales de sistemas que se van construyendo y transformando en estas mismas pugnas). El libre mercado al que me refiero no es ése al que Descartes se dirige con sus libros, según parece. Ciertamente, esta afirmación es algo vaga. Pero considero que con los derroteros de la economía europea actual, esta afirmación puede ayudar a pensar otras posibilidades.

(Entiendo que estas líneas son sólo unos apuntes que he intentado hilar a partir de lo que se me ocurría hace un momento, mientras me hacía un bocata de paté. Espero que se me disculpen las posibles incongruencias y las oscuridades.

Salud.)

Editado por: Víctor (02/Junio/2008 - 19:20)

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