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Cuento Medieval Sexta parte
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lanuevaconcienciadepuentegenil
 
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  Cuento Medieval Sexta parte 16/Febrero/2008 - 16:13

En el reino de PG  los cantares de los trovadores y juglares recorrían cada rincón del reino, provocando que surgieran muchos rumores sobre los caballeros. El descontento de la plebe era palpable, al unísono que el de los vasallos y cada vez más burgueses. Incluso algunos nobles del reino empezaban a mostrar su disconformidad con la actuación de los caballeros.

 

 

 

El caballero mayor, día tras día, estaba más cansado. Los problemas no cesaban de acosarle, al tiempo que alguno de sus caballeros no paraba de meter la mata. En muchas ocasiones recordaba cuando estaba sentado en su trono, cuando él era un simple escudero y decía que siempre lucharía por los más débiles y protegería a los plebeyos. Cosa muy distinta a lo que estaba haciendo, ya que no era capaz de mantener una coherencia en sus actos. Las deudas del reino cada vez eran más grandes,  y el pueblo cada vez más pobre. Sus asesores ya no sabían cómo cuadrar muchas veces las cuentas del reino, ni aún menos los gastos extras que se producían en la escuela y otros estamentos que dependían del reino del caballero mayor. Era tal el estado de ruina del reino, que la plebe decidió empezar a mostrar sus quejas.

 

 

 

Como cada año en el reino se celebraba un juego popular de cierta dificultad que ponía a prueba la resistencia de los participantes. Al cargo de la organización de esta prueba estaba el caballero que tenía en el jardín de su palacete muchos árboles frutales. Éste pensaba que como en años anteriores todo iba a salir según lo planeado. Había llamado, para que pudieran asistir a los participantes del juego popular, a los plebeyos que montaban. Pero en esta ocasión algo no iba bien,  en el ambiente se notaba que algo iba a fallar. Una vez se inicio la prueba, todos los participantes pusieron sus ilusiones en dejarse la piel, por ser ellos los que superaran a los demás,  pero según se acercaba el momento de finalizar, muchos participantes empezaron a increpar a los que les tenían que suministrar ayuda, ya que éstos no disponían del bien mas preciado que tenía el reino que era el agua. Algunos participantes y algunos de los plebeyos que montaban, empezaron a mostrar su descontento al caballero que tenía en el jardín de su palacete muchos árboles frutales, creándole un auténtico estado de ansiedad y preocupación. Éste era consciente de las atrocidades que estaba cometiendo el caballero mayor con el tesoro del reino y estaba sufriendo en sus carnes como el reino se estaba empezando a levantar.

 

 

 

Mientras el caballero que tenía muchos rosales en el jardín de su villa planeaba conseguir los servicios de un mercenario, para que ayudase al joven paladín de la región de cuenca que el caballero mayor había mandado a custodiar sus intereses al  convento. También pretendía contentar al marqués del convento,  para que éste no olvidara que tenía que seguir paseando al perro negro del caballero mayor, para que intentara amedrentar a plebeyos y vasallos del reino.

 

 

 

Durante esos días apareció un nuevo monje que no paraba de observar todo lo que pasaba en el reino, y por las noches velaba por los pasillos del castillo y el convento, intentando asustar a los maleantes que intentaban entrar.

 

 

 

En el castillo un nuevo torneo se celebró. A diferencia de los que normalmente se celebraban, éste se celebró por la mañana, para pactar las tácticas de las próximas batallas, además de  que muchos caballeros tenían ganas de celebrar una nueva fiesta, mientras comían  y  bebían a costa de las pocas monedas de oro que quedaban en el tesoro del reino.

 

 

 

En el castillo las cosas no funcionaban como el caballero mayor pretendía, por mucho que mandaba a su vasallo de cámara sevillano a espiar al visir y al vasallo de éste que era muy devoto de la virgen de un barrio del vecino reino de Sevilla. Lo único que conseguía era continuamente enumerar improperios, tanto a conocidos como a extraños. La bajeza del vasallo del caballero mayor  era tal,  que no le importaba mentir, encubrir, o inventar historias, para poder lograr los cometidos que le había encargado su señor. Éste, como el caballero mayor y el caballero que tenía  muchos rosales en el jardín de su villa, eran especialistas en malversar la riqueza del reino, y falsear las cuentas, sin que el resto de los caballeros se percatasen de lo que estaba sucediendo.

 

 

 

Mientras en el convento, el marqués seguía urdiendo sus maléficos planes, embaucando al joven paladín de la región de cuenca, hundiéndolo en un montón de problemas, a pesar de su falsa amistad. El  joven paladín de la región de cuenca fue embaucado por el caballero que tenía  muchos rosales en el jardín de su villa, y tenia que obedecer todas las órdenes que éste le dictaba, a pesar de poner en juego su futuro juramento de caballero, y poder dar con sus huesos contra la picota de la inquisición.

 

 

 

Mientras un caballero Gallego muy devoto de la virgen hacía cuentas y números con las ganancias que estaba obteniendo con la posada de tipo romana que había abierto no hace mucho tiempo. La ambición de este caballero por el oro era tal, que no solo le gustaba controlar las cuentas del reino sino que también creaba negocios para seguir llenándose las alforjas mientras explotaba a los vasallos.  Este caballero siempre iba presumiendo de su paciencia y de su templanza, hecho muy distinto a la realidad.

 

 

 

Las tinieblas cada vez se hacían más opacas en el reino, y los plebeyos y vasallos no estaban dispuestos a que los caballeros los siguieran matando de hambre. La falta de  agua, la escasez  de los alimentos y el excesivo tributo que tenían que pagar, hacían que el descontento fuera cada vez mayor y más agresivo.

 

 

 

Los rumores seguían corriendo por las orillas del río y como dice el refrán cuando el rió suena agua lleva.

 

 

 

 

 

Espero que os haya gustado, la semana que viene más

 

 

 

 

 

La Conciencia de Puente Genil.

 

 

 

 


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