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Acabo de leer en esta página que la casa del cura de Santa Leocadia ha sido vendida a un vecino del pueblo, y si el trato se cerró por los 30.000 euros que pedían pienso que lo mínimo que tienen que hacer las autoridades eclesiásticas es dedicar parte al menos de ese dinero para arreglar la iglesia del pueblo que está en un estado bastante ruinoso, e incluso si sobrase algo lo emplearan en la de Matarrosa que tampoco le vendría mal. Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos. Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos. Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
Acabo de leer en esta página que la casa del cura de Santa Leocadia ha sido vendida a un vecino del pueblo, y si el trato se cerró por los 30.000 euros que pedían pienso que lo mínimo que tienen que hacer las autoridades eclesiásticas es dedicar parte al menos de ese dinero para arreglar la iglesia del pueblo que está en un estado bastante ruinoso, e incluso si sobrase algo lo emplearan en la de Matarrosa que tampoco le vendría mal.
Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos.
Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
Acabo de leer en esta página que la casa del cura de Santa Leocadia ha sido vendida a un vecino del pueblo, y si el trato se cerró por los 30.000 euros que pedían pienso que lo mínimo que tienen que hacer las autoridades eclesiásticas es dedicar parte al menos de ese dinero para arreglar la iglesia del pueblo que está en un estado bastante ruinoso, e incluso si sobrase algo lo emplearan en la de Matarrosa que tampoco le vendría mal.
Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos.
Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
Acabo de leer en esta página que la casa del cura de Santa Leocadia ha sido vendida a un vecino del pueblo, y si el trato se cerró por los 30.000 euros que pedían pienso que lo mínimo que tienen que hacer las autoridades eclesiásticas es dedicar parte al menos de ese dinero para arreglar la iglesia del pueblo que está en un estado bastante ruinoso, e incluso si sobrase algo lo emplearan en la de Matarrosa que tampoco le vendría mal.
Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos.
Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
Acabo de leer en esta página que la casa del cura de Santa Leocadia ha sido vendida a un vecino del pueblo, y si el trato se cerró por los 30.000 euros que pedían pienso que lo mínimo que tienen que hacer las autoridades eclesiásticas es dedicar parte al menos de ese dinero para arreglar la iglesia del pueblo que está en un estado bastante ruinoso, e incluso si sobrase algo lo emplearan en la de Matarrosa que tampoco le vendría mal.
Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos.
Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
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Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos.
Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
Acabo de leer en esta página que la casa del cura de Santa Leocadia ha sido vendida a un vecino del pueblo, y si el trato se cerró por los 30.000 euros que pedían pienso que lo mínimo que tienen que hacer las autoridades eclesiásticas es dedicar parte al menos de ese dinero para arreglar la iglesia del pueblo que está en un estado bastante ruinoso, e incluso si sobrase algo lo emplearan en la de Matarrosa que tampoco le vendría mal.
Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
Antaño, casi siempre con donaciones de los pueblos, las casas parroquiales o casas del cura ocupaban siempre los mejores solares y eran los edificios más cuidados y funcionales, a lo que también contribuían los vecinos, y si en el caso como este que nos ocupamos disponen además de una huerta que se la daban trabajada y abonada es lo más rentable e placentero que se puede esperar. Ahora, quizás porque tampoco hay demasiados curas nadie se preocupa de su mantenimiento, ni del de la propia iglesia, y no sólo me refiero al culto, que se limita a dos veces al año, sino a que no se caigan las paredes y se vayan tapando las gotera, pero es mucho más fácil y lucrativo convertir el patrimonio de todos en dinero para unos pocos.
Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
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Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
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Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
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Alguien me puede acusar por meterme donde no me llaman, pero creo que estoy en mi perfecto derecho de opinar, puesto que no es una venta entre particulares, sino de una comunidad a un particular y para bien o para mal la palabra comunidad quiere decir que pertenece a todos.
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Por éstas y otras razones creo que esos beneficios deberían revertir en el pueblo, pues no me parece bien que del trabajo y del esfuerzo de los demás se beneficie siempre el más poderoso, máxime cuando son ellos los que deberían dar ejemplo de justicia e igualdad, porque ahora con lo de los nuevos “pecados” considero que el ser rico no significa ser pecador, sino el modo en que se consigue la riqueza.
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