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Sobre la arena gris, siguió temblando.
Jirones carmesí sobre una infancia oscura
y le envidiaba el sol desde lo alto
las perlas de su frente y el mirar tan claro.
Le acunaron un instante bajo un solo manto
el triunfo de llegar y el último descanso.
Me estremecíó la alondra que marchó volando.
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