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Como no me van a dejar sacar este panfleto, os lo dedico, con cariño pero sin lujuria., Borja.
La castidad como remedio a las enfermedades de transmisión sexual
El hospital público Carlos III de Madrid ha difundido entre sus pacientes la guía "Adolescentes frente al sida: preguntas con respuestas" que proclama la abstinencia para prevenir el sida.
Madrid. Una nueva guía dirigida a los jóvenes ha vuelto ha encender los ánimos. Esta vez se trata de una publicación con pautas para prevenir el sida que está difundiendo el hospital Carlos III de Madrid. Hasta aquí todo bien. Pero, ¿y si le decimos que la guía Adolescentes frente al sida: preguntas con respuestas alude a la abstinencia como mejor remedio a la enfermedad? Algo que a primera vista debería tomarse como el medio más lógico, ha derivado en múltiples criticas de parte del sector más liberal.
El folleto ha sido editado por
la Fundación Investigación
y Educación en Sida (IES), que depende del servicio de enfermedades infecciosas del hospital Carlos III, y que ya se ha repartido en la consulta de este hospital público, en colegios, clubes juveniles o asociaciones de familiares de enfermos de sida.
Como todo texto de divulgación científica, esta guía se basa en datos concretos y experimentados, de hecho, así lo refleja el folleto que dicta que lo que se difunde son mensajes "rigurosos y avalados por datos científicos, sin dar cabida a opiniones".
La polémica surge en el momento en que la guía añade a estos datos la defensa del "amor verdadero" basado en la fidelidad a la pareja y en la castidad, sobreponiéndola a la masturbación, la promiscuidad y el aborto.
Según detalla El País, Pablo Labarga, médico del servicio de enfermedades infecciosas del Carlos III y uno de los autores del libro, esta guía se basa en "una evidencia de padres de familia", "pero al final es todo evidencia científica. La guía se basa totalmente en evidencias científicas".
La guía además, cita tres conductas sexuales que científicamente están calificadas como de riesgo : la 'sexualidad precoz', la 'promiscuidad sexual' y las 'conductas homosexuales'. Basándose en esto, el manual afirma que "estudios científicos sostienen que homosexualidad y heterosexualidad no son equiparables desde el punto de vista de la salud. Los homosexuales tienden a ser más promiscuos, con los problemas físicos y emocionales que eso supone".
"Que los homosexuales tengan mayor frecuencia en problemas mentales que los heterosexuales también es una evidencia que psicólogos y psiquiatras han constatado", aseguró, según publica el diario. "Aunque esto, en principio, no tiene relación con la transmisión sexual del sida, y lo único que nos indica es que debemos extremar la calidad de nuestro trato", declaró.
Sobre el aborto, la guía considera que "aunque algunas legislaciones como la española permiten el aborto en algunos supuestos, desde el punto de vista biológico el aborto es acabar con la vida de un ser humano en el seno de su madre".
Y en cuanto al preservativo, el texto difundido por el hospital carlos III, opina que "constituye sólo una medida de eficacia limitada" ante la "pandemia del Sida, que crece rápidamente", y critica que "transmitir la idea de que el sexo con preservativo es seguro, aparte de falso, puede ser peligroso", ya que "se transmiten mensajes que banalizan la sexualidad, la reducen a algo puramente lúdico y se carece de argumentos para animar a la fidelidad, animando a la población a ser promiscua, de modo animal".
Por ello, la publicación propone como alternativa el método ABC: "A por abstinencia, B por fidelidad (del inglés Be Faithful), y C por condón". Aún así, "es mucho más eficaz para prevenir la infección por VIH la abstinencia (A) y la fidelidad (B) que la promoción del uso de preservativos (C)", matiza la guía.
Por último, expone que el sexo se ha convertido "erróneamente en la bandera de las libertades del individuo" comparándolo "una forma de droga, la adicción al sexo", una enfermedad que está probada científicamente. También se recuerdan las "conductas de riesgo para contraer el VIH" entre las que se encuentra la masturbación, una "práctica que influye negativamente en la salud sexual" ya que es "una actitud que sólo persigue la satisfacción personal del instinto sexual, con la búsqueda de placer con uno mismo o con otra persona" y suele "deteriorar la grandeza de la sexualidad humana".
Por tanto, las críticas a las alternativas que presenta esta guía surgen en el momento en que la información ha sido percibida, erróneamente, como una traba a la libertad personal y al dominio del cuerpos.
Además, también se ha criticado que sea un hospital público quien difunda este tipo de guías en las que se defiende el valor de la fidelidad como la mejor alternativa a enfermedades y a embarazos no deseados que pueden acabar en abortos, ya que una institución dependiente del Estado no debe posicionarse en temas tan delicados.
Ahora bien, también habría que preguntarse si
la Administración Pública
debe centrarse casi en exclusiva en aquellas tendencias más liberales que apoyan el aborto y prácticas sexuales, como la masturbación o la promiscuidad, e incluso, en ocasiones la homosexualidad; o si también debería centrarse en aquel sector de la sociedad que apuesta por una vida basada en el amor y fidelidad a una pareja, que en última instancia es la única seguridad para prevenir al cien por cien estas enfermedades.
Hospital Carlos III
Acabamos de sufrir una agresión, como trabajadores y como ciudadanos.
Un médico del hospital, haciendo mal uso de los recursos de su Servicio y de las facilidades del puesto laboral que ocupa, ha difundido un panfleto de marcado carácter integrista. Respetamos, por supuesto, el criterio o creencia, por aberrante que sea o nos parezca, de cada un@, libre de manifestarla, o no, en su ámbito personal. La religión debe ser protegida en la intimidad, pues el proselitismo ideológico puede chocar con el resto de las opiniones, y lesionar la imparcialidad de una sociedad moderna y laica. En cualquier caso, no debe contaminar el respeto y práctica sanitaria protocolizada en una democracia.
Un médico, con creencias fundamentalistas ha difundido, no una opinión a debate, sino una declaración agresiva contra sectores sociales, de modo inadmisible, aparte otras acientíficas propuestas y condenas, de menor importancia, pero que desmerecen en un científico.
Afirmar que la homosexualidad es un devío de la sexualidad natural, y que se puede curar, es simple homofobia de tiempos del caudillo. Propia de sectas asociales, por no tildarlas de “diabólicas”, tipo Opus Dei. Propugnar la castidad frente al SIDA, o condenar la masturbación, viene a demostrar que este individuo no sabe bien donde tien la mano derecha.
El dogma católico sostiene que la homosexualidad es una aberración. Lo dice algo más que la jerarquía,
la Biblia.
Quién
considere este conjunto de libros la voz de Dios, (así como la existencia de esta entidad), podrá obedecer sus preceptos y hasta intentar lapidaciones justicieras. Sólo se las tendrá que ver con la justicia en vigor, y con la mayoría razonable de la población.
Han sido muchos años de dictadura fascista, de nacionalcatolicismo, como para tolerar más abusos con las minorías, con los diferentes.
Sin dogma, establecer pautas de comportamiento (no lesivo) en las relaciones sexuales del personal, es como querer imponer el castellano como única lengua oficial del conjunto peninsular: un capricho de iluminados con intereses inconfesables. Por eso, en las sociedades mínimamente modernas, se condena toda xenofobia, toda discriminación por género, raza, tendencia cultural, sexual y, teóricamente, hasta ideológica. La discriminación económica, sin embargo, es sostén del sistema capitalista y causa de las artificiales diferencias sociales existentes, injusticias, explotación y tensiones entre las clases
La obsesión sexual de las religiones no es algo gratuito o una manía sin sentido, nace históricamente de la mano de la herencia, del mantenimiento de clanes y clases dentro del conjunto social: es esencial establecer la filiación de la prole, para determinar su relación con la cabeza de la familia y sus derechos a la riqueza acumulada por este grupo consanguineo, frente a otras familias de la tribu. Si todos los niños son iguales, la acumulación de riqueza en manos de unos pocos clanes poseedores ricos sería imposible. Si la paternidad no es demostrable, por existir algún grado de promiscuidad, tampoco.
Parece ser que, antes del patriarcado, la familia monogámica, las clases, la religión y el Estado, existió un perido primitivo de salvajismo comunista, con matriarcado y poliandria, que permitía la propiedad común, con una economía de supervivencia. Este periodo desapareció con la agricultura y la acumulación de excedentes, que, contradictoriamente, genró ricos y pobres, libres y esclavos, sacerdotes y legos, guerreros y trabajadores, políticos y siervos. También significó la relegación de la mitad femenina de la población y los límites a las relaciones sexuales, con todo tipo de leyes y argumentos, que acabaron consagrandose por la religión en general: lo hecho por dios, el sistema vigente, es lo mejor posible, nadie se rebele y pretenda alterarlo. La realidad histórica es y será otra.
La aberración sexual de las religiones es similar en todas. Durante siglos, el homosexual ha sido colgado, quemado, lapidado, si no era rico o del clero. Condenado, en todo caso, a esconder su pulsión. La mujer, un objeto útil para engendrar prole productiva, prostituta y sierva vitalicia y barata. Hasta
la II
ª República no pudo votar (claro que, bajo la monarquía, tampoco el varón).
De las religiones dominantes en la actualidad pocas tan beligerantes como la secta católica de los cristianos, en temas sexuales. Hastea el SIDA es tratado con carácter culpabilizador. Si no lapidan, como prescribe la criminal Shariá musulmana, es porque no pueden. Pero encubren a sus delincuentes sexuales (violadores, pedófilos, embaucadores…)
Y es que no se le pueden poner puertas al campo: el sexo es una tendencia natural y sana de cada organismo superior. Tiene como objetivo biológico la combinación de variables genéticas que permitan mutaciones favorables y la correspondiente supervivencia de especies y, en genral, de la vida, frente a los cambios del medio. La sexualidad animal no siempre es “correcta” y heterosexual, mucho menos monogámica. Depende de muchos factores. Hay, incluso, casos de cambio de sexo en los individuos, bisexualidad y partenogénesis (reprodución sin concurso de machos), entre mil variantes y “aberraciones” naturales. El sexo, en la doliente humanidad, ha superado con creces el nivel bestial de la mera satisfacción inmediata o de la simple reproducción. La humanidad, caracterizada por no sobrevivir a costa meramente de su adaptación orgánica, biológica, al medio, sino de ser capaz, mediante la organización social, de transformarlo y sobrevivir como especie dominando a la naturaleza en su entorno (y en la medida de su progreso social, de sus fuerzas), también hace tiempo que ha superado los cánones sexuales, para elevar su práctica a un arte donde se integran intereses, fantasías y todo tipo de creatividad. Y eso es bueno, en todas sus variantes no lesivas. Por eso, hay que respetar. Al vecino convencional, familia tradicional, y al grupo, al homosexual y al cura masturbador. ¿Quién es mejor, más puro, más correcto? No haciendo daño, entre adultos libres, todo es respetable. Menos celibato y castidad (impuesta, incluso la “moral”, mediante la coacción ética) , que llevan a una represión con comportamientos perniciosos, para el paciente y su entorno.
Un escritor británico escribió hace tiempo “Dios ha inventado el sexo para reírse de lo ricos”, porque es el único bien universal que no depende, necesariamente, de las riquezas. Por eso lo odian los curas.
Lo del aborto, también tiene su aquel. Primero, afirmarnos en que el infanticidio es un crimen horrendo. En segundo lugar, reconocer que la práctica abortiva es un fracaso (de la educación sexual y su práctica responsable), es algo traumático (física y sicológicamente), y una carga económica colectiva.
Dichas tales perogrulladas, reconocer el derecho a la gestación libre y voluntaria, como una auténtica bendición. Dentro de un periodo de tiempo razonable, y siempre que la gestación no comprometa ostensiblemente la vida de la gestante, el derecho a interrumpir el proceso no puede ser considerado moral ni socialmente más condenable que la extracción de una muela (careada). Las religiones, especialmente la secta católica cristiana, hace bandera de la imposición de embarazo a término para toda mujer encinta, condenando a cientos de miles a un proceso no deseado y, en muchos casos, por diversas causas, personalemnte catastrófico (incluso para el niño). Sin prueba científica alguna, ni otra base teológica que la iluminación de su clero en
la Verdad
, tratan de imponer su dogma a toda la sociedad, especialmente las mujeres pecadoras. Han decidido que el alma (insuflada por su Trinidad), está ya presente en el zigoto, o en la mórula, o en el embrión. Sólo en eso se basan para considerar homicidio el aborto de embriones. Nada más lejano de la realidad
1.- porque Dios no existe
2.- porque no hay alma
3.- porque el embrión no es persona, o lo es sólo en potencia, no más que un óvulo no fecundado, o uno de los millones de espermatozoides perdidos en cada purgación voluntaria o no (¿millones de homicidios?)
4.- porque se establecen unas razonable y muy rigurosas garantías proteccionistas en los plazos y condiciones permitidos, respetando y protegiendo los derechos del infante
5.- porque a la protección del embrión y feto, habría que añadir, para no incurrir en la hipocresía más descarada, la protección efectiva de toda la infancia y maternidad, también tras el nacimiento (recursos sociales plenos)
6.- porque es falsa la protección de la vida humana cuando no se condena nsin paliativos la pena de muerte y la guerra, la existencia de oligarquías y hambre, en el mundo. Cuando Nazinger excomulgue a Fraga, hablaremos.
Amén.
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