SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: VENEZUELA: LATIFUNDIO, CAPITALISMO Y SOCIALISMO. Por Horacio Benítez.
NUESTRA AMERICA: DESCOLONIZACION PEDAGOGICA. Por Carla Wainsztok.
NUESTRA AMERICA: EL FUTURO DE AMÉRICA LATINA. Por Arévalo Méndez.
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI:
UN SOCIALISMO PARA EL SIGLO XXI.
Por Francois Houtart.
El socialismo es un proyecto antes de ser un concepto. Por esta razón es necesario abordar el contenido, como paso preliminar a la utilización de la palabra. De hecho ¿qué es el socialismo hoy? ¿Se trata del estalinismo, del maoísmo, de Pol Pot, de la social democracia, de la tercera vía?
Estamos en plena ambigüedad, lo que exige un nuevo cuadro de reflexión.
Sin embargo, hay una gran urgencia frente a la destrucción social y ambiental provocada por el modelo económico contemporáneo. La hegemonía global del capitalismo, en su forma neoliberal, no solamente fue edificado sobre nuevas bases materiales (las tecnologías de información y de comunicación) sino que permitió universalizar la subordinación del trabajo al capital (subsunción, según Carlos Marx). No solamente se trata hoy de una subordinación real (es decir dentro del proceso mismo de la producción vía el salario), sino también formal, es decir por medios financieros: precios de las materias primas y de los productos agrícolas, deuda externa, paraísos fiscales, fiscalidad interior promoviendo la riqueza individual y por medios jurídicos: normas de las organizaciones internac ionales, como el FMI, el Banco Mundial, la OMC.
Este último tipo de subordinación afecta a todos los grupos humanos tanto por la destrucción ambiental, como por la sumisión a la ley del valor. Hoy día, los pueblos indígenas están afectados en su posibilidad de supervivencia, por la explotación de los bosques o la destrucción de la biodiversidad; las mujeres son las primeras víctimas de la privatización de la salud, del agua, de la electricidad; los pequeños campesinos son las víctimas de las empresas transnacionales del agrobusiness. De hecho, es la vida de la humanidad en su conjunto que está agredida. Las consecuencias culturales y sociales son profundas, porque este proceso agudiza las contradicciones dentro de todas las relaciones sociales, no solamente por una desigualdad económica y social creciente, sino por un aumento de los conflictos de género, de razas o de castas.
Por estas razones, el proyecto nuevo debe empezar por una deslegitimación clara y radical del capitalismo, en su lógica misma y en sus aspectos concretos en cada sociedad. La conciencia que no se puede humanizar el capitalismo constituye la base de un nuevo proyecto concreto. A este propósito, podemos proponer tres niveles de reflexión: el nivel de la utopía (¿qué sociedad queremos?); los medios y finalmente las estrategias. Trataremos de aplicar estos tres niveles a los varios componentes de la realidad humana: ecológicos, económicos, políticos y culturales y de proponer de manera muy sintética, una serie de hipótesis como base de discusión.
1. Los objetivos o la utopía
¿Qué sociedad queremos? Esta pregunta puede aparecer muy general, un conjunto de ideas abstractas, un sueño. Pero seríamos todavía seres humanos si se suprimiera la capacidad de soñar. Queremos vivir en una sociedad humana de cooperación y paz. Ya eso significa que no queremos vivir en un mundo de pura competitividad y de agresión. Desde su inicio tal perspectiva introduce la contradicción con la sociedad neoliberal. Para definir de manera más concreta lo que podemos llamar la utopía, se puede distinguir cuatro objetivos o principios, según las dimensiones citadas ecológicas, económicas, políticas y culturales.
1) Prioridad de una utilización renovable de los recursos naturales
Existe una simbiosis fundamental entre la naturaleza y el ser humano. La naturaleza es fuente de vida (la pachamama, tierra-madre, como dicen los pueblos indígenas de América del Sur). No se puede agredirla ni destruirla, sin atentar a la vida humana. La naturaleza no puede ser explotada en función de una racionalidad puramente instrumental, característica del tipo de modernidad vinculada económica y culturalmente con el capitalismo. Ella resulta en su destrucción progresiva. El grito de la tierra, como escribe Leonardo Boff, se llama hoy: desertización, deterioración del clima, gripe aviar, sida...
Este principio de la prioridad de la utilización renovable, significa el rechazo de producciones y actividades destruyendo de manera durable el ambiente natural. El uso de recursos no renovables será el objetivo de una gestión colectiva asegurando su racionalidad. Sin embargo, este principio forma solamente una parte de la realidad y debe entrar en correspondencia con las lógicas que siguen.
2) Predominio del valor de uso sobre el valor de cambio
Esta distinción, hecha por Carlos Marx, es útil para pensar el futuro. El valor de uso es lo que contribuye a la calidad de la vida humana en todas sus dimensiones. El valor de cambio es el mercado, que tiene una función subordinada al valor de uso. Sin embargo, dentro de la lógica del capitalismo, el mercado domina hoy no solamente la actividad económica, sino toda la organización colectiva de la vida humana. Para el capitalismo no existe valor económico, si el trabajo, los bienes y los servicios, no se transforman en mercancías. Es lo que se llama la imposición de la ley del valor, que según Franz Hinkelammert, significa el fin del sujeto. Los seres humanos están sometidos a esta ley que invadió la realidad social, sometiendo la humanidad en su totalidad a la lógica del capitalismo. Es por eso que Karl Polan yi, economista estadounidense, historiador del capitalismo, concluye a la necesidad de reinsertar la economía en la sociedad.
3) Participación democrática en todos los sectores de la vida colectiva
La participación democrática, es decir el poder de decisión del sujeto humano, no puede ser limitado al sector político. En este sentido, se puede decir que toda la realidad es política, empezando por la economía. El principio de la participación democrática tiene que aplicarse a todos los niveles de la vida humana colectiva, desde el local, hasta el global.
4) Interculturalidad
Todas las culturas participan a la vida cultural y espiritual de la humanidad. Ninguna de ellas puede ser eliminada o marginalizada. Eso incluye todas las expresiones culturales, el derecho, la ciencia, las religiones y las espiritualidades. Las transformaciones que derivan de intercambios, de enriquecimiento mutuo son bienvenidas, porque la cultura no es estática.
Sobre la base de estos cuatro principios se plantea el problema de los medios.
2. Los medios
No basta con afirmar principios. Construir otra sociedad significa aplicar medios para que estos principios puedan ser realidad.
1) La relación con la naturaleza
Para realizar el primer principio de predominio de una utilización renovable, podemos proponer tres medios principales. El primero es la apropiación pública de los recursos naturales esenciales para la vida, como el agua, las semillas, el aire. Estos recursos constituyen el patrimonio de la humanidad y deben escapar de la ley del valor, tal como está definida por el sistema económico capitalista..
La revalorización de la agricultura campesina es otro medio necesario. Se trata de luchar contra la concentración productivista de la tierra o de los productos agrícolas en manos de empresas transnacionales, que destruye la naturaleza, sin hablar de los desastres sociales y de promover una agricultura orgánica. En tercer lugar, viene la tarea fundamental de regeneración de la atmósfera, de los suelos, de las aguas y finalmente del clima.
2) El predominio del valor de uso sobre el valor de cambio
Existen varios medios para realizar este predominio. Solamente queremos señalar algunos de ellos.
- Promover la producción orientada hacia la mayoría de las poblaciones, con la utilización de instrumentos públicos, lo que se opone al modelo de desarrollo actual que favorece un crecimiento económico espectacular de solamente 20% de la población. Eso es la consecuencia de la lógica del capitalismo, que necesita de generar fuertes poderes de compra de una minoría para absorber una producción sofisticada, contribuyendo así a la acumulación del capital.
- La introducción de elementos cualitativos en el cálculo económico, como el bienestar (la calidad de vida), el entorno ecológico, la seguridad alimentaria. Las decisiones serán muy diferentes, si se tomara en cuenta estos elementos en los cálculos de los costes de producción y de intercambio.
- Limitar la influencia del capital financiero, por un impuesto sobre los flujos internacionales, la abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario y la supresión de la deuda externa de los pueblos del Sur.
- Abolición de las patentes en su forma actual y adaptación del derecho de autor, para evitar el monopolio de las transnacionales.
- Revalorización de la empresa como lugar de trabajo común a fines sociales y no como fuente de riqueza para los accionistas.
- Reconocimiento y valorización de los empleos no reconocidos (mujeres en el hogar) o desvalorizados (servicio social, servicio de salud) y creación de empleos para sectores cualitativos de interés colectivo (mejoramiento de la calidad de vida, servicios personales, etc.).
- Constitución de un seguro social generalizado bajo control público.
- Revalorización del servicio público, como servicio a la colectividad y no como atención a clientes
3) El principio de la democracia
La democracia no es solamente un fin, sino también un medio. En este sentido se debe extender la democracia representativa a todos los niveles de la actividad colectiva, incluyendo el sector económico. Sin embargo, se necesita también la promoción de la democracia participativa o directa como incremento del control popular en los mismos sectores. No se trata solamente de la dimensión territorial (pueblos, barrios, aldeas), sino también de las empresas y de las administraciones.
4) El principio de interculturalidad
Los medios en este sector son también diversos, con prioridad a los siguientes:
- Afirmar y concretizar el derecho de los pueblos frente al derecho de los negocios, lo que significa un cambio fundamental de la filosofía de los organismos internacionales, financieros y comerciales.
- Protección de las culturas por medidas adecuadas en los diversos sectores de sus expresiones.
- Socialización de los resultados de la ciencia, sin monopolio industrial o particular.
- Afirmación de la laicidad del Estado, como base del diálogo filosófico y espiritual y del ecumenismo.
3. Las estrategias
Para poder aplicar los medios susceptibles de concretizar los principios, hay varios niveles de estrategias.
1. Deslegitimar el capitalismo, como expresión de una modernidad deshumanizante, lo que significa la utilización de todos los espacios posibles para el desarrollo de un pensamiento crítico en los sectores de la economía, de la ecología, de la política y de la cultura. En este sentido, los foros sociales han cumplido con un papel importante, el desarrollo progresivo de una conciencia colectiva.
2. Acelerar la creación de actores colectivos al nivel global, vía redes de resistencia (un ejemplo es Vía Campesina).
3. Renovar el campo político de la izquierda, con la convergencia de varias organizaciones políticas (no se puede pensar a un partido único detentor de toda la verdad) y la centralidad de la ética en las prácticas políticas.
4. Promover la emergencia de un nuevo sujeto histórico, que no será solamente constituido por los trabajadores asalariados, sino por todos los grupos afectados en su vida por el sistema capitalista: pequeños campesinos, mujeres, pueblos autóctonos, etc.
5. Buscar la centralidad de la ética como actitud colectiva e individual, en coherencia con la utopía, lo que implica una institucionalización de los procesos sociales y políticos como base de los comportamientos individuales y una redefinición permanente de los aspectos concretos de la ética, con la contribución de todos.
Podemos concluir que si es eso que llamamos socialismo, se trata de un proyecto profético y constructor, capaz de contradecir la barbaridad y de traducir en un proyecto post-capitalista a la vez la defensa de la dignidad humana y el amor al prójimo.
(*) Sociólogo, sacerdote, director del Centro Tricontinental. Bélgica.
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI:
VENEZUELA: LATIFUNDIO, CAPITALISMO Y SOCIALISMO DEL SIGLO XXI.
Por Horacio Benítez.
En la transición hacia el Socialismo del siglo XXI, las medidas de reforma agraria implementadas por el Presidente Chávez no pueden asimilarse con acciones radicales para extirpar relaciones sociales de producción donde aún permanecen formas de apropiación de plusvalía por la explotación del trabajo asalariado, como lo quiere hacer ver la oligarquía terrateniente y el imperialismo en la campaña mediática orquestada a propósito de la estrategia agraria gubernamental.
La vigorosa decisión del Presidente Hugo Chávez de profundizar la revolución bolivariana mediante el combate franco al latifundio para hacer efectiva la reforma agraria en favor de millones de campesinos, está siendo aprovechada por los adversarios del proceso de cambios para perfilar otro escenario de ataques y acciones contrarrevolucionarias. Tanto el imperialismo como la oligarquía aliada, agitan la bandera de la defensa de la propiedad privada para orquestar otra infame campaña de descrédito y desestabilización del Gobierno Nacional. Es en efecto lo que ya está ocurriendo. Eso era inevitable y el combativo discurso del Primer Mandatario el domingo 25 de septiembre de 2005, en el recuperado Hato La Marqueseña –con un 80% de su extensión improductiva-, en el municipio Alberto Arvelo Torrealba, refleja la intensidad de la pulsión social implicada en la guerra contra el latifundio improductivo.
Las palabras del Presidente Chávez han sido contundentes: “el latifundio debe desaparecer del país, ya que es un problema latente que afecta en proporciones notorias a la producción nacional”.
Pidió igualmente, imprimirle celeridad a los procedimientos legales que el Gobierno Nacional desarrolla para recuperar tierras ociosas. En tal sentido expuso que aspira que antes de culminar el año se haya rescatado por lo menos medio millón de tierras, de manera que instó “a apurar el paso, rumbo al 2006”.
Con la Constitución en la mano citó el artículo 115 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela el cual señala que “toda persona tiene derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes. La propiedad estará sometida a las contribuciones que establezca la ley con fines de utilidad pública o de interés general. Sólo por causa de utilidad pública o de interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno y justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes”. Igualmente evocó el Artículo 82 de la Ley de Tierras que señala textualmente: “El Inti tiene derecho a rescatar las tierras de su propiedad o que estén bajo su disposición, que se encuentren ocupadas ilegal o ilícitame nte. A esos fines iniciará de oficio o por denuncia el procedimiento o rescate correspondiente. El procedimiento previsto en el presente capítulo no se aplicará a las tierras que se encuentren en condiciones de óptima producción”.
Son las normas superiores que gozan de toda la legitimidad y sirven de soporte a la estrategia estatal que favorece el interés general de toda la nación, por encima de la mezquindad y el egoísmo de un grupúsculo social de terratenientes y parásito sociales.
El cuadro de la concentración de la propiedad agraria en nuestra nación es aberrante y dramático. Antisocial y antihistórico. Es una verdadera vergüenza y una afrenta a la civilización moderna.
Aquí tenemos un promedio de 24 millones de hectáreas como latifundio, según el censo agrícola de 1998. Han sido detectados 317 fundos con las características de latifundio, de los cuales hay 3 millones 700 mil hectáreas que lo conforman. En Apure se han declarado latifundios a los predios “La Bendición Ramera”, “Los Cocos”, “El Frío”, “San Pablo Paello” y “Jobito” y en Cojedes: “Paraima” (con la media bobada de 52.000 hectáreas), “Piñero”, “El Charcote”, “La Yeguera”, “Guamontey-Altos de Buena Vista”, “San Inacio” y “Borges”.
En la transición hacia el Socialismo del siglo XXI, las medidas de reforma agraria implementadas por el Presidente Chávez no pueden asimilarse con acciones radicales para extirpar relaciones sociales de producción donde aún permanecen formas de apropiación de plusvalía por la explotación del trabajo asalariado, como lo quiere hacer ver la oligarquía terrateniente y el imperialismo en la campaña mediática orquestada a propósito de la estrategia agraria gubernamental. Eso es una falacia y un acto demagógico que pretende generar la histeria entre las clases intermedias de la sociedad para inducir un comportamiento político conservador y reaccionario.
Aceptada la coexistencia con relaciones capitalistas de producción en el actual periodo de transición, lo cierto es que las acciones emprendidas en el campo agrario van a favorecer, en el corto y mediano plazo, las estructuras económicas entramadas con el capitalismo, gracias al incremento de la producción de alimentos y al abaratamiento de la canasta familiar por la mayor disponibilidad de productos con origen agrario. La reforma agraria va a mejorar sustancialmente la capacidad adquisitiva de los salarios y el incremento de la productividad en la propia empresa capitalista. Esa es la realidad. Por eso es tan aberrante la supervivencia del latifundio y los terratenientes, con toda la parafernalia política, ideológica y cultural que le acompaña.
Esa es una verdad tan vieja como el capitalismo. Basta con mirar la historia de los Estados Unidos o la de Alemania o la de China para llegar a tal conclusión.
Por supuesto que en nuestro caso lo ocurrido en el campo agrario no está disociado del objetivo del Socialismo como forma superior de organización económica, social y política.
El hecho de que tengamos que convivir con relaciones capitalistas y hasta feudales de producción, no le resta fuerza a la capacidad transformadora del proyecto bolivariano que lidera el Presidente Chávez en la perspectiva del Socialismo del Siglo XXI.
El SXXI es una meta, es un norte que tenemos que alcanzar pero procediendo con inteligencia y método. No es a las patadas y sin un campo adecuado de racionalidad. Para decirlo con palabras de Lenin, cada paso que se avance debe considerar siempre las correlaciones de fuerza y los contextos sociales nacionales e internacionales. Proceder de otra manera es poner a nuestro pueblo a merced de las viejas oligarquías y el imperialismo, que viven al acecho para aplastar nuestra marcha revolucionaria.
NUESTRA AMERICA:
DESCOLONIZACION PEDAGOGICA.
Por Carla Wainsztok.
“Los Doctores Americanos no advierten que deben su ciencia á los indios y á los negros: porque si los Señores Doctores hubieran tenido qué arar, sembrar, recoger, cargar y confeccionar lo que han comido, vestido y jugado durante su vida inútil... no sabrían tanto:... estarían en los campos y serían tan brutos como sus esclavos”. Simón Rodríguez
La colonización
Rodríguez distingue entre la sociabilidad y los proyectos de riqueza porque estos últimos no son proyectos sociales. Según el maestro de Bolívar, en Extracto sucinto de mi obra sobre la educación republicana, los hombres que no tienen la idea de asociación viven "una guerra simulada, bajo el nombre de convivencia". En este contexto, la avaricia constituye una enfermedad que se presenta bajo la forma de la traficomanía (sometimiento a la seducción que es producida por las mercancías), la colonomanía (colonización del territorio a través de los "rubios europeos" que provienen del Viejo Continente), y la cultomanía (que facilita el comercio y atrae el mercado).
Respecto de estos tres "delirios", Rodríguez afirma en Sociedades americanas que: "No faltarán (tal vez) especuladores que piensen en establecer en Londres o en París, fábricas de chicharrones, tamales y maíz cocido, para desbancar el comercio de las negras". Y, además, sospecha la llegada "de una Colonia de Maestros, con un cargo de Catecismistos sacados de la Enciclopedia por una sociedad de gentes de letras en Francia y por hombres aprendidos en Inglaterra. El fin, (de este cargamento de maestros) no sólo es desterrar al Castellano, sino quitar a los niños hasta las ganas de preguntar por qué piden pan".
En este punto, el recelo de Rodríguez se debe a que conoce de cerca no sólo a los maestros europeos sino también a nuestros niños latinoamericanos. Esto quiere decir que no se imagina a los párvulos, ni convierte al pueblo en una población abstracta como hizo Sarmiento. Por ello, Adriana Puigross sostiene en Sujetos, discípulos y currículum: "El proyecto sarmientino debe examinarse con todas sus contradicciones. Se trata de una pedagogía cruzada por profundas escisiones. Entre ellas, el asesinato práctico y teórico de los sujetos sociales y políticos populares, como hecho fundante de un sujeto de la educación designado como generador de una cultura popular democrática". En consecuencia, podemos argumentar que cuando Sarmiento habla de la educación popular se está refiriendo a la educación pública.
Por su parte, en Nuestra América, José Martí describe al colonizador como "despótico y avieso". Así, las ideas y las formas importadas de estos colonizadores fueron introducidas en nuestros sistemas educativos. A su vez, Paulo Freire, retomando este análisis, devela la pedagogía del opresor. Por eso, las ideas de este último se presentan en nuestras escuelas bajo las formas discursivas, disertantes, narrativas, es decir, bajo una concepción bancaria. En otra palabras, la "educación se transforma en un acto de depositar en el cual los educandos son los depositarios y el educador quien deposita".
Desde nuestra perspectiva descolonizadora, los saberes no son donaciones, pues de ser así estaríamos en el mundo de la falsa generosidad de los opresores.
Pero, las formas discursivas, las estrategias de enseñanza, no están separadas de los contenidos, de los conceptos. La exposición como la única técnica de enseñanza junto con la repetición y la memorización conforman una totalidad. Por ello, Jauretche, en La Colonización Pedagógica, expresa que "la enseñanza primaria no ha estado dirigida a la formación de hombres sino a la formación de ciudadanos. No se ha querido formar hombres para la patria, sino ciudadanos para las instituciones".
En Argentina, la idea de ciudadanía contenía una matriz "civilizadora" no sólo respecto de la "barbarie autóctona", sino también frente a la presencia de los trabajadores inmigrantes. Aquí, el maestro era el encargado de llevar a cabo la misión de "civilizar" a unos y otros. Y, por ende, no es casual que las primeras disciplinas sociales que se enseñaron fueron la historia y la geografía: una historia liberal donde sólo aparecían los grandes hombres separados de sus proyectos políticos emancipadores y una geografía que mencionaba las riquezas de las naciones o, mejor dicho, las riquezas de las clases oligárquicas.
Al respecto, en La falsificación como política de la historia, Jauretche afirma: "Se ha querido que ignoremos cómo se construye una nación, y cómo se dificulta su formación auténtica, para que ignoremos cómo se la conduce, cómo se construye una política de fines nacionales, una política nacional".
En definitiva, conocer y conducir la patria es otro de los grandes temas martianos. Por esa razón, en Nuestra América, se puede leer "conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías".
La descolonización
Para Rodríguez, las escuelas de América no pueden imitar los establecimientos pedagógicos europeos. El interés general ya clamó por una reforma en el siglo XIX. Y nosotros agregamos que aún sigue clamando por ella. Dicha reforma, por su lado, tiene como sustrato que la América no debe imitar servilmente a los opresores, sino que debe ser original. Parafraseando al maestro, hay que inventar nuevas prácticas pedagógicas o erramos.
Rodríguez sabe que los "cholos más pobres, los más despreciados" no pueden ingresar a la escuela en una América desigual. Por este motivo, propone construir escuelas que promuevan la enseñanza para el trabajo y el apoyo logístico para la organización de talleres que generen una renta y posibiliten la participación activa en la política del país. De esta manera, los estados nacientes (y nosotros agregamos nuestros estados actuales), se abren a la tarea de darse una forma. Es decir, nuestra América debe tener un proyecto formativo.
Este proyecto formativo es tratado por Martí, en Una escuela de artes y oficios en Honduras. "La enseñanza de la agricultura es aún más urgente, pero no en escuelas técnicas, sino en estaciones de cultivo; donde no se describan las partes del arado sino delante de él y manejándolo y no se explique en fórmulas sobre la pizarra la composición de los terrenos, sino en las capas mismas de tierra; y no se entibie la atención de los alumnos con meras reglas técnicas de cultivo, rígidas como las letras de plomo con que se han impreso, sino que se les entretenga con las curiosidades, deseos, sorpresas y experiencias, que son sabroso pago y animado premio de los que se dedican por sí mismos a la agricultura".
Aquí, cabe recordar que, entre las trincheras de ideas, se conoce para resolver y se piensa para servir. O dicho de otro modo, se conoce para resolver las problemáticas sociales, económicas, políticas, culturales de nuestra América; y se piensa para servir los intereses de las clases populares. Desde esta perspectiva, conocer y pensar son como la contracara de imitar. En este punto, Rodríguez y Martí comparten la idea de crear. "Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio es nuestro vino". En consecuencia, no se trata de trasplantar conceptos, categorías, sino de apropiarnos de los saberes que se han construido en otros tiempos y espacios.
La práctica de la apropiación es lo opuesto a la práctica de la expropiación ya que expropiar es hacer extraño lo propio, es convertir en extrañas a nuestras historias. Por esta causa, la enseñanza de nuestras historias no es solamente un proyecto pedagógico. También es un proyecto político y un acto de justicia. En cambio, apropiar es hacer propio lo extraño, entendiendo por esto aquellos conceptos que, a pesar de haber sido creados en otros momentos históricos y en otros rincones del mundo, nos permiten pensarnos a nosotros mismos y no aquellos otros que imposibilitan dicho pensamiento.
No olvidemos que el tronco desde donde debemos pensar es el de nuestra América. "La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de tres siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diez siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india".
La originalidad vislumbrada por Rodríguez, Jauretche y Martí implica la creación de un instrumental teórico que permita conocer desde nuestras tierras, un cambio epistemológico que recupere las voces de aquellos que están en los márgenes de la ciencia. Con relación a esto, en Los silencios y las voces en América Latina, Alcira Argumedo propone lo siguiente: "Mirar desde el espacio social e histórico de las masas populares latinoamericanas, fundamenta una filosofía y un conocimiento que necesariamente piensa la historia y el devenir humano. Un lugar epistemológico que lleva a evaluar críticamente las corrientes ideológicas del Norte, expresadas en el escenario político de nuestros países preguntando, en cada coyuntura histórica por el papel que ellas le otorgan a las mayor&iacut e;as sociales del continente. El pensar desde América Latina requiere de un instrumental teórico- conceptual que recupere las resistencias culturales, las manifestaciones políticas de masas, las gestas, la literatura, el ensayo, las formas de conocimiento y las mentalidades populares; los testimonios, las microhistorias, las fiestas, los pequeños o grandes gestos de dignidad, los saberes que están en las orillas de la ciencia".
La propuesta consiste en un verdadero diálogo de saberes. Esta tarea supone el ejercicio de ser simples pero no simplistas, como diría el maestro Freire. Y, a su vez, implica el compromiso de preguntarnos sobre nuestras escrituras.
Desde el campo de la didáctica, debemos preguntarnos qué enseñamos, cómo enseñamos, qué debemos enseñar y, por sobre todas las cosas, para qué enseñamos y quiénes son los beneficiaros de nuestras prácticas docentes.
Pero, la descolonización pedagógica no debe darse exclusivamente en la academia o en la escuela. También debe concretarse en el trabajo y en el periódico, como nos lo recuerdan Jauretche y Martí.
Paulo Freire, por su parte, decide realizar su praxis descolonizadora junto a los campesinos pobres y analfabetos del nordeste brasileño.
En su praxis descolonizadora, Freire afirma que los oprimidos tenemos introyectadas las sombras del opresor. Es decir, somos seres duales que sentimos mejor que nadie los efectos de la opresión y, al mismo tiempo, estamos habitados por el opresor. Por eso, su Pedagogía del Oprimido nos interroga sobre nuestras prácticas sociales. Y esto es así porque Freire sospecha que, en un primer momento, tendemos a ser opresores o sub-opresores, en lugar de buscar la liberación. Pero, ¿por qué procedemos de ese modo? Acaso, ¿somos malos por naturaleza? La respuesta es claramente no. Nuestras representaciones suelen equiparar humanidad a propietario, hombre a poseedor. Y, por lo tanto, caer en la figura del sub-opresor es algo sencillo.
Entonces, no alcanza con saberse en una situación de opresión para entrar al reino de la libertad. Es necesario actuar, obrar, pensar, hacer y sentir. Es necesaria una pedagogía del oprimido. "La libertad, que es una conquista y no una donación, exige una búsqueda permanente. Búsqueda que sólo existe en el acto responsable de quien la lleva a cabo".
El reino de la libertad consiste en la libertad de los cuerpos y de las conciencias. Y, por ende, una verdadera emancipación exige que los pueblos puedan conocer sus historias, hacerlas propias y reconstruirlas.
La alfabetización no sólo consiste en leer textos. También comprende el hecho de leer el mundo. Aprender a leerlo nos permite preguntarnos por las causas y las razones de nuestras formas de habitar la tierra y, asimismo, nos posibilita lograr una comprensión más critica de cómo funciona la sociedad. Sin esa mirada critica, caeríamos en el fatalismo, en las naturalizaciones y en la autoculpabilidad.
Y aquí, la escuela ocupa un lugar central ya que la práctica docente puede ser un espacio de creatividad, de esperanza, de cambio, de utopía y de saberes para la emancipación y la autonomía o, por el contrario, un espacio que reproduce las sombras del opresor. Los docentes, muchas veces inconscientemente, no extirpan de los estudiantes el no podés y el no servís, permitiendo que tales estudiantes construyan imágenes negativas sobre sí mismos. Esta autodesvalorización resulta de la introyección que los estudiantes hacen de la visión que algunos maestros tienen de ellos.
Por ello, frente al fatalismo y la naturalización que propone la pedagogía bancaria, Freire propone una educación problematizadora.
Esta pedagogía problematizadora sostiene que conocer, enseñar y aprender son actos cognoscentes. En El grito manso, Paulo Freire afirma: "Enseñar no es transferir contenidos de su cabeza a la cabeza de los niños. Enseñar es posibilitar que los estudiantes desarrollando su curiosidad tornándola cada vez más crítica produzcan el conocimiento en colaboración con los profesores. Al docente sólo le cabe proponer al estudiante elaborar los medios necesarios para construir su propia comprensión del conocer y el objeto estudiado".
Para que la educación se vuelva una herramienta de transformación social y liberación, Freire postula que la contradicción que existe entre educador y educando debe ser superada porque en la misma no es posible establecer una relación de diálogo. El diálogo es la estrategia didáctica y el marco del acto cognoscitivo. Y el educador debe recuperar los saberes previos y debe trabajar con las preguntas de los educandos que expresan su modo particular de ver el mundo.
La Patria Grande
El primer acto de la Patria Grande encuentra a Simón Rodríguez escribiendo contra las desigualdades de las castas, contra la sociedad colonial y a favor del proceso emancipatorio. Y, en este contexto, descubre que la independencia y la libertad son dos realidades que no coexisten en América. La Independencia nos hace dueños del suelo pero no de nosotros mismos. Y, por esta causa, si las victorias de la independencia se logran por medio de las armas y las manos, los triunfos de la libertad deben concretarse a partir de las plumas y las cabezas, para que no se vuelvan a armar otros brazos.
Este primer acto –que acapara la atención de Rodríguez, Bolívar, Sucre y tantos–, constituye una fuente de inspiración para Martí.
El autor de Nuestra América nos sugiere bucear en su Bolívar, para encontrar al Libertador en una arenga, en una carta de amor y en un abrazo con San Martín. No obstante, los cubanos, según él, siempre lo ven con Sucre, en la expedición que nunca llegó a Cuba con el objeto de liberarla.
Por ello, Martí afirma que ha llegado la hora para que la América española declare su segunda independencia. Lamentablemente, el 19 de abril de 1895, cerca de Boca de Dos Ríos, la muerte lo sorprende. Y la tropa cubana no pudo recuperar su cadáver. Al igual que su personaje literario Abdala, muere por "ese amor que despierta en nuestro pecho el mundo de recuerdos que nos llama a la vida otra vez".
En este mismo sentido, las lecturas de los textos de Ugarte y Martí, entre otros, llevadas a cabo por los de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), impulsan a Jauretche a denunciar que la Argentina estaba sujeta a un Estatuto Legal del Coloniaje. Y la derogación de dicho estatuto por obra del peronismo conduce a Ellis Briggsy, director de la Oficina de Asuntos de las Repúblicas Americanas, a advertir en Documentos del Departamento de Estado de Estados Unidos, sobre los peligros de la política argentina respecto de los intereses de los Estados Unidos. "Existe el peligro de que la Argentina aspire a organizar un bloque del Cono Sur, bajo la dominación política y económica argentina (...) los Estados Unidos deben oponerse a cualquier desarrollo que pueda facilitar la formación de tal bloque".
La unidad latinoamericana aparece en Paulo Freire bajo las imágenes de la revolución cubana, de Camilo Torres, de la teología de la liberación, del Che Guevara, de Salvador Allende y de la reforma agraria.
Rodríguez, Martí, Jauretche y Freire nos siguen susurrando que, si algunas verdades de nuestra América son permanentes, cada época tiene sus verdades propias que renuevan la vigencia de aquellas: una perspectiva que sirve para expresar la necesidad existencial de una patria bolivariana, de un puñado de hipótesis estratégicas que sirvan para enfrentar a los opresores de turno y de un esquema de comunidad organizada que realice los valores que hoy son negados al hombre americano.
Parafraseando a Martí, necesitamos de un cuerpo de maestros viajeros que vayan por los campos y las ciudades enseñando nuestras historias, las gestas y las resistencias de la Patria Grande que necesitamos conocer.
NUESTRA AMERICA:
EL FUTURO DE AMÉRICA LATINA.
Por Arévalo Méndez, Embajador de Venezuela en España.
América Latina ha evolucionado positivamente en los últimos veinticinco años. Pero sigue teniendo necesidades urgentes en trabajo, seguridad, educación y salud. Los Gobiernos de Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Vázquez en Uruguay, Morales en Bolivia o Bachelet en Chile han dado lugar al resurgimiento de una nueva izquierda latinoamericana, que presenta discursos muy diferentes.
¿Cambiarán las cosas en un futuro próximo?
1. ¿Qué va a pasar en América Latina?
2. ¿Cuál va ser el devenir de las relaciones entre América Latina y EEUU? ¿Y las relaciones con Europa?
3. ¿Cuáles son las razones de la situación actual de Latinoamérica?
4. ¿Es MERCOSUR la alternativa para el futuro de América Latina? ¿O lo es el eje Caracas- La Habana- La Paz?
En cualquier caso, ¿cuáles van a ser las consecuencias económicas para los propios países sudamericanos?
1. Auguro que tras décadas de practicar el abandono del conjunto de las sociedades latinoamericanas a través de la pauperización intencionada de los Estados, el llamado neoliberalismo se retomará el papel de ese mismo Estado como institución garante del bien común. Y esa perspectiva de rescate será imperativa en la medida en que lo público se someterá al clamor mayoritario de los ciudadanos, que luego de los episodios de recetas fracasadas que tan sólo les trajeran más pobreza están convencidos actualmente de la inminencia de alentar transformaciones estructurales basadas en principios de justicia social, de inclusión y de equidad.
2. EEUU continúa manteniendo una línea beligerante en la política interna de muchas naciones latinoamericanas, pretendiendo la tutela y la sumisión; sin embargo, la referida conducta histórica de ese país está encontrando resistencias impensables hace unos años, no al nivel de los pueblos, fenómeno que desde siempre ha ocurrido, sino a nivel de los Gobiernos, que no están dispuestos a prolongar la línea de subordinación que en el pasado buena parte de nuestros
Gobiernos mostraban por acción u omisión.
En cuanto a las relaciones con Europa, auguro que serán enormemente positivas en la medida en que la Unión Europea tenga la lucidez de asumir positivamente los cambios que ocurren actualmente en América Latina. Si Europa toma conciencia de los retos formidables, así como de las oportunidades que supone el proceso de cambio que vive el continente, no sólo para el desarrollo de su propio ámbito de actuación sino para el conjunto de nuestros pueblos y también para el resto del mundo, en la medida en que éste se torne en ejemplo para África y Asia, entonces las relaciones se verán reforzadas. Será también fundamental que la Unión Europea entienda que las relaciones no pueden deslizarse siempre hacia el ámbito del comercio.
3. El nuestro ha sido un continente lastrado por la injerencia de las grandes potencias coloniales. Esta injerencia ha moldeado también nuestras estructuras económicas, en la medida que las necesidades metropolitanas hicieron que los sucesivos Gobiernos adoptaran patrones de producción y comercio contrarios a los intereses nacionales. En las últimas décadas, este patrón se exacerbó con la aplicación de las recetas económicas neoliberales, lográndose destruir aquellas iniciativas económicas que con ánimo nacionalista habían revertido la tendencia destructiva del monocultivo y la importación sistemática de bienes esenciales para el auténtico desarrollo. Afortunadamente estamos descubriendo que es posible una redefinición alejada de este peligroso mecanismo comercial impulsado desde el Norte. A esto hay que sumar la estructura social interna, profundamente desigual, con grupos minoritarios que controlan los poderes políticos y económicos y excluyeron sistemáticamente a la mayoría de la población de la toma de decisiones y también del acceso a los bienes y servicios, en suma, a la riqueza. Han tenido como resultado la inestabilidad general.
4. Las alternativas de futuro para América Latina son todas aquellas iniciativas que tengan como objetivo prioritario saldar la deuda social existente en todas nuestras naciones, disminuir y eliminar las desigualdades y promover aceleradamente patrones socioeconómicos basados en la independencia, la complementariedad productiva y la solidaridad entre nuestros pueblos. Nuestro continente necesita proyectos en los cuales se otorgue prioridad al desarrollo humano por encima del simple crecimiento económico, en los que se prime la unión y la comunicación cultural sobre el lucro comercial. Cualquier iniciativa que tenga miras de este tipo tendrá éxito, porque América Latina requiere de concursos solidarios, igual la vida necesita oxígeno para subsistir. Lo que se ubique fuera de esta concepción muy probablemente fracasará.