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Si vivimos en una sociedad cada vez menos tolerante a la frustración y a la enfermedad, donde el derecho a una salud perfecta y omnipresente está interiorizado hasta la médula.
Si la muerte ya no es asumible y ante ella siempre tiene que haber un culpable.
Si cuando ocurre que tras el paso por tu consulta, independientemente del motivo, tienes muchas probabilidades de verte en la primera plana de los periódicos o en el telediario como si fueras un vulgar delincuente.
Si en la serie de médicos de más éxito el protagonista es un psicópata narcisista y toxicómano que diagnostica las enfermedades más raras y dispone de una tecnología más propia de la guerra de las galaxias.
Si la economía de mercado justifica la planificada iatrogenización de nuestra sociedad para que la cuenta de resultados de las multinacionales y de algunas consultas médicas resulten cada vez más abultadas.
Si hay docenas de bufetes de abogados dispuestos a ejercer demandas «de oficio» para cualquiera que salga de tu consulta y el sistema judicial está convencido de que en cuanto profesional tienes que ser omnisciente y omnipotente, pues errar ya no es humano.
Si llevas 30 años trabajando sin que te hayan preguntado cómo te sientes en tu puesto o qué necesitas para realizar mejor tu labor.
Si a pesar del riesgo conocido de exposición a infecciones graves o al burnout jamás has pasado un reconocimiento de empresa, o. mueres en accidente laboral y tu empresa no publica una humilde esquela en los periódicos.
Si las relaciones con el hospital se limitan a hacer de secretario para sus necesidades administrativas y tienes la impresión de ser considerado médico de segunda por parte de la Administración y de tus propios compañeros.
Si cada vez que llega una carta de la gerencia es para comunicarte lo mucho que gastas o lo infinitamente alejado que estás de los objetivos de este año.
Si cada vez hay más médicos de atención primaria que milagrosamente «redescubren» su vocación para la gestión.
Si los 10 minutos por paciente, que no por consulta, no dejan de ser una utopía y son vistos por tus jefes como una exigencia caprichosa.
Si tienes la sensación de que el sistema público de salud hace aguas y se hunde lentamente para mayor gloria del mercado... mientras los políticos se emocionan repitiendo que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.
Si las agresiones a los médicos son algo normal y a la población se le ha dicho irresponsablemente que tiene derecho a todo porque para eso paga.
Si los médicos de los países de tu entorno ganan tres o cuatro veces más y están considerados socialmente.
Si éste es el premio a toda una vida de estudio y a tanta responsabilidad...
¿Nos asombramos de que haya déficit de médicos? ¿De que se vayan a otros países? ¿De la cantidad de buenos profesionales «quemados»? ¿Cómo pensamos que alguien va a querer ser médico de familia en este país? ¿Qué milagro y por cuánto tiempo hacen posible que el sistema público de salud y la atención primaria todavía funcionen así de bien?
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