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Apartado para el evangelio de Dios semana 19
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  Apartado para el evangelio de Dios semana 19 14/Septiembre/2009 - 16:37

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19--- La obediencia a las autoridades

 

Lunes --- Leer con oración: Mt 1:11; Mr 10:45; Lc 10:30-37; Jn 1:1, 4, 14, 18

 

“Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén” (Jn 21:25)

 

LA BIOGRAFÍA DE CRISTO

 

Al estudiar la Epístola a los Romanos, vimos que fuimos apartados para el evangelio de Dios. Predicar el evangelio es un don que Dios da a todos los que fueron salvos, por eso sentimos la necesidad de anunciar las buenas nuevas de Dios así como Pablo, cuando dijo: “¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Co 9:16b).

 

En el Nuevo Testamento, las acciones y los hechos del Señor Jesús en la tierra están relatados en los cuatro evangelios. Sin embargo hay muchas otras cosas que Él hizo y, si todas ellas fuesen relatadas una por una, en el mundo entero no cabrían tantos libros (cfr. Jn 21:25). Para escribir la biografía del Señor Jesús, tampoco sería suficiente un solo libro, por eso fueron escritos los cuatro evangelios, que retratan los cuatro aspectos principales del vivir de esta persona maravillosa que es tanto Dios, como Hombre.

 

En el libro de Apocalipsis encontramos la descripción de cuatro seres vivientes: “El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando” (4:7). Es muy interesante notar la semejanza de estos cuatro seres vivientes con los cuatro aspectos del Señor Jesús descritos en los evangelios.

 

El primer evangelio describe al Señor Jesús como el Rey del reino de los cielos (Mt 1:1, 6), representado por el león, el cual es considerado el rey de los animales.

 

El Evangelio de Marcos describe al Señor Jesús como Siervo, que es representado por el segundo ser viviente, el becerro o buey, pues es un animal de servicio. Puesto que tenía el objetivo de servir y dar Su vida en rescate por muchos, el Señor Jesús no vino para llevar a cabo Su propia voluntad, sino para cumplir el propósito de Aquel que Lo envió (Mr 10:45).

 

El tercer ser viviente, que tiene el rostro como de hombre, corresponde al Señor Jesús como Hombre, retratado en el evangelio de Lucas. Este evangelista era un médico que no convivió con Jesús. Lucas acompañó a Pablo en sus viajes (Hch 16:10), indagó y registró los hechos del Señor en Su humanidad, descritos por personas que convivieron con Él (Lc 1:1-3).

 

Los tres primeros evangelios deben haber sido concluidos a fines de los años 50, o a lo sumo, en el año 60. Aproximadamente treinta años más tarde, el apóstol Juan escribió su evangelio, cuando ya tenía una edad muy avanzada, cuando era más maduro espiritualmente. Juan había aprendido a vivir en el Espíritu de realidad, por ello pudo recordar todo lo que el Señor hace mucho tiempo había hecho y también lo que le había dicho (14:26). En el Evangelio de Juan, el Espíritu Santo reveló un aspecto que no había sido revelado antes: que el Señor Jesús era como “un águila volando”, es decir, Él es Dios mismo, que es la vida para Su pueblo. ¡Aleluya!

 

Juan comienza su evangelio diciendo que “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (1:1), que “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (v. 4), que “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (v. 14), y completa: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (v. 18). En el evangelio de Juan, el Señor Jesús también afirmó que, si alguien quiere conocer a Dios, debe verlo a Él, pues Él y el Padre son uno (14:9; 10:30).

 

Los tres primeros evangelios registran que el Señor Jesús vino para salvarnos de nuestros pecados, por eso derramó Su sangre en la cruz (Mt 1:21; Mr 10:45; Lc 1:77). Pero, en el evangelio de Juan, él declara que Jesús vino para, además de solucionar el problema de nuestros pecados, darnos vida, pues en Él estaba la vida (1:4) y Él era la vida (11:25; 14:6): Este evangelio también nos muestra que Él vino para que todo aquel que cree tenga la vida eterna (3:16; 10:28). El Señor mismo resumió Su misión, diciendo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (10:10). ¡Aleluya!

 

Punto Clave: El Señor Jesús vino para salvarnos de nuestros pecados y darnos la vida eterna.

 

Pregunta: ¿Cuáles son los aspectos del Señor Jesús que fueron enfatizados en los cuatro evangelios?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19 --- La obediencia a las autoridades

 

Martes --- Leer con oración: Jn 5:24; 6:40; 19:34-35; Ro 1:5

 

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Jn 5:24)

 

EL EVANGELIO DE JUAN PRESENTA LA VIDA DIVINA

 

Todos nosotros que somos salvos, debemos conocer y ser iluminados con respecto a la voluntad y al objetivo de Dios al salvarnos. No es suficiente que digamos: “Yo fui salvo, mis pecados ya fueron perdonados y ahora soy un hijo de Dios. Todos los domingos participo de la reunión, llevo un poco de dinero y lo pongo en la caja de ofrendas, con tal de tener gozo y paz estaré satisfecho”. Sin embargo, esta no es la voluntad de Dios al salvarnos, por el contrario, es sólo un grado de satisfacción que nosotros mismos definimos para nuestra vida.

 

La voluntad de Dios no es sólo limpiarnos de nuestros pecados, sino que recibamos la vida divina al creer en la muerte y resurrección de Jesucristo. Del lado negativo, el Señor Jesús vino para solucionar el problema de los pecados del hombre, pero del lado positivo, Dios quería poner Su vida dentro del hombre creado.

 

Puesto que esto no había sido mencionado en los tres primeros evangelios, el Señor usó al anciano Juan, con sus noventa años de edad, ya estaba maduro espiritualmente para registrar este asunto tan importante. Él describe que el Señor Jesús, el Verbo, estaba con Dios y era Dios desde el principio, vino a la tierra en la forma del Hijo.

 

Dentro de nuestra cultura humana, un hijo es engendrado de la relación entre un padre y una madre, pero en la concepción divina, el Hijo es la expresión del Padre: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn 1:18; He 1:3a).

 

A Dios nadie le vio jamás, pues Él habita en luz inaccesible (1 Ti 6:16). No podemos ver al Padre, pero por medio de la Palabra , Él puede expresarse a nosotros y podemos entenderlo y recibirlo. La Palabra es Dios mismo y, para poder conocer al Padre, Él como la Palabra , tuvo que hacerse carne, es decir, un hombre.

 

Cuando el Señor Jesús estaba en la carne, no podía estar para siempre con nosotros, pues estaba limitado por el tiempo y el espacio. El Padre permitió que Él fuera rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, que fuera muerto pero, al tercer día resucitaría para que, por medio de Su muerte, Jesucristo, como el “único grano”, liberaría Su vida y así engendraría “muchos granos” (Jn 12:24).

 

Al describir la crucifixión de Jesús, Juan testificó que vio salir sangre y agua cuando el soldado abrió Su costado con una lanza (19:34). La sangre es para solucionar el problema de nuestros pecados y el agua que fluyó de Su costado representa la vida.

 

La voluntad de Dios, no se limita sólo para solucionar algo negativo, es decir, salvarnos de nuestros pecados. El aspecto positivo de la muerte y resurrección del Señor Jesús era liberar Su vida divina. Después de morir y resucitar, Jesús se hizo el Espíritu vivificante, el Espíritu de realidad (1 Co 15:45).

 

Nosotros sólo necesitamos creer que Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz y resucitó, para recibir la vida eterna (Jn 1:12; 5:24; 6:40). El Evangelio de Juan describe al Señor Jesús como Dios mismo que descendió del cielo para darnos vida (Jn 3:12-13, 15; 6:51).

 

Punto Clave: La vida divina fue liberada.

 

Pregunta: De acuerdo con el evangelio de Juan ¿Cuál es el propósito de Dios al salvar al hombre?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19 --- La obediencia a las autoridades

 

Miércoles --- Leer con oración: Jn 3:16; Ro 1:1-4; He 2:14; 1 Jn 5:11-12

 

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1:12)

 

EL EVANGELIO ES UNA PERSONA: JESUCRISTO

 

El evangelio de Dios en la epístola a los Romanos no es sólo un libro o un mensaje, sino más bien, una persona, el Señor Jesús, que primeramente es descrito como el Hijo del Hombre y luego como el Hijo de Dios (Ro 1:1b, 3-4).

 

Solamente el Hijo del Hombre pudo solucionar el problema de los pecados de los hombres, según se describe en Hebreos 2:14: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. Los que participaron de carne y sangre somos nosotros, los hijos, que pecamos y deberíamos haber recibido la muerte como paga por el pecado (Ro 6:23). En nosotros mora el pecado (Ro 7:5, 17-18, 20, 23). Por amor a nosotros, Dios envió a Su Hijo en semejanza de carne pecaminosa para crucificar la carne y solucionar el problema del pecado (8:3; Gá 5:24). En la cruz, juntamente con la carne, Satanás fue eliminado (He 2:14; Jn 12:31).

 

El Señor Jesús fue crucificado por causa de nuestros pecados, nos salvó por Su gracia y nos dio Su vida (Ef 2:1, 8). Gracia significa que usted no necesita hacer ningún esfuerzo ni pagar ningún precio, que no sea recibir gratuitamente todo lo que el Señor Jesús hizo en favor nuestro. En Él tenemos la redención por Su sangre, pues sólo nos bastó creer en Él y recibirlo (Ro 3:24; Jn 1:12). Esta es una gracia muy grande cuyo resultado es ser reconciliados con Dios (Ro 5:10).

 

Por otro lado, el Señor Jesús fue declarado Hijo de Dios para darnos la vida de Dios (Jn 10:10; 1 Jn 5:11-12). Para ello, el Hijo de Dios mismo tuvo que pasar por la cruz. Cuando fue crucificado, murió, resucitó y se hizo el Espíritu vivificante, el Señor Jesús hizo posible que recibiéramos el Espíritu juntamente con la vida de Dios (Ro 8:10, 14-16).

 

Después que recibimos la vida de Dios, ésta necesita crecer en nosotros, y para eso necesitamos vivir la vida normal de la iglesia, donde recibimos continuamente el evangelio de la vida, que es el evangelio del reino de los cielos (Ro 8). El reino de los cielos es el reino de Dios aquí en la tierra, el lugar en donde Él puede hacer Su voluntad así como es hecha en los cielos (Mt 6:9-10).

 

Punto Clave: Dios desea traer Su reino a la tierra.

 

Pregunta: ¿Cuándo puede Dios realizar Su voluntad en la tierra, así como es hecha en los cielos?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19 --- La obediencia a las autoridades

 

Jueves --- Leer con oración: Ef 1:22b-23; Hch 14:23, 26; Ap 1:11, 20

 

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mt 16:24)

 

LA CONSAGRACIÓN Y EL SERVICIO AL SEÑOR

 

Creer en el evangelio y recibir la vida eterna fue el primer paso de nuestra salvación. Después, necesitamos dar el segundo paso, que es desarrollar nuestra salvación con temor y temblor (cfr. Fil 2:12), esto es, crecer en la vida divina a fin de vivir la realidad del reino de los cielos y cumplir el propósito eterno de Dios.

 

En Mateo 16:18 el Señor mencionó por primera vez la iglesia. La palabra iglesia, según el original griego es ekklesía y significa aquellos que fueron llamados hacia fuera. Cuando el Señor nos salvó fuimos librados de la potestad de las tinieblas, y trasladados al reino de Su amado Hijo (Col 1:13).

 

De acuerdo con la palabra de Dios hay muchas verdades sobre la iglesia: la iglesia es el Cuerpo de Cristo (Ef 1:22b-23); debe haber sólo una iglesia en cada ciudad como la expresión de este Cuerpo (Ap 1:11, 20); la iglesia necesita tener su administración a través de los ancianos y diáconos (Hch 14:23; Tit 1:5); la iglesia tiene sus reuniones (1 Co 11:18, 20; 14:26), etc. Sin embargo, después de revelar la iglesia, el Señor Jesús no mencionó ninguno de estos puntos; pero nos dejó una llave para que Lo sigamos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mt 16:24).

 

Después de ser salvos, lo más difícil no es tratar con nuestros pecados, pues el Señor Jesús ya solucionó ese problema. La parte más difícil para desarrollar nuestra salvación es tratar con la vida del alma, con nuestro ego. La proporción que neguemos del ego, determinará la proporción de la vida de Dios que nos será añadida diariamente.

 

La verdadera obra de Dios es medida por la cantidad de vida que ésta produce. Cuando la obra de alguien produce disturbios, confusión y destrucción, ciertamente no es del Espíritu, conforme a lo que el mismo Señor Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7:16a).

 

En Primera de Corintios 12:1-3 leemos: “que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo”. Al encontrarnos con personas que viven en la esfera mental, que son analíticas y andan criticando a los demás, debemos ayudarles y animarles a invocar el nombre del Señor. De nada sirve argumentar con aquellos que sólo hablan cosas negativas y que aparentan tener la razón en todo.

 

Después de ser introducidos en la iglesia, el Cuerpo de Cristo, necesitamos consagrarnos, presentarnos para servir al Señor (12:1). Este versículo no se refiere a una consagración individual, sino al vivir corporativo de la iglesia para servir al Cuerpo. Tampoco habla de lo que el Señor Jesús hizo por nosotros, sino lo que quiere hacer por medio de nosotros, por eso Él depende de nuestra consagración.

 

Necesitamos constantemente consagrarnos al Señor, pues una vez que fuimos justificados, necesitamos ser un sacrificio vivo: tener una conducta adecuada. También debemos ser un sacrificio santo: permitir que la vida santa de Dios sea cada vez más añadida a nosotros. Así, podemos constantemente ser un sacrificio agradable, es decir, reconciliarnos con Dios. Debemos también tener una mente renovada para que seamos transformados.

 

Este es el verdadero vivir corporativo de la iglesia. Si practicamos estos seis puntos, creceremos en vida y seremos conformados a Su imagen y glorificados. Este proceso orgánico nos llevará a ser como Dios es en vida y naturaleza, pero sin la Deidad.

 

La segunda parte del capítulo 12 de Romanos muestra que, una vez salvos, recibimos la vida de Dios y, con ella, varios dones en diferentes aspectos (vs. 6-8). Por ejemplo, hablar por Dios es un don, servir es otro don y ofrendar también es un don. Somos miembros del Cuerpo de Cristo y, así como en un solo cuerpo hay muchos miembros, pero no todos tienen la misma función. Somos un solo Cuerpo en Cristo y miembros los unos de los otros, por eso nos necesitamos los unos a los otros (vs. 4-5). Cada miembro tiene su función y “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (1 Co 12:18) ¡Aleluya!

 

Punto Clave: Toda nuestra consagración y servicio al Señor deben ser para el Cuerpo.

 

Pregunta: ¿Cuál es la relación que existe entre negar la vida del alma y crecer en vida?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19 --- La obediencia a las autoridades

 

Viernes --- Leer con oración: Ro 12:1-21; 13:1-7

 

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Ro 13:1)

 

CREER EN LA PALABRA Y OBEDECER A LAS AUTORIDADES

 

El capítulo 13 de Romanos aborda el asunto de la obediencia a las autoridades. Dios estableció las naciones con sus constituciones y leyes para que las guardemos. Por el hecho de ser cristianos, jamás debemos decir que somos superiores a las leyes de la tierra o ignorarlas, al contrario: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Ro 13:1).

 

Debemos someternos a nuestro presidente, obedeciendo lo que designe para nuestro país. También debemos someternos a las leyes de tránsito, civiles y militares. Tenemos que sujetarnos a las autoridades superiores, pues ellas fueron instituidas por Dios: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella” (v. 3). Si practicamos el bien, no tendremos de que temer.

 

Continuando en los versículos 4 al 7 leemos: “porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

 

El Señor ordenó que nos sujetáramos a las autoridades, pues, aunque no seamos de este mundo, aún habitamos en él y debemos aprender a ejercitar la sumisión. Si usted ejercita hoy la sumisión, estará calificado para un día ser una autoridad.

 

Al convertirnos en miembros del Cuerpo de Cristo, que es la iglesia, Dios tiene una meta principal: nuestro crecimiento de vida. Por medio de la regeneración, tenemos la vida de Dios, una vida santa. Sin embargo, el objetivo de Dios al salvarnos no es llevarnos al cielo, como muchos piensan, sino más bien, por medio de Su vida divina, que fue plantada en nosotros, Dios quiere que ejerzamos Su autoridad por Él y así cumplamos la comisión dada al hombre en Génesis 1:28: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

 

En el pasado, dábamos mucha atención a los versículos 26 al 27 de Génesis 1, pero no habíamos visto el valor del versículo 28: “Fructificad y multiplicaos” se refiere a la predicación del evangelio para engendrar a las personas y cuidarlas. “llenad la tierra, y sojuzgadla” nos muestra que se necesita de personas para que cooperen con Él, las cuales deben ser totalmente iguales a Cristo, es decir, tener la vida y la naturaleza divina, pero sin la Deidad. Así como Cristo, que posee la plenitud de la vida de Dios, tales personas necesitan crecer en vida, ser llenas de la vida de Dios, pues si no es así es posible que gobiernen equivocadamente. Sin la vida de Cristo, cualquier gobierno humano se convierte en un caos. Por eso, hoy el Señor es exigente con nosotros, pues anhela que neguemos nuestra vida del alma para que, en el reino venidero, podamos reinar con Él en gloria. ¡Aleluya!

 

Punto Clave: Someterse hoy para ejercer dominio en el futuro.

 

Pregunta: ¿Cuál es la importancia de las autoridades establecidas por Dios y quien debe temerlas?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19 --- La obediencia a las autoridades

 

Sábado --- Leer con oración: Lc 12:10; Hch 20:29-30; 1 P 1:7, 9, 22; 1 Ti 6:4-5

 

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7:15,16a)

 

GUARDARSE DE LOS LOBOS DISFRAZADOS DE OVEJAS

 

Por ser fieles a la comisión que el Señor nos dio en Génesis 1:28, el enemigo de Dios ha levantado personas para, por todos los medios, intentar destruirnos y causar confusión en medio nuestro. Estas personas son como lobos que no perdonan al rebaño de Dios, hombres que hablan cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Mt 7:15; Hch 20:29-30). Sin embargo, no vamos a dejar de seguir el guiar del Espíritu.

 

También hemos encontrado personas que “deliran acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas” (1 Ti 6:4-5); son hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia.

 

Éstos han causado división y disturbios en algunas iglesias de los países de América del Sur, vecinos a Brasil. No hemos reaccionado, porque, así como sucedió en la época de Pablo, hay algunos que proclaman la Palabra por envidia y contienda, no sinceramente, procurando provocar y suscitar tribulación en las iglesias del Señor (cfr. Fil 1:15, 17). Hacen reuniones, conferencias y entrenamientos en ciudades en donde ya existe la iglesia, el testimonio del Cuerpo de Cristo, y nos acusan de hacer exactamente lo que ellos mismos practican.

 

Al oír estas noticias me postré delante del Señor: “Señor, ¿Porqué permites que sucedan estas cosas? Hemos permanecido fieles a Tu Palabra, no hemos negado Tu nombre, hemos sido pacientes, perseverantes en la predicación del evangelio, soportando por ello, mucha tribulación. Señor, hace años que esto sucede, ¿Señor, por qué aún no has reaccionado? ¿Por qué no actúas enérgicamente contra ellos?”.

 

En mi comunión con el Señor, Él me respondió: “No hagas nada, deja que Yo reaccione. Aún no ha llegado el tiempo, por tanto no hagas nada”. El Señor también me reprendió: “Si Yo comienzo a hacer algo con ellos, ¿Cómo estará tú corazón? ¿Cómo reaccionarás?”. Fui iluminado en cuanto a mi reacción con respecto a cuando el Señor comience a tratar con ellos: ¿será de amor? Entonces me arrepentí, me sometí al Señor y le pedí perdón.

 

Incluso si quieren expropiar el local de reuniones de algunas iglesias, como ya lo han hecho en algunas ciudades de Brasil y en otros países de América del Sur, no vamos a reaccionar por nosotros mismos. El Señor me dio el sentir que, aunque eso sea ilegal e injusto, debo esperar que Él actúe. Cuando Jesús estuvo en la tierra, le entregó la bolsa a quien lo iba a traicionar, a Judas, pues él amaba el dinero (Jn 13:29). El Señor sabe y conoce todas las cosas.

 

En cuanto a nosotros, debemos dar más importancia a las personas que a las cosas materiales, por eso debemos continuar predicando el evangelio del reino, esperando y apresurando la venida del Señor (2 P 3:12). Continuemos amando a los hermanos y orando por ellos, no por sus acciones o hechos, sino para que, antes de que el Señor vuelva, sean iluminados, se arrepientan y sean perdonados por el Señor. ¡Amén!.

 

Punto Clave: Seguir la orientación del Espíritu.

 

Pregunta: ¿Usted ha aprovechado las situaciones del diario vivir para negarse a sí mismo o a reaccionado defendiéndose o justificándose?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 19 --- La obediencia a las autoridades

 

Domingo --- Leer con oración: Ro 14:17; 1 Co 5:1-5; 2 Co 2:1-11; Ap 19:17-19

 

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap 11:15)

 

EL REINO DEL MUNDO PASARÁ A SER EL REINO DE CRISTO

 

El reino de Dios no consiste en comida y bebida, es decir, no consiste en las cosas de nuestro vivir diario, normal, sino en justicia, gozo y paz en el Espíritu Santo (Ro 14:17). Debemos tener un corazón que tiene paz y estar gozosos, aun frente a situaciones de persecución y calumnias (2 Co 12:10).

 

Para crecer en vida, debemos tomar cuidado para no hacer nada por nosotros mismos. Aunque tengamos autoridad, ésta sólo debe ser para edificar (2 Co 10:8; 13:10). No debemos usarla de manera inadecuada, como si fuésemos “señores” de aquellos que nos fueron confiados, sino ser un modelo en vida de los hermanos y permitir que el Señor mismo cuide lo que es Suyo.

 

Fuimos apartados para el evangelio de Dios; Él desea que crezcamos espiritualmente a fin de que en el siglo venidero obtengamos la filiación, y así reinemos y gobernemos con Él (Ef 1:5; Ap 20:6; 2:26). Apocalipsis 11 nos dice que: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (v. 15). Un día, no habrá ninguna nación más en la tierra, porque todas pasarán a ser del Señor Jesús. Los grandes líderes, los presidentes, los reyes, los gobernadores, los generales, en fin, todos los que estén al lado del anticristo serán exterminados. La Biblia dice que en aquel día se reunirán en un solo lugar, serán lanzados en el gran lagar de la ira de Dios y allí el Señor pisará a todos ellos, como se pisan las uvas (Ap 14:19). La sangre que correrá de ellos y llegará a la altura de los frenos de los caballos, habiendo un exterminio total por parte del Señor (v. 20). Este será el gran lagar de la ira de Dios (19:15).

 

Hoy el Señor nos está preparando para que en el futuro estemos llenos de la vida de Dios, para que tengamos autoridad sobre las ciudades (Lc 19:17, 19). En la vida de la iglesia, estamos aprendiendo a someternos al Señor y a las autoridades, para que cuando venga nos encargue reinar juntamente con Él, gobernando y señoreando la tierra. Comenzamos nuestra vida cristiana creyendo en el evangelio, y ahora para crecer, debemos obedecer. ¡Alabado sea el Señor!

 

Punto Clave: Aprender hoy la lección de la sumisión.

 

Pregunta: ¿Se ha sometido a las autoridades que surgen frente a usted o las ha enfrentado?

 

Dong Yu Lan

 

Editora “Arvore da Vida”

 

Literatura disponible en:

 

corpocri@yahoo.com

 

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