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Apartado para el evangelio de Dios semana 18
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  Apartado para el evangelio de Dios semana 18 10/Septiembre/2009 - 05:26

 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 18--- Somos miembros los unos de los otros

 

Lunes --- Leer con oración: Ro 8; Ap 20:4, 6

 

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro 8:17)

 

EL PROCESO DE LA VIDA Y LO QUE ELLA NOS PROPORCIONA

 

El proceso de la vida por el cual los cristianos pasan es el contenido principal del capítulo 8 de Romanos. Cuando nacimos de nuevo, el Señor Jesús entró en nosotros como una semilla que necesita germinar y madurar. Ahora, Cristo, como el Espíritu vivificante, suministra la vida divina diariamente a todo nuestro ser tripartito. Cuando el Espíritu llenó nuestro espíritu , el nuestro, comenzó a tener vida (v. 10). A medida que inclinamos nuestra mente (la parte que lidera nuestra alma) al Espíritu, la vida de Dios se expande, alcanzando también nuestra voluntad y emoción, que reciben igualmente vida (v. 6). Finalmente, si continuamos en esa búsqueda, incluso nuestro cuerpo mortal será vivificado por el Espíritu que da vida, que mora en nosotros (v. 11). ¡Aleluya! Así, nuestro espíritu, alma y cuerpo llegarán a ser vida.

 

Otro aspecto importante encontrado en el capítulo 8 de Romanos se refiere al vínculo que la vida divina nos proporciona con Dios. Puesto que recibimos el Espíritu de filiación que trajo la vida de Dios hasta nosotros, podemos testificar con nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Con alegría y espontaneidad clamamos: “¡Abba Padre!”, porque ahora tenemos una relación de vida con Dios (vs. 15-16). Cuando la vida divina crezca en nosotros, Sus hijos, seremos herederos de Dios y coherederos con Cristo (v. 17-18; cfr. Ap 20:4, 6).

 

El evangelio de la vida nos muestra que la finalidad del operar de la vida divina en nosotros es conformarnos a la imagen del Hijo de Dios (v. 29). El Señor Jesús es nuestro prototipo y nosotros somos conformados a Él día tras día cuando permitimos que el Espíritu trabaje en nuestro interior. Así, las características del Hijo, continuamente van siendo formadas en nosotros hasta que todos lleguemos “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef 4:13). Después de ser conformados, también seremos glorificados, es decir, nuestro espíritu, alma y cuerpo expresarán plenamente a Cristo (Ro 8:30).

 

Mientras pasamos por este proceso de vida hasta alcanzar la filiación, la redención de nuestro cuerpo, también gemimos dentro de nosotros mismos (v. 23). Sin embargo, de algo estamos seguros: por estar unidos a Dios por Su vida, nada podrá separarnos de Su amor que es en Cristo Jesús, Señor nuestro (vs. 35, 39). Tenemos esa garantía por medio del Espíritu de vida que mora en nosotros. ¡Aleluya!

 

Punto Clave: El proceso de la vida.

 

Pregunta: ¿Cuál es la finalidad del evangelio de la vida?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 18 --- Somos miembros los unos de los otros

 

Martes --- Leer con oración: Ro 9–11

 

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:9)

 

DEBEMOS SER SENCILLOS ANTE LA SOBERANÍA DE DIOS

 

Antes de mostrar cómo debe ser la vida y el servicio del pueblo del reino, el apóstol Pablo introdujo una palabra llena de amor a sus compatriotas en los capítulos 9 al 11. Él dijo que tenía una gran tristeza y un continuo dolor en su corazón, a tal punto que él mismo deseaba ser anatema, separado de Cristo, por amor a sus hermanos, sus parientes según la carne, por los cuales suplicaba a Dios para que todos fueran salvos (cfr. 9:1; 10:1).

 

El apóstol aclara en estos tres capítulos que, aunque Cristo descendía de los judíos, ellos Lo rechazaron y por causa de su transgresión, para provocarles celos e ira, Dios hizo que la salvación llegara hasta los gentiles (9:5; 10:19-20). En ese sentido, al dirigirse a los gentiles, Pablo buscaba despertar celos en los judíos, es decir, incitar a los de su pueblo y así salvar a algunos de ellos (11:11, 14).

 

Por eso, Pablo preguntó: “¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera” (9:14). Él como un alfarero, tiene derecho sobre la masa, para de el mismo barro hacer vasos para honra y para deshonra (vs. 18-21). Dios tiene misericordia de quien Él quiere, por eso concedió Su maravillosa salvación también a los gentiles.

 

Para ilustrar esto Pablo dijo que, así como algunas de las ramas fueron desgajadas, los judíos, por causa de su incredulidad, fueron dejados de lado y los gentiles, como olivo silvestre, fueron injertados en lugar de ellas, y hechos participantes de la raíz y de la rica savia del olivo (11:17, 19-25).

 

La situación de los judíos es una advertencia para todos nosotros. Pues si no queremos avanzar conforme a la voluntad de Dios e insistimos en tener un corazón rebelde de incredulidad, nos convertiremos en vasos de deshonra y no proseguiremos en cumplir Su propósito. No obstante, los judíos que se conviertan al Señor, es decir, aquellos que se arrepientan, Dios los injertará de vuelta al buen olivo (vs. 23-24).

 

Pablo nos mostró que el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (10:4). No necesitamos esforzarnos para cumplir la ley o vivir por nosotros mismos (cfr. Ex 19:5-6, 8), porque el Señor Jesús ya hizo todo por nosotros. En la obra redentora de Jesucristo, al morir por nosotros en la cruz, Él cumplió las altísimas exigencias de la ley. No necesitamos preguntar quién subirá al cielo para traer abajo a Cristo o quién descenderá al abismo para hacer subir a Cristo de entre los muertos; por el contrario, para ser salvos simplemente necesitamos creer con el corazón que Dios Le levantó de los muertos y confesar con la boca que Jesús es el Señor (He 9:22; Ro 10:6-10).

 

Pablo quiso mostrar a los judíos cuan sencillo era recibir la salvación de Dios, e incluso hoy podemos usar las mismas palabras para aplicarlas a nosotros. Muchas veces preferimos hacer algo para Dios cuando deberíamos creer y recibir lo que ya fue realizado por Él para nuestra salvación. La palabra del Señor dice que sólo necesitamos invocar el nombre del Señor Jesús y seremos salvos (v. 13).

 

Cuando Pedro predicó a los judíos y a los habitantes de Jerusalén, en el día de Pentecostés, también les habló sobre invocar el nombre del Señor. En Jerusalén había hombres piadosos que vinieron de varias naciones, cuando en eso vino del cielo un estruendo, y los cristianos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas. Puesto que algunos de los judíos pensaron que estaban ebrios, el apóstol Pedro comenzó a predicarles conforme a la profecía de Joel diciendo: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hch 2:21). El camino para la salvación es invocar el nombre del Señor. Además, cuando Lo invocamos, somos trasladados al espíritu, donde mora el Espíritu de Dios, y obtenemos vida (1 Co 12:3). Así somos salvos y podemos tomar posesión de todo lo que el Señor Jesús realizó para salvarnos. ¡Alabado sea el Señor!

 

Punto Clave: El camino para la salvación es muy sencillo.

 

Pregunta: ¿Qué necesitamos hacer para tomar posesión de todo lo que el Señor hizo por nosotros?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 18 --- Somos miembros los unos de los otros

 

Miércoles --- Leer con oración: Mt 24:1-14; 2 Co 6:4-10; Fil 1:17-18

 

“Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios (…) por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos” (2 Co 6:4, 8-9)

 

LA FIRMEZA ESPIRITUAL MANIFIESTA EL CRECIMIENTO DE VIDA

 

El Señor Jesús cumplió en la cruz todos los requisitos para darnos la salvación completa de Dios. Todo lo que Él realizó llegó a ser nuestro mediante la fe. Además de salvarnos, el Señor nos introdujo en la vida de la iglesia, el ambiente y la esfera adecuada para proporcionarnos el crecimiento de la vida de Dios en nosotros.

 

Un gran indicador para saber cuánto de Cristo ha crecido en nosotros es nuestra reacción al oír las calumnias y difamaciones. Sólo cuando tenemos cierta madurez en el Señor es que permanecemos firmes e inconmovibles frente a las perturbaciones ajenas (2 Co 6:4-10; Fil 1:17-18). Pablo, aunque era perseguido por sus compatriotas, tenía el deseo de orar por ellos y ayudarlos a invocar el nombre del Señor a fin de que fueran salvos (Ro 10:1, 13). Nosotros también debemos aprender de su experiencia, pues nuestra carga es llevar a todas las personas a invocar el nombre del Señor para que sean salvas (1 Co 12:3). Solamente en el espíritu tenemos la vida divina que nos salva y vence todas las cosas. Después que Pablo creció en vida, no sólo dejó de contender y discutir, sino también le recomendó a Timoteo que hiciera lo mismo (2 Ti 2:23-24).

 

Podemos resumir el asunto de la Epístola a los Romanos en tres partes: los ocho primeros capítulos tratan del evangelio de la gracia (caps. 1-7), que nos introduce en el evangelio de la vida (cap. 8); en seguida (caps. 9-11) se aborda la elección de Dios para con los judíos, así como la carga y el amor que Dios tenía por ellos; y finalmente, concluye con el vivir adecuado de expresar a Dios, que es la vida de la iglesia, la vida del Cuerpo de Cristo (12-16). El evangelio de la vida equivale al evangelio del reino de los cielos y a la dirección para que crezcamos en la vida divina hasta la manifestación del reino en la era venidera.

 

El Espíritu Santo nos ha advertido de que la venida del Señor está cada vez más cerca de lo que nos imaginamos. Necesitamos estar concentrados en hacer la voluntad del Señor y velar en cuanto a las artimañas de Satanás que ha distraído al pueblo de Dios. ¡Somos colaboradores del evangelio y nuestra carga es llevar vida para todos!

 

Punto Clave: El crecimiento de vida y la venida del Señor.

 

Pregunta: ¿Cómo puede ser resumido el contenido de la Epístola a los Romanos?

 


 

Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 18 --- Somos miembros los unos de los otros

 

Jueves --- Leer con oración: Gn 49:11-12; Ef 1:22-23; Col 1:18; Ap 22:2

 

“El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Co 8:1b)

 

PRACTICAR LA PALABRA PRODUCE EL CRECIMIENTO DE VIDA

 

A partir de Romanos 12, el apóstol Pablo nos muestra cómo practicar el vivir normal de la iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. La Palabra divina es para ser practicada por los hijos de Dios, pues es ella la que producirá en ellos el crecimiento de vida. Mientras más practicamos las verdades contenidas en la Palabra , más de la vida de Dios obtendremos. Si insistimos en estudiar o conocer doctrinas elevadas, no seremos transformados por la renovación de la mente y tampoco experimentaremos la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Ro 12:2), el simple conocimiento envanece (1 Co 8:1b). Que esto nos sirva de advertencia a todos nosotros.

 

El Señor vino para darnos vida en abundancia (Jn 10:10). Así como el árbol de la vida estaba localizado en medio del huerto de Edén, disponible para ser comido, el Señor Jesús, como la vid verdadera, está disponible a todo aquel que Lo busca (Jn 15:1; Gn 2:9; cfr. Ap 22:2; Ro 10:13). Para obtener la vida de Dios sólo necesitamos invocar el nombre del Señor Jesús, pues Él es rico para con todos los que Le invocan. Cuando Lo invocamos, estamos en el espíritu y recibimos Sus riquezas (v. 12; 1 Co 12:3).

 

Todos los que fueron regenerados por la vida divina constituyen la iglesia y son miembros del Cuerpo de Cristo en la ciudad en donde viven. Cristo es la cabeza y la iglesia es Su Cuerpo (Ef 1:22-23; Col 1:18). En el universo hay solamente un Cuerpo (Ef 4:4), y así como hay sólo un Cristo, el cual es la cabeza del Cuerpo, también debe haber solamente una iglesia en cada ciudad como expresión de esta unidad.

 

La iglesia es la expresión del Cuerpo de Cristo y todos nosotros somos sus miembros: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Co 12:12). Pablo dirigió sus epístolas a las iglesias en diferentes ciudades. Así como la iglesia en Jerusalén no era la única en aquella época, es decir, la única expresión del Cuerpo de Cristo, hoy también Él se expresa a través de las muchas iglesias que dan testimonio de la unidad en diferentes ciudades como miembros de Su Cuerpo. Sabemos por la palabra de Dios que, donde hay la expresión de la unidad de la iglesia en una ciudad, allí existe la manifestación del Cuerpo de Cristo (1:2; 16:19).

 

Para que haya una expresión del Cuerpo de Cristo en la tierra, necesitamos consagrarnos, es decir, necesitamos presentar nuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, para tener un servicio más racional a Él (Ro 12:1). Cuando experimentamos la vida de Dios en nuestro diario vivir, somos llevados a consagrarnos a Él con la finalidad de servir a los santos en la vida de la iglesia. De manera espontánea experimentamos la justificación subjetiva, obteniendo en nuestro vivir la justicia de Dios trabajada en nosotros, y así, somos disposicionalmente santificados, es decir, somos apartados para Dios, a fin de que Su naturaleza santa sea dispensada en nosotros. Este tipo de vivir es como un olor grato a Dios (2 Co 2:15). Así, somos más reconciliados con Él. A medida que nos acercamos al Señor, nuestra mente es renovada continuamente y somos transformados. Esta transformación nos permite experimentar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, que se refiere a ser conformados a la imagen de Su Hijo y, finalmente, seremos glorificados.

 

Como miembros del Cuerpo de Cristo, vamos a permitir que Su voluntad se cumpla en nosotros para que Cristo reine por los siglos de los siglos (Ap 11:15). ¡Aleluya!

 

Punto Clave: Cristo es la cabeza del Cuerpo y nosotros somos sus miembros.

 

Pregunta: ¿Cómo debe ser nuestro vivir para que haya una expresión del Cuerpo de Cristo en la tierra?

 


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Apartado para el evangelio de Dios

 

Semana 18 --- Somos miembros los unos de los otros

 

Domingo --- Leer con oración: 2 S 3:26-27; 20:8-10; Ro 12:8-21

 

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” (Ro 12:14)

 

EJERCITAR LOS DONES Y PRACTICAR LA PALABRA

 

Según lo que vimos ayer, somos miembros los unos de los otros y recibimos de Dios diferentes dones conforme a la gracia que nos fue dada. Con relación a nuestro servicio al Señor, podemos dividirlo en tres categorías: el ministerio de la Palabra , el de los servicios y el de las riquezas materiales. Por medio del ministerio de la Palabra , conocemos la voluntad de Dios y recibimos Su dirección para llevar a cabo Su mover actual. En el ministerio de los servicios, nuestros dones son usados en la iglesia. A medida que ejercitamos los dones, la gracia nos es suplida hasta que éstos se conviertan en ministerios. Así que, don más gracia resulta en un ministerio (Ef 4:7).

 

El quinto don que Pablo nos presenta en la Epístola a los Romanos es repartir con liberalidad (Ro 12:8). Este don se refiere a nuestras ofrendas que damos al Señor, y es igualmente importante con relación a los otros dones. El ministerio de la palabra necesita del soporte del ministerio de las ofrendas, por ello aquel que reparte debe hacerlo con liberalidad (Ro 12:7-8). A veces el Señor puede conducir a la iglesia enviando algunos hermanos para predicar el evangelio a lugares distantes, donde necesitarán ayuda con respecto al sustento físico. En este caso, debemos ensanchar nuestro corazón, pues, aunque no salgamos al campo, seremos colaboradores del evangelio por medio de nuestras ofrendas. El Señor siempre nos orienta en nuestro espíritu, en cuanto a la cantidad que debemos ofrendar; no debemos discutir con Él, sino debemos dar con liberalidad.

 

Otro don mencionado por Pablo es presidir con solicitud (v. 8). Por lo general, presidir está relacionado con los ancianos, los cuales deben ser solícitos en sus responsabilidades. Estos hermanos deben ser ejemplos de la grey siendo celosos al dedicarse a los servicios de la iglesia (1 P 5:2-3).

 

Finalmente el apóstol dice que aquellos que hacen misericordia deben hacerlo con alegría (Ro 12:8). ¡Aleluya! Todos podemos tener este don. Si usted hace misericordia a los hermanos ellos harán lo mismo con usted, en la iglesia habrá una esfera plena de amor sin fingimiento, como leemos: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (vs. 9-10).

 

Nuestro amor debe ser sincero, sin fingimiento (cfr. 2 S 20:8-10; 3:26-27). Decir palabras buenas delante de alguien, pero por detrás esparcir mentiras contra la misma persona para destruirla, es tener un amor falso.

 

Seguidamente, en Romanos 12:11-21 leemos: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. Todos estos puntos requieren que tengamos un crecimiento de vida y del dispensar de la gracia divina.

 

Tomemos toda esta porción de la Palabra en oración para que el Señor hable personalmente con nosotros y nos ilumine para que busquemos este tipo de vivir. Así tendremos una maravillosa vida de la iglesia. ¡Aleluya!

 

Punto Clave: La expresión de la vida en el ejercicio de los dones.

 

Pregunta: ¿Cuál ha sido su experiencia con relación al capítulo 12 de Romanos?

 

Dong Yu Lan

 

Publicado por Editora “Arvore da Vida”

 

Literatura disponible en:

 

corpocri@yahoo.com

 

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