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Alimento diario 1º de junio
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La vida y la naturaleza de Dios – Las epístolas de Pedro
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Semana 2 --- Los elegidos
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Domingo --- Leer con oración: Gn 15:2; 16:15; 21:3; 25:5, 21-22; 1 Cr 1:32
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“(Dios) predestinándonos para filiación por medio de Jesucristo para Sí mismo, según el beneplácito de Su voluntad” (Ef 1:5)
Elegidos y predestinados para la filiación
La semana anterior hablamos de que Dios nos dio una herencia incorruptible, inmarcesible, que está reservada en los cielos para nosotros (1 P 1:4). Esta herencia es para los hijos de Dios, que fueron escogidos y predestinados, y será disfrutada, primeramente, en el reino milenario, por los hijos de Dios que crecieron, maduraron y alcanzaron la mayoría de edad, es decir, alcanzaron la plena filiación.
La filiación en el Nuevo Testamento corresponde a la primogenitura del Antiguo Testamento. Veamos el caso del primogénito de Abraham. Él tuvo en total nueve hijos, incluyendo al siervo que crió en su casa, el cual era considerado como hijo (cfr. Gn 15:2; 16:15; 21:3, 1 Cr 1:32). Dios quería hacer de Abraham una gran nación (Gn 12:1-2). Pero él no tenía ningún heredero en esa época, entonces pensaba que su siervo damasceno Eliezer sería su descendiente (15:2). No obstante, el Señor le dijo: “No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará” (v. 4). Más tarde nació el hijo de Abraham con Agar, llamado Ismael (16:15). Pero Dios le dijo: “Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz” (17:21a). Aunque Sara ya hubiese pasado de la edad de engendrar, por causa de la promesa de Dios y por la fe, después de un año, según la palabra del Señor, le nació un hijo: Isaac, engendrado de Abraham y ella, quien fue su heredero. Así, se produjo la nación de Israel. Isaac tenía la filiación, es decir, la primogenitura, por eso podía recibir la herencia de Abraham (25:5).
En el Antiguo Testamento, los judíos daban mucha importancia a la primogenitura y a la filiación. Eliezer no podía ser heredero de Abraham, por que no tenía la primogenitura. Ismael tampoco, pues el descendiente debería nacer de Abraham y Sara. Aún después de la muerte de Sara, cuando Abraham tomó a otra mujer y tuvo seis hijos más, ellos eran sólo sus descendientes, pero no tenían la primogenitura. Abraham dio dones a cada uno de ellos y los despidió (v. 6). Pero dio todo lo que poseía a Isaac, porque él tenía la filiación (v. 5). Todos fueron engendrados por Abraham, pero no todos eran herederos.
Como creyentes del Nuevo Testamento, fuimos predestinados para la filiación y tenemos la seguridad de que vamos a recibir la herencia de Dios. Pero para disfrutar de esa herencia en el reino milenario, como vencedores, hay una condición: la vida de Dios necesita crecer en nosotros; necesitamos alcanzar la mayoría de edad, la plena filiación. Para madurar y ser vencedores necesitamos estar llenos de la naturaleza divina en nuestra naturaleza humana.
En el Antiguo Testamento, los judíos fueron escogidos para ser el pueblo de Dios; en el Nuevo Testamento, nosotros fuimos predestinados para la filiación. Dios nos predestinó y aun más, nos escogió antes de la fundación del mundo. Por eso tenemos la convicción de que vamos a recibir la herencia de Dios. Gracias al Señor, porque todos los que creemos en el Señor Jesús somos elegidos de Dios y recibiremos toda la herencia de Dios Padre. ¡Amén!
Punto Clave: Heredar la herencia
Pregunta: ¿Cómo recibiremos la herencia?
¡Jesus es el Señor!
La iglesia en Armenia
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