las drogas han servido como pretexto para dividir en dos bandos opuestos a la población y enfrentarlos entre sí.
parte evidente del yugo o sojuzgamiento, la prohibición raramente es cuestionada, sería lo mismo cuestionar asuntos tan indispensables como el trabajo, entendido no como actividad digna y útil que proporciona el sustento, sino como la voluntaria renuncia a la libertad, a la voluntad y albedrío.
el perfil laboral es en esencia antidrogas. la política tiene como objetivo en mente combatir el narcotráfico que -nos guste o no- lleva a ciertas formas de libertad, propiedad del cuerpo y del tiempo, libre uso de ambos factores. al narco lo integran grupos armados que pelean entre sí e impiden la “libertad de empresa” o la libre competencia en sus actividades ilícitas.
procesados por delitos contra la salud se han sentido culpables, los han hecho sentirse culpables. no han exigido un tratamiento diferente al problema. la población misma cuidadosamente depurada ha aceptado los peores términos, vivir en un coto en la mira de las armas de fuego donde la religión verdadera es la renuncia, el desprecio por la libertad y una total, vital servidumbre. teniendo funciones racionales ha aceptado un pacto o convenio que la lleva a adoptar un comportamiento estímulo-respuesta, y a responder sin palabras a dicho molde o patrón.
el objetivo del beneficio en la función de gobierno se olvida en la persecución de estos delitos. las acciones en su combate incluyen abolición de la propiedad, discriminación a pesar de las garantías constitucionales, la abolición del derecho a la libre formación de pareja y de familia, privación de la libertad. estas acciones nos dicen que un libre consumo de estas sustancias es contrario a la noción de productividad, de buena conducta. cuando se dice que la prohibición es un error -porque sí se dice, admitámoslo-, lo que se está criticando en realidad es al aparato laboral improductivo pero esclavista y a su gran aliado el condicionamiento social operante. y mucha gente opina en los medios que la prohibición está mal, que la formación de grupos paramilitares armados (aunque no se metan con la población civil) no es una buena acción, sirve para consolidar al arma de fuego en el poder.
cada vez más gente pone en duda la capacidad del gobierno, como quien dice del azar y de la inercia, para tomar decisiones apropiadas concernientes a la vida de los demás.