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La Conquista de México (parte 2)
Desde que Cortés apresa a Motecuhzoma hasta el Trauma indio de la Conquista
FUENTE: http://guadalupe.luxdomini.com/guadalupe_conquista2.htm
Creyendo tener más seguridad de ese modo, Cortés hizo prisionero a Motecuhzoma, exigiéndole quedarse como rehén en el palacio de Axayácatl. [1] Motecuhzoma aceptó de mala gana, pensando finalmente que iba, como buen mexica, a resistir hasta el final a Quetzalcóatl, sin seguirle el juego, y convencido de que realmente un enfrentamiento militar hubiera sido una catástrofe cósmica. Menos instruido en asuntos religiosos, el hermano de Motecuhzoma, Cuitlahuac, desde el principio estuvo en contra de los “teules”, y sería uno de los más recios opositores de los invasores.
Haré aquí un Apéndice: A pesar de ser aztecas ambos, a Motecuhzoma se le ha tachado de traidor y cobarde, y a Cuitlahuac de valiente y honorable. Lo cierto es que el Tlatocan, a la muerte de Ahuizotl, escogió para el cargo de huey tlatoani a Motecuhzoma y no a Cuitlahuac, de lo cual se sabe que Motecuhzoma reunía más virtudes para ser huey tlatoani que su hermano. Simplemente, Motecuhzoma sabía más de religión que Cuitlahuac, y mientras Motecuhzoma estaba firmemente convencido de la invencibilidad de Quetzalcóatl, y del desastre que caería sobre el mundo si se enfrentaba contra Huitzilopochtli, Cuitlahuac, en cambio, creía que Huitzilopochtli debía enfrentar y podía vencer al nuevo Quetzalcóatl.
Cuitlahuac había sido tomado como rehén, junto con Motecuhzoma y otros nobles, y Cortés lo dejó en libertad con la misión de calmar al pueblo, el cual empezaba a cansarse de los rapaces “teules”. Pero Cuitlahuac hizo todo lo contrario, y organizó y preparó una oposición formal a los españoles. Éstos, mientras tenían cautivo al huey tlatoani, acumularon fastuosas cantidades de oro, fundiéndolas y preparándolas para ser repartidas como botín. [2] Cálculos más o menos exactos cifran el oro fundido en miles de millones de pesos actuales. [3]
Entonces la situación empezó a complicarse. Para los aztecas, Quetzalcóatl, habiendo vencido, y reconocida su victoria, debía retirarse, dejando establecidas sus condiciones; pero resultaba que éste Quetzalcóatl no sólo no se iba, sino que además, se dedicaba a rapacear todo lo que podía, contradiciendo a sus honorables antecedentes, pues el antiguo Quetzalcóatl si por algo había destacado, había sido por su sabiduría y su prudencia. Los tenochcas pues, rápidamente se fastidiaron con los españoles y empezaron a indignarse ante las pocas ganas de irse que mostraban los intrusos. El Tlatocan, entonces, conminó a Motecuhzoma a intimar a los blancos a que se fueran, cumplida su misión de embajadores vencedores, y que de no hacerlo, habría guerra. [4]
A esto se añadió la Jura de Vasallaje que Cortés exigió al tlatoani y a los aztecas, y que ellos realizaron [5] , aunque en el convenio ambas partes entendían cosas totalmente distintas: Para los españoles, la Jura de Vasallaje significaba que los aztecas aceptaban que España gobernaría ahora no sólo Tenochtitlán, sino todo el Anáhuac y el Tlatocáyotl, a través de gobernadores españoles, quienes se establecían definitivamente ahí. Para los aztecas, en cambio, tal juramento era una confirmación de algo ya sabido y aceptado: que Quetzalcóatl vencía a Huitzilopochtli, y que estableciendo sus "términos", se retiraría según el procedimiento que regía a las conquistas en el Anáhuac. [6]
En medio de todo esto, llegó a Motecuhzoma una noticia que transmitió a Cortés, y era la siguiente; 19 barcos habían echado ancla en Veracruz, y no menos de 1500 soldados, entre infantería y caballería, habían desembarcado en el mismo lugar en donde meses antes había arribado el propio Cortés. Éste ejército hispano no venía con parabienes y apoyo de Carlos V, sino todo lo contrario, era una expedición organizada por Diego de Velázquez y el obispo de Burgos, don Juan Rodríguez de Fonseca, enviada para castigar a Cortés, tomarlo preso y llevarlo a Cuba, por rebeldía. [7] Dicha expedición venía al mando de Pánfilo de Narváez, sobrino de Velázquez, y con él un oidor de la Audiencia de Santo Domingo, quien tenía la misión de procurar justicia contra Cortés pero cuidándolo del rencor de Velázquez. Cortés recibió con desagrado la noticia, pues sus hombres eran muy inferiores en número y en equipo; pero al mismo tiempo, no quería dar tiempo a Narváez de organizarse. Agradeciendo a Motecuhzoma el aviso, Cortés se dispuso a ir a Veracruz y de algún modo arreglar la situación, pero dejó una cierta cantidad de efectivos en Tenochtitlán, que mantendrían a Motecuhzoma como rehén, y al mando de los cuales puso al capitán Pedro de Alvarado [8].
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El enfrentamiento de Cortés y Narváez |
Después de la partida de Cortés, el gobernador de Cuba, enfurecido, había reunido, poco a poco, un ejército mayor que el que se había llevado el rebelde, y mil 500 soldados en aquellos lugares era un ejército considerable. A las órdenes de Pánfilo de Narváez los españoles desembarcaron, y se hallaron cerca de Cempoala, a donde llegaron para tener contacto con el ayuntamiento de Veracruz. Unos días más hubieran bastado a Narváez para tener una mejor idea de la situación; pero Cortés, con soldados españoles y aliados tlaxcaltecas se movía rápidamente, para impedirle la marcha. El comandante de Veracruz, Sandoval, tomó prisioneros a varios hombres enviados por Narváez, y se los envió a Cortés, quien en vez de maltratarlos, los compró a golpes de oro y obsequios, y así los envió de vuelta al campamento de Narváez, con la misión de convencer al resto de la expedición de que se pasaran a su bando. Al mismo tiempo, estos emisarios informaron a Cortés de que Narváez no tenía muy buenas relaciones con sus capitanes. [9]
Pronto, los soldados de Narváez habían cambiado de opinión; no iban a luchar contra un vulgar rebelde, sino contra uno a quien los indígenas desde Veracruz hasta México, reconocían por soberano, y que Cortés aparte de sus tropas disponía de miles de aliados indígenas; aparte de esto, supieron que Cortés había despachado informaciones al Rey de España [10] , y que además, disponía de riquezas suficientes para repartirles y dejarlos ricos. Ellos sabían -tan bien como Cortés-, que en el corrupto y revuelto mundo de la burocracia castellana, triunfaba quien tenía oro.
Así, en perfecto montaje teatral, Cortés atacó el campamento de Narváez en Cempoala, una tormentosa noche, y los soldados de Narváez hicieron algunos disparos, para aparentar que se defendían, pero al día siguiente todos estaban alineados con Cortés, -algunos hasta tuvieron la desvergüenza de ponerse a tocar pífanos y tambores celebrando su propia "derrota"-, y Cortés hizo venir a Narváez, encadenado y con un ojo reventado, y Narváez le dijo que considerara muy gran empresa haberlo vencido, pero Cortés, con el desparpajo de quien se sabe vencedor, le dijo que era poca cosa lo que había hecho. [11] Cortés estaba eufórico; tenía tropas, riquezas, y era el dueño de México, teniendo a todos los indios bajo su control.
Y en medio de su alegría, vino a caerle un balde de agua helada; en Tenochtitlán los aztecas se habían levantado en armas, liberando al fin su exasperación contenida, y para atacar a la guarnición de Alvarado, habían sitiado el palacio de Axayácatl. [12] Aparentando calma, Cortés decidió apurar el paso, y regresar a la gran ciudad con su nueva tropa, antes de que fuera demasiado tarde.
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Quetzalcóatl quebranta el pacto; la Matanza del Templo Mayor |
Al marchar Cortés con rumbo de Veracruz, había dejado en Tenochtitlán a unos 80 soldados, al mando de Pedro de Alvarado, a quien los indios llamaban “Tonatiuh” por su pelo rubio. Con él se habían quedado soldados incapacitados para hacer la larga y rápida caminata que llevaría Cortés en su viaje, y todos los que eran sospechosos de lealtad al gobernador Velázquez. Atemorizados al verse tan reducidos en número, su espanto iba en aumento, debido en parte a los tlaxcaltecas y a la Malinche, quienes como indios tenían miedo de que se acababa el año de Quetzalcóatl, y que había llegado a la costa un “antiQuetzalcóatl”, que quizá ya hubiera dado muerte a Cortés, y se acercaba la fiesta de Tóxcatl, punto cronológico donde se manifestaba en su máximo poder Huitzilopochtli-Tezcatlipoca. [13] A los españoles se les metió en la cabeza la idea de que los mexicas preparaban una conspiración; y paradójicamente, los mexicas también temían que los españoles los atacaran por sorpresa, como habían hecho en Cholula. [14] Sólo por el honor los mexicanos se mantenían impávidos, sin estado de guerra no podía haber ataque, y confiaban en que Quetzalcóatl no los atacaría sin previa declaración.
Alvarado por fin se decidió; se adelantaría al ataque, y él tomaría la iniciativa, quitando así a los indígenas toda idea de conspiración. [15]
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Entonces, cuando los aztecas danzaban en la fiesta de Tóxcatl, 40 españoles armados, dirigidos por Alvarado en persona, cerraron las puertas del Gran Teocalli, e iniciaron una tremenda matanza, atacando súbita y mortalmente a todos los indígenas, quienes no estaban armados. Pese a su número, los indígenas no pudieron hacer nada por defenderse, y los españoles hicieron una masacre, dejando muertos a varios centenares de indígenas, entre ellos nobles y sacerdotes. [16]
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| DOS ESCENAS DE LA MATANZA DEL TEMPLO MAYOR |
Y esto colmó la paciencia de los aztecas, ya puesta a prueba. Los aztecas, pese a estar hartos de los españoles, no los habían atacado por la orden terminante de Motecuhzoma, reconociendo además argumentos irrefutables: No habiendo guerra no podían atacar, y quien violara tal pacto quedaba sin honor, que era lo más apreciado por el guerrero mexica. Pero ahora había sido Quetzalcóatl quien violaba el pacto, y además dejaba al descubierto su debilidad, pues debía tener mucho miedo a Tezcatlipoca como para haberse rebajado al ataque a traición sobre gente inerme; ya no había atenuantes, ahora ellos tenían derecho de responder. [17]
Y los aztecas pusieron sitio al palacio de Axayacatl, iniciándose una serie de combates que dejaron claro que los españoles no resistirían mucho tiempo. Alvarado esperaba refuerzos de Cortés, quien regresaba a marchas forzadas con más españoles y tlaxcaltecas, pero todavía faltaban varios días de camino para que llegara. Alvarado echó mano de Motecuhzoma, dándole la orden de calmar a su gente, y Motecuhzoma accedió pero no por Tonatiuh sino por su pueblo; él estaba convencido de que el choque iba a favorecer a los “teules”, y que su pueblo, aunque tenía la razón por ser el ofendido, era demasiado débil para enfrentarse a los “teules”, a quienes no había que hacer el juego. El sobrino de Motecuhzoma, Itzacahuatzin, salió a hablar a los mexicas, diciéndoles que Motecuhzoma les mandaba decir que no lucharan, que no eran competentes para vencer a los “teules”, que no podían hacerles frente y que por eso dejaran de luchar.[18]
Pero los aztecas ya no compartían la fatalista visión de la invencibilidad de Quetzalcóatl, y menos porque el año Ce-Acatl había terminado, y respondieron llenos de furia: “-¿Qué es lo que dice ese ruin de Motecuhzoma? ¡Ya no somos sus vasallos!” [19] A los españoles simplemente no les cupo en la cabeza la idea de que un emperador fuera depuesto por un consejo, siendo para ellos la monarquía de derecho divino (previo al absolutismo), y Motecuhzoma, cada vez más deprimido, supo que el Tlatocan iba a quitarle el cargo de huey-tlatoani.
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El retorno de Cortés y la muerte de Motecuzhoma |
Las tropas de Cortés, especialmente los novatos llegados con Narváez, tuvieron miedo al acercarse a la enorme ciudad, ahora que era hostil, y quisieron quedarse en Tacuba o Texcoco, pero Cortés tenía la firme decisión de entrar, y el 24 de junio llegó a su cuartel sin ninguna dificultad. Cortés se sintió furioso; había entrado fácilmente, sus guarnición estaba sana y salva, y no había visto indios por ninguna parte. [20]
Todo esto lo llevó a regañar a Alvarado por su torpeza en atacar a los indios y luego por llamarlo como si su situación fuera apurada; y precisamente, había fracasado en su intento de impresionar a los soldados de Narváez. Entonces, seguro de que la situación estaba bajo control, despachó un correo a Veracruz dando la buena noticia, pero a los pocos minutos el mensajero regresó sangrando, anunciando que los aztecas venían a atacarlos, en masa, armados y furiosos. [21] Una vez más, Cortés confió en la buena suerte que hasta el momento había tenido, y envió a Ordaz con 400 hombres prácticamente para calmar el berrinche de los mexicas. [22] Este iba a ser el primer choque directo entre españoles y mexicas, sin que se interpusieran los muros del palacio de Axayácatl. Y los españoles se llevaron la sorpresa de su vida; pues los "guerreros del Sol" lucharon con una fuerza descomunal, dando muestras de una calidad militar y de un espíritu de combate tan formidables, que los españoles fueron completamente rechazados, sin poder sostener pelea. Aquello dejó perplejos a los castellanos; les resultaba increíble que meses antes, siendo tan pocos, hubieran podido contra Tlaxcala, y que ahora, con miles de aliados y reforzados por el formidable ejército de Narvaez, los aztecas los habían vencido, con una facilidad que los avergonzó, y no les cupo duda de que no habían combatido pidiendo la ayuda de Dios con suficiente fe. Se propusieron pues, ponerse en oración para dar su máximo esfuerzo al día siguiente.
Pero cuando volvieron a enfrentarse a los mexicanos, todo su "máximo esfuerzo" fue inútil. Los aztecas atacaban con una potencia imparable, y durante varios días, en todos los combates fuera del palacio, los españoles salieron siempre derrotados, aunque entre ellos hubo pocos muertos (lo cual atribuyeron a un milagro de Dios), pero se debía, sin embargo, a que los mexicas no tenían la costumbre de matar a sus enemigos en el campo de batalla.
Una y otra vez, la ferocidad y arrojo de los mexicas tuvo en jaque a los españoles; y no cabe duda de que si los aztecas hubieran utilizado la táctica de herir y matar en combate, habrían acabado con todos los españoles.[23]
Humillado, Cortés no tuvo más remedio que recurrir a Motecuzhoma, ofreciéndole la rendición y la retirada. [24] Motecuzhoma se resistió a aceptar, sabiendo de antemano que su pueblo ya no iba a obedecerlo. [25] Aún así, finalmente salió con una escolta al pretil de la azotea, y empezó a hablar al pueblo. Los aztecas guardaron silencio, mientras una embajada del Tlatocan se adelantó, y le anunciaron, con toda ceremonia, que había sido depuesto, y que ya no era huey-tlatoani de Tenochtitlán [26] , además de que el nuevo jefe era Cuitlahuac, precisamente, uno de los más enconados enemigos de los españoles, y que no iban a retirarse. Apenas terminaron el mensaje, los indígenas atacaron con una lluvia de flechas y piedras el palacio, y Motecuzhoma se desplomó alcanzado por una pedrada y un flechazo.
Este hombre moría fiel aún tanto a Quetzalcóatl como a Huitzilopochtli, muerto a manos del "Pueblo del Sol" a quien a toda costa intentara proteger. La Historia Oficial lo ha descrito como un cobarde y poco menos que un "vende-patrias"; ignorando lamentablemente su conflicto interior entre lealtades opuestas, y toda la defensa que plantó a los "teules". Cortés nunca pudo comprender qué había sucedido en el corazón de Motecuhzoma, y para él, el "emperador" le había entregado Tenochtitlán y el imperio azteca en un acto de miedo, agachez y poca hombría, ignorando el conflicto divino que detrás de ello había, y todas las angustias e infortunios de Motecuhzoma.
Murió Motecuzhoma, y con ello los españoles contemplaron la situación de manera distinta: ya no combatían a indígenas que defendían sus tierras, ni siquiera combatían a enemigos, sino que combatían a traidores contra el rey Montezuma y contra Carlos V, quienes además "habían violado el Pacto de Vasallaje".
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La Noche Triste |
La muerte de Motecuzhoma no cambió mucho las cosas, en lo que a los españoles se refiere. El nuevo huey tlatoani era el noble Cuitlahuac, quien desde el primer momento fuera acérrimo opositor de ellos, y al frente de su pueblo estaba decidido a exterminarlos -uno por uno si fuera necesario-, en la piedra del sacrificio. Los soldados de Narváez maldecían la aventura en la que se habían ido a meter, y lamentaban ahora haberse pasado el bando de Cortés, cuyas gloriosas promesas resultaban ahora más defraudadas que nunca.
Entre los españoles cundió la desesperación, y empezaron a ver fantasmas y visiones [27] , y aunque Cortés estaba decidido a no rendirse ni a huir, sus hombres cada vez daban muestra de mayor quebranto psicológico. Entre los españoles se hallaba un astrólogo llamado Botello, quien repitió varias veces que sólo podrían salir una noche de Tenochtitlán, o ya no saldrían jamás. Cortés quiso oponerse a los vaticinios de Botello, pero la autoridad de éste en cuanto nigromancia era indiscutida por el resto de la expedición, y los capitanes se alinearon en formal motín contra Cortés: Iban a salir, con capitán general o sin él [28] .
Finalmente Cortés cedió, y según la predicción de Botello, sólo podían salir a cierta hora de la noche [29] . Esa noche salieron los españoles y tlaxcaltecas del palacio de Axayácatl, y en medio del silencio nocturno, caminaban cargando el oro de Motecuzhoma, a sus heridos y sin hacer ruido, procurando eludir la vigilancia que los mexicas mantenían alrededor de la ciudad. Para salir, la expedición tomó la calzada de Tacuba, que aunque estaba en dirección contraria a Tlaxcala, era la que llegaba más pronto a tierra firme.
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Ya habían cruzado parte de la Calzada, cuando repentinamente fueron descubiertos, se supone que por una mujer, quien dio el grito de alarma [30] , y de inmediato, el ejército azteca inició un ataque terrible sobre los españoles. Desde sus canoas, los indígenas atacaban con flechas y lanzas en cargas cerradas a los españoles, quienes se precipitaron en medio de confusión y muertos a uno y otro lados de la calzada, dejando caballos, armas, bagajes y tesoros en la calzada y en el lago. [31] Los españoles que pudieron salir huyeron a toda prisa, todos en una dirección, hasta Popotla, donde los aztecas dejaron de atacarlos; para ellos, su aplastante victoria era muestra de que en el último momento, Huitzilopochtli había resultado más poderoso que Quetzalcóatl, y mediante juego limpio, en vez de traiciones y trampas, había destrozado a su ancestral rival. [32]
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| LOS TENOCHCAS DERROTAN A LOS CASTELLANOS |
La derrota española fue contundente, y Bernal Díaz del Castillo cifra las pérdidas castellanas en 860 hombres [33] , añadiendo a sus pérdidas la de casi la totalidad de aliados tlaxcaltecas. Y una vez en Popotla, donde algunos cronistas cuentan que Cortés lloró al pie de un ahuehuete [34] , fueron atacados nuevamente por los tacubanos, miembros de la Triple Alianza y por lo tanto, aliados inmediatos de Tenochtitlán. Siguiendo su ruta de huida, los españoles llegaron a Otancalpulco, población otomí, y fueron retirándose hacia Tlaxcala, pero entre ellos y sus aliados se interponía la llanura de Otumba.
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Batalla de Otumba y entrada de los españoles en Tlaxcala |
Los mexicas regresaron a su ciudad, y llegando a Tenochtitlán, capturaron a los que habían retrocedido ante el ataque para refugiarse de nuevo en el Palacio de Axayácatl, y varios españoles y tlaxcaltecas fueron sacrificados a los dioses. Con su triunfo latente y con el corazón alegre, los mexicanos empezaron a limpiar la calzada y el lago, y se apoderaron de todo lo que los españoles habían dejado en su fuga. [35]
Al tiempo en que esto acontecía, los españoles derrotados llegaban a Otumba (Otompan), y se encontraron con un ejército indígena, un ejército enorme, que según cálculos, ascendería a 200 mil efectivos. [36] El historiador Muñoz Camargo consigna que la batalla que se entabló contra ellos fue ganada por los hispanos gracias a la intervención personal del apóstol Santiago, el patrón por excelencia de los españoles [37] , y Cortés atribuye la victoria a la intervención indirecta de San Pedro.
Sin embargo, como hace notar José Luis Guerrero, no es razonable pensar en la batalla de Otumba como la describen las fuentes españolas, pues para los indios era una victoria morir en combate, y mejor si se trataba del propio jefe, y como consignan no solo Solís y Muñoz Camargo, sino también Sahagún y López de Gómara, Cortés en persona mató al jefe de estos indígenas. Por otro lado, una victoria tan inesperada y milagrosa, habría levantado la moral castellana, pero contradictoriamente, en Tlaxcala muchos españoles alzaron la voz demandando el regreso a Cuba, y la huida de estas tierras que tantos dolores de cabeza les daban, en vez de pensar con ánimos alzados en una campaña de contraataque.
Según el Códice Ramírez, el rebelde texcocano Ixtlixóchitl, aliado fiel de Cortés, al enterarse de la derrota de éste a manos de Cuitlahuac y los mexicas, se apresuró a despacharle un ejército con la orden de ayudarle en todo lo que necesitara, y el ejército texcocano llegó a Otumba no para exterminar a Cortés sino para auxiliarlo. [38] Y probablemente los aterrados españoles hayan atacado, ya con los nervios de punta, a este ejército amigo y hayan matado a un cierto número de aliados, antes de darse cuenta de su equivocación, tomando por enemigos a los texcocanos.
Al acercarse a Tlaxcala, aunque más tranquilos, no dejaban de sentir temor, pues, ¿Qué iban a decir los tlaxcaltecas, ante tan clara derrota? ¿Con qué cara les iban a decir que en Tenochtitlán habían muerto tantos tlaxcaltecas aliados, y que la tal protección y poder que habían prometido brindar no estaban a sus alcances? Sin embargo, Tlaxcala los recibió con todos los honores, y el anciano cacique Xiconténcatl prodigó frases de consuelo y ánimo, y le ofreció toda su ayuda para reponerse del desastre. [39] En fin, en Tlaxcala, se enteraron de que los aztecas aún no habían llegado hasta Veracruz para destruir las naves, y los soldados de Narváez quisieron embarcarse de inmediato, huyendo de aventuras descabelladas, pero se toparon con que Cortés –y su proyecto sonó a locura-, quería volver con nuevas fuerzas a Tenochtitlán para conquistarla. [40]
Y no es que los españoles fueran cobardes -que no lo eran-. Temían a los mexicanos, pero sabrían sobreponerse a su miedo. Ellos estaban dispuestos a luchar, pero con suficientes hombres, con armas, con pólvora, provisiones, caballos, en fin, bien equipados para la guerra... pero contraatacar así, derrotados, maltrechos y perdidas parte de sus armas y sus acémilas... era una verdadera locura, que no les hacía la menor gracia.
Entre Cortés y sus capitanes se dieron dimes y diretes, y finalmente Cortés los convenció con su gran elocuencia, diciéndoles que toda su temeridad iba a ser premiada por Dios, y que tenían que confiar en la misericordia y ayuda divinas, que los habían mantenido con vida, y que retirarse hubiera podido interpretarse en España como traición al rey Carlos, y peor aún, contra el Evangelio que se habían comprometido a difundir. [41] 20 días luego de haber llegado a Tlaxcala, Cortés atacó Tepeyacac (la actual Tepeaca, en el estado de Puebla), y así emprendió su campaña de reconquista. [42]
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Conquistada Tepeaca, instaló un cuartel general que llamó “Segura de la Frontera”, y aumentaba constantemente el número de aliados indígenas. Entonces llegaron a Veracruz dos barcos más enviados por Diego de Velázquez, con la certeza de que Narváez gobernaba México, y cuyos capitanes traían la misión de llevar a Cortés a Cuba, prisionero. Poco necesitó Cortés para que los dos barcos se pasaran a su bando con armas y tripulación, y poco después recibía más tropas y armamento de tres barcos que venían de Jamaica, y por último llegó un navío venido desde España, en plan de comercio, y cuya preciada mercancía eran armas y pólvora. [43] Todo esto vino a reforzar a Cortés, quien incluso contrató el barco y a los marineros, enrolándolos como soldados.
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| ARMADURAS DE LAS TROPAS ESPAÑOLAS |
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La peste (viruela) azota Tenochtitlán |
Los mexicas en Tenochtitlán, una vez que se calmó la alegría de su triunfo, se encontraron con que había entre sus aliados, y entre los mismos aztecas, quienes compartían la visión de Motecuzhoma, de que los blancos eran dioses invencibles, y por lo menos, un pueblo más que había que aceptar y tratar como a cualquiera de los indígenas, fuera aliado o enemigo. Cuitlahuac hubo de aplicar mano dura contra los hispanófilos, y esto desgastó a los mexicas, quienes tuvieron que luchar contra otros indios, perdiendo de ese modo energías que iban a necesitar contra los españoles, quienes por su parte se reponían a pasos agigantados.
Pero entonces vino una desgracia más a abatir a Tenochtitlán; una epidemia de viruela, que había traído un negro de la expedición de Narváez, y que había contagiado a los indígenas, quienes no eran inmunes a dicha enfermedad, desconocida en esas tierras; y que significó para los españoles que Dios colaboraba con ellos, arrojando tal peste “teozáhuatl” sobre la ciudad. [44]
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La viruela causó estragos entre los aztecas, matando a poco menos de la mitad, y dejando a Tenochtitlán muy reducida para la defensa que iba a tener que sostener. Para los indígenas, además, la viruela fue un verdadero golpe a sus estructuras sociales y religiosas. Desde que Quetzalcóatl había desmentido sus promesas con una sangrienta y vil traición, había quedado descubierta su inferioridad, siendo derrotado aplastantemente por Huitzilopochtli, quien reinaría con Tezcatlipoca para la eternidad, una vez que dejaba clara su fuerza.
Pero de pronto, el expulsado y vencido Quetzalcóatl atacaba de nuevo con un arma ante la cual no había defensa posible, matando con pavorosa eficacia a amigos y enemigos. Los valores indios se desplomaban, y con ellos su unidad, y para colmo de males, el huey tlatoani Cuitlahuac, uno de los más enérgicos enemigos de los “teules”, moriría víctima de la viruela, como tantos conciudadanos, mientras que la desaparición de jefes ocasionaría problemas para la sucesión.
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| AZTECAS INFECTADOS DE VIRUELA |
Los aztecas propusieron entonces una alianza a los tlaxcaltecas, ofreciéndoles libertad política y libre comercio, a cambio de que les ayudaran contra los españoles (a quienes ahora llamaban “popolocas”, esto es, bárbaros). Pero los tlaxcaltecas se negaron, [45] fieles a Quetzalcóatl y habiendo recibido varias utilidades de dicha fidelidad. Cortés mandó expediciones contra Atzoncan, Jalancingo y Teziutlán, controlando una gran zona que le permitió cerrar el acceso de Tenochtitlán al Golfo, y dejó volver a Cuba a quienes quisieron hacerlo.
El Tlatocan tuvo dificultades para elegir a un sucesor, y finalmente se decidió por uno de los más nobles y destacados caudillos, el príncipe Cuauhtemoctzin (Cuauhtémoc), quien sería el último huey tlatoani mexica. Cuauhtemoctzin estaba situado (teológicamente) entre Motecuzhoma y Cuitlahuac, y aunque contrario a Quetzalcóatl, no creía tan confiadamente en la invencibilidad de Huitzilopochtli, y creyó primordial tomar medidas para fortalecer a su pueblo, el cual -como se hacía obvio– iba a tener que enfrentarse una vez más a los traicioneros “teules”.
Y para este efecto, despachó correos a todos los pueblos del Anáhuac, convócandolas a defender el territorio, como había hecho antaño Itzcoatl para defenderse todos juntos del tirano tecpaneca Maxtla: ¡Unirse contra el enemigo común! Pero las tribus no respondieron como hubiera sido de desear: No existía conciencia de unidad nacional, y la invasión española para los indígenas no era sino la restauración del orden ideal, a pesar de que el nuevo Quetzalcóatl fuera notoriamente más brutal y agresivo que el antiguo, pero aún así, los enemigos de Tenochtitlán preferían el yugo de Quetzalcóatl al yugo de Huitzilopochtli; pues -y eso no puede negarse– los aztecas adolecían de la altanería de los poderosos, y no eran muy queridos por sus pueblos tributarios. Además, estos habían visto a los tlaxcaltecas aliarse con los “teules”, y como por arte de magia, habían pasado de ser acorraladas víctimas, a temibles conquistadores. Y finalmente, les resultó claro que los mexicas tendrían que estar muy débiles, como para doblegar su soberbia y pedir ayuda.
Cuauhtemoctzin se dispuso a enfrentar al enemigo, a pesar de que una facción azteca se inclinaba por rendírseles para después sacudirse el yugo, como habían hecho con los tecpanecas. Cuauhtemoctzin tuvo que matar a todos los que optaban por la rendición, y aprestar a su pueblo y al ejército para el combate, pues los españoles ya venían en camino, listos para conquistar la gran Tenochtitlán.
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La empresa que “in rem romano populo non facilem”; Barcos cruzando las Montañas |
Cortés siguió su campaña ahora triunfal, tomando población tras población, conquistando poco a poco el borde del lago, y gracias a los refuerzos tlaxcaltecas y a los soldados que le proporcionara Ixtlilxóchitl, el capitán general disponía ahora de más de medio millón de hombres, si hemos de creer a los cronistas. [46]
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Pese a todo su tremendo poder, Cortés sintió necesidad de mejores medios de combate, con los que pudieran medirse contra los terribles guerreros aztecas, cuya bravura inaudita bien recordaba. Para neutralizar a las canoas aztecas, Cortés dispuso la construcción de una flota de 13 bergantines en Tlaxcala. Y esto es otro punto que verdaderamente sorprende: Un bergantín era un barco de 2 mástiles, capaz de transportar caballería, infantería armada y cañones pesados. ¿En qué mente cabría la descabellada idea de transportar semejantes barcos a lo largo de 100 kilómetros de llanos, cerros y barrancas? ¡Pues los españoles lo hicieron! El ingeniero Martín López construyó los bergantines, construyó un lago artificial en Tlaxcala para probarlos, y pieza por pieza, los españoles y tlaxcaltecas transportaron la flota hasta dejar todas las piezas listas para su montaje, en las orillas del lago de Texcoco. [47] Semejante hazaña es una prueba más de la tenacidad y recio espíritu de esos antepasados nuestros, quienes no encontraban algo que les fuera imposible realizar.
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TRANSPORTE DE LOS BERGANTINES DESDE TLAXCALA HASTA EL LAGO DE TEXCOCO
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Mientras este transporte se verificaba, Cortés recorría los poblados importantes cercanos al valle de México, tomó Ixtapalapa, tomó Chalco y Xochimilco, Atzcapozalco y Tacuba. En Tacuba tuvo sus primeros encuentros con los mexicas, quienes -a todas luces– no se iban a recuperar a tiempo del desastre que la viruela les causara, y que construían arcos, flechas, hondas, macanas, escudos y canoas de guerra a toda prisa, para la guerra que se avecinaba. Siguiendo hacia el suroeste, llegó a lo que hoy es estado de Morelos, pasando por Oaxtepec, Yautepec, Tepoztlán y Cuauhnáhuac. Regresando al valle de México, le llegó a Cortés una nueva noticia, habían atracado tres barcos más, con hombres y pertrechos, y una cuarta nave que venía de España con un tesorero real, enviado por Carlos V (o Carlos I), para vigilar que cuidara la parte del rey en el tesoro obtenido. Cuauhtemoctzin, sin embargo, rechazó tajantemente todas las propuestas de rendirse que le ofrecía Cortés, y dejó claro que los mexica iban a vencer, o a morir peleando. [48]
El temor de enfrentarse de nuevo a los terribles mexica, cuya fiereza en pelea había dejado honda huella de miedo entre los españoles, provocó que se cebara una conspiración contra Cortés, que terminó con el cabecilla en la horca. [49] Y pese a todo el temor que los españoles y aliados sentían hacia la poderosa Tenochtitlán; ésta finalmente había perdido gran parte de su poder, la viruela había disminuido drásticamente su número, y la división, el resquebrajo de su mentalidad social y el transtorno psicológico causado por toda esta serie de locas contradicciones teológicas, dejaban a Tenochtitlán muy reducida de lo que antes era, y condenada a quedarse aislada y atacada por todas partes. Y aún así… no fue fácil tomarla.
Editado por: CIBERDOLAR (18/Octubre/2008 - 01:34)
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