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Y ahi, mi respuesta timida. Como tímida fué mi entrada y estruendoso vuestro recibimiento. Llegando con una mochila cargada de resentimientos, de sueños rotos en mil pedazos, de ilusiones que se desvanecian frente a mi, de espejismos que desaparecieron, aun cuando su imagen no era lo suficientemente nítida para saber si por un momento, el sueño era realidad, o simple sueño. Huyendo de vanalidades, y de frases sin fundamento, corrí, y en mi loca carrera topé con vosotros. Desarmada, asustada y malherida me instalé en la guarida a esperar que el sol me calentase, que el alimento de vuestras palabras me conformase, y descubri que me gustaba estar agazapada ahi. Y ahi me quedé. Y de ahi, me siento ya.
Gracias por acogerme.
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