una pregunta
¿ donde puedo encontrar un mapa mental de este trabajo ?
TRABAJO: POLITICAS CULTURALES: DE LAS IDENTIDADES NACIONALES AL ESPACIO LATINOAMERICANO
*** EXPOSICION***
AUTOR: NESTOR GARCIA CANCLINI
NOMBRE: POLET MONSERRAT CABRERA DIAZ
FECHA: 19 DE NOVIEMBRE DE 2007
UAM-X TID GRUPO: TI09D
La lectura empieza diciéndonos que las identidades nacionales, étnicas y regionales se defienden con un discurso esencialista, es decir, la manera en que la sociedad se imaginan y construyen relatos sobre su origen y futuro. A diferencia de los medios masivos, empresariales y politicas que adoptan la hipótesis del mercado como único regulador social y simple homogeneizador de culturas.
Esta diferencia de opiniones de la identidad consiste en interpretarla como coartadas simbólicas para * compasar* la desnacionalización producida con la apertura de las economías y el debilitamiento de los Estados nacionales.
Por el contrario, los historiadores, antropólogos y los especialistas afirman que las identidades nacionales son construcciones históricas, basadas tanto en procesos sociales como en imaginarios colectivos, sin embargo, esta manera de entender las identidades nacionales se diferencia con los movimientos nacionalistas, etnicistas y regionalistas propensos al fundamentalismo, es decir, a absolutizar lo que imaginan su identidad propia y la interpretación que considera legitima de esa identidad.
Pero pues en este tiempo de globalización, migraciones y multiculturalidad, es fácil descalificar estas formas de pensamiento ya que se les pide a las politicas culturales que se hagan cargo de los conflictos con los diferentes y contribuyan a volver viable el comercio, la comunicación y otras formas de convivencia multicultural, es decir, las politicas culturales no puede consistir en rescatar, defender y preservar identidades exclusivas, ni custiodar los patrimonios tradicionales que las representan.
Sin embargo, lo anterior no niega que las imágenes con que cada sociedad se identifica y con las que se representa e imagina a las otras siguen arraigadas en tradiciones visuales y literarias propias de cada nacion.
Es importante mantener el espesor histórico de las identidades como por ejemplo en libros, museos y en la educación escolar. Pero tambien por el contrario, en la mayoría de los países latinoamericanos hay una dificultad para rediseñar la politicas culturales, que es la falta al conocimiento publico, sobre las inversiones y el consumo en los principales campos de la producción y la comercialización cultural, ya que los gobiernos no destinan fondos a financiar programas de interés publico y de cooperación internacional en las áreas estratégicas de reconstrucción de identidades, porque las politicas culturales siguen pensando que la cultura es un complemento secundario de la vida social.
Por otra parte, así como algunos aspectos de las identidades corresponden ahora a los territorios nacionales, la esfera publica ya no se deja abarcar en el ámbito de cada nacion, es decir, con cada identidad y cada costumbre, ya que, estamos en un mundo donde predomina desde hace décadas la cultura estadounidense tanto en las pantallas de cine y en televisión, como ahora ya se a generalizado en todos los modelos afectivos e intelectuales de ese país.
Poco a poco se ha perdido la identitidad de cada nacion. Así pues, la nueva reflexión sobre lo publico y la ciudadanía lleva a reconoce que estos diversos circuitos deben ser competencia de la política cultural.
Por otra parte, los países latinoamericanos han intentado reunir en un perfil identitario unificado entidades tan diversas como las identidades mesoamericana, caribeña, ardina, brasileña, etc., es decir, que tengan una misma identidad o se parezca, sin embargo, no necesitamos encontrarles rasgos comunes. Es mejor admitir que cada una designa parcialidades y respetarlas.
Finalmente el autor concluye que si bien existen politicas como la AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) donde promueve separar los bienes culturales de las comunidades nacionales y que se interesan solo por su patrimonio, tambien debe de haber politicas destinadas a mantener viva la memoria histórica y a reconocer y valorar las diferencias entre un mundo globalizado.
Políticas culturales
García canclini
Janet Martínez López
8 de diciembre del 2007
UAM
TID- 09
Existe una discusión sobre las identidades culturales.
Con frecuencia las identidades, nacionales étnicas y regionales se defienden con un discurso esencialita y ahistorico. En contraste muchos medios masivos, adoptan la hipótesis del mercado como único regulador social y simple homogeneizador de las culturas.
La discrepancia entre ambos enfoque se vuelve aun mas curiosa cuando los dos discursos coexisten, en algunos intelectuales y lideres políticos. La hipótesis mas fácil consiste en reintereprertar de la identidad y la soberanía como coartadas simbólicas, para compensar la desnacionalización producida con la apertura de las economías y el debilitamiento de los estados nacionales.
Para analizar estas discrepancias entre discursos y políticas, la primera regla es aceptar que tanto los discursos sobre la identidad como sobre el mercado son narrativas y no paradigmas.
Identidades e industrias culturales.
Los especialistas en estudios culturales como historiadores, antropólogos afirman que las identidades nacionales son construcciones históricas, basadas tanto en procesos sociales como en imaginarios colectivos.
Las identidades nacionales están propensas al fundamentalismo, o sea, a absolutizar lo que imaginan su identidad propia y la interpretación que consideran de esa identidad.
En la perspectiva de la integración supranacional, el objetivo central de las políticas culturales no puede consistir en rescatar, defender y preservar identidades exclusivas, ni embalsamar y custodiar los patrimonios tradicionales que las representan.
Entre tanto, los datos de la producción, comercialización, y el consumo de cultura revelan que no ocurren en esos espacios tradicionales ni las mayores inversiones, ni la generación más amplia de empleos ni la expansión del consumo cultural.
Ocuparse hoy de las identidades requiere hacer política sobre las industrias comunica nacionales. En ella se juegan las tenciones básicas entre lo nacional y lo global:
Por una parte, por que las industrias culturales favorecen la apertura de cada nación, la diversidad dentro de ella y la información reciproca entre otras, y a la vez, están produciendo una concentración acelerada de los medios
Espacios regionales.
El paisaje conceptual de la reflexión sobre la identidad a la investigación sobre las modulaciones micro, meso y macro publicas d espacios socioculturales ayuda a situar este asunto en sus condiciones actuales.
Tanto el espacio cultural latinoamericano como el euro americano el interamericano son multiculturales. En ellos ocurren intercambios de personas, bienes, mensajes y capitales, coproducciones y alianzas, pero también competencias y disputas que no pueden resolverse con invocaciones a ninguna determinación biológica o histórica que nos enlazaría a una identidad común.
Integración cultural ciudadana
Dado que la integración latinoamericana no es una identidad preexistente, si no un espacio a ser ocupado o interconectado, conviene pensar conjuntamente la cuestión de la actividad cultural..
Propuestas políticas
Los actuales procesos de integración económica están ofreciendo mejores condiciones que en toda la historia anterior de América latina para avanzar en la coordinación de políticas regionales y con otras regiones.
1-Crear un sistema latinoamericano de información cultural
2-promover la creación de dispositivos que articulen a los sectores estatal privado ya asociativo.
Conocimiento y Sociedad
Políticas culturales: de las identidades
nacionales al espacio latinoamericano.
García Canclini, Néstor
Eva Elvira García Villar
8/Diciembre/2007
UAM-X
TID
Grupo: TI09D
Políticas culturales: de las identidades nacionales al espacio latinoamericano.
La lectura de Nestor Canclini comienza de forma muy interesante con una pregunta ¿Defender las identidades o globalizarnos?; muchas voces de los medios masivos, empresariales y políticas adoptan la hipótesis del mercado como único regulador social y homogenizador de las culturas, sin tomar en cuenta los estudios universitarios sobre la multiculturalidad en la globalización, que reconocen la persistencia de las diferencias culturales en los hábitos de consumo.
**Identidades e industrias culturales
Se menciona a través de la lectura, que los historiadores, los antropólogos y los especialistas en estudios culturales han vuelto un lugar común del pensamiento la afirmación de que las identidades nacionales son construcciones históricas, basadas tanto en procesos sociales como en imaginarios colectivos.
En la perspectiva de la integración supranacional, el objetivo central de las políticas culturales no puede consistir en rescatar, defender y preservar identidades exclusivas, ni embalsamar y custodiar los patrimonios tradicionales que la representan, sin embargo los datos de la producción, comercialización y el consumo de cultura revelan que no hay inversión, ni expansión del consumo cultural. Es en las industrias culturales y en los procesos de comunicación masiva donde se desenvuelven en las últimas décadas las principales actividades culturales, las que dan información y entretenimiento a las mayorías, las que influyen de modo mas significativo en la economía de cada sociedad y ofrecen mejores oportunidades de conocimiento recíproco e intercambio entre las naciones.
Ocuparse hoy de las identidades requiere hacer política sobre la industria de la comunicación, en ellas se juegan las tensiones básicas entre lo nacional y lo global: por una parte, porque las industrias culturales favorecen la apertura de cada nación, la diversidad dentro de ella y la información recíproca con otras, están produciendo una concentración acelerada de los medios, la homogeneización de sus contenidos y el acceso desigual y asimétrico a sus bienes y mensajes.
** Interés público y calidad de vida: la perspectiva de los consumidores
Desde mediados de este siglo, la importancia adquirida por la radiodifusión como servicio público llevo a pensar que este tipo de comunicación como modelo de una esfera pública de ciudadanos que deliberan con independencia del poder estatal y del lucro de las empresas; es innegable que estas maneras de defender lo público generaron espacios emancipatorios, donde crecieron la información independiente y la conciencia ciudadana, se legitimaron las demandas de la gente común y se limitó el poder de los grupos hegemónicos en la política y los negocios.
Los cambios recientes hacen evidente que lo público se desarrolla tanto en los diarios y la radiodifusión como en los entretenimientos, no sólo los medios bajo control estatal o concebidos como servicios publico sino también en los show televisivos, los videojuegos, los concursos, también es cierto que más que la radio y la televisión globalizadas, las comunicaciones electrónicas, (Internet) están volviendo más horizontales y recíprocas las comunicaciones.
Para desarrollar un pensamiento crítico sobre las transformaciones de lo público suscitadas por las nuevas tecnologías es necesario situarlas en sus condiciones sociales de producción, circulación y recepción.
**Propuestas políticas
Los actuales procesos de integración económica están ofreciendo mejores condiciones que en toda la historia anterior de Americana Latina para avanzar en la coordinación de políticas regionales y con otras regiones. Sin embargo, los acuerdos firmados y los que están gestionando no asignan a la integración y el intercambio culturales el lugar que deben tener como contexto y sentido del desarrollo conjunto. Una acción más decidida de los gobiernos, los organismos internacionales y los movimientos socioculturales podría encarnar, las tareas siguientes:
~*~ Crear un Sistema Latinoamericano de Información Cultural. Su función principal sería reunir estadísticas confiables de todos los países de la región, que registren el desarrollo y las tendencias de las inversiones culturales, de los consumos y de las percepciones interculturales.
~*~ Promover la creación de dispositivos que articulen a los sectores estatal, privado y asociativo. Uno de sus objetivos será facilitar la coordinación de las inversiones de cada sector, sobre las bases de diagnósticos de las necesidades socioculturales de la población.
~*~ Promover estudios que permitan valorar el papel de las industria culturales en el desarrollo a partir de una estimación cuantitativa de su contribución al empleo, a las exportaciones y a otras áreas del desarrollo socioeconómico, así como una valoración cualitativa de su aporte a la formación de una ciudadanía nacional y latinoamericana.
~*~ Realizar estudios comparativos de los mecanismos de financiamiento de la cultura en los países latinoamericanos, en Estados Unidos, Canadá y Europa con el fin de dar a conocer las modalidades más idóneas para fomentar la complementación de recursos públicos y privados.
~*~ Avanzar hacia la coordinación del conjunto de América Latina promoviendo integraciones e intercambios sub-regionales.
Politicas culturales: de las identidades
nacionales al espacio latinoamericano
Néstor García Canclini
Angelina Ortiz Breña
08/ DIC /07
TI09D
¿Defender las identidades o globalizarnos? Muchas discusiones sobre políticas culturales se atascan en esta disyuntiva. El conflicto tiene bases reales, pero se agrava y oscurece cuando varios actores lo plantean con narrativas que no corresponden a la estructura actual de los procesos identitarios ni a la evolución de los mercados culturales y comunicacionales. Con frecuencia las identidades nacionales, étnicas y regionales se defienden con un discurso esencialista y ahistórico, anterior a los estudios de las ciencias sociales que entienden a las identidades como las maneras –cambiantes– en que las sociedades se imaginan y construyen relatos sobre su origen y su futuro.
En contraste, muchas voces de los medios masivos, empresariales y políticas adoptan la hipótesis del mercado como único regulador social y simple homogeneizador de las culturas. Tampoco toman en cuenta los estudios universitarios y empresariales sobre la multiculturalidad en la globalización, que reconocen la persistencia de las diferencias culturales en los hábitos de consumo.
La discrepancia entre ambos enfoques se vuelve aún más curiosa cuando los dos discursos coexisten en algunos intelectuales y líderes políticos: repiten, con argumentos de hace varias décadas, que debe defenderse la identidad nacional, y al mismo tiempo se adhieren al “pensamiento único” que acepta al mercado como organizador transnacional de la cultura y las comunicaciones.
La hipótesis más fácil consiste en interpretar estas exaltaciones de la identidad y la soberanía como coartadas simbólicas para “compensar” la desnacionalización producida con la apertura de las economías y el debilitamiento de los Estados nacionales. Quizá esto sea parte de lo que ocurre. Pero quiero explotar aquí algunas hipótesis diferentes, derivadas del hecho de que la desregulación y la privatización económicas no tuvieron el mismo carácter ni los mismos efectos en la cultura.
Los procesos de globalización e integración regionales llevan a reconocer también la existencia de lo macropúblico. A las agencias de noticias que desde hace décadas cubren todo el planeta, se agregan las transnacionales multimedia. Si bien éstas se expandieron, según Keane, como un fenómeno de la economía política más que con el fin de reorganizar el ámbito público, de
hecho su modo de concentrar el talento periodístico y creativo, las innovaciones tecnológicas y los canales de difusión, las convierte en los grandes administradores de la información y el entretenimiento mundial. La fluida comunicación global impulsada por este proceso establece comparaciones constantes entre los “estándares de vida” de regiones y países alejados, propicia debates públicos transnacionales (aunque los hechos ocurran en uno o dos países), como se vio en las guerras de las Malvinas y del Golfo, las crisis financieras de México y del sureste asiático. Pasamos de la cámara de diputados y la televisión nacionales al mundo de la comunicación por satélite como escena deliberativa. Los cambios se producen tanto en los
macroagentes comunicacionales como en los emisores locales, y por supuesto en la recepción: las cámaras que filman los acontecimientos globales encuentran que desde los estudiantes chinos en la Plaza de Tiananmen hasta los zapatistas en la selva de Chiapas los reciben con pancartas en inglés para ser comprendidos en todas partes.
Al mismo tiempo que los referentes identitarios se sitúan en escenas nacionales e internacionales, en las disputas ciudadanas y en las prácticas de consumo, también lo público, entendido en parte como los lugares y circuitos en que se delibera sobre las identidades, trasciende el Estado-nación. Keane tiene razón al decir que ni siquiera las primeras esferas públicas modernas se limitaban al ideal habermasiano de la discusión racional; también se desenvolvían en formas de comunicación como la ópera, los deportes y las artes visuales. Los cambios recientes hacen aún más evidente que lo público
se desarrolla tanto en los diarios y la radiodifusión como en los entretenimientos, no sólo en los medios bajo control estatal o concebidos
como servicio público sino también en los talk shows televisivos, los videojuegos, los concursos en que se premian éxitos personales y habilidades como si fueran desempeños públicos. En relación con el propósito de este texto, diré que –así como la antropología demostró hace tiempo que todo esto es cultura– la nueva reflexión sobre lo público y la ciudadanía lleva a reconocer que estos diversos circuitos deben ser competencia de la política cultural.
La OCDE está tratando de que los 29 países líderes de la economía mundial que la componen voten este año el Acuerdo Multilateral de Inversiones, según el cual se eliminarían todas las diferencias entre inversores nacionales y extranjeros. Si se aprueba esta nueva “Constitución de una economía mundial unificada” –como la definió el director de la OCDE – los gobiernos no podrán limitar la compra por parte de extranjeros de empresas públicas que se estén privatizando, ni favorecer a los inversores nacionales; tampoco será posible
colocar como requisito a empresas extranjeras que creen cierta cantidad
de puestos de trabajo. Si bien esta liberalidad ya existe en los países adheridos a la OCDE respecto de muchos bienes y servicios, aun el sector de la cultura audiovisual y el de la propiedad intelectual están exceptuados. Con este nuevo acuerdo la desregulación de las inversiones transnacionales se extendería al cine, la televisión, los circuitos informáticos, la industria editorial y demás campos culturales y comunicacionales. El tratado prevé que los inversores multinacionales podrán demandar ante la justicia a los gobiernos para
obtener el pago de daños y perjuicios por cualquier acción pública que reduzca sus ganancias.
Los actuales procesos de integración económica están ofreciendo mejores condiciones que en toda la historia anterior de América Latina para avanzar en la coordinación de políticas regionales y con otras regiones. Sin embargo, los acuerdos firmados y los que están gestionando no asignan a la integración y el intercambio culturales el lugar que deben tener como contexto y sentido del desarrollo conjunto.
Los pasos más ambiciosos en esta dirección han sido dados por algunas empresas comunicacionales privadas, pero éstas hacen muy poco para construir el espacio público de la integración. Una acción más decidida de los gobiernos, los organismos internacionales y los movimientos socioculturales podría encarar, entre otras tareas, las siguientes:
1.-Crear un Sistema Latinoamericano de Información Cultural. Su principal función sería reunir estadísticas confiables de todos los países de la región, que registren el desarrollo y las tendencias de las inversiones culturales (estatales y privadas), de los consumos (especialmente de industrias culturales) y de las percepciones interculturales (imágenes de los otros países de la región y del espacio euroamericano y norteamericano).
Este sistema documentará, además de estadísticas, información reciente sobre avances tecnológicos utilizables en actividades culturales, legislación e iniciativas que contribuyan a incrementar el financiamiento público y mixto de programas culturales (exención de impuestos, creación de fondos de desarrollo artístico, libre circulación aduanal junto con control de tráfico y pirateo de bienes culturales). No habrá un efectivo espacio cultural latinoamericano mientras no dispongamos de mapas de los movimientos socioculturales
que describan su estructura y sus flujos, que permitan entrever su potencialidad.
2.- Promover la creación de dispositivos que articulen a los sectores
estatal, privado y asociativo. Uno de sus objetivos será facilitar la coordinación de las inversiones de cada sector, sobre las bases de
diagnósticos de las necesidades socioculturales de la población. Estos
diagnósticos correlacionarán la información sobre los consumos, los equipamientos culturales y las inversiones disponibles o potenciales.
3. Promover estudios que permitan valorar el papel de las industrias
culturales en el desarrollo a partir de una estimación cuantitativa de su contribución al empleo, a las exportaciones y a otras áreas del desarrollo socioeconómico, así como una valoración cualitativa de su aporte a la formación de una ciudadanía nacional y latinoamericana.
El World Cultural Report que acaba de publicar la UNESCO es un paso decisivo en esta dirección, aunque algunas de sus mayores dificultades fueron dónde hallar datos confiables en América Latina.
4. Realizar estudios comparativos de los mecanismos de financiamiento de la cultura en los países latinoamericanos, en Estados Unidos, Canadá y Europa con el fin de dar a conocer las modalidades más idóneas para fomentar la complementación de recursos públicos y privados. Este análisis buscará tanto difundir e intercambiar experiencias entre naciones como explorar posibilidades de cooperación y financiamiento internacionales de programas culturales:
no sólo comparar experiencias como las leyes mexicanas de pago con especie y la ley Rouanet y otras brasileñas, sino expandirlas, para la cooperación internacional. Como ya se ha propuesto (Garretón, 1994), para que avance la integración cultural latinoamericana, es necesario establecer un Fondo Internacional de Producción y Difusión Cultural. Este Fondo podría constituirse con cuotas asignadas anualmente por los países para realizar proyectos multinacionales o de artistas o actividades que, no siendo sólo del país
contribuyente, realicen aportes a su desarrollo artístico o comunicacional.
Un antecedente valioso en esta dirección es el Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos, creado con fondos privados y públicos de los dos países, que otorga todos los años, desde 1991, financiamiento para proyectos en bibliotecas, publicaciones, música, danza, museos, artes visuales, arte en los medios, teatro, estudios culturales y trabajos interdisciplinarios, con la condición de que sean binacionales.
5. Avanzar hacia la coordinación del conjunto de América Latina promoviendo integraciones e intercambios subregionales, como Mercosur, el Convenio Andrés Bello y los acuerdos de Norteamérica.
Otras experiencias interciudades, tales como las semanas de intercambio cultural entre Buenos Aires y Porto Alegre o los corredores culturales y científicos creados entre ciudades del norte de México y el sur de Estados Unidos, indican la posibilidad de acrecentar los intercambios en circuitos restringidos, más fáciles de gestionar, cuya integración no tiene por qué ser alternativa o competitiva con programas de mayor alcance.
POLITICAS CULTURALES: DE LAS IDENTIDADES NACIONALES AL ESPACIO LATINOAMERICANO
En la lectura Canclini habla sobre defender nuestras identidades o simplemente globalizarnos.
Los historiadores, los antropólogos y los especialistas en estudios culturales dicen que las identidades nacionales son construcciones históricas, basadas tanto en procesos sociales como en imaginarios colectivos.
El desacuerdo entre las concepciones fundamentalistas de la identidad y los programas de globalización tecnológica, económica y comunicacional es un problema tanto en el trabajo de investigación como en la práctica política.
Un problema para rediseñar las políticas culturales es la falta de estadísticas confiables o abiertas al público sobre inversiones y el consumo en los principales campos de la producción y la comercialización cultural. Esta falta de información pública es la causa del escaso lugar que tienen los intercambios culturales entre países latinoamericanos en las agendas de las conferencias interamericanas e hispanoamericanas de los ministros de cultura y educación.
Una manera de proteger lo público fue el generar espacios emancipatorios, donde creció la información independiente y la conciencia ciudadana, donde se legitimaron las demandas de la gente común y se limito el poder de los grupos hegemónicos en la política y los negocios. Pero estos objetivos y sus aportes al proceso emancipatorio han tenido ciertos problemas:
En la lectura habla de esferas micro públicas y mesoesferas. La primera habla sobre espacios locales donde intervienen miles de participantes. El segundo llega a una dimensión de estado-nación, donde millones de personas debaten sobre el poder a través de los diarios de circulación nacional.
El espacio público se ha colocado entre lo local, lo nacional y lo global. Keane, nos dice que para desarrollar un pensamiento crítico sobre las transformaciones de lo público debido por las nuevas tecnologías es necesario situarlas en sus condiciones sociales de producción, circulación y recepción.
Toda política cultural democrática debe de tomar en cuenta los hábitos, disposiciones y modo de pensar de los consumidores. Pero también considerar como se puede contribuir a la calidad de vida y a desarrollar la creatividad del público más allá de sus hábitos rutinarios.
Propuestas políticas:
Hay un enorme diferencias entre el consumo de arte entre las elites y las masas. Las elites seleccionan lo que verdaderamente es arte, lo que incrementa su cultura. Mientras que leas masas solo escogen lo que les divierte.
Los productores dan al público lo que quieren, hacen lo que se pueda vender. Lo importante para ellos es las ganancias y dejan de lado si lo que producen ayuda o perjudica al incremento de la cultura entre las personas. Los lectores y espectadores tienen la última palabra en la decisión de lo que debe y no circular. El valor de los productos culturales es una cuestión de interés público.
El estado tiene el deber de formar públicos culturales a través de la educación, a través de los programas u otros medios. Debe intentar crear una población mas critica, culta.
Que sepa seleccionar lo que le conviene, que tome los que necesita y lo demás lo deseche. Pero creo que eso nunca lo veremos, porque no les convienen que las personas piensen y critiquen las acciones o decisiones que toman según en beneficio del país.
7 de diciembre de 2007
Que sepa seleccionar lo que le conviene, que tome los que necesita y lo demás lo deseche. Pero creo que eso nunca lo veremos, porque no les convienen que las personas piensen y critiquen las